La Sra de las figuritas de la copa América

Volví a verla en una cita médica

Cuando la vi con el mismo urólogo, me dio palta, yo iba por temas de un leve dolor en el pene y al verla, me pasé para ir a otra silla y ella se dio cuenta. Me llamó y empezamos a recordar nuestra amistad. A ella la conocí hace años vendiendo figuritas de álbunes de todo tipo, no creía que se acordaría. Conforme charlábamos, la notaba interesante, no es que me enamoraría, pero si me preguntaría donde estuvo todo este tiempo. Ella entró primero, nunca me dijo a que fue, aunque como no demoró supongo que también era algo menor. Luego fue mi turno y también me despacharon en menos de 15 minutos. La busque y no la encontré. Como tenía que hacer un examen de laboratorio, me fui a ese lugar y en el camino la vuelvo a ver. Le pedí su número y me lo dio. Te llamo cualquier día le dije y ella me dijo que esperaría.

Luego de hacerme los exámenes, en el camino a casa la fui agregando, estaba conectada pero no la saludé. Cené, hice otras cosas y me volví a conectar, esta vez ella me puso un hola, le respondí y quedamos en vernos al día siguiente.

Nos vimos cerca de la clínica, estaba bien vestida, comimos varios postres y caminamos mucho. Le pregunté si estaba sola, la pensó, demoró en responder y me dijo, no quiero mentirte estoy con alguien pero tengo problemas, quiero ser madre, él no y encima por ahora no puedo, estoy en eso. Tocó otros temas y yo no pregunte. Durante esa tertulia no se hablo de nada en especial. Nos despedimos y quedó todo allí.

Nunca fue gordita la chica, pero cuando la volví a ver luego de un año, parece que se veía mejor, mas delgada, mas culona, estaba con vestidos, faldas, se mostraba mas, se pintaba mas, era hasta mas abierta, sensual y divertida. Nos encontramos previo mensaje de ella donde me saludo y me dijo sin miramientos para vernos.

Cuando la vi estaba interesante, un vestido corto color negro, sus tacos y su cabello azabache suelto, trigueña y una sonrisa impactante. Conforme caminamos, le dije, de seguro quieres postres, no, me dice, quiero un buen trago, un ron. Desde allí me sorprendió, bebimos en un parque cerca de mi casa donde nadie molesta e incluso otras personas también hacen lo mismo. Me contó que no esta mas con su pareja, se le fue la idea de ser madre y ahora acepta relaciones no tan asfixiantes, no vacilones pero tampoco de convivir, como anillo al dedo. Luego de un par de horas de beber, nos fuimos acercando, nos besamos y le digo porque ahora y antes no, no preguntes me dice, hazme el amor, comencé a manosearla, abrí las piernas y alce un poco el vestido, estaba con una tanga blanca bien empapada. No demoramos mucho en ir al telo, la puse echadita, lamía y dedeaba su cuquita, no sigas bebe, no sigas amor, estoy ardiendo, quiero pija, dameeeeeeee. La desnude, hicimos el 69 y antes de venirme, la taladré, que delicia, una buena potra, me ahorcaba, me dejaba, me volvía a apretar, fluía todo y en unos minutos nos corrimos. Paramos un rato y a empezar, ella encima, luego abajo, media luna, pollito tomando agua, y para acabar en el suelo echado sobre ella, tapándole la boca, ella mordiendo mis dedos y cuando se vino, mordió tanto que casi me vuela un dedo..................
 

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La tía se volvió centradora

Me puso a una chama del cono norte, con mas aires de jefa que otra cosa, se vendió de que vende café y para en el gym, le faltó decir a cuantos despluma para llevar una vida disipada. Mas pallares con tallarín. Luego vino una que no es del cuento pero botada, salía mas caro que una cortesana. Le dije gracias a la doña, mejor avíseme para el próximo album Panini. se cagó de risa y no dijo mas.

Con las ganas y el deseo de darme un desestresante, vi que donde vendía la tía, había otra señora, algo mas joven, un poco mas seria y con buen cuerpo, parecía que le faltaba limpieza pero eso se arregla. Le compré cualquier paquete de figuras y le pregunté si conoce a una dama que limpie cases, yo puedo, joven, me dijo. No se diga mas, usted puede ir a esta dirección y a esta hora, claro, me dice.

Llegó con ropa ancha, me desanimó, me dije si hace un mal trabajo, hasta nunca. Fue todo lo contrario, hizo todo perfecto, le di sus alimentos, le pagué y se marchó.

