Lupe: Cuñada de mi ex

Cansado y a punto de extinguir.

Cuando llegaba junto al verano de hace casi dos décadas y la vi por primera vez, pese al estrés de los finales, la poca guita en ese bolsillo casi roto y sin mas ánimos que seguir estudiando, motivado para algún día ser profesional y darme algún buen regalo. Ella llegó como un ángel caído del cielo. Destacaba una teñida normalita, casi común, pero ese cuerpo dorado, firme y tonificado, aun mantenía su lucidez y atractivo, desde esa primera vista, la amaba en silencio y cuando lo hice con chicas de su entorno, siempre cerraba los ojos y creía que eran sus labios húmedos, que era su vientre que imploraba introduzca mi cincel rojo, cabezón, grueso y venoso.

Desde esa vez la llevaba en la mente y mi cuerpo.

Su risa cachosa, escandalosa y contagiante ni cuenta de mi existencia. Casi sometido a mis vicios y plegarias, sacudían mi cuerpo y con la dicha de que pronto, no se como, pero llegaría de poder probar esa almeja suculenta, esos labios gruesos y lengua venenosa que seduce y aprieta. Sevicia y maldad, lujuria y perversión.

Presentía que en cualquier momento sería mi vagabunda y domarla, el fin de todo ser. Ya llegaría la hora, el momento exacto brindando su gruta húmeda y chirriante y mi claridad vizcosa y esponjosa. Lo que sentí alli no lo había vivido y aprendería a aguantar, a controlarme, a vivir a lo lejos.

Las primeras palabras que salieron fueron con mucha brusquedad y poco tino, esa forma tan rústica que como ella aprendió todo, igual me conquistaban. La imaginación fue inmensa, el viaje perfecto, los rostros enamorados, las manos creando nuevos paisajes y envueltos en un tórrido romance, el clímax y frenesí, todo eso dándome valor para esperar el momento exacto, ya no la miraría, seria ella, si, ella quien por fin, sabría quien soy, que doy y porque espere tantas noches frías que a escondidas la sometí a temblores extraños que acabaron en varios orgasmos que ni ella misma entendería. Nos fuimos juntos sin retorno........
 

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Una punzada en el corazón cuando no esta mas.

Un corazón herido puede hacer cualquier cosa y por eso ella se deschavó, cuando ella tenía problemas, su pareja no estaba, todo lo contrario, entre el licor y las piernas de otra, buscaba la solución. Y yo aparecí no en su mundo, en el de la cuñada que por muchos años fuimos uno solo. Y de pronto una tarde de mucho calor por su sangre y sus venas, mi lado bueno, tierno e ingenuo, conjugaron para hacerla caer.

Esa faldita marrón, corta y dejando sus contorneadas piernas hacerse la dura, su larga cabellera que hasta hoy conserva tapaban mi pudor, mis ansias aparecían cuando ella quería y sabía cuando funcionar. Las paredes fueron testigos de un sube y baje indescriptible, una forma de darse y corresponderse, de transitar en la lúgubre agonía de una compañera que nació, para cobijar en su vientre doblegando mis anhelos y sueños, ahora era hora de actuar.

Despacio podía ver la luz, una tela algo gruesa muy húmeda y que adornaba esas cachas macizas, madera antigua de sabiduría me daba la bienvenida, la hora de machacar empezaba, los quejidos y bramidos de la potra que explota, y mi fuerza la hicieron tiritar. Fue una sola penetrada que la hizo llorar, se hizo eternidad cuando abría y sellaba bien, cuando atrapo el mazo y dejo que recorriera todo su profunda gruta, expulsamos unas gotas gruesas de concebir, bañamos nuestras frustraciones y penas en este jolgorio hecho hombre y mujer. Tan solo paramos para refrescarnos y finiquitar la primera de grandes batalles que vendrían en ese pequeño orificio.........
 

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La media hermana

Con sorna, sarcasmo, fiel a sus características, una mañana en una reunión ( familiar pero de hace varios años), Lupe nos contaba que había vuelto de un largo periplo por el mundo su hermana ( media hermana), una morocha bien contorneada, mucho mas agraciada y a la vez materialista, intolerante y fantástica mujer ( eso decían, faltaba comprobar). Eso sucedió mucho tiempo atrás, durante todas las fiestas yo esperaba poder conocerla, es mas, hasta le rogue que me diera un cachito con ella, por supuesto con su ironía de siempre, me dijo, cuanto es, como es. La cosa quedó alli.


Transcurrió mucho aire, muchas cosas, yo me separe de su prima de la charapa, deje de verla y ella hizo sus cosas. Sin embargo por seguir en las redes a la hija mayor, di con la bendita mujer. Ni bien tuve conocimiento, quise como fuese verla y tener algo. Fui ideando un plan de como concretarlo. Como tuve que ir a provincias, le dije a la hija si sabía de alguien que sea mi asistente, en principio dijo que no, luego de unos días, me paso con una chica ya experimentada, hasta alli no supe quien era y cuando la entreviste, recién di con ella. Morena bien despachada, alegre, bromista y de buena cepa. Viajamos y solo nos dedicamos a trabajar, le pague por su semana de servicios de asistencia y alli quedó.

Posteriormente Lupe me felicitó y me dijo estas haciendo méritos. Ya te aviso que tengo para ti. Su hermana me dijo si tenía alguna chambita, le dije que no, pero si quiere puede ayudarme con mi tesis de la maestría, me ayudó a redactar, cambiar formas y una que otra revisión. La pasamos bien, salimos a comer y alli la nena fue deschavandose. Me adulo y me dijo porque solo, y me mande, le pregunte si estaría animada a tener algo conmigo, no se si eso, respondió, pero podemos pasarla muy bien, ella soltó la teta, yo dispuesto a todo.

Me expreso que es exigente en todo sentido, si puedo cumplir, bienvenido sea. Nos reímos, brindamos y ya avanzada la hora, un beso termino en el primer encuentro, la faena larga y explicita. Lo curioso es que esta potranca prefiera por atrás que adelante, cuando la vi tan abierta, le pregunte si alguna vez tiene descanso alli o siempre horas extras, se sonrió y me dijo es su fetiche y de sus exs también. No la jodí mas y me puse a cabalgarla. Necesitaba otra vara, pero me daba abasto con lo que tenía, como se fundía en un abrazo, entre sus carnes y mi miembro, entre sus ganas y mis deseos, mis impulsos y temores y ella siempre bondadosa y pedilona, engreída. La puse sobre mi con las piernas abiertas y luego la hacía ranear, saltar y brincar, estaba destrozandome de tanta matraca y los orgasmos venían uno a otro, era imposible no correrse y desearla tanto.

Esos muslos tan macizos, profundos y precisos, casi me hablaban en silencio mientras mi mente se iba, mi herramienta la intuía, la evocaba en el espacio y cuando sus mamas me atraparon un fuerte chorro de mis progenitores saltaron e hicieron la fiesta. Mientras su trasero seguía pidiendo chepa, me guiñaba el ojo y esa vulva tan expresiva, animosa y prepotente, buscaba contacto en Francia, la silla carioca y que la taladre con todo, era su máxima aspiración. Tenerla tan cerca y aunque el ojal era grueso, nada me animaría con este noble y bello juguete. El vicio empezaba y dos anodinos seres se convertían en potenciales amantes de la noche perfecta para seguir bamboleandonos.........
 

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Pura explosión

Una noche de rumba perfecta con la morena, con música antigua pero fresca, verla tan cerca era difícil no pecar en pleno antro, sus piernotas tenerlas tan calientes y en cada meneada una lengueteada, sus orejas llenas de mi baba, su cuello rozado casi por mi verga cuando íbamos al suelo, hasta me di mañana sera por el trago, las ganas o tan solo la vorágine que avanzaba, la subí sobre mi, di media vuelta y le vi toda la papayota. Ya estaba a punto de estallar, es mas, cuando fui al baño, ya botaba a mis descendientes. Me vine rápido y ella bebía su trago, ojos rojos, saltones, mirada dominante e inquieta. Un baile mas, y de alli al matadero.

En el taxi tuve un gran preámbulo, besos de lengua y manoseadas abundantes, me iba bajando el cierre y como lo jalaba, lo aplastó tan fuerte y mientras me comía la garganta y oreja, se me salió en una, se agacho y le paso lengua, me miro y lo trago, me volvo a correr solo de mirarla.

Cuando llegamos al hotel, no hubo tiempo de nada, nuestros cuerpos transpirados ordenaban, le di sus nalgadas y de frente se meto sin pedir permiso, como lo tiene esta potranca, creo que nació para recibir por alli, la cuca la tiene casi de adorno, pero para no ser malcriado, le di sus mimos, mientras la tubeaba, la manoseaba a mi antoja en su periquita, como gritaba, de nuevo explotamos. Sentir su mano en mi vara y otra ronda con furor.

Perfecta compañía, fruto que aleja la agonía, es una fuente completa de inspiración y movimientos. No se que le dio y se puso a bailar sola, tarareo algo y se fue a bañar, yo seguía con mi festival de tragos, hielo, agua helada y dándome aire. El calor del ambiente, de mi propio ser y todo lo que ella logra, era impresionante. Al salir vino dando vueltas en un liguero y tanga negra que se la fue sacando con mucho estilo y sobriedad.


Yo sabía que era mi bala de oro y se iba con los pocos segundos de vida, de nuevo a la faena, besos y dedos en ese orificio precioso, se lo olí por unos minutos y le emboque en una, empezamos el taladreo, sus gemidos y aullidos me volvían loco, no duraría mucho, la voltee varias veces, ella se quiso correr y me detuvo, me agarro los brazos, me cabalgo y jugaba con mi lengua, se hizo el 1 en un toque, me lleno de su ser, me dio igual, esta yegua si que es un delirio.............




