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Género del Tercer Reich y de la Segunda Guerra Mundial
Las únicas imágenes de películas existentes de Anne Frank se ha cargado en YouTube
por el museo de Amsterdam, la Casa de Ana Frank.
El Museo de Ana Frank ha puesto en linea 20 segundos en video de la joven víctima de la guerra, estas tomas pertenecen al día de la boda vecino en 1941. Esta imágenes es la única toma registrada de Ana hasta el momentos, aquí ella tendría la edad de 13 años y fue grabada en el instante que ella se inclina desde el balcón de su ventana para poder ver mejor la salida de la novia, quien vivia en Merwedeplein n º 37, y la famila Frank vivia en el nº 39.
La escena fue filmada el 22 de julio de 1941, poco menos de un año antes de la de la familia Frank se escondió por encima de la empresa familiar. Como sabemos, la familia entera fue descubierta de su escondite en agosto de 1944 y Ana murió en un campo de concentración nazi en marzo de 1945. Cuando la pareja reconoció a Ana dentro de su película ellos se contactaron con Otto. (padre de Ana y único sobreviviente de la familia) entregándole una segunda versión de la pelicula.
Anne Marie Bekker, encargada del Museo, casa de Ana Frank, dijo: "El museo ha tenido la cinta durante algún tiempo, pero pensaba YouTube sería una buena plataforma para mostrar la película y las otras películas sobre su vida. Es otra manera de llevar la vida de Anna Frank a la atención de los jóvenes, y todos los personas en todo el mundo. "
La pareja de novios de la pelicula todavía están vivos y viven en los Países Bajos, ellos fueron contactado por la Museo casa de Ana Frank en la década de 1990. El también incluye extractos de entrevistas con Otto Frank y Miep Gies, que ayudaron a esconder a los Frank de los nazis. La película ha atraído ya a más de 275.000 visitas, con las calificaciones de los comentarios. Uno decía: "Me dio escalofríos a verla en el vídeo." Otro usuario escribió: "¿Quién sabe lo que podría haber si
Película estrenada entre1959 Director: George Stevens. 1959. EE.UU. Color
Intérpretes: Millie Perkins, Joseph Schildkraut, Shelley Winters, Richard Beymer, Gusti Huber, Lou Jacobi, Diane Baker, Douglas Spencer, Dodie Heath, Ed Wynn
El diario de Ana Frank es una adaptación cinematográfica de una obra de teatro del mismo nombre ganadora de un Premio Pulitzer en 1959 basada en el diario de Anne Frank. Está dirigida por George Stevens, con un guión de Frances Goodrich y Albert Hackett. Ganó tres Oscar.
Aquí* tenemos otra pelí*cula de denuncia que nos cuenta la actuación alemana durante la II Guerra Mundial respecto a la persecución sistemática de todos los judí*os que después de ser capturados eran encerrados en los campos de concentración para posteriormente ser ejecutados.
La pelí*cula está basada en el diario real que fue escrito por Ana Frank durante su estancia en esa habitación del Amsterdam ocupado por los nazis durante la II Guerra Mundial. La convivencia durante años de 8 personas en iguales condiciones y en un espacio muy reducido hace que surjan entre ellos lazos de todo tipo, y el modo en que George Stevens lo trata hace que ese lazo se extienda al espectador.
Las interpretaciones son en todos los actores excepcionales, pero especialmente brillantes en los casos de Millie Perkins (Ana Frank) Joseph Schildkraut (Otto Frank) y Shelley Winters (Petronella Van Daan) que obtendrí*a el Oscar a la mejor actriz secundaria por esa interpretación.
También habrí*a que destacar en la pelí*cula la magní*fica banda sonora compuesta por Alfred Newman, verdaderamente ejemplar, porque además está muy bien ubicada dentro de la pelí*cula ya que se utiliza con cuentagotas de manera que cuando se usa es realmente efectiva. Además el tema principal de la pelí*cula hay que reconocer que es sensacional.