Pasado un mes la vi vendiendo por el mercado, me dice, joven, ya no me pasa la voz, pero como usted se dedica mas a su negocio, pienso que no tiene tiempo, le dije y me responde. Yo cumplo, no se preocupe lo que haga o deje de hacer, la sentí botada. Bueno, cuando puedes, mañana, me dice. Bien, te espero, ya conoces.

Me fui y a esperar. Llegó el día, vino temprano, estaba con una licra, bien arreglada, olía bien, me interesé en ella. Le fui charlando mientras lavaba los baños, le ayudaba con algo y le miraba el rabo, bien apetecible, me acerque y le digo y ud es casada, no señor, no creo en el amor, categórica. No le insistí, me salí y al rato me dice, porque me pregunta esas cosas, quieres ser mi pareja?. Está bromeando, le cuestione, porque, me contesta, todo puede pasar, y yo le pregunto, ud quiere algo conmigo, no contesta, sigue con sus cosas y después de un rato me dice, duda que yo tenga ojos para ella. La miro de pies a cabeza y me digo, si supieras.

Risas van y vienen, comimos con mi madre y se fue abriendo. Ya no pasé por donde trabajaba, pero cada semana le saludaba por mensaje, ella demoraba pero respondía. Una noche me dice como me va, bien y que milagro, le contesto, me dice si tiene tiempo para charlar, me siento triste, me abrió el apetito. Nos vimos en una mini market que tiene su área para sentarse, y alli tomamos unas cervezas. Estaba con jean y chompa, no se le notaba la retaguardia pero lucía bien, olorosa, maquillada, mas sensual, coqueta, entradora. No tomó mucho tiempo para ir a un hotel. Solo sonreía, cuando ingresamos a la habitación, me besa, ella encaraba, me hace tocarla y estaba mojada, le pregunto, hace rato querías esto, le enseño mi pija, si, me dice. Tenerla alli sometida, entregada, una delicia, delgada, no cuerpona, no tan culona pero si me arrechaba. La puse en 4 en un pequeño sillón y a destruir su cuca que se venía en breve........................
 
Con un susurro especial ella pedía a su señor algo mas que una simple atención

Lo bueno es que para muchos pasaba desparecibida, ropa ancha, parca, aislada de todos pero siempre hay alguien que siente, cree, piensa y tiene la solución.

Caminaba feliz de haber cumplido un mes mas con mis sagrados deberes de alimentos, educación, recreación y salud para mi pequeño y los benditos pagos al banco. Respondía varios mensajes con una colega, ella menor, bien estudiosa con carácter horrible, peor que el mío, como estoy caído de nenas, me dije ojala atraque, gordita super tetona, borracha con estilo, buen tema de conversación, dos maestrías y se va por la tercera y eso que es madre. En fin, no hubo algo que diera paso a lo sexual, cuando de pronto una mano extraña me toca, que estas buscando, máscaras, juguetes, que quieres para el 31 me dice, la veo de abajo hacia arriba y como dice el chavo del ocho, de aquí paca todo. Se ríe, me da la bienvenida, volteo y ese culo lo deseo, lo huelo y en silencio es mío. Pregunto muchas cosas, otras me pruebo, cuando veo la máscara y sombrero de Freddy Kruger, me da una buena oferta, le digo a que hora sales, a las 8 pm, vengo y te doy propinga si vamos a tomar un helado, claro, me dice. Me voy con ganas, con buenos pensamientos. No es guapa ni fea pero con un rabo y piernas que la deseo en mi miembro.

Llega la hora, sale, ahora la veo cambiada, sin maquillaje, buzo ancho, se me baja, igual quedamos en comer algo, me cuenta de su vida y me dice si soy casado, no, pero si con un hijo, yo igual pero no está acá, de donde eres, me dice del sur, no profundiza, no tiene ni dejo ni rostro, no estoy para eso.

Estoy viviendo con una amiga en este barrio pero me voy a mudar. Caminamos sin tiempo, no hay ritos ni complejos, no prolongamos nada, llegamos y me dice, cuídate. Me voy triste, pero me digo, mañana vuelvo. Y así fue, le llevo almuerzo eran las 12 pm, me dice, entra, no está mi jefa, hablamos mas que ayer, esta vez si esta fuertota, una legin negra, que bien se le mete atrás. Ya me dio ganas.

Voy a hacer hora y ella me dice, me vienes a ver, mi amiga no está, podemos tomar algo, mañana no trabajo, genial. Todo se pone preciso.