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Q tal ojo de tondera... destrucción anal de ley! Y novacher gringo!
 
Y parecía tan normal como tu o como yo

Era hora de evocar y maldecir al tiempo, al sol y a las estrellas. De un baile nos conocimos y así nos alejamos. Cuando pude tocar sus manos, guiándome su corazón y esa melodía que parecía lenta, en nuestros seres había dejado huellas. Reconstruimos todo, conquistamos el pensamiento y de una simple canción se hizo algo inolvidable. Pasaron los años y lo rememoramos. Perdimos la noción de quienes eramos, conforme avanzaba la música, su cabeza sobre mi hombro, sus dedos sobre mi pecho y sin querer ya estábamos unidos, juntos y revueltos. La nostalgia nos endereza, nos hace inmortales. Cuando por fin acabó todo, cada quien fue a su mesa, ella con su familia, yo con algunos de sus amigos y de pronto antes de aque el sol salga, mucho mas candentes, intensos y piadosos en el lecho que nos invitaba a pasar.

Cuando se hace con detalle, cuando una leve sonrisa me domina y hasta mis chistes tontos no la perjudican, me alaba y yo continuo. El camino se hizo largo. No nos dimos cuenta que lo bello llegó de una simple acción y emoción. A empujones entramos a ese reducido espacio, muy oscuro y muy discreto. Tiró los zapatos, se soltó el cabello, se puso sobre mi y yo solo miraba su cuerpo, sus pechos, sus pantorrillas. Y ahora que?. No sabía si hacerlo duro o despacio, callado o gritando, me puso un dedo en los labios, fue sacando mi ropa, y empezó a jugar con mi pene, como dos debutantes fuimos imbuidos a nuevos juegos, un par de lamidas y me vine, ella luego pidió que le de placer, se sentó sobre mi, fui hurgando su cuca depilada, algo trajinada pero atrapante, olía bien y me tentaba, sus nalgas gruesas y macizas me gritaron que haga lo que sea, uno, dos, tres brincos, una zambullida y por fin entró, no se porque dijo si esto esta bien, si debemos continuar, con tantas excusas y yo volviendo a darle forma, olvide todo, me engañé a mi mismo y la hice mi mentora, mi diosa y discípula a la vez. Una vez mas me vine y en segundos ella, fuimos grandes amantes en el anonimato.

Después de ese gran traspié, de esa aventura con final feliz, mis sueños de seguir poseyéndola no fueron tan así, solo en los horarios de ella, solo cuando le apetecía a ella, solo cuando ella se escapaba de todo y ya no me gustaba. Y por eso fui renegando de mi ser, de mi suerte y aura. Un día luego de tanto drama y orgullo, volvimos a creer, con la misma pieza, en la misma casa, de fondo el mismo temita y como si fuéramos nuevos, nos dejamos llevar, fue un gran polvo y sin mas que conversar su piel y la mía..................
 
La amiga de la hija

Estaba en casa de Lupe, unos tragos de la selva, dedicándole pajas mentales mientras ella se mueve a un lado, cruce al otro, un guiño, una sacada de lengua y otra mordidita de esos labios gruesos y conocedores y en eso llega su hija y le dice que va casa de una amiga a celebrar su cumpleaños. Y lo que me sorprendió fue que la madre le diga si podemos ir, bueno, creo que si, dijo. Chapamos un taxi y fuimos al encuentro, la zona algo alejada en una urbe residencial, de estilo y opulencia. Cuando la vi, parecía casi el doble de edad de la hija de mi amiga, pero no, veinte y picos de años, joven igual. Cordialmente nos atendió, nos hizo pasar, habían dos ambientes y un jardin al fondo bien acondicionado para los mayores, alli fui con mi amiga.

En la sala se quedaron las jóvenes, eran varias mujeres y un par de chicos, todos parecían de buenas condiciones, nada de malas mañas, modales y entredichos como mi persona.

Seguíamos esperando que nos inviten, cuando mi amiga dice, ay, me aburre sin trago y menos sin los de corteza, le digo, silencio, al poco rato nos invitan vino, luego una ronda de vodka, otra de ron y cerveza. La charapa se pone en fa pero no me deja tocar ese bizcocho, yo quedo hambriento. Pasan las horas, son solo tertulias, vemos a los jóvenes divertirse, bailan y se alocan. Se acerca un nuevo día y empiezan a irse.

No estoy tan sano pero lo suficiente para salir, me despido de todos y me dice Lupe, no, nos quedamos aquí, duermes alli, puede no, le dice a la chibola. Acepta y todas suben. Al parecer los padres le dejaron la casa para ella. Yo intento dormir pero el calor, el bajo instinto y la ansías, morbo de ver y saber que hacen tres mujeres bien proporcionadas. No me deja esa locura, me levanto y subo, todo oscuro, muy despacio avanzo, veo un cuarto con la puerta abierta, al fondo hay dos mas habitaciones. Me acerco y es la nena que tiene un cuerpo de madura, de sabionda y que no se inmuta con nada. Esta con ropa interior color vino tinto. Que amplias y suculentas nalgas, que ganas de morderla, la miro y re miro. Mi poca lealtad, mi vergüenza gana y bajo de piso.

A la mañana siguiente, me levantan y dicen que el desayuno esta listo. Nadie habla, de pronto mi amiga y su hija dicen, nos vamos amigo, te unes?. Si, pero voy al baño, demoro a propósito. Pasa tanto tiempo que ellas me dicen que deben irse. Cuando salgo ya no hay nadie, regreso a la cocina y termino el jugo, café y las tostadas. En eso llega la joven doncella, lolita de mi noche de manualidades. Se acerca y me dice al oído, te gusto lo que viste ayer?. No entiendo, si sabes, me dice. Discúlpame, estuve buscando a mi amiga, pero como todo estaba oscuro me confundí. Me lavo y me voy, le digo. Ella dice, no te preocupes, luego de unos segundos me despido intrigado.

Poco menos de 3 meses, tengo mensajes en mi celular, era ella, si, la chibola, no se como obtuvo mi número, me dice que le gustaría verme, me invita a una reunión en su casa, me pongo duro y le digo, no creo, tengo mucho trabajo, a bueno, me dice, esperaba saber de ti. Me acepta la negación y la intriga vuelve mas.

Pregunte discretamente con Lupe y ella con su hija, que onda con la joven seductora, en que anda, si le gustan los mayores, si preuntó por mi. Pero no, nada. Muchas ansias de saber de ella.

Finalmente accedo a verla, tomamos un café, le digo que tiene en mente, que desea conmigo, me mira seriamente y dice nada malo, porque me tienes miedo. Para nada, era evidente que me conocía, que sabía que al primer gesto, yo caería rendido. Acabamos la conversa y cada quien se va.

El verano perfecto que con su calor alienta a sacar nuestros vicios, una fotografía suya enviada según sus palabras, por error, dan la puntillada final para este romance algo destructivo y enfermizo, para llevar al disfrute en un segundo.

Teniendo su trasero que precisión al sentarse, y ese olor que me duerme, beso y muerdo, saboreo toda su tanga, la muevo, y otra olfateada en esas nalgas profundas, me pide calma, no soy una cualquiera, todo con cariño. Me reitera y yo casi no obedezco, tenerla así en 4, echada, sentada, sola para mi, me vuelve loco. Y cuando arremeto, casi se va, si sigues así, me voy, es su última palabra. Y me calmo, me hago pasar por inexperto, casi le pregunto todo, si esta bien, si esta pose está mejor, si no le duele, hasta que agarramos viada, volamos, se deja llevar y el placer, el goce es un viaje sin terminal................
 

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Y aunque no la tenga tan cerca cuando pasa, todos somos Dioses

La hija es estaba poniendo especial, exquisita, cierta mañana envió una serie de memes y ella me reclama, la elimine de inmediato. Luego me di cuenta que ya no estaba en mis contactos su madre, Lupe, bueno, me dije, por algo pasan las cosas.

Conforme pasaban las semanas mas me preocupaba no saber de ella, de la madura, recia, creída y algo especial de la charapa de tantos años. Decidí buscar entre su familia y tampoco di con ella, le eche tierrita.

Una vez con un cliente nos encontramos en Breña por el barrio de la susodicha, mientras estuve ocupado no pensé en ella, luego que se fue, si y mucho. Camine mucho y estaba inquieto, un dolor ligero en todo el cuerpo, cuando de pronto alguien me toca el hombro y me dice, a quien buscas? y era ella, mi musa de una vida, a nadie le dije, se rio y caminamos. Me contó lo de su hija y me dijo que mejor no me meta con ella, le invite una cerveza, me respondió, mejor dos, otra vez el mundo era perfecto. Estaba con una licra short, patona, super piernona, se le marcaba el triangulito, me quede alli, es mas, me agache y la olí, le di un beso por encima de la ropa, me dijo eres un loco, la atraje a mi y la bese, fue de lengua, largo, preciso para mi excitación y ella fue tocándome, hasta que le baje la mano para que sintiera mi pene. Y de pronto se asusto y se fue, me dejo con todas las ganas.

Si bien no se concreto lo que buscaba, me fui feliz de haberla visto y de unos minutos de intenso, de explosivo, de sube y baja de emociones, un mar de sucesos. Deliciosa y apretada y si fuera mas humilde, cuantas cosas e historias no habrían ocurrido.

