Francia/Alemania/ Italia 1963, 118 min.
Inglés, Blanco y Negro
Dirección
Orson Welles
Guíon:
Orson Welles
Fotografía
Edmond Richard
Edición
Yvonne Martin
Frederick Muller
Orson Welles
Sonido
Jacques Lebreton
Guy Villete
Música
Jean Ledrut
Tomaso Albinoni
Maquillaje
Luis Dor
Protagonistas
Anthony Perkins
Orson Welles
Romy Schneider
Producción
Robert Florat
Michael Salkind
SINOPSIS:
Gracias al capital que le ofreció el productor Alexander Salkind, Welles llevó a
cabo, en 1962, un proyecto verdaderamente fascinante: la traslación a la gran
pantalla de la obra de Franz Kafka. Ambas personalidades —la de Welles y la
de Kafka— se fundieron de manera extraordinaria en la adaptación de El
proceso, novela de difícil plasmación cinematográfica, al menos a primera vista.
El resultado fue una pieza tan compleja como el original literario que
demostraba las aptitudes de su realizador para traducir en imágenes
estructuras narrativas infrecuentes y universos tan solipsistas como el del
escritor checo. Welles recurrió a una puesta en escena repleta de innovadoras
soluciones plásticas que dieron a luz una nueva obra tan personalmente
asumida en forma y contenido por el cineasta que se ha hecho merecedora de
una existencia completamente autónoma e independiente a la del libro.
Joseph K (Anthony Perkins) despierta una buena mañana y descubre la
presencia en su habitación de dos agentes de la ley que le informan de que
está bajo arresto. Por más que lo intenta, no consigue averiguar qué delito se
le imputa y acude a todas las esferas posibles del estamento judicial en busca
del origen de una culpabilidad que se remonta a su propia existencia humana.
El procesoEl tortuoso y acongojante recorrido del personaje por un mundo que
se le revela irracionalmente cruel y despiadado fue un concepto que Welles
recogió de Kafka en esencia pero al que el realizador debía encontrarle una
expresividad equiparable, en el aspecto visual, a lo que había significado la
narrativa literaria actual para los críticos y lectores de la primera mitad de
siglo. En ese sentido, un cineasta que durante toda su carrera había tratado
de explotar al máximo las múltiples posibilidades de la sintaxis fílmica estaba
mucho más capacitado que nadie para alcanzar ese grado de abstracción. Los
esfuerzos de Welles se encaminaron hacia una representación ambigua del
espacio de manera que éste se volviese tan inconstante y desconocido para el
espectador como lo era para el protagonista, quien rara vez consigue
percatarse del lugar en que se encuentra.
Versión de El Proceso de Orson Welles, en esta Joseph K., muere dinamitado, sin saber porque, ni de que se le acusa. En blanco y negro.