Llega la hora, otra vez sale con una ropa holgada, huele rico, esta sonriente, amena, atenta, pasamos por una bodega y ella lleva seis, no hablamos, voy a su lado pero quiero estar sobre ella o en su espalda. Llegamos, es una quinta oscura, aprovecho de acercarme, le toca la nuca, el cuello, y llevo su mano a mi, espera me dice. Entramos y no hacemos nada, no hablamos, la toco, la beso, llevo de nuevo su cuerpo al mío, le saco la ropa, una tanga floreada me saluda, bien metido en su raja, en su ano, en su culo, la huelo, paso lengua, saboreo y ella feliz, mueve, se menea. Me meto en ese mundo profundo y ansioso, ya no queda mas que el dame que te doy hasta poder gozarla un par de veces, es un gran esfuerzo y me vengo ella feliz y ella pidiendo mas...........


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Una sobrina especial, de buenas cachas pero de genio del demonio

Tiempo que no sabía de la señora, estaba mas decaída, vivía de ayuda de unos familiares cuando la veo con una joven bien apetecible, ella estaba con su legin plomita, que rica rabo, me empolgó, ella se acerca, la doña y me dice, joven, oriente a mi nena, a mi sobrina, nada quiere hacer, está estudiando derecho pero no acaba, a veces se sale, se retira del ciclo y demora en volver. Me imploró que la ayude y orienté. Eso hice, la chica con un genio del carajo, ni me escuchó. Le di mi tarjeta y le recalqué que tiene que aterrizar, fijar objetivos y que desea hacer en esta vida, se le puede apoyar si es humilde. Espere en vano su comunicación.

Al mes su tía me indica que se volvió a su pueblo la nena, acá fracasaría. No supe mas.

Una noche licoreando con amigos del barrio les conté de este tema, era que le saques algo, me decían todos. Si pues, les contesté, ya vendrá algo nuevo.

Un mes después la chica me llama, me dice que vive con una amiga y si deseo puedo visitarla, fui déspota a su estilo, " No tengo tiempo y no me interesa". No hubo mas diálogo, eso creía sin embargo la chica vino a verme. Me dijo que le de cualquier trabajo, vino en son de paz, le di tareas simples y hasta me limpiaba la casa. A veces conversábamos cuando se podía y poco a poco notaba su entusiasmo, su lado bueno, eso si, no le quitaba las ganas, paraba con licras o ropas parecidas, se le forma un triangulito abajo que me volvía loco y ese rabo imploraba que le den como piñata.

El tiempo transcurre, nos hicimos patas, fui a comer a su casa, me presentó a su amiguita, buena gente y nada mas, pero a veces hacían reuniones y habrían mejores chicas. Una madrugada conversando en la azotea de la quinta donde vive, me dice que nunca intenté nada, no das bola, le dije, tu quieres algo conmigo. Se fue mandando, su cuento era ahora hacerse la tranqui para que yo ceda. No niego que gasté y bien pero le daba duro. La primera fue una sensación hermosa, no era tan estrecha, ya comía con su mano pero apretaba y me dejaba con los porongos vacíos.

Nunca me amanecía, no la llamaba, ella insistía. Una vez le dije, estoy sin fichas, no te preocupes, fui a su cuarto y por primera vez, ella se reivindicó.


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La señora vendedora de figuritas

Lima, invierno de 2020. Las calles aún se debatían entre el miedo al virus y la pasión por la Copa América. En cada esquina de Jesús María y Lince, los niños (y no tan niños) buscaban completar el álbum, mientras los kioscos olían a alcohol en gel y nostalgia.

Ella se llamaba Maritza, pero todos la conocían como la señora de las figuritas. Tenía 42 años, piel canela y una sonrisa que desarmaba a cualquiera que se acercara con monedas en la mano. Su puesto improvisado frente a una bodega era un imán: la caja de cartón llena de sobres, el letrero que decía “Cambia y gana tu figurita dorada”, y sus ojos, siempre atentos, siempre vivos.

A partir de ella, empecé a pensar y a decirme: “Yo siempre creí que, si veo una mujer en falda corta, me pongo como oso, pero ella con sus licras, me volvía loco”. Y es que, ella sabía que la miraban, no era que tenía unas curvas de infarto, pero ver como se le metía la ropa interior que de seguro sería grande, porque en alguna ocasión al agacharse, esa piel canela se notó mas por un gran borde de una tela barata de confección de mujer sin recursos, sin embargo, esa visión despertó el morbo por ella………….

Yo la conocí una tarde gris, buscando la número 187 —el escudo de Uruguay—, la única que me faltaba. Ella me miró de arriba abajo y soltó con picardía:
—Esa te la tengo, pero cuesta más… porque es especial.