Otro de los puntos clave de la pelí*cula es la fotografí*a de William C. Mellor, una auténtica maravilla (le valió un Oscar a la mejor fotografí*a en blanco y negro) que ayuda mucho en varios momentos a la dirección de George Stevens, sobre todo en la escena del ático en la que Millie Perkins (Ana Frank) y Richard Beymar (Peter Van Daan) se abrazan, o en una escena anterior en la que vemos a través de la ventana rota del techo cómo cae la nieve poco a poco. Unas escenas geniales, llenas de ternura y de emoción, que cobran un valor impresionante al final de la pelí*cula por el desenlace que se va a producir.
A pesar de que han sido varias las pelí*culas que han tratado el tema, y también series de televisión, en casi todas ellas hay una variante común que hace referencia explí*cita a lo que sucedí*a en esos campos de concentración, mostrando así* la vergüenza que sintió el mundo hacia unos acontecimientos que no podí*a ni creer cuando después de la guerra se desvelaron las atrocidades alemanas. El intento de conseguir del espectador ese rechazo tajante hacia tal vergüenza se producí*a de manara, como he dicho antes, explí*cita, mostrando las secuelas, las fosas comunes y demás aberraciones como los experimentos cientí*ficos. Sin embargo en el caso en el que nos encontramos, en El Diario de Ana Frank es totalmente lo opuesto, nos ofrece una visión intimista de 8 personas pertenecientes a tres familias judí*as que se ven obligadas a encerrarse en una habitación durante toda la segunda guerra mundial para alejarse de los nazis.
Como he comentado arriba me gustarí*a hacer una comparación entre el modo de contar la barbarie nazi hacia los judí*os de una pelí*cula como El Diario de Ana Frank con respecto a otra pelí*cula como es La lista de Schindler. El enfoque en ambos casos es el mismo, estremecer al espectador con respecto a un tema que ha de refrescarnos la memoria respecto a unos valores humanos básicos que no deberí*an permitir en ninguno de los casos actuaciones similares. Es curioso que una frase como la que dijo Emund Burke sea tan representativa de la situación. Curiosamente fue otra pelí*cula la que se encargó de recordarnos esa frase tan cierta, se trata del telefilme Hitler, el reinado del mal de Christian Duguay y que tan bien interpretó Robert Carlyle como Hitler. La frase que decí*a así*: El único requisito necesario para que el mal se propague, es que los hombres buenos no hagan nada. Personalmente creo que tiene toda la razón, porque cuando agachas las orejas ante lo que va en contra de tus principios, te estás quedando impasible ante el tirano, de modo que ¿quién defiende al débil si los únicos capacitados para luchar en contra se desentienden?
A lo que í*bamos, que hoy estoy algo espeso, vamos a comparar cómo se puede comentar lo mismo y obtener los mismos resultados de maneras tan diferentes. A partir de aquí*, por si comento algo de la pelí*cula que la gente desconoce mejor serí*a dejar de leer el comentario para no develarles nada importante de la pelí*cula.
Como decí*a antes, La lista de Schindler trataba el tema de una manera dura y contundente, con todo tipo de detalles, para que todos los espectadores se hicieran una idea del sufrimiento que tuvo que padecer todo un pueblo simplemente por ser judí*os. La violencia y sobre todo la frialdad con la que se efectuaba esa represión eran lo que más impactaba al espectador, esa falta de remordimiento en lo que se estaba haciendo. Pues bien, si esta pelí*cula era muy dura, el año pasado llegó a las pantallas otra pelí*cula sobre el mismo tema pero que era más suave, se trata de El pianista era una manera de contar los acontecimientos, y aunque contaba con alguna escena relativamente fuerte, no era para nada tan poderosa como La lista de Schindler, digamos que era un punto intermedio entre la pelí*cula de Spielberg y la de George Stevens. En este punto,El Diario de Ana Frank es una pelí*cula modélica, porque aunque parezca mentira en una pelí*cula exenta completamente de escenas explí*citas de violencia, el resultado es tan desolador o más que hasta en el caso de La lista de Schindler.