A la mañana siguiente me llama, para ir con su familia a pasear a la sierra de Lima, acepte, fueron algunos parientes, su hija y nadie mas, ella estaba luciendo un jean negro, tapaba sus bellos encantos y de vez en cuando me guiñaba el ojo, me sacaba la lengua, se mordía los labios y se prestaba para un piquito.

Fui muy paciente, volvimos en la noche, dejo a todos y me dice tocándome y besándome, pronto, pero pronto, estaremos donde tu quieres. Se despidió con un ósculo mas largo, se volteo se recostó en mi, la roce en todas partes y le di una gran mordida en esas nalgotas para que tenga algo de mi en ella.............
 

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La amiga charapa que me ayudaría a trabajar

Estaba tan mal pero tan mal economicamente que recurrí a Lupe a ver si surgía algo y un ingreso mas, era vital. Me dijo, claro amigo, justo estoy con una amiga, ven. Ni bien dijo eso, salo raudo a ver un taxi e ir a su encuentro. Llegue en breves minutos, cuando toco y me abre la puerta esta con alguien, me la presenta, una señora cincuentona de buenas curvas, algo gordita y de agradable trato. Ni bien entablamos conversación, mi amiga le dice, como te contaba, mi viejo amigo requiere tus servicios para ver si consigue trabajo, ya, le contesta, lo espero mañana en tal lugar.

Al escuchar eso, se me abrieron los ojos de felicidad, bueno, no era tan sencillo. Quedamos en vernos al día siguiente, tenia que ir mas formal y con mi CV, ella estaba de vestido apretado, elegante pero se le notaba buen culo, me emociono. De arranque me dice, trajiste todo, si le digo, pero falta el dinero, como es eso, le contesto, para realizar un perfil de acuerdo a tu experiencia tengo que dar un ingreso, no sabia eso, le manifiesto, me dice, bueno cuanto tienes, me dice, le digo, solo 200, bueno, con eso empezaremos, pero mañana nos vemos aquí. Ok, le digo. Tomamos un café, me fue contando algo de su vida, de su trabajo y me deja en pindinga.

Volvemos a vernos en el mismo lugar, y de nuevo me pide dinero, le digo, con todo respeto señora, mejor le doy por un polvo, se ríe y me dice que pendejo eres, para que sepas esto ni es para mi, es para el intermediario, si no confías, lo dejamos aquí, no, no, no, espere, le digo. La calme y hablamos, en eso me dice, mira, te propongo algo, yo te presto, por ahora son 500 lo que se pide, pero cuando te contraten me das el doble, sale y vale, le digo. Esta vez ella puso el desayuno, estaba con otro vestido algo ancho, igual se le notaba algo de rabo, labios carnosos, lengua gruesa, se nota una cara de mamona y sabe lo que tiene y quiere.

Luego de un mes me llama y me da la buena noticia que ya estoy en el trabajo, me indica mis funciones y con quien entrevistarme, y me dice a donde me llevaras para celebrar, no tengo le digo, ya, yo pongo pero me devuelves, ok, le digo. Nos vimos en la noche, fuimos a un bar en el CdL y la pasamos bien, ella estaba de jean un totorrete rico se le veía, cabello suelto, teñido y una blusa gris, yo fui sport elegante. Nos bebimos varias cubas y una cerveza, luego estuvimos caminando y casi se cae, se tropieza y solo pude sostenerla de sus caderas, ella no dijo nada, me agradeció y seguimos el paso, me dice, no me siento bien, pero no puedo ir así a mi casa, mi familia me ve y me hará chongo. Me dice, vamos a tu casa o a un lugar intimo para descansar. Ok, le digo. Entramos a un telo, yo estaba en el sillón y ella en la cama, me dice, quiero dormir un rato pero me voy a cambiar, no hagas nada. Cuando retorna se queda en una tanga color azul eléctrico, espectacular, se puso a dormir en pose cucharita y se le notaba una buena raja, algo de pelos pero se vea bien. Yo me agacho y empiezo a oler y tocar suavemente, me dice, déjame bebe, quiero descansar, ya amor, le digo y le voy soplando, pasando dedo y lengua pero apenas, cuando empieza a mojarse, se sube sobre mi, nos desnudamos y empezamos un largo recorrido de puro placer hasta acabar juntos.....................
 

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La hermana de Lupe

Había llegado de viaje su hermana, una chica voluptuosa que según ella estaba separada, se cansó de que su marido le engañara, lo botó y se vino un tiempo a la casa de Lupe. La conocí con otras personas en un cumple de un familiar de ellas. La señora era discreta, educada pero de poco conversar. Yo le pregunte a Lupe como es con su hermana, me dice, si tu puedes, intenta, no te la recomiendo, porque, le pregunto. No me responde, se va a servir a unos viejos y me quedo con esa duda.

La saco a bailar y me chotea, luego le invito un trago, igual. Me pregunto porque me esquiva, me dice no a todo, me acerco donde su hermana y la llevo a la cocina, dime, tu le haz dicho a tu hermana que sea tan descortés, que no me de bola. Me contesta que no, pero te lo dije.

Me sente y empece a conversar con algunos veteranos, en eso uno de su grupo se acerca y la saca a ella, se fueron bien animados. Bailaron varias canciones y al sentarse, estuvieron juntos. Me dije, es inalcanzable le gusta los que usan pañales. Cuando concluye todo, los vi alejarse, el maduro hombre la llevó en su auto, no me quedó otra que apechugar.

No tuve contacto con ellas. Pasa un año y me dice Lupe que va a realizar una cena, me invita y me añade que estará su hermana, le dije, para que, ella siempre me trata feo, ademas ella debe estar con uno de tus amigos ancianos. No es así, me responde, esta sola, ella me preguntó por ti, sera, le digo, bueno, iré. No me animaba pero fui. Desde que llegue la hermana fue atenta, bailó conmigo, reía, me seducía y me dice, porque no fuiste así el año pasado, le contesto, eras tu, yo puse todo de mi parte pero estabas entretenida con un señor, ya no es así, me dice. Conozcamosnos, me dice eso y me da una palmada en la rodilla, la miro e intento besarla, me esquiva pero me dice al oído, calma campeón, poco a poco, paso a paso.

La doña no era agraciada pero si se maneja buenas yucas, buen poto, ahora con el tratar se soltaba, me adulaba y durante unos meses ellos se hicieron amigos del dueño de un local casi vernacular, era algo rústico pero como yo no gastaba, ellas ponían todo, es mas, creo que el dueño amigo de Lupe, le ponia todo en bandeja.

En uno de esos encuentros, la doña estaba en tragos y yo aproveché, empece a manosearla, besarla y arrecharla, me decía, vamos a un hotel, no bebe, no tengo, aquí, este lugar es grande, vamos al baño, nooooooo, me dice, si me encuentra mi hermana, me devuelve a mi tierra, Vamos, te espero, no se, me dice, ella estaba con un mini super apretada, yo con tragos y viendo a una mujer asi, me pongo en pindinga. La espere, al rato viene, ni bien entra, el lugar algo oscuro se prestaba para las cochinadas, le levanto la ropa, le muevo la tanga y lamo su cuca que menos mal esta razurada, ay papi, ay amor, ohhhhhhhh, ahhhhhhhhh, ricooooooo. La tenía delirando, con una mano ella me pajeaba, yo le apretaba, estrujaba los senos, los pezones marrones ricos y apetitosos y nos besábamos de lengua. Ya estamos a punto de ebullición, cuando aparece su hermana. Se tuvo que ir, yo me eche agua y volvimos al lugar.

La jarana estaba buena, no había mucha gente pero si casi todos estaban borrachos, me fui al baño, de paso que quise tomar aire, cuando de pronto, volteo y era la hermana, ya, rápido, hagámoslo sin parar, se alza la falda, se abre de piernas, se mete dedo y cuando se siente lubricada, me dice, ya dispara, dame duro. Me la jalaba hasta agarrar color, la tuve bien parada y a cobrar. Le di con todo y me vine, ella se gira y me dice, quiero tu lechita, lame lo último que queda.

Esa jornada fue única pero no tan loca como la siguiente vez que fuimos a la casa de un familiar de ella, una vivienda grande, antigua y con piscina, mientras sus primos se divertían con Lupe y un amigo, nosotros nos bañamos y se lo hice rico en el agua, lamer ese potaso fue la gloria...................
 

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La amiga fanática del karaoke

Hace dos años y un día que vivo sin él
Hace dos años y un día que no lo he vuelto a ver
Y aunque no he sido feliz aprendí a vivir sin su amor
Pero al ir olvidando de pronto una noche volvió
… ¿Quién es?
Soy yo
¿Qué vienes a buscar?
A ti
Ya es tarde
¿Por qué?
Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti
… Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa
Y pega la vuelta
Jamás te pude comprender
Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios
Que no te desean
Estás mintiendo ya lo sé
Vete, olvida que existo, que me conociste,
Y no te sorprendas, olvida de todo que tú para eso
Tienes experiencia
… En busca de emociones un día marché
De un mundo de sensaciones que no encontré
Y al descubrir que era todo una gran fantasía volví
Porque entendí que quería las cosas que viven en ti
… Adiós
Ayúdame
No hay nada más que hablar
Piensa en mí
Adiós
¿Por qué?
Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti
… Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa
Y pega la vuelta
Jamás te pude comprender
Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios
Que no te desean
Estás mintiendo ya lo sé
Vete, olvida que existo, que me conociste
Y no te sorprendas, olvida de todo que tú para eso
Tienes experiencia
… Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa
Y pega la vuelta
Jamás te pude comprender
Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios
Que no te desean
Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa
Y pega la vuelta
Estás mintiendo ya lo sé
Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios
Que no te desean
Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa
Y pega la vuelta
Jamás te pude comprender


Una noche de copas, una noche loca, estuve con Lupe y una amiga que recién conocí, al inicio y durante buena velada muy seria o indiferente, yo tomaba y miraba al aire, hasta que ella le dice, hay que cantar, pusieron karaokes y alli se animó todo, nuestra amiga en común se iba y venía, casi no nos empelotaba y nosotros felices cantando. La pasamos genial, al irnos ya por la mañana, me dice, si deseas podemos vernos mañana, a que hora, le digo, en la noche, genial, te invito a cenar, ya, acepto, me dice. Quedamos en mi casa, compré chifa y tomamos un vino. Otra vez fue de poco hablar, le pregunté mas de una vez si estaba aburrida, me dice que no, cuando le dije cantemos, le brillaron los ojos, era raro, solo alli podía ser elocuente, contarme de su vida, sus metas, sus planes. Le puse las canciones y ella solo se mandaba, esta vez no tomamos vino sino desde martini, tequila y cognac. Era fuerte la chica, una soltera de unos 40 años que para nada demuestra, es ágil, cuida si silueta no come mucho, hace deporte, viaje, en fin, trabaja no dijo en que pero se da buena vida.