Capítulo 1: La Tregua del Escudo Celeste

Lima, invierno de 2020


—Esa te la tengo, pero cuesta más… porque es especial —dijo Maritza, la vendedora de figuritas, con una picardía que me hizo dudar si estaba vendiendo cromo o una reliquia incaica.

Yo tenía 44 años, la barba mal afeitada y la angustia del coleccionista al límite. La número 187, el escudo de Uruguay, era mi Némesis.

—¿Más? ¿Cuánto, es más, Maritza? La gente hace cola —repliqué, señalando a un par de escolares impacientes que olían a sándwich de pollo y desinfectante.

Maritza se rio, ese sonido bajo y cálido que amortiguaba el ruido de los carros en la Avenida Salaverry. Metió la mano en un bolsillo secreto de su delantal, sacó la figurita y la sostuvo contra el sol nublado. Era perfecta.

—Diez soles —sentenció. Cinco veces su precio normal.

—¡Es un abuso! —protesté, pero ya estaba sacando el billete.

—Es una inversión, mi rey. Hoy te vas a casa con el álbum completo y yo me voy con pan para el fin de semana. Además, hay que bendecir la venta. Mira quién viene a darme una mano.

Señaló hacia la esquina. De una cúster bajaron tres figuras que inmediatamente atrajeron todas las miradas. No solo porque llevaban puestos barbijos de tela negra con el logo de la selección peruana, sino porque irradiaban esa energía juvenil y vibrante que la pandemia había intentado silenciar. Eran dos chicas de unos veinte años y una adolescente que parecía lista para regañar a cualquiera que intentara regatear.

—Ellas son mi ejército de apoyo, mi 'Selección'. Vienen de Huacho a pasar la cuarentena conmigo —explicó Maritza, con un orgullo evidente—. La más alta es mi sobrina, Sofía, la artista. La de trenzas, mi prima Brenda, la matemática. Y la más chiquita, mi sobrina Estrella, la de la labia, la que te vende arena en el desierto.

Las tres se acercaron, saludando con una coordinación que parecía ensayada. Sofía, con una bolsa de lona que seguro contenía más que figuritas, me dedicó un asentimiento tranquilo. Brenda, con su cuaderno forrado, me miró con el desdén analítico de quien sabía exactamente cuántas figuritas necesitaría para completar todos los álbumes del barrio. Estrella, sin embargo, se adelantó, me quitó el billete de diez soles de la mano antes de que pudiera dudar, y le entregó el escudo uruguayo a Maritza.

—Tío, apúrese con el cambio. Hoy se vende hasta el repechaje. ¡Y la 187 ya no existe! —declaró con voz teatral.

Las susodichas eran familiares de la doña, durante un tiempo no me expresó mucho de ellas y es que, todos como lobos hambrientos, afilando sus cuchillos le apuntaron la placa.

Todas eran suculentas, jóvenes, sumisas, de buena figura, pobretonas y muy humildes. Se nota en el gesto, en el saludo, en la expresión, casi diría que hasta su caminar indica que tienen poco o nulo recorrido.

Mientras Maritza me daba el cambio, noté que Sofía ya estaba pegando un cartel nuevo y pulcro sobre el improvisado letrero de cartón. Decía: "Mercado de Fichajes de Figuritas - Análisis de probabilidad GRATIS con Brenda".

El negocio de Maritza, que hasta hoy era solo una caja y una sonrisa, acababa de ser profesionalizado. Y yo, que solo buscaba una figurita, sabía que la historia de la señora vendedora apenas estaba comenzando.

Sofía me hizo el habla, yo sabía que era por algo, creo que, a pesar de todo, ella quería surgir, me vio aprendiz, su mina de oro, yo le seguí la corriente. Aproveché los siguientes días, que Maritza estaba muy ocupada. Le di mi fono, me escribía sobre información donde conseguir las ilustraciones que me faltaban y yo de a pocos le sacaba, si está sola, le insistí tanto, que escuetamente me respondió que si……………..


Capítulo 2: La Estrategia de la Trenza y el Talento Oculto

Día Siguiente


Volví al día siguiente, no por la colección (que por fin estaba completa), sino por pura curiosidad sociológica. El puesto de Maritza había mutado. Ya no era una caja de cartón; ahora era una mesa plegable con tres secciones diferenciadas, un verdadero ‘centro de operaciones’.

En el centro, Maritza seguía siendo la ‘Gerente General’, la que tenía la magia de los sobres y la memoria prodigiosa para saber quién buscaba a qué jugador de Chile.

