- 598
- 3.001
- 304
- Registrado
- 14 Feb 2005
86%
- Registrado
- 14 Feb 2005
- Mensajes
- 598
- Puntos de reacción
- 3.001
- Puntos
- 304
21 Years of Service
A la mañana siguiente, mientras tomábamos café y tostadas en la cocina, Nadia me miró con una chispa de entusiasmo.
—Amor, tengo que contarte algo.
—¿Qué pasó? —pregunté, distraído, revisando el celular.
—El laboratorio me está enviando a una reunión regional en Colombia. En dos semanas viajo por cuatro días.
Levanté la vista, sorprendido. Ella parecía contenta, orgullosa.
—¿A Bogotá?
—Sí, a Bogotá. Es una reunión de directores médicos de la región. Va a ser intenso, pero también me emociona. Hace tiempo no tenía una salida así.
—Me parece muy bien, amor mío —le dije, tomando su mano—. Te lo mereces.
Ella sonrió satisfecha, mientras yo pensaba en lo extraño de todo: la calma con Nadia, la pasión con Angie, y ahora este viaje que seguramente abriría nuevas oportunidades.
Me quedé en silencio, bebiendo el café caliente. En mi mente se superponían las imágenes: Angie bajando de mi auto la noche anterior, y Nadia frente a mí esa mañana, con la ilusión de un viaje de trabajo. Dos mundos paralelos que me contenían y me partían al mismo tiempo.
Cuando se lo conté a Angie, sus ojos se iluminaron con esa chispa que me encantaba. Estábamos en el auto, un martes por la noche, después de haber cenado juntos a escondidas.
—¿Cómo que viaja a Colombia? —preguntó con una sonrisa cómplice.
—Sí, cuatro días, reunión regional.
Ella se quedó pensativa unos segundos y luego me miró directo:
—Eso es una oportunidad, Primix. Podríamos escaparnos nosotros.
Me reí, negando con la cabeza.
—Amor, con Nadia de viaje o sin Nadia de viaje, igual nos escapamos. Tú sabes que lo hacemos.
—Sí, ya lo sé —dijo, mordiéndose el labio—, pero esta vez me emociona más… porque parece que el universo nos acomoda las piezas.
Lo que no imaginaba es que, días después, en una conversación entre ellas, Nadia y Angie terminarían dándole forma a otra idea. Yo no estaba presente, pero Angie me la contó casi de inmediato, con entusiasmo, como una niña que revela un secreto compartido.
Habían salido a tomar un café en Larcomar, las dos abrigadas contra el frío limeño. Entre risas y comentarios sobre los chicos, Nadia mencionó:
—Oye, yo me voy a Colombia en julio por la reunión del laboratorio. Serán cuatro días intensos, pero después quiero hacer algo distinto, relajarme.
—¿Y por qué no hacemos un viaje? —propuso Angie, como tanteando terreno—. Pero no tú y yo, sino todos juntos: los chicos, yo, mi primix…
Nadia sonrió, sorprendida.
—Sería lindo, sí. Para fiestas patrias es complicado, todo está carísimo y lleno de gente. Pero después, ¿por qué no?
—Claro, después de fiestas —afirmó Angie—. Que sea más tranquilo.
Ambas comenzaron a soñar destinos. Nadia lanzó primero:
—Podría ser Colombia, yo ya conocería algo y los llevaría.
—O Punta Cana —dijo Angie, con brillo en los ojos.
—Miami también suena bonito.
—Hasta Cuba, imagínate… —agregó Angie riendo.
Al final, no se decidieron por nada concreto, pero sí en algo: había que hacerlo.
—Yo lo voy a convencer de que pida vacaciones —dijo Nadia con determinación—. Tú tranquila, que yo sé cómo hablarle.
—Hecho —respondió Angie, sonriendo—. Entonces es un plan.
—Amor, tengo que contarte algo.
—¿Qué pasó? —pregunté, distraído, revisando el celular.
—El laboratorio me está enviando a una reunión regional en Colombia. En dos semanas viajo por cuatro días.
Levanté la vista, sorprendido. Ella parecía contenta, orgullosa.
—¿A Bogotá?
—Sí, a Bogotá. Es una reunión de directores médicos de la región. Va a ser intenso, pero también me emociona. Hace tiempo no tenía una salida así.
—Me parece muy bien, amor mío —le dije, tomando su mano—. Te lo mereces.
Ella sonrió satisfecha, mientras yo pensaba en lo extraño de todo: la calma con Nadia, la pasión con Angie, y ahora este viaje que seguramente abriría nuevas oportunidades.
Me quedé en silencio, bebiendo el café caliente. En mi mente se superponían las imágenes: Angie bajando de mi auto la noche anterior, y Nadia frente a mí esa mañana, con la ilusión de un viaje de trabajo. Dos mundos paralelos que me contenían y me partían al mismo tiempo.
Cuando se lo conté a Angie, sus ojos se iluminaron con esa chispa que me encantaba. Estábamos en el auto, un martes por la noche, después de haber cenado juntos a escondidas.
—¿Cómo que viaja a Colombia? —preguntó con una sonrisa cómplice.
—Sí, cuatro días, reunión regional.
Ella se quedó pensativa unos segundos y luego me miró directo:
—Eso es una oportunidad, Primix. Podríamos escaparnos nosotros.
Me reí, negando con la cabeza.
—Amor, con Nadia de viaje o sin Nadia de viaje, igual nos escapamos. Tú sabes que lo hacemos.
—Sí, ya lo sé —dijo, mordiéndose el labio—, pero esta vez me emociona más… porque parece que el universo nos acomoda las piezas.
Lo que no imaginaba es que, días después, en una conversación entre ellas, Nadia y Angie terminarían dándole forma a otra idea. Yo no estaba presente, pero Angie me la contó casi de inmediato, con entusiasmo, como una niña que revela un secreto compartido.
Habían salido a tomar un café en Larcomar, las dos abrigadas contra el frío limeño. Entre risas y comentarios sobre los chicos, Nadia mencionó:
—Oye, yo me voy a Colombia en julio por la reunión del laboratorio. Serán cuatro días intensos, pero después quiero hacer algo distinto, relajarme.
—¿Y por qué no hacemos un viaje? —propuso Angie, como tanteando terreno—. Pero no tú y yo, sino todos juntos: los chicos, yo, mi primix…
Nadia sonrió, sorprendida.
—Sería lindo, sí. Para fiestas patrias es complicado, todo está carísimo y lleno de gente. Pero después, ¿por qué no?
—Claro, después de fiestas —afirmó Angie—. Que sea más tranquilo.
Ambas comenzaron a soñar destinos. Nadia lanzó primero:
—Podría ser Colombia, yo ya conocería algo y los llevaría.
—O Punta Cana —dijo Angie, con brillo en los ojos.
—Miami también suena bonito.
—Hasta Cuba, imagínate… —agregó Angie riendo.
Al final, no se decidieron por nada concreto, pero sí en algo: había que hacerlo.
—Yo lo voy a convencer de que pida vacaciones —dijo Nadia con determinación—. Tú tranquila, que yo sé cómo hablarle.
—Hecho —respondió Angie, sonriendo—. Entonces es un plan.