Pasó un mes y me llama para ir a su casa, ella puso todo, fue una buena anfitriona, estaba bien vestida, dijo que se presentó en un seminario, le gusta capacitarse, alli si le pude sacar la lengua, estuvimos tomando e intercambiando opiniones sobre varios temas técnicos y de emprendimientos. Esa vez fue puro vino. Estaba con un vestido no tan largo, bien pegado con esas piernas largas, contrastaban con su piel blanca. Me queda mirando, se va a levantar y casi se cae, la agarro y le digo, mejor ya no tomes, pero puedo hacerlo yo, te quedas aquí, ya, me dice. Le contaba mis proyectos, cuando se quedó dormida. La acosté en su sillón y me fui.

Esperaba su llamada al día siguiente pero no supe nada, es mas, tuvo que pasar muchos meses para saber de ella, fue en la casa de su amiga. Otra vez cantamos, estuvo casi con la misma ropa, solo que el vestido era mas corto y se le notaba la tanga pequeña. En esa ocasión bailamos y alli me pregunta si la anterior vez yo me aproveché de ella, me puse serio y la solté, quiero que sepas que te respetó, no hice nada, solo acostarte en el mueble e irme. Me dice, lo siento, agradezco el que me respetes, quisiera verte mañana. Déjame ver, bueno, me dice, se alejó y esta vez cada uno estuvo en otros grupos. Luego de unas horas me fui al baño y la vi acomodándose el vestido, que rica tanga, una cuca pelada, me puse en fa, me miro absorta y no dijo nada, me acerque y le dije, lo siento, no supimos que hacer, hasta que vino nuestra amiga. Estuvimos de nuevo alejados, ya al amanecer nos fuimos juntos, le acompañé a su casa pero no charlamos, me dijo que pase, le hice caso, alli no hubo mas vueltas, tener ese cuerpo delgado donde nada se pierde y esos labios casi rosados, expertos pero cuidadosos, dejándose llevar, gimiendo, gritando métemela, fue grandioso.........................
 

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Amor, adiós
No se puede continuar
Ya la magia terminó
Ahora tengo que marchar
Será mejor
Seguir nuestra soledad
Si hoy el cielo se cubrió
Quizás mañana brille el sol
No sufras (más)
(Quizás mañana nuestro llanto quede atrás)
Y si me dices que tu amor me esperará
Tendré la luz que mi sendero alumbrará
Y volveré
Como un ave que retorna a su nidal
Verás que pronto volveré y me quedaré
Con esa paz que siempre, siempre tú me das
Que tú me das
Ese aplauso es para ustedes
Para el público más hermoso del mundo que es...
La república mexicana
Y cantamos de nuevo, y dice
No sufras (más)
(Quizás mañana nuestro llanto quede atrás)
Y si me dices que tu amor me esperará
Tendré la luz que mi sendero alumbrará


En vano nos quisimos, te llevé por el último andar y antes que llegue a tu cometido, te dije volveré, serás mi estrella y cuando menos creas un pájaro blanco traerá un mensaje y en él te poseeré con fantasía, amor y mucho cariño.

Un compromiso se sellaba cuando me embriagué de sus quejidos, bramidos y suspiros. Noche especial para saborear su miel, para temblar cuando ella se sienta, hace contacto, se olvida de la paz y empieza una guerra entre su sexo y el mío. Calor incesante entre pieles que no se conocían y a partir de ese instante se animan, viven y se sienten especiales.

Mujer madura, sabia y añeja, parca, lacónica pero cada vez que sus labios gruesos tocan, sale magia, se hace la luz, me envuelve a formar parte de este idilio que nació del pecado y se hizo poesía. El lecho que tiene tus latidos, sabe de mi intimidad, me tienta, juega con tus pechos, te recito miles de poemas, volvemos a naufragar. Porque eres insaciable que no conoce piel, demonio ni razón. Mujer bendita predispuesta al disfrute, al goce. Por allí vamos jugando, vamos bailando. Y de pronto un largo viaje cuando tengo tu cuerpo, me abrazo a una nueva oportunidad, tomas mi vino y yo te digo una vez mas vente conmigo. Cuando regreso, siempre te tengo conmigo.

Tantas veces en soledad perdoné tu maleficio, junté las palmas, alabé tu realidad, olvidé tu rencor y ahora me atrevo con emoción a ser un bandido que entiende tu pasión y renace una aventura. Cuando pienso en ti, yo siento que te estoy amando. Sobre el final de la última estocada, reconozco que hay un antes y un después a través de ti y por ti. Seguimos moviéndonos, deslizándose por esa seda resbalosa. Me gritas, me vengoo y yo solo muero en tu vientre húmedo y perfecto. Porque hacerlo es tenerte presente y el deseo nos tiene una vez mas comiendo de la palma de mi mano.............
 
La trabajadora de Lupe

Hubo un tiempo que Lupe trabajó en una peluquería, tenía tanta confianza con su jefa que la dejaba a cargo de todo, nunca pasó nada con ella en esa situación pero si con una de sus empleadas, empezó tranqui, primero un simple saludo y una conversa corta, otro día me cortó el cabello y desde allí ya había confianza. Una noche la invité a salir, caminamos, conversamos y me sinceró que está sola pero no angustiada. Poco a poco yo invertía hasta que por fin, me aceptó, mi amiga no vio eso bien, por su laburo y por celos, aunque nunca lo admitió.

Nunca hubiera pensado que la trabajadora era una enferma del sexo, la primera vez me desfiló muchas de sus lencerías, de todos los tamaños, colores y hasta liguero, por fin aprecié en vivo esas nalgotas duras, fuertes, macizas y precisas para echarme buenos polvos. Como se le metía entre sus cachetes firmes y me pasaba buen rato oliendo y dandole orales, que delicia, que potra. Le jalaba el hilo con mi pinga y me masturbaba así, subía y bajaba, hacía ejercicios con mi pichula, tanto que me vine en su forro.

Una tarde salí temprano del trabajo y ella tenía a una viejita que atendía, la tuvo que sacar y yo irme con ella a su cuarto, esa tarde y noche le di como nunca. Me puso su potaso en la cara, me asfixió y me aplaudió el cuerpo entero, el placer era inmenso y los polvos se sucedían, me vine varias veces y luego las locuras que sucedían.

Todo era frenesí total, era un vicio, me había enchuchado con esta dama, no había excusa, trabajo, tiempo, ni otros para darnos placer y mucho morbo. Yo le fui dando ideas y ella aceptando, iba en minis al trabajo, a veces la manoseaba mientras la esperaba, pero sobre todo me daba un buen mamey en el baño, entre corte y corte, mujeres que la esperaban y yo sediento de su cuca dorada. Para mi mala suerte, nos encontró Lupe, ambos follando en el baño, a ella la despidió y yo me quedé sin verla. Luego de eso, la vi pero rara vez a la trabajadora, y solo me puede acordar, de sus sentones, de como temblaba cuando me apretaba los huevos y hasta darme el chiquito pero rara vez.


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Una amiga a la que todos nos peleábamos

Una reunión, varios postores, muchos intentaban, yo tranquilo, sabía que Lupe me ayudaría y como sea ganaría. Si, era como un trofeo pero vaya que trofeo. Una potranca mayor de buena cepa y otras cosichas mas. Cuando nos vimos ninguno sabía de la llegada de la doña, llegó tarde, muy tarde como quinceañera a la medianoche, impactante, piernas largas bien tuneadas, buen derriere y mejor trato. Mejor que llegara a esa hora ya que así varios se irían. Nos quedamos unos 3, todos menores pero con pocas fichas, en realidad mi amistad con la charapa me ayudaría mucho. Me presentó de la mejor manera, con mis títulos, experiencia y hasta jefatura, le seguí el juego, lo interesante es que la veterana tiene tema de conversación, propone y se desplaya.

Las horas transcurrían, de los 3 lobos, se quedó uno, el mas nene, quiso apantallarla con su baile, su verborrea y sus galones con su billetera, no era pintón pero podía quitarme el caramelito, sin embargo apareció mi amiga y nos sacó a los dos a bailar, aproveche, la fui arrimando, alejando de todo y en eso Lupe se lleva a otro lado al mocoso. Me quedé con la dama y la adulé, que tengo que hacer para volverla a ver, nada, ya estamos aquí, otro día, ella me dice, no se, se bota, tiene la agenda recargada, viaja, pero en un mes retorna. Le dije, ok, te espero. Fui juntando dinero, planeando la estrategia perfecta, Llegó la fecha, y de arranque me admitió que salió con el contrincante y que se acostaron, no dije nada, pero no resultó porque ella pensaba que sería algo serio solo que al final no dio la cara.

