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Guerra psicológica
Gengis Kan utilizó con éxito la guerra psicológica en muchas de sus batallas, especialmente al sembrar el terror y el miedo en los pueblos y ciudades. Él siempre ofrecía a sus enemigos la oportunidad de rendirse y pagar tributo (el siempre promovía lo que llamaban la "rendición honorable de una ciudad"), pero si su oferta era rechazada, invadía y exterminaba los pueblos y ciudades, dejando vivos a los ingenieros, si los había, para incorporarlos a su ejército, y a unos pocos civiles vivos para huir y contar sobre su pérdida y desgracia en otros lugares (generalmente los mongoles destruían a la primera ciudad que se resisitiera durante una campaña para dejar un mensaje a las demás ciudades en su camino). Al conocerse que el ejército Gengis Kan había acabado despiadadamente con toda resistencia, se les hacía más difícil a los soberanos de otras tierras convencer a sus súbditos para que se resistan. Si un poblado se rendía pacíficamente, Gengis Kan lo dejaba intacto y les garantizaba protección, pues le podían proveer de recursos para futuras campañas. Lo peor ocurría si una ciudad se rendía y luego se rebelaba por que entonces era completamente aniquilada, saqueada e incendiada (solo dejaban vivos a los ingenieros, artesanos y artistas; estos dos últimos por que los mongoles tenían un concepto de que para mostrar su éxito en sus campañas usaban su botín para construir grandes palacios en honor a su gloria que se convertían en el hogar de las familias nobles, era una ideología propia de los mongoles, en lugar de tratar de imponer su propia cultura a los vencidos tomaban lo mejor de cada cultura para usarla a su favor).
Tácticas en campo abierto
Arqueros a caballo mongoles.
Los mongoles eran muy buenos ejecutando la retirada fingida, tal vez la táctica de campo abierto más difícil de lograr. Pretendiendo estar desordenados y derrotados, huían del campo de batalla, y cuando el enemigo caía en la trampa y los perseguía, regresaban y los mataban a placer.
Los mongoles por lo general avanzaban en un frente amplio, de cinco líneas de profundidad. Las primeras tres líneas estaban conformadas por arqueros a caballo, y las dos últimas de lanceros. Cuando localizaban una fuerza enemiga, los mongoles evitaban cualquier tipo de asalto frontal atolondrado o riesgoso, a diferencia de sus contrapartes de Europa o el Medio Oriente. Preferían distraer al enemigo por medio de escaramuzas, mientras la fuerza principal del ejército buscaba flanquear o rodear al rival. Lo primero que hacían los mongoles era atacar por medio de sus arqueros a caballo. Éstos arqueros nunca se quedaban sin municiones, pues los seguían de cerca camellos cargados con flechas.
Para evitar la lluvia de flechas, los enemigos usualmente se separaban o buscaban refugio, rompiendo sus formaciones y por lo tanto, haciéndolos más vulnerables a la carga de los lanceros. Por otro lado, cuando se juntaban mucho eran más vulnerables a las flechas de los mongoles. Cuando consideraban que el enemigo estaba lo suficientemente debilitado, los noyan daban la orden a los lanceros para que inicien su carga contra el enemigo. A menudo los daños causados por las flechas eran suficiente para provocar la retirada del ejército enemigo, así que los lanceros apenas eran necesitados para ayudar a perseguir a los sobrevivientes. Los mongoles dejaban espacios para que los enemigos vieran vías de escape pero en realidad había jinetes esperándolos (los mongoles conocían que un soldado que sabia que estaba rodeado lucharía hasta la muerte por que no tenía nada que perder, pero uno que ve una posibilidad de escape intentara huir y romperá filas facilitando la batalla a los mongoles).
Cuando se enfrentaban con ejércitos europeos, que ponían énfasis en la caballería pesada, los mongoles procuraban evitar el combate cuerpo a cuerpo, prefiriendo atacar a la distancia con sus arcos. En los casos excepcionales cuando la armadura de los caballeros resistía las flechas enemigas, los mongoles sencillamente mataban a sus caballos, dejando a los caballeros acorazados a pie, incapaces de recorrer largas distancias. En la Batalla de Mohi los mongoles dejaron una brecha en sus filas, tentando a los húngaros a huir a través de ella. Al hacerlo, terminaron dispersos en campo abierto y fueron blanco fácil para los arqueros a caballo mongoles, mientras los lanceros los mataban a placer mientras huían. En la Batalla de Liegnitz, los pocos caballeros Teutónicos, Templarios y Hospitalarios que pudieron resistir a los mongoles a pie les causaron fuertes bajas, pero al final todos perecieron. Los mongoles se limitaron a aceptar sus bajas, y destruyeron a los caballeros, quienes se hallaban en inferioridad numérica.