La secuencia final en la que vemos a Joseph Schildkraut relatando todo cuanto sucedió en los últimos meses de la guerra nos arrastra el alma por los suelos, es un final que nos reivindica con el cine con mayúsculas, en el que un par de frases nos pueden impactar de una manera tan brutal. Os comentaba antes la belleza de la escena entre Millie Perkins y Richard Beymar en el ático, y es al final de la pelí*cula cuando tras los acontecimientos finales le damos de verdad el valor que tiene la escena, cuando vemos que esa inocencia y esas ganas de vivir se han perdido para siempre. Una pelí*cula que de verdad desborda talento.
Si en La lista de Schindler la emoción brotaba en el ambiente durante toda la pelí*cula, en esta pelí*cula lo que hace George Stevens es un ejercicio de precisión, de contención emocional y de belleza que rara vez se ha visto en el cine. Mediante la contención emocional que practica durante toda la pelí*cula e inundando la pelí*cula de escenas de una enorme belleza consigue que las tres horas que dura la pelí*cula pasen volando y nos identifican perfectamente con todos los personajes de la pelí*cula, consigue que apreciemos a los personajes a través de la continua convivencia. De ese modo al final de la pelí*cula todo lo que ha ido sembrando poco a poco George Stevens lo recoge de repente y consigue que se desborden los sentimientos de un sólo golpe. Una vez más en el cine, el haber manejado tan bien el tiempo narrativo y utilizar los contrastes en ese tiempo narrativo para acelerar la narración en el momento preciso para que ese espectador que ha ido poco a poco acumulando afecto hacia los protagonistas, de repente y de un solo golpe se encuentre con la cruda realidad, hacen que el cine sea algo más que un entretenimiento. Repito, la pelí*cula es un ejemplo perfecto de maestrí*a en el guión y de claridad en todo momento por parte del director de lo que debe ser su pelí*cula, y también lo que debe durar, porque a buen seguro que no le fue fácil llegar a convencer al estudio de que debí*a tener una duración de 3 horas.
Y cómo no, cualquier gran pelí*cula debe tener un gran final, y en esta ocasión el final no es sólo grande sino sublime. Esa última frase en la que el padre de Ana lee el final del diario tras todo lo que ha pasado, refleja a la perfección todo lo que ha sido la pelí*cula, tanto la injusticia, como sobre todo la esperanza. La frase de Ana ante la que su padre se avergüenza porque él guarda mucho rencor, y se siente empequeñecido por la grandeza de corazón de su hija dice así*:
Ana: A pesar de todo lo ocurrido sigo pensando que la gente es, de verdad, buena de corazón.
Otra vez más, ese contraste que ensalza la bondad de algunos (Ana) y que nos enfrenta con la maldad de otros (nazis), pone el punto final a la pelí*cula.
Por cierto, a esa frase le sigue el plano final por el que vemos el cielo con los pájaros volando en el cielo en una clara alusión a los momentos en los que a través de la ventana era lo único que veí*an, albergando la ilusión y la esperanza de la libertad en la que los pájaros se moví*an.