A su izquierda, la sección de Brenda, la prima matemática. Estaba armada con un cuaderno lleno de tablas de frecuencia, lápices de colores y una calculadora solar. Su trabajo era la "Optimización de Intercambios".

—A ver, joven —le dijo a un señor de terno que parecía recién salido de un Zoom corporativo—. Usted tiene tres repetidas del Grupo A y busca a la 102 de Colombia. La probabilidad de que la encuentre en un sobre es del 0.7%, es decir, necesita comprar cien soles. Pero el niño de allá tiene la 102. Yo le ofrezco un intercambio de tres por uno, más cinco soles de 'comisión por análisis de riesgo'.

El señor la miró con la boca abierta. Brenda no vendía figuritas; vendía eficiencia. El negocio fluía con una lógica ineludible.

Por otro lado, Sofía, la sobrina artista, había convertido el puesto en una galería de arte callejero. Había dibujado retratos a plumón de los jugadores más populares: el 'Orejas' Flores, Paolo Guerrero y hasta un Messi caricaturizado. Pero su verdadera contribución fue la "Revalorización de la Repetida".

—Maritza, nadie quiere las de Ecuador, ni las regalas —había escuchado decir a Estrella.

Sofía tomó una decena de figuritas ecuatorianas y las pintó de dorado con un sharpie, luego les pegó un pequeño sticker de estrella encima.

—Ahora son las figuritas 'Premium Oro' de la suerte —explicó con tranquilidad, sin un ápice de ironía—. Cuestan el doble, pero dicen que te atraen al escudo que te falta.

Un niño se acercó y, sin dudar, compró dos. El arte de Sofía no solo era visual; era persuasión económica.

La que manejaba el flujo de gente y el mercadeo de guerrilla era Estrella, la más joven. Con su voz potente, organizaba colas, gritaba ofertas y, sin preguntar, se encargaba de la seguridad, espantando a cualquier adulto que se acercara solo a "mirar" sin comprar.

—¡El que no compre, no estorbe! ¡Aquí se mueve la economía, no la mirada! —vociferaba con una autoridad cómica.

La sinergia era perfecta. Maritza, el corazón y el proveedor. Brenda, el cerebro. Sofía, la creatividad. Y Estrella, la voz y el músculo. El negocio de las figuritas ya no era solo un puesto; era un pequeño imperio familiar que se reía del confinamiento.

Esa vez pude notar que como nunca, Maritza se puso alegrona con un venerable anciano. Al día siguiente vino en un auto lujoso, ella ingreso, me sorprendió, estuvieron tomando desayuno y esa fue mi oportunidad para hacer lo mismo con Sofía.

Días después ya la tuve de cerca, estaba con ropa ancha, pero se notaba buena figura, le hablé del amor, de proyectos, de negocios, de yo capacitarla. Una idea llevó a la otra y no fue que nos hicimos pareja, pero robarle un beso, probar su lengua, tener su aroma, manosearla algo en un parque cerca de mi casa, me dio derecho a mucho, a casi todo………….


Capítulo 3: La Amenaza del 'Tiburón de Surco'

Una Semana Después


El éxito siempre atrae envidia, y el pequeño imperio de Maritza no fue la excepción.

Una tarde, mientras Brenda explicaba la ley de grandes números a un taxista que buscaba el once ideal de Brasil, una figura alta y voluminosa se plantó frente al puesto, eclipsando el sol. Era un hombre con sobrepeso, camisa de franela a cuadros y una mirada de hiena. Era conocido en el mundo del coleccionismo limeño como "El Tiburón de Surco", un revendedor mayorista que se dedicaba a comprar figuritas a granel de distritos menos poblados para luego venderlas a precios inflados en la capital.

—Maritza, Maritza. Veo que el negocio te va bien. Demasiado bien para un puestito sin licencia —dijo el Tiburón con una voz aceitosa.

Maritza cruzó los brazos, su sonrisa se había endurecido.

—Es un emprendimiento familiar, señor. Y estamos en vía pública, como usted.

—Ah, sí, claro. Pero tengo contactos —insinuó, señalando un sobre abultado en su bolsillo—. Mira, te ofrezco un trato. Yo te doy toda mi 'basura' de repetidas, y tú me vendes los sobres sellados a precio de mayorista, me dejas 'descremar' lo bueno. O si no... bueno, el sereno de la esquina es un buen amigo mío. Tal vez mañana tu mesa no esté aquí.

Un silencio tenso envolvió el puesto. Sofía apretó el plumón que usaba para sus dibujos. Brenda cerró de golpe su cuaderno de estadísticas.