Cada vez que podían, los comandantes mongoles buscaban el terreno más alto, desde el cual podían tomar decisiones basándose su mejor visión del campo de batalla mientras los eventos ocurrían, y también contaban con más seguridad y facilidad para defenderse. Es más, al estar en terreno elevado, era más fácil para sus fuerzas obedecer las órdenes dadas a través de banderas que si estuvieran en terreno llano. A diferencia de los ejércitos europeos, que daban mucha importancia al valor personal y así exponían a sus líderes a morir a manos de cualquiera lo suficientemente resoluto a matarlos, los mongoles protegían a sus líderes. Un general como Subotai, incapaz de montar a caballo durante sus últimos años, debido a su edad y su obesidad, podía haber sido ridiculizado por cualquier ejército europeo de la época; no hubiera sido ni respetado ni obedecido. Pero los mongoles reconocían y respetaban su genio militar a pesar de sus defectos, y lo transportaban con orgullo en una carreta.
Tácticas de asedio
Los mongoles eran expertos realizando asedios, a menudo cambiando el curso de los ríos e impidiendo el abastecimiento de comida a las ciudades. También enviaban refugiados a las ciudades que aún no habían conquistado, para consumir sus recursos.
Catapultas y máquinas - La tecnología era una de las facetas importantes del estilo de hacer la guerra de los mongoles. Así, Gengis Kan usó muchas veces armas de asedio. Éstas eran desmanteladas y transportadas en caballos para ser reconstruidas en el sitio de la batalla. Los ingenieros que construían las máquinas de asedio eran reclutados entre sus cautivos, la mayoría de ellos de China y Persia. Cuando masacraban a una población entera, casi siempre perdonaban a los ingenieros y técnicos, rápidamente sumándolos a sus ejércitos.
Muchas veces tras las batallas en campo abierto los restos del ejército enemigo huían a sus ciudades, otras veces sus enemigos preferían refugiarse en sus ciudades al conocer de la capacidad militar de los mongoles en campo abierto. Estas razones fueron las que convirtieron a los mongoles en maestros de la guerra de asedios.
Una vez que la batalla principal o el asedio terminaba, el Ejército mongol perseguía al líder enemigo hasta matarlo, para prevenir que reagrupe en torno a él a su ejército después de la guerra. Aun cuando muchas veces los líderes enemigos escapaban al darse cuenta de que con seguridad perderían la guerra, los mongoles los perseguían hasta asegurarse de que hubieran muerto.
Los Kharash - Un componente esencial de las tácticas mongolas era el uso de los Kharash, es decir, aquellos residentes locales que eran utilizados como escudos humanos por los mongoles durante los asedios.
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Gengis Kan utilizó con éxito la guerra psicológica en muchas de sus batallas, especialmente al sembrar el terror y el miedo en los pueblos y ciudades. Él siempre ofrecía a sus enemigos la oportunidad de rendirse y pagar tributo (el siempre promovía lo que llamaban la "rendición honorable de una ciudad"), pero si su oferta era rechazada, invadía y exterminaba los pueblos y ciudades, dejando vivos a los ingenieros, si los había, para incorporarlos a su ejército, y a unos pocos civiles vivos para huir y contar sobre su pérdida y desgracia en otros lugares (generalmente los mongoles destruían a la primera ciudad que se resisitiera durante una campaña para dejar un mensaje a las demás ciudades en su camino). Al conocerse que el ejército Gengis Kan había acabado despiadadamente con toda resistencia, se les hacía más difícil a los soberanos de otras tierras convencer a sus súbditos para que se resistan. Si un poblado se rendía pacíficamente, Gengis Kan lo dejaba intacto y les garantizaba protección, pues le podían proveer de recursos para futuras campañas. Lo peor ocurría si una ciudad se rendía y luego se rebelaba por que entonces era completamente aniquilada, saqueada e incendiada (solo dejaban vivos a los ingenieros, artesanos y artistas; estos dos últimos por que los mongoles tenían un concepto de que para mostrar su éxito en sus campañas usaban su botín para construir grandes palacios en honor a su gloria que se convertían en el hogar de las familias nobles, era una ideología propia de los mongoles, en lugar de tratar de imponer su propia cultura a los vencidos tomaban lo mejor de cada cultura para usarla a su favor).
Tácticas en campo abierto
Arqueros a caballo mongoles.
Los mongoles eran muy buenos ejecutando la retirada fingida, tal vez la táctica de campo abierto más difícil de lograr. Pretendiendo estar desordenados y derrotados, huían del campo de batalla, y cuando el enemigo caía en la trampa y los perseguía, regresaban y los mataban a placer.
Los mongoles por lo general avanzaban en un frente amplio, de cinco líneas de profundidad. Las primeras tres líneas estaban conformadas por arqueros a caballo, y las dos últimas de lanceros. Cuando localizaban una fuerza enemiga, los mongoles evitaban cualquier tipo de asalto frontal atolondrado o riesgoso, a diferencia de sus contrapartes de Europa o el Medio Oriente. Preferían distraer al enemigo por medio de escaramuzas, mientras la fuerza principal del ejército buscaba flanquear o rodear al rival. Lo primero que hacían los mongoles era atacar por medio de sus arqueros a caballo. Éstos arqueros nunca se quedaban sin municiones, pues los seguían de cerca camellos cargados con flechas.