Le dije no metamos a terceros, ya en su sala, viendo sus pantorrillas, fui otra vez con mi verso, sonrisas, coqueteos y mucho diálogo para sellar todo con un largo y seductor beso.

Ya era hora de seguir, antes de penetrarla y ya estábamos loquitos con mano y labios, me dice, si voy a la cama, no tiene retorno, seremos pareja, dilo y hazlo, ok amor. Lo cumplí pero no duró mas de la cuenta. Aproveché mi momento, lo mas excitante fue alzarla, molerla a punta de vergones y ella con sus sentones en el baño. Una sacudida y nos vinimos, sus quejidos, gemidos, su cochinadita es para el recuerdo.........

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La temible amiga de Lupe

Era casi navidad, faltaban pocas horas, yo venía de finalizar ciclo, el primero con la maestría, con un grupito de los menos rajones, no amigos pero eran los que estaban. Ni borracho ni sazonado, pero en su punto. Mi familia se fue a Europa, tenía la casa por casi un mes, que delicia, sacar y estar con Spike II y una que otra obligación, vacaciones bien pagadas.

Cuando me voy a comprar unos vinos porque supuestamente llegaba la charapa Clayre ( ya comenté en anteriores relatos de ella). Me encuentro con una rica y bella postal, estaba Lupe, que hacía allí, no se pero verla de espaldas con un short bien al cuete, marrón y marcar su culote en medio de un hilo de seguro, me quede boquiabierto y estaba acompañada de una amiga, una flaca mas que interesante, las saludé y les dije que hacen aquí, esperando a unos amigos me respondieron. Así, que raro, pero porque no me fuiste a ver, es que salió todo de inmediato, el caso es que la conversa se hizo larga. No les respondieron y las invité a mi casa, no les quedó otra que hacer hora allí.

En el barrio las miraron y devoraron con solo olerlas y yo triunfador. Tomamos pero en especial jugaba, flirteaba y le coqueteaba a la amiga, flaca, tetona, mayor pero no parece, algo rabona aunque mas recatada.

Vinos y sangrías, tomamos y en eso suena el celular de Lupe y era su amigo, la vino a ver y se la llevó. Me quedé con su amiga. Continuamos la buena tertulia, nada alocado, todo relajado, hasta que me dice que debe irse, le insistí y de mala gana se quedó. Hubo un momento de quiebre cuando suena su celular y se pone a hablar largo y tendido. Le pregunté y me dice tajante no deseo charlar. Llévame a mi casa por favor.

Obedecí, en el silencio del viaje ni largo ni corto, mis pensamientos la veían como presa. Llegamos y le dije, estoy para ayudarte, te dejo mi número. Quédate me dijo y fui el inicio de un gran festín........

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Lupe reaparece para volver a ser la de siempre, una safada, una pendeja, una ninfómana y mucho mas:



El Encuentro Prohibido: Lupe y el Joven Extranjero

La boda de su hija fue el escenario de su mayor triunfo visual. Lupe no llegó como la madre de la novia, sino como la verdadera protagonista de la noche. Llevaba un vestido de seda color esmeralda, pegado al cuerpo como una segunda piel, que resaltaba cada curva de su anatomía de infarto. A sus 50 años, su cuerpo de charapa era un monumento a la provocación: firme, húmedo por el calor de la fiesta y con ese aroma a selva y perfume caro que volvía locos a los hombres.

Fue allí donde puso el ojo en Julian, el hermano de su yerno. Un muchacho de 25 años, de piel pálida y ojos claros, que quedó hipnotizado desde que la vio bajar por las escaleras. Durante la recepción, bailaron pegados. Lupe, con esa picardía que la caracteriza, le rozaba la pelvis con movimientos lentos mientras le susurraba al oído bromas de doble sentido, riendo con esa carcajada ronca que prometía de todo. Esa noche no pasó nada frente a los ojos de los invitados, pero bajo la mesa, el roce de sus piernas y las miradas de fuego ya habían sellado un pacto.

La Cita en la Oscuridad

Un mes después, aprovechando que su marido estaba "distraído" con sus negocios, Lupe orquestó el encuentro. Se citaron en un hotel boutique discreto. Cuando Julián abrió la puerta, se encontró con una mujer que no conocía de protocolos. Lupe entró cerrando la puerta con el pie y, sin decir palabra, lo acorraló contra la pared.

Él estaba nervioso, pero ella, con la maestría de quien lleva décadas dominando el arte de la infidelidad, lo tomó por la nuca. "Sé que te mueres por probar lo que es una mujer de verdad", le dijo con ese dejo selvático que suena a pura invitación al pecado. Sus manos, expertas y suaves, comenzaron a recorrer el pecho del joven, bajando con una lentitud tortuosa hacia su entrepierna, mientras sus labios buscaban el cuello de Julián con una voracidad que lo dejó sin aliento.

El Despertar de la Fiera

Cuando la ropa cayó al suelo, el contraste era una obra de arte: la piel blanca y joven de él frente a la piel canela, tersa y caliente de ella. Lupe no se guardó nada. Se entregó con el hambre de quien ha estado fingiendo ser una esposa recatada por demasiado tiempo. Lo montó con la autoridad de una reina, haciendo gala de esa flexibilidad que solo las mujeres de su tierra conservan, moviendo sus caderas en círculos lentos y profundos que hacían que el muchacho perdiera el sentido.

El lenguaje en la habitación se volvió crudo. Lupe soltaba gemidos que eran casi rugidos, pidiéndole al joven que no tuviera piedad, que la usara como si no fuera la suegra de su hermano, sino una desconocida hambrienta de placer. Sus pechos firmes golpeaban contra el pecho del chico mientras ella se arqueaba, entregándole cada rincón de su geografía prohibida. Fue una sesión maratónica donde la experiencia de la madurez devoró por completo la energía de la juventud.

El Retorno al Orden

Horas después, Lupe se arreglaba el cabello frente al espejo con una calma aterradora. Se puso su vestido, se pintó los labios de ese rojo intenso y le guiñó un ojo al joven que yacía exhausto en la cama. Al llegar a casa, su marido apenas levantó la vista del televisor. —¿Cómo te fue con tus amigas, Lupe? —preguntó él, sin sospechar (o queriendo ignorar) que su mujer traía el aroma de otro hombre impregnado en la piel y el fuego de la selva satisfecho, al menos por unos días.











El calor de la tarde en la ciudad era sofocante, pero dentro de aquella habitación de hotel de paredes espejadas, la temperatura estaba a punto de ebullición. Eran las 4:30 de la tarde de un jueves de noviembre, la hora perfecta en la que el marido de Lupe solía estar sepultado en facturas y llamadas de oficina.

Lupe había llegado preparada para la guerra. Se había quitado el traje formal de "señora de casa" para revelar un conjunto de lencería de encaje negro que apenas contenía sus pechos de infarto, rematado con unas medias de liga que estilizaban sus piernas de charapa indomable. Julián la esperaba temblando, pero ella, con esa boquita de caramelo que siempre sabía a gloria y a pecado, tomó el control de inmediato.

El Baile del Deseo

Antes de tocar la cama, Lupe le regaló un show privado. Con el ritmo de la selva en las venas, comenzó un baile hot a pocos centímetros de él, moviendo las caderas en círculos lentos, casi hipnóticos. Lo miraba fijo, con esos ojos de cazadora que le decían que él no era más que su juguete. Se bajaba los tirantes lentamente mientras se pasaba la lengua por los labios, saboreando el deseo que emanaba del muchacho.

—Mírame bien, chibolo —le susurró con voz ronca—. Esto no lo vas a encontrar en ninguna de tu edad.

El Acto y la Llamada Inoportuna

Lo tiró a la cama y se puso en una pose de cuatro, presumiendo esa retaguardia firme y generosa que desafiaba los 50 años. Julián no pudo más y se entregó a la vorágine. El lenguaje en la habitación se volvió sucio y crudo; Lupe lo provocaba con palabras fuertes, pidiéndole que la poseyera sin delicadeza, disfrutando de cada embestida que la hacía vibrar.

En el momento más intenso, cuando el sudor bañaba ambos cuerpos y los gemidos de Lupe ya eran gritos de puro placer, el iPhone sobre la mesita de noche empezó a vibrar con una insistencia maldita. "Mi Amor" decía la pantalla. Era su esposo.

Julián se quedó petrificado, pero Lupe, sin dejar que él se detuviera, estiró la mano y contestó con una calma que asustaba. Hizo una seña al joven para que continuara, para que no parara de darle lo suyo.

—¿Aló?... Hola, mi amor —dijo Lupe, mientras su rostro se transformaba por el esfuerzo de contener el orgasmo. —¿Dónde estás, Lupe? Te escucho agitada —preguntó el marido desde el otro lado de la línea.

Lupe soltó un gemido que disfrazó con una risita ahogada mientras Julian le daba una estocada profunda que la hizo arquearse. Ella lo miró con fuego en los ojos, dominándolo, obligándolo a seguir mientras ella hablaba por teléfono.

—Ay, gordito... es que estoy aquí en casa de una amiga —respondió ella, respirando entrecortado mientras sentía al joven dentro—. Estamos comiendo un plátano maduro riquísimo que compramos en el mercado... por eso hablo así, se me pega en el paladar, tú sabes cómo es.