Fue Estrella quien rompió la tensión.

—¡Abuela! —gritó con voz fingida y dulce—. ¿No le vas a vender? ¡Es justo el señor que me dijeron que compra figuritas de fútbol, pero solo si tienen un precio muy alto!

El Tiburón se giró, confundido por el grito de "Abuela".

—¿Tú eres la nieta de esta señora? —masculló.

—Soy su agente de ventas. Y mi abuela me dijo que no vendemos al por mayor a revendedores —dijo Estrella, alzando la barbilla—. Nosotras vendemos esperanza, señor. No especulación. Y con esa camisa de cuadros... ¿está buscando a la 10 de Paraguay? Porque la tengo, pero cuesta 20.

Estrella había cambiado repentinamente la moneda a dólares, subiendo el precio exponencialmente.

El Tiburón se quedó mudo. No era una vendedora, era una negociadora de mano dura. Miró a Maritza, que ahora sonreía ampliamente. Miró a Brenda, que lo evaluaba como un error estadístico. Miró a Sofía, que ya le dibujaba unos cuernos diabólicos en su caricatura. Sintió la presión combinada de las cuatro mujeres.

—Ya veremos, señora de las figuritas —gruñó, y se marchó, vencido por la audacia de una adolescente.

Cuando se fue, Maritza abrazó a Estrella. La batalla había sido ganada, no con sobornos, sino con pura astucia familiar.

A la mañana siguiente Sofía no vino, Brenda me atendió, pregunté por la matriarca o madrina, o tía, o dueña, y me dijo está con el señor…..( el venerable anciano), uy dije, un curuju, se me hizo. Brenda fue mas suelta, bromas van, bromas vienen, le di una buena propina, le dije ven a mi casa a limpiar. Llegó puntual, le invité un trago, le regale ropa, un hilo y allí empezamos a intimidar…………


Capítulo 4: La Fiebre del Cromo Dorado y el Desafío de Sofía

Días de Venta Frenética


Después de la visita del Tiburón de Surco, la fama del puesto de Maritza explotó. La gente venía no solo por las figuritas, sino por la experiencia: la precisión de Brenda, el arte de Sofía y la chispa de Estrella. Maritza había bautizado su negocio como "La Tienda de las Cuatro Fantásticas del Álbum".

El boom llegó con el anuncio de la 'Figurita Dorada Edición Limitada', un cromo brillante y extremadamente raro que el fabricante había liberado para aumentar la pasión. Maritza sabía que quien consiguiera uno, se convertiría en leyenda del barrio.

Una mañana, Sofía llegó con una idea revolucionaria que había estado gestando. Había notado que la gente se frustraba mucho abriendo sobres solo para encontrar el mismo portero de Bolivia.

—Maritza, tengo que contarte algo. Estuve estudiando el papel —dijo Sofía, mostrando la parte interior de un sobre vacío—. Los sobres tienen una codificación microscópica en la textura del papel que indica si el paquete contiene una figurita 'clave' o solo 'relleno'.

Brenda se burló.

—Eso es una leyenda urbana, Sofía. No hay correlación estadística probada.

Mucho floro dijo un parroquiano. Ellas entendieron que mostrar las carnes, significaban que era negocio redondo. Ya en los días siguientes, decir, comentar que cada una tenía a 20 hombres detrás de ellas, era poco, menos mal que yo había avanzado con todas.



Sofía se puso celosa de que Brenda me diera mucha confianza, a propósito se fue con otro comprador, yo la saque a Brenda y nos fuimos, le regalé 50 soles, le dije, cuando puedas vas a mi casa, no, le dije, es para ti. Ya sabía que en cualquier momento aflojaba.



Esa misma noche me llama, me dice tengo tal figura, fui de inmediato, le ayudé a limpiar y cerrar el negocio. Le invité a cenar, yo me tomé mis chelas, me dijo estoy apoyando a una amiga a vender sus dulces, le di 100 por todo, ella me abrazó y terminamos cogiendo. No sé, pensé que sería mejor, creo que hice mal la jugada, era con Sofía. Pero para bien o mal, en adelante esta mujer me buscaba, me invitaba, me pedía, no se si se obsesionó, pero polvo gratis no se desaprovecha.




Capítulo 5: El Legado de las Cuatro y el Álbum de la Vida

Fin de la Copa América, verano de 2021


La Copa América terminó, y con ella, la fiebre del álbum. Las figuritas se agotaron, los goles se olvidaron y el verano limeño empezó a calentar.