Para evitar la lluvia de flechas, los enemigos usualmente se separaban o buscaban refugio, rompiendo sus formaciones y por lo tanto, haciéndolos más vulnerables a la carga de los lanceros. Por otro lado, cuando se juntaban mucho eran más vulnerables a las flechas de los mongoles. Cuando consideraban que el enemigo estaba lo suficientemente debilitado, los noyan daban la orden a los lanceros para que inicien su carga contra el enemigo. A menudo los daños causados por las flechas eran suficiente para provocar la retirada del ejército enemigo, así que los lanceros apenas eran necesitados para ayudar a perseguir a los sobrevivientes. Los mongoles dejaban espacios para que los enemigos vieran vías de escape pero en realidad había jinetes esperándolos (los mongoles conocían que un soldado que sabia que estaba rodeado lucharía hasta la muerte por que no tenía nada que perder, pero uno que ve una posibilidad de escape intentara huir y romperá filas facilitando la batalla a los mongoles).
Cuando se enfrentaban con ejércitos europeos, que ponían énfasis en la caballería pesada, los mongoles procuraban evitar el combate cuerpo a cuerpo, prefiriendo atacar a la distancia con sus arcos. En los casos excepcionales cuando la armadura de los caballeros resistía las flechas enemigas, los mongoles sencillamente mataban a sus caballos, dejando a los caballeros acorazados a pie, incapaces de recorrer largas distancias. En la Batalla de Mohi los mongoles dejaron una brecha en sus filas, tentando a los húngaros a huir a través de ella. Al hacerlo, terminaron dispersos en campo abierto y fueron blanco fácil para los arqueros a caballo mongoles, mientras los lanceros los mataban a placer mientras huían. En la Batalla de Liegnitz, los pocos caballeros Teutónicos, Templarios y Hospitalarios que pudieron resistir a los mongoles a pie les causaron fuertes bajas, pero al final todos perecieron. Los mongoles se limitaron a aceptar sus bajas, y destruyeron a los caballeros, quienes se hallaban en inferioridad numérica.
Cada vez que podían, los comandantes mongoles buscaban el terreno más alto, desde el cual podían tomar decisiones basándose su mejor visión del campo de batalla mientras los eventos ocurrían, y también contaban con más seguridad y facilidad para defenderse. Es más, al estar en terreno elevado, era más fácil para sus fuerzas obedecer las órdenes dadas a través de banderas que si estuvieran en terreno llano. A diferencia de los ejércitos europeos, que daban mucha importancia al valor personal y así exponían a sus líderes a morir a manos de cualquiera lo suficientemente resoluto a matarlos, los mongoles protegían a sus líderes. Un general como Subotai, incapaz de montar a caballo durante sus últimos años, debido a su edad y su obesidad, podía haber sido ridiculizado por cualquier ejército europeo de la época; no hubiera sido ni respetado ni obedecido. Pero los mongoles reconocían y respetaban su genio militar a pesar de sus defectos, y lo transportaban con orgullo en una carreta.
Tácticas de asedio
Los mongoles eran expertos realizando asedios, a menudo cambiando el curso de los ríos e impidiendo el abastecimiento de comida a las ciudades. También enviaban refugiados a las ciudades que aún no habían conquistado, para consumir sus recursos.
Catapultas y máquinas - La tecnología era una de las facetas importantes del estilo de hacer la guerra de los mongoles. Así, Gengis Kan usó muchas veces armas de asedio. Éstas eran desmanteladas y transportadas en caballos para ser reconstruidas en el sitio de la batalla. Los ingenieros que construían las máquinas de asedio eran reclutados entre sus cautivos, la mayoría de ellos de China y Persia. Cuando masacraban a una población entera, casi siempre perdonaban a los ingenieros y técnicos, rápidamente sumándolos a sus ejércitos.
Muchas veces tras las batallas en campo abierto los restos del ejército enemigo huían a sus ciudades, otras veces sus enemigos preferían refugiarse en sus ciudades al conocer de la capacidad militar de los mongoles en campo abierto. Estas razones fueron las que convirtieron a los mongoles en maestros de la guerra de asedios.
Una vez que la batalla principal o el asedio terminaba, el Ejército mongol perseguía al líder enemigo hasta matarlo, para prevenir que reagrupe en torno a él a su ejército después de la guerra. Aun cuando muchas veces los líderes enemigos escapaban al darse cuenta de que con seguridad perderían la guerra, los mongoles los perseguían hasta asegurarse de que hubieran muerto.
Los Kharash - Un componente esencial de las tácticas mongolas era el uso de los Kharash, es decir, aquellos residentes locales que eran utilizados como escudos humanos por los mongoles durante los asedios.
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