—Ah, ya... bueno, no te demores para la cena —dijo el hombre, resignado o quizás prefiriendo creer el cuento del plátano.

El Final de Infarto

Lupe cortó la llamada, lanzó el teléfono al suelo y soltó una carcajada diabólica. —¡Ya oíste, carajo! ¡Sigue dándome de ese plátano que el "gordito" me espera! —le gritó, poseída por la lujuria.

Se dio la vuelta y se sentó sobre él, cabalgando con una fuerza que hizo chirriar la cama. Lo miraba desde arriba, con la melena revuelta y esa boquita de caramelo ahora manchada de pasión, disfrutando de la adrenalina de haber engañado al mundo entero una vez más. Aquella tarde, Lupe no solo demostró que tiene el mejor cuerpo de la región, sino que su capacidad para el engaño y el placer no tiene límites conocidos.










El desenfreno de esa tarde dejó a Lupe en un estado de trance eléctrico. Tras despedirse de Julián con una palmada sonora en el muslo y una promesa de volver a llamarlo, no perdió tiempo. Se puso la lencería de encaje aún húmeda de sudor y deseo, se subió el vestido esmeralda y se pasó los dedos por el cabello para dárselas de "despeinada natural". No pasó por la ducha. Ella quería llevarse el trofeo, el olor rancio y dulce del pecado impregnado en su piel canela, como una marca invisible de su victoria.

El Regreso a la Guarida

Eran pasadas las 7:00 de la noche cuando entró a su casa. El aroma a sexo, mezcla de feromonas salvajes y el perfume del chibolo, flotaba a su alrededor como una nube densa. Su esposo estaba en el sofá, leyendo unos papeles. Ella pasó por su lado, contoneando las caderas con esa insolencia que solo una charapa de 50 años con el cuerpo bien puesto puede permitirse.

—Hola, gordito. El plátano me dejó con una energía... —le dijo, dándole un beso rápido en la frente mientras sus ojos brillaban con una malicia que él no supo descifrar.

El marido, quizás picado por la curiosidad o por ese rastro de excitación que ella emanaba, la tomó por la cintura. Lupe no se hizo de rogar. Ella es una maestra del engaño: sabe que la mejor forma de ocultar una infidelidad es ser doblemente apasionada en casa.

El Sexo de Camuflaje

Lo llevó a la habitación principal sin darle respiro. Se desnudó con una rapidez felina, dejando que la ropa cayera al suelo. La habitación se llenó del olor del encuentro anterior, pero ella, astuta, prendió un incienso rápido diciendo que "quería un ambiente especial". Se entregó a él con un sexo rico y loco, moviéndose con una ferocidad que dejó al marido atónito. Ella cerraba los ojos y proyectaba la imagen del joven de 25 años, usando las embestidas de su esposo para terminar lo que el otro había empezado.

En el clímax de la locura, el esposo, buscando complacerla al máximo, bajó la cabeza. Quería saborear a su mujer. Lupe sintió un escalofrío de adrenalina pura. Cuando él comenzó a lamerla con devoción, se detuvo un segundo. Sus papilas gustativas detectaron algo diferente, una textura y un sabor que no encajaban con el flujo habitual de su esposa, algo más espeso, más ajeno.

—Lupe... —murmuró él, separándose un poco, con el rostro confundido—, tienes un sabor raro, como... no sé, está muy tibio y diferente abajo.

La Gran Mentira

Lupe no se inmutó. Soltó una carcajada vibrante, esa risa de mujer recorrida que sabe que tiene el control total de la situación. Lo tomó del cabello y lo obligó a mirarla a los ojos, manteniendo esa mirada de dominatriz que lo anulaba.

Ay, amor... —le dijo, jadeando y fingiendo una ternura pecaminosa—, es que te tuve tantas ganas hoy, pensando en ti toda la tarde, que mi propio cuerpo no aguantó. Se me salió todo antes de tiempo de la pura excitación de esperarte. No seas tonto y sigue, que tu mujer está más caliente que nunca por ti.

El hombre, obnubilado por la belleza de Lupe y por la seguridad con la que ella mentía, se tragó el cuento (y todo lo demás). Siguió adelante, convencido de que su hombría era la causa de tal desborde de fluidos, mientras ella, en su mente, se burlaba de su ingenuidad. Lupe se sentía poderosa: tenía al joven extranjero para el placer y al marido para la estabilidad, manejando a ambos con la misma boquita de caramelo que le servía tanto para besar como para mentir.


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La tensión entre Lupe y el muchacho había crecido durante esa semana de silencio. Ella, acostumbrada a mandar y a ser el centro del universo de cualquier hombre que la tocara, no soportaba la indiferencia. El jueves por la tarde, lo interceptó a la salida de su trabajo. Lo miró con esos ojos de gata brava, sus 50 años vibrando de pura indignación estética.

—¿Qué pasa contigo? ¿Ahora te ocultas? ¿O es que llevas una doble vida y te dio miedo lo que una mujer de verdad te puede hacer? —lo encaró, arrinconándolo contra su propio vehículo.

Julian, abrumado por la personalidad arrolladora de esa charapa que parecía no tener freno, intentó balbucear una excusa, pero Lupe no quería palabras. Lo que quería era marcar territorio.

El Maratón de la Reconciliación

Lo que siguió fue una jornada de locura desenfrenada. Primero fue en el asiento trasero del auto, estacionado en una zona oscura de un parque cercano. Allí, entre el olor a cuero y el calor del motor, Lupe lo devoró. Usó sus manos, su boquita de caramelo y su experiencia para dejarlo sin aliento. Se movía con una agilidad que humillaba a cualquier jovencita, dominándolo con la mirada mientras los vidrios se empañaban por el vapor de sus cuerpos.

No contenta con eso, terminaron en el mismo hotel boutique de la vez anterior. Fue un sexo fenomenal, sucio y prolongado. Lupe se lució: poses acrobáticas, lenguaje crudo y una entrega que rozaba lo violento. Ella se sentía la dueña de su voluntad, la reina que había domado al cachorro extranjero.

El Quiebre: La Realidad se Impone

Justo cuando estaban vistiéndose, el ambiente se rompió. El celular de Julian vibró sobre la cómoda. Lupe, rápida como una víbora, leyó el nombre en la pantalla: era una chica, probablemente alguien de su edad, llamando con insistencia.

Los celos de Lupe, alimentados por su orgullo de "hembra dominante", estallaron. —¿Quién es esa estúpida? ¿Para esto me buscas? ¿Para usarme mientras hablas con niñas? —le gritó, fuera de sí.

En un arrebato de furia, Lupe levantó la mano y le cruzó la cara con una cachetada sonora que retumbó en las paredes de la habitación. Pero Julián no reaccionó como su marido sumiso. Sus ojos claros se volvieron gélidos y, en un acto reflejo de ira contenida, le devolvió el golpe con la misma fuerza.

La Amenaza que la Dejó Gélida

Lupe retrocedió, cayendo sentada sobre la cama, sujetándose la mejilla que ardía como el fuego de su tierra. El silencio que siguió fue aterrador. Julián se acercó, se inclinó sobre ella hasta que sus rostros quedaron a centímetros, y con una voz que no admitía réplica, le soltó las palabras que la desarmaron:

Escúchame bien, Lupe. No te confundas. Si me vuelves a tocar así, te mato. No eres mi dueña, solo eres una mujer que me busco para pasar el rato.

El tono era tan frío, tan carente de la sumisión que ella esperaba, que Lupe se quedó pasmada. Por primera vez en décadas, sintió miedo de un hombre. El muchacho terminó de abrocharse la camisa, tomó sus llaves y salió de la habitación sin mirar atrás.

Lupe se quedó sola, con el maquillaje corrido y el cuerpo aún caliente por el sexo, pero el alma helada. Rompió a llorar, un llanto amargo de quien se dio cuenta de que, en su juego de poder, había encontrado a alguien capaz de romperle el corazón o algo mucho más valioso: su invencibilidad.







La humillación que Julián le propinó en el hotel dejó una herida supurante en el ego de Lupe. Una mujer como ella, una "charapa" de sangre caliente y orgullo de acero, no olvida ni perdona. La venganza se convirtió en su obsesión, y decidió que el golpe más fuerte no sería contra el muchacho, sino contra la estructura misma de su familia. Puso sus ojos en Mark, su yerno, el esposo extranjero de su hija.

Pasaron meses de observación silenciosa. Lupe se volvió la suegra perfecta: atenta, cariñosa y siempre presente, ganándose la confianza total de Mark mientras estudiaba sus debilidades. Esperó el momento cumbre: el primer aniversario de bodas.

La Noche de la Traición

La fiesta se organizó en la amplia casa de Lupe. Había una orquesta de música tropical en vivo, el alcohol fluía sin control y la humedad de la noche ponía a todos en un estado de euforia. Lupe apareció como una aparición pecaminosa. Llevaba un vestido de encaje blanco, casi transparente, tan ajustado que marcaba cada centímetro de sus glúteos de infarto. Debajo, no había secretos: solo un hilo dental rojo que se adivinaba ante el flash de las cámaras.

Cuando la orquesta empezó a tocar un bolero cadencioso, Lupe interceptó a Mark en la pista. —Es el aniversario de mi hija, pero el baile me lo debes a mí, yerno —le susurró con esa boquita de caramelo que destilaba veneno y seducción.

Bailaron pegados, con una fricción que desafiaba cualquier norma moral. Ella movía su pelvis con una maestría circular, restregando su feminidad contra el pantalón de Mark, quien, bajo los efectos del whisky y el perfume de su suegra, comenzó a perder el juicio. Sus manos bajaron por la espalda de Lupe, tocando la textura del hilo dental bajo el encaje. Lupe lo miraba con ojos de fuego, dominándolo, marcándole el camino al infierno.