Las primas y sobrinas de Maritza se preparaban para regresar a Huacho, pero la experiencia las había cambiado a todas. Brenda había conseguido una beca para un curso de Data Science en Lima, usando sus tablas de probabilidad como portafolio de trabajo. Sofía había vendido suficientes retratos y había ahorrado para comprar su primer set de óleos profesionales, soñando con una exposición. Estrella, con su experiencia en ventas, había decidido postular a un colegio de alto rendimiento, convencida de que su capacidad de negociación la llevaría a ser la líder de su promoción.

El último día, yo fui a despedirme de ellas. El puesto estaba semi-desmontado. Solo quedaba la mesa y Maritza, con una sonrisa más melancólica.

—Las vas a extrañar —le dije, comprando mi último sobre de “despedida”, que contenía un jugador repetido de Perú.

—Las extraño desde que bajaron del bus. Pero ellas necesitaban ver que podían ser más que 'las chicas de Huacho' —me dijo Maritza, acariciando el letrero de "Mercado de Fichajes"—. Yo les di el lugar, la oportunidad. Ellas le dieron el alma al negocio.

Maritza me entregó un pequeño regalo: una figurita laminada y brillante, que no era de la Copa América. Era una foto de ella junto a sus tres 'agentes' en el puesto, riendo a carcajadas. Debajo, un mensaje de puño y letra de Sofía: “La mejor colección no es la de los cromos, sino la de la gente que se queda a tu lado”.

—Esa es la figurita que vale más que el escudo de Uruguay y que el dorado —me dijo Maritza, secándose una lágrima invisible—. La vida, mi rey, también se colecciona. Y mi álbum familiar, gracias a la Copa América, se completó con la gente más valiosa.

Ella me dio un abrazo. Yo me fui, con el corazón lleno de ese calor que solo el afecto sincero y una figurita muy especial te pueden dar. Maritza se quedó, mirando el horizonte, lista para el próximo campeonato, lista para la próxima aventura. Sabía que la señora vendedora de figuritas, y sus fantásticas aprendices, habían dejado una marca indeleble en el invierno de Lima.

Segundos después vino Brenda, estaba con otras damas entre chibolas y no tanto, me dijo son mas de su familia, aunque no todas cercanas. Me dijo sin asco, supe lo tuyo y de Sofía, ok, solo le respondí. Se dio una vuelta alrededor de donde estaba, me dijo, mira lo que te perdiste, de verdad, estaba mas buena, pero no pude hacer más.

Un par de años después Sofía me escribía para vernos, esta vez si hubo final feliz y ella la principal figura que me faltaba…………………..



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🎯 La vendedora joven del puesto de figuritas

Lima, verano del 2020. El sol parecía caer de lado sobre las veredas agrietadas del jirón Camaná, donde el bullicio de vendedores, bocinas y risas infantiles formaban un concierto cotidiano imposible de ignorar. 🌞

Yo había llegado hasta allí solo para conseguir una figurita que me faltaba, de paso buscaría pornos o algo así, no lo tenía seguro, conforme avanzaba de cuadra, de puesto, de lugar, el sol abrazaba y rico, no había mucho dinero y ya me estaba dando por vencido.

De pronto, estaba ella, algo tímida, feita pero un no se que me atrajo, su sonrisa era amigable, bajo esa pinta de muchacho, buzo viejo desteñido, gorra de varón y licra algo raleada me preguntó que me ofrecía, le dije que me indicaron que solo allí encontraría tal figurita.

Me respondió, es probable, a ver, ya cuando la vi bien, tenía sus curvas, un potito paradito y al parecer no tan usadito. Salió de su local y demoró en regresar, pero afortunadamente me la trajo, me dijo un valor alto, yo le di dos veces más, le dejé mi tarjeta y me fui volando para pegarla en el álbum

Como no me escribía ni llamaba, luego de un par de semanas, volví al lugar.

—¿Otra vez por acá, señor? —me decía con picardía, mientras acomodaba los sobres en una caja de cartón.
—Solo vengo a ver si ya te salió el Messi dorado —respondía, fingiendo interés en el álbum.

Ella sonreía con esa sonrisa ligera de quien no se cree las mentiras, pero las disfruta igual. 😏

El puesto olía a plástico nuevo, a sudor de verano y a nostalgia de infancia. Detrás, colgaban los pósters de los equipos y una radio vieja que repetía los goles de la fecha pasada. Los días transcurrían lentos, entre la risa de los chicos y el calor que derretía los polos de vainilla.

Una tarde de febrero, llegué sin motivo aparente. Ella estaba sola, sentada en una silla baja, contando monedas. Llevaba un par de sandalias gastadas y el cabello recogido en un moño desordenado.