El Encuentro en el Baño

A las 3:00 de la mañana, cuando la mayoría de los invitados se habían retirado y su hija dormía profundamente en la planta alta vencida por el cansancio, la casa se sumió en una penumbra cómplice. Lupe le hizo una seña a Mark. Se encontraron en el baño principal, un espacio de mármol y espejos que pronto se convertiría en un altar de lujuria.

—Hazme lo que quieras, gringo —le dijo Lupe mientras se subía el vestido hasta la cintura, revelando ese cuerpo de 50 años que parecía tallado por los dioses del deseo—. Hoy soy tuya, no tu suegra.

El encuentro fue sucio, crudo y violento. Mark, poseído por una mezcla de culpa y excitación salvaje, la tomó por los hombros y la puso contra el lavabo. Lupe, en un acto de entrega total para sellar su venganza, se dejó hacer de todo. En medio de la locura, se entregó al sexo anal con un placer masoquista, gritando ahogadamente para no despertar a la casa, mientras Mark la poseía con una furia que ella misma había provocado.

El Pacto de Semen y Palabras

La adrenalina estaba en su punto máximo. Lupe quería poseerlo por completo, quería arrebatarle a su hija hasta el último rastro de este hombre. Cuando Mark estaba a punto de llegar al clímax, ella lo obligó a terminar en su boca. Sin asco, con una voracidad animal, bebió el semen de su yerno, saboreando la traición como si fuera el licor más fino del mundo.

Con el rostro manchado de pecado y los ojos brillantes de maldad, Lupe se limpió los labios y le lanzó la pregunta que terminaría de destruir cualquier rastro de decencia: —Dime la verdad, Mark... ¿quién tira mejor? ¿Yo o mi hija?

Mark, con la respiración entrecortada y los ojos nublados por el placer prohibido, la miró con una mezcla de miedo y adoración. —Tú, Lupe... mil veces tú. Ella es una niña a tu lado —confesó él, sellando su propia condena.

Lupe soltó una risita triunfal. Se arregló el vestido, se retocó el labial rojo y salió del baño con la frente en alto. Había recuperado su corona. No solo había burlado a su marido una vez más, sino que ahora era la dueña del secreto más oscuro del esposo de su hija.





La casa de Lupe se había convertido en una olla a presión. Vivir bajo el mismo techo que su hija y su yerno, después de haber probado el fuego de Mark, era una tortura que solo ella sabía disfrutar. La tensión era eléctrica: cada vez que se cruzaban en el pasillo, ella lo rozaba "accidentalmente" con sus caderas de charapa, dejándole el rastro de su perfume y una mirada que prometía el infierno.

Para no explotar, Lupe buscó refugio en su confidente de siempre, Elena, una mujer tan recorrida y pícara como ella. Se citaron en un café discreto un martes por la tarde, pero Lupe no pidió café, pidió un trago fuerte para soltar la lengua.

Confesiones de Alto Voltaje

Lupe se inclinó sobre la mesa, con los ojos brillando de maldad y deseo.

Lupe: "Ay, comadre, tú no te imaginas lo que es ese gringo. Yo pensé que sería cosa de una noche para sacarme el clavo, pero me dejó prendada. ¡Qué manera de empujar, Elena! Me puso contra el mármol del baño y me hizo de todo. No tuvo piedad con mis 50 años... me dobló como si fuera de goma."

Elena: (Riendo) "¡Pero Lupe! ¡Es el marido de tu hija, mujer! ¿No te dio cosa verlo a la mañana siguiente desayunando como si nada?"

Lupe: "¡Qué va! Eso es lo que más me calienta. Verlo ahí, todo serio, mientras yo todavía siento su sabor en mi boca. El día de la fiesta me lo hizo hasta por donde no le da el sol, Elena... ¡por el chiquito! Y yo, como una perra hambrienta, le pedía más. Le pregunté quién lo hacía mejor y el infeliz me lo dijo en la cara: que yo soy la maestra y mi hija una principiante."

El Acoso Digital

Lupe sacó su teléfono y le mostró a Elena la galería de "elementos de guerra".

Lupe: "Mira esto... se lo mandé anoche a las 3 de la mañana, cuando mi marido roncaba al lado. Me tomé esta foto en el baño, bajándome el calzón de encaje rojo hasta las rodillas para que vea bien lo que se está perdiendo."

Elena: "¡Estás loca! ¿Y él qué te pone?"

Lupe: "Está muerto de ganas, pero es un cobarde, tiene miedo de que la otra se despierte. Solo me pone: 'Te deseo, quiero verte ahora mismo'. Pero lo mejor fue el audio de hace tres días. Estaba tirando con mi esposo, ¿ya? Y puse el celular debajo de la almohada para grabar mis propios gemidos mientras el tonto de mi marido pensaba que eran por él. Se lo mandé a Mark con un mensaje: 'Así podría estar gritando por ti'. Me puso que casi se viene de solo escucharlo en la oficina."

Diálogos Picantes en la Mesa

La conversación subió de tono mientras Lupe describía las poses que más la hacían vibrar.

Lupe: "Lo que más me gusta es cuando me pone en cuatro y me agarra del pelo, Elena. Me hace sentir como una chiquilla de 20. El otro día en la cocina, mientras mi hija estaba en el jardín, me acorraló contra la refrigeradora. Me metió la mano por debajo de la falda y casi me hace gritar ahí mismo. ¡Esa boquita de caramelo que tengo lo tiene loco!"

Elena: "Cuidado, Lupe, que el fuego quema. ¿Qué vas a hacer ahora?"

Lupe: "Voy a seguir, comadre. Mañana mi hija sale de compras y mi marido tiene reunión. Ya le dije a Mark que me espere en el cuarto de huéspedes con la puerta sin seguro. Le voy a modelar un hilo dental transparente que me compré ayer... quiero que se beba hasta mi última gota de sudor."






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EL PACTO DE LOS AMANTES

La cocina de la casa estaba en penumbra. Lupe, vestida solo con una bata de seda negra que dejaba entrever sus piernas de infarto, preparaba un café mientras Mark bajaba por un vaso de agua. El silencio de la madrugada era el cómplice perfecto. Él la tomó por la cintura, hundiendo su rostro en el cuello de su suegra, aspirando ese aroma a mujer madura y deseo.

—No puedo más, Lupe —le susurró Mark, con la voz rota—. Verte todos los días en la mesa, fingiendo que eres "mamá", mientras tengo el sabor de tu sexo grabado en la lengua... me está volviendo loco. Voy a pedir una semana de vacaciones en la empresa. Diré que tengo un seminario en otra ciudad, pero quiero que te vengas conmigo. Te quiero para mí solo, sin tener que callar tus gritos.

Lupe se dio la vuelta, enredando sus dedos en el cabello del joven extranjero. Lo miró con esa superioridad de quien sabe que tiene el control total.

—¿Una semana entera para que me destroces como tú sabes, gringo? —dijo ella con una sonrisa diabólica—. Ya tengo todo pensado. Elena, mi amiga, tiene una casa de playa en el sur, alejada de todo. Ella nos presta las llaves. Pero tenemos que mover las fichas bien. A mi marido le voy a meter el cuento de que me voy a un retiro espiritual con las señoras de la parroquia en la selva, y a mi hija... a ella hay que darle ocupaciones.

EL AJEDREZ DE LA TRAICIÓN

Los días siguientes fueron un despliegue de manipulación maestra. Lupe comenzó a "trabajar" a su hija. —Hija, estás muy pálida. Mark me dijo que le gustaría que hicieras ese curso de diseño de interiores que tanto querías. Yo misma te lo voy a pagar, pero las clases son intensivas, mañana y tarde. Tienes que aprovechar ahora que él va a estar "de viaje por trabajo".

Al marido, Lupe lo convenció de que debía retomar sus torneos de ajedrez y pesca en el norte con sus amigos. —Gordito, te hace falta un aire. Vete esa semana con tus patas, yo me iré a orar y a limpiar mi alma a la selva. Nos hará bien un tiempo separados.

Mientras orquestaba las mentiras, Lupe no dejaba de calentar el terreno con Mark. En el pasillo, le susurraba cosas que lo hacían temblar: —Prepárate, chibolo, porque en esa casa de playa no vamos a usar ropa. Te voy a enseñar lo que es una charapa hambrienta. Te vas a olvidar hasta de cómo se llama mi hija cuando me tengas en cuatro frente al mar y te pida que me des por donde más te gusta.

—Te voy a dejar sin caminar, Lupe —respondía él, pegándola contra la pared—. Te voy a beber todo el jugo, me voy a asegurar de que cuando vuelvas a casa, cada vez que tu marido te toque, sientas el dolor rico de lo que yo te hice.

EL ESCAPE AL INFIERNO

Llegó el día. Mark salió temprano con su maleta, supuestamente hacia el aeropuerto. Lupe salió dos horas después, despidiéndose de su marido con un beso frío. Se encontraron en un grifo a las afueras de la ciudad. Cuando Lupe subió al auto de Mark, no traía la ropa de "señora de iglesia". Vestía unos shorts cortísimos y un top que apenas contenía sus pechos firmes.

—Dale marcha a este carro, gringo, que tu suegra tiene el motor encendido —le dijo, poniendo la mano de él directamente en su entrepierna, que ya estaba empapada—. No vamos a ser unos amantes cualesquiera. Vamos a ser amantes a prueba de todo. Si el mundo se entera, que se entere cuando ya estemos secos de tanto follarnos.

Al llegar a la casa de playa, ni siquiera bajaron las maletas. Mark la cargó hasta la habitación principal que olía a salitre. —Aquí nadie nos oye, Lupe. Grita todo lo que quieras.

El encuentro fue una carnicería de placer. Lupe se entregó con una saña que asustó a Mark. Lo obligó a usar cada rincón de su cuerpo, cumpliendo todas las fantasías que le había narrado a su amiga Elena. —¡Dime quién es tu dueña! —le gritaba ella mientras sentía que el mundo se acababa en cada embestida—. ¡Dime que mi hija es una sombra comparada con este fuego!

—¡Tú, maldita sea, tú! —rugía él, poseído—. Eres una fiera, Lupe. No sé cómo voy a volver a verla a la cara después de esto.

—No pienses, gringo. Solo empuja. Tenemos siete días de gloria y pecado. Cuando volvamos, seguiremos siendo la familia perfecta, pero tú y yo sabremos que, bajo la mesa del comedor, tú eres el que me llena y yo soy la que te domina.

Esa semana, Lupe no solo confirmó que su cuerpo de 50 años era una herramienta de destrucción masiva, sino que selló un pacto de sangre y fluidos con el esposo de su hija, un secreto que los mantendría unidos en una red de mentiras, fotos sucias y audios prohibidos para siempre.










El destino, o quizás la mala suerte, le entregó a Lupe el escenario que ella habría diseñado en sus fantasías más oscuras. Cuando su hija anunció que había conseguido un puesto gerencial en una ciudad a ocho horas de distancia, Lupe tuvo que morderse los labios para no gritar de alegría frente a toda la familia. El plan quedó establecido: la hija se mudaría, y Mark, por "temas de trabajo", se quedaría en la casa familiar, viajando solo los fines de semana para ver a su esposa.

Lo que nadie sospechaba es que esos seis meses se convertirían en una bacanal ininterrumpida, un descenso a los infiernos del deseo donde Lupe, con sus 50 años de fuego charapa, terminaría por corromper cada rincón de la casa y cada fibra de la voluntad de su yerno.


La Casa del Pecado: lunes a Jueves

Apenas el auto de la hija desaparecía por la avenida los domingos por la noche, la máscara de "suegra respetable" caía al suelo junto con la ropa de Lupe. Esos seis meses fueron una maratón de perversión. Lupe decidió que no habría reglas. Se paseaba por la casa totalmente desnuda, cocinando solo con un delantal transparente o usando tacones de aguja mientras Mark intentaba trabajar en su laptop.

—¿No puedes concentrarte, gringo? —le decía ella, acercándose por detrás y frotando sus pechos firmes contra su espalda—. Deja esa computadora y ven a atender a tu verdadera jefa.

Los encuentros no tenían horario. Lo hacían en la mesa del comedor, sobre la alfombra de la sala y, con especial saña, en la cama que Mark compartía con su hija. Lupe quería marcar territorio; quería que el olor de su piel canela y sus fluidos quedaran impregnados en el colchón. Usaban un lenguaje sucio y crudo, donde ella lo obligaba a llamarla "perra" o "maestra", mientras él, completamente adicto a la experiencia de la madurez de Lupe, se entregaba a prácticas que jamás se atrevió a pedirle a su joven esposa.

La Maestría de la Charapa

Lupe sacó a relucir toda su sabiduría amazónica. Lo sometió a sesiones de sexo anal que duraban horas, usando aceites exóticos y masajes que dejaban a Mark temblando. Ella disfrutaba de su dominio; lo miraba desde arriba mientras lo cabalgaba, con esa boquita de caramelo soltando las obscenidades más grandes que Mark había escuchado en su vida.

—Mírame bien, Mark —le decía ella, apretándole el cuello ligeramente mientras se arqueaba—. Tu mujer allá lejos pensando que eres un santo, y aquí estás, enterrado en la mujer que la parió. ¿Quién te da más rico? ¿Quién te hace sentir que se te sale el alma?

—¡Tú, Lupe! ¡Eres un demonio! —rugía él, perdiendo el sentido mientras ella lo exprimía hasta dejarlo seco.

Incluso llegaron a grabar videos. Lupe quería tener pruebas de su poder. Se grababan en poses acrobáticas, con ella luciendo hilos dentales que desaparecían en su retaguardia perfecta, y luego, durante los fines de semana cuando él estaba con su hija, ella se los enviaba por Telegram con mensajes como: "Sé que la estás besando a ella, pero todavía tienes mi sabor en la garganta".

El Cinismo de los Viernes

Lo más retorcido ocurría los viernes por la tarde, antes de que Mark partiera a ver a su esposa. Lupe lo preparaba para el viaje de una manera perversa. Lo obligaba a tener un último encuentro "de despedida" en el garaje, contra el auto, un acto rápido y violento que lo dejaba exhausto.

—Anda, ve a cumplir con tu obligación —le decía ella mientras le arreglaba el cuello de la camisa y le limpiaba el semen de la comisura de los labios con un pañuelo—. Ve y dile que la extrañas, mientras tu cuerpo todavía vibra por lo que yo te acabo de hacer.

Durante esos seis meses, el marido de Lupe, el "desentendido", pasaba más tiempo en el club o durmiendo temprano, sospechando quizás que los ruidos que venían de las otras habitaciones no eran precisamente de la televisión. Pero Lupe no tenía miedo. Se sentía invencible. Había convertido al esposo de su hija en su esclavo personal, en un adicto a su piel madura y a su depravación sin límites.

Al final de ese semestre, Mark ya no era el mismo. Tenía la mirada de alguien que ha visto el sol de frente y ya no puede conformarse con la luz de una vela. Lupe, radiante, con la piel más brillante que nunca, sabía que, aunque su hija volviera, Mark ya nunca saldría de la selva que ella había plantado en su alcoba.






La partida de Mark dejó a Lupe con un vacío que no era precisamente sentimental, sino puramente carnal. Cuando su yerno, asustado por las sospechas de su hija y el peso de la culpa, le pidió "un tiempo" para intentar salvar su matrimonio en la otra ciudad, Lupe sintió un golpe en su orgullo de hembra dominante. Pero una charapa de su temple no se queda llorando por los rincones; si Mark no estaba para apagar su incendio, ella buscaría madera nueva para arder.

El escenario para su siguiente conquista fue, irónicamente, el cumpleaños número 55 de su esposo. Sin la hija ni el yerno presentes, la casa se llenó de amigos de la vieja guardia, música a todo volumen y mucho alcohol. Entre todos, Lupe puso el ojo en Ricardo, el mejor amigo de su marido desde la juventud. Ricardo era un hombre robusto, de manos grandes y mirada pesada, que no había dejado de recorrer el cuerpo de Lupe con los ojos en toda la noche. Ella, sabiéndose observada, vestía un traje de seda blanco que, con el calor y el sudor del baile, se le pegaba al cuerpo revelando que no llevaba sostén.

El Plan de la "Anfitriona"

Alrededor de las 3:00 de la mañana, la fiesta agonizaba. Ricardo, fingiendo estar más ebrio de lo que realmente estaba, se desplomó en un sillón. Lupe, con una sonrisa de ángel y mente de demonio, se acercó a su marido.

—Ay, gordo, mira a tu amigo Ricardo... está fatal, no puede manejar así. Que se quede a dormir en el cuarto de la niña, total ella no está. No seas malo, que descanse ahí —le susurró Lupe mientras le acariciaba la nuca a su esposo, quien, vencido por el sueño y el whisky, aceptó sin dudarlo.

El Asalto en la Madrugada

Lupe esperó a que los ronquidos de su marido inundaran la habitación principal. Se levantó con la agilidad de una felina, se despojó del vestido y se quedó solo en un minúsculo calzón de encaje negro. Así, con sus pechos firmes al aire desafiando la gravedad y su piel canela brillando en la penumbra, cruzó el pasillo y entró en la habitación de su hija.

Ricardo estaba despierto, esperándola. El aire se volvió pesado de inmediato. —Sabía que vendrías, Lupe... —dijo él con voz ronca, sentándose en la cama. —Cállate y hazme olvidar que soy una señora —respondió ella, abalanzándose sobre él con una voracidad que lo dejó sin aliento.

Una Sesión de Lujuria Pura

Fue un encuentro rico, delicioso y cargado de un lenguaje sucio que solo dos personas que se conocen de toda la vida pueden compartir. Lupe no tuvo piedad. Usó su boquita de caramelo para llevar a Ricardo al límite, dominándolo con la mirada mientras se movía sobre él con la experiencia de sus 50 años.

—¡Dale, Ricardo! ¡Dáme como el gordo ya no sabe! —le pedía ella entre gemidos ahogados, mientras sus uñas se clavaban en la espalda del amigo de su esposo.

En el clímax de la noche, Lupe se puso en una posición de entrega total. Quería sentir el máximo rigor. Se dejó poseer por atrás, arqueando su espalda de charapa y disfrutando de la adrenalina de estar pecando en la habitación de su propia hija, mientras su marido dormía a pocos metros de distancia. Fue una maratón de fluidos y jadeos contenidos; Ricardo no podía creer la potencia y la flexibilidad de la mujer de su mejor amigo.

Al terminar, Lupe se limpió el rastro del encuentro con una de las toallas de su hija, le dio un beso cargado de cinismo a Ricardo y regresó a su cama. Se acostó al lado de su esposo, quien ni siquiera se movió, mientras ella sonreía en la oscuridad, satisfecha de haber demostrado que, con Mark o sin él, ella seguía siendo la dueña absoluta del placer en esa casa.




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