—Hoy no hay figuritas —me dijo, sin levantar la vista.
—Entonces vine por la sonrisa, no por los sobres —contesté.

Me mostró una mirada tierna y sensual y una risa quedó flotando, como una brisa que refresca lo justo.

Hablamos largo. Me contó que había dejado los estudios por ayudar a su tía, que soñaba con tener su propio puesto y que el negocio apenas alcanzaba. Me habló también de su novio, un muchacho de barrio que jugaba fútbol y “decía quererla, pero nunca aparecía cuando se le necesitaba”.

Esa tarde, al despedirme, me dijo algo que me dejó pensativo:

—Usted es distinto… no sé, habla como si la vida todavía valiera la pena.

Desde ese día, nuestras conversaciones se hicieron rutina. Ella me contaba anécdotas del mercado, chismes de los vecinos y sueños que se deshacían con el calor. Yo la escuchaba, y sin decirlo, comencé a admirar esa mezcla de inocencia y valentía que pocas veces se encuentra.

Pero todo cambió un viernes. Llegué temprano y el puesto estaba cerrado. Al día siguiente, regresé y la tía me explicó que su sobrina se había ido.
—Consiguió trabajo en una tienda del centro comercial —me dijo con tono de orgullo—. Está creciendo la chiquilla.

Semanas después, en una esquina del centro de Lima, la vi otra vez. Ya no tenía la gorra ni la licra vieja. Llevaba un uniforme azul, zapatos nuevos y el cabello suelto. Me reconoció y se acercó sonriendo.

—¿Aún busca figuritas? —me preguntó con ese tono burlón de siempre.
—Solo las difíciles de conseguir —respondí.

Nos quedamos unos segundos en silencio. Luego me dijo algo que todavía hoy me cuesta creer:

—¿Sabe? Cuando vendía figuritas… no vendía todas. Guardaba una para usted. Siempre.

Y se fue, dejándome con esa frase suspendida, como una figurita brillante que nunca logré pegar en el álbum de mi memoria.

La abordé, le dije para salir, no puedo, me respondió, tengo un nuevo trabajo, pero si te llamaré, espera y así lo hare. Gracias, le contesté y cada uno tomó su camino.

Un viernes con poca gente en las calles, me llama me dice que tiene libre, nos vimos punto medio entre su CCLL y donde yo vivía.

Esta ve se le veía mejor de semblante, mas linda en su vestir, sensualona, estaba con un pantalón jean y las carnes se notaban mejor.

Caminamos, ingresamos a un café y la charla se hizo larga, le dije vamos a tomar una sangría, no tomo me respondió, no importa, te compro algo o sino tu mira, tú me escuchas, me encanta tu compañía.

Acepto, yo me habré soplado 2 jarras y recién atracó un vaso.

Y se fue abriendo, empezó en extrañar a su ex, luego me aduló y terminamos besándonos, no esperé mucho tiempo, pagué, paré un taxi y nos fuimos mas lejos a un hostal de media caña. Ella se hacía de rogar, me decía en el camino que se sentía mareada, que no le parece justo, que es incorrecto, puso muchas trabajas, yo la callaba a besos y de a pocos ella cedía.

Ya en el lugar del matarife, la fui desnudando, delgada y fina, curvas pequeñas pero atractivas, siguió poniendo trabas, la puse contra la pared y saboreé cada parte de su piel, le fui diciendo cosas locas, que la soñaba, que me había corrido por ella, mas estupideces, ella solo en silencio, hasta que de tanto metérsela, empezó a gemir, dijo algo así como que no es justo para su hombre, pero ahora lo disfruta, empecé a compararme, ella me callaba y solo atinaba a decir que lo hago rico.

Después de eyacular 3 veces adentro y decirle salimos y te compro la pastilla siguiente, ella dijo que no, ella sabe lo que hace y no pasará nada.

La embarqué y me fui preocupado, durante dos meses la foneaba solo para saber si no se embarazó y así sucedió.

Luego de eso yo quería de nuevo comer ese bocadito, aunque no sabía moverse ni incitar a lo banal, igual me agradaba y encendía.

Un mes después me cita, nos vemos, de frente fuimos al hostal, era otro y hasta diría que mejor ambiente, esta vez tomamos allí y cuando empiezo a provocarla, a besarla y manosearla, me dice al oído que su esposo la estaba siguiendo.

Le digo, tu me dijiste que tu enamorado era el celoso, me dijo, el sí, pero ahora también el esposo………………

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