Del teatro al cine
La puesta en escena realizada por Frances Goodrich y Albert Hackett de la adaptación del exitoso Diario de Anne Frank, en la cual esta pelí*cula está basada, se estrenó en 1955, tuvo buenas crí*ticas y dejó pasmado al público. El crí*tico Kenneth Tynan, que acudió al estreno en Berlí*n en 1956 la describió como la experiencia emocional más drástica que el teatro me ha dado nunca. No tiene mucho de artí*stica y no es una gran obra pero la impresión del Berlí*n de aquel momento de la historia supera cualquier cosa que el arte hubiera podido lograr. Logró conmover a todo el público. Los espectadores europeos que recordaban la ocupación nazi fueron obligados a enfrentarse a la realidad sufrida por muchos de sus paisanos: persecución, expulsión, deportación y muerte. Algunos crí*ticos notaron que la Anne de la obra tení*a poco parecido con la descripción que ella hací*a de sí* misma en su diario, pero en general el público identificó a la Anne teatral con la autora del libro y acudió en masa a ver la obra. Este éxito hizo pensar rápidamente en una adaptación al cine y el 20 de mayo de 1957 el padre de Anne, Otto Frank, (el único superviviente de su familia inmediata) firmó un contrato con 20th Century Fox en el que daba su aprobación con lo que el rodaje empezó en primavera con un presupuesto de 3 millones de dólares.
Se pretendí*a que los actores de la pelí*cula fueran los mismos que los de la obra de teatro y Joseph Schildkraut y Gusti Huber repitieron papeles, pero Susan Strasberg, que habí*a interpretado el papel de Anne en la obra, rechazó la oferta y la búsqueda de una actriz para ocupar su lugar comenzó. El papel le fue ofrecido a Natalie Wood quien también lo rechazó. La primera elección de Otto Frank era la de Audrey Hepburn, la cual habí*a nacido el mismo año que Anne Frank, habí*a vivido la guerra durante la ocupación nazi de los Paí*ses Bajos y habí*a leí*do el libro en neerlandés poco tiempo después de que fuera publicado en 1947. Esto es algo que la tení*a desolada y a pesar de su entrevista personal con Otto Frank, finalmente también rechazó el papel. Pensaba que era demasiado mayor para interpretar a una adolescente y que la experiencia de revivir la guerra podí*a traumatizarla. Hepburn siguió siendo amiga de Oto Frank hasta su muerte en 1980 y fue presidenta de honor de la Anne Frank Educational Trust UK. Después de mucho buscar el papel principal recayó en la modelo adolescente Millie Perkins.
George Stevens filmó los exteriores en Amsterdam en los alrededores de la verdadera casa donde la familia se habí*a ocultado, pero el interior de la misma fue recreado en un estudio de Hollywood. Hubo gran cuidado de lograr que la pelí*cula pareciera lo más real posible. Otto Frank y uno de los hombres que habí*a ayudado a ocultar a la familia, Johannes Kleiman fueron llevados como ayudantes técnicos al equipo de atrezzo, para que el local pudiera ser reconstruido según sus recuerdos. Algunas escenas fueron más reales de lo esperado, una de ellas muestra a Hendrik van Hoeve el frutero que proveí*a de hortalizas del mercado negro a los escondites, haciendo de sí* mismo. Una escena final que mostraba a Millie Perkins como Anne en Auschwitz fue rodada pero cortada del metraje debido a la respuesta desfavorable del público. Stevens la reemplazó por una más animosa del cielo con una voz en off de Perkins. Aunque la pelí*cula no fue un éxito comercial y las crí*ticas fueron variadas pero fue finalista en 8 premios Oscar de los que ganó tres:
- A la mejor actriz de reparto: Shelley Winters (actualmente expuesto en la casa de Anne Frank en Ámsterdam).
- A la mejor dirección artí*stica: George W. Davis, Stuart A. Reiss, Walter M. Scott, y Lyle R. Wheeler.
Shelley fue dueña de una belleza muy particular; muchos, hoy en día, incluso la considerarían una mujer de poco atractivo físico, pero en su juventud, fue una mujer con un rostro, que sin ser muy hermoso, resultaba atractivo, y su cuerpo contaba con la voluptuosidad necesaria para atraer la atención del sexo masculino; estos rasgos de su anatomía fueron decisivos para encasillarla, en sus inicios principalmente, en papeles de sex-symbol; de hecho fue ella misma la que afirmó en una de sus muchas biografías, que las poses tan sensuales que Marilyn utilizaba al ser retratada por lo fotógrafos habían sido mérito suyo, pues Shelley mejor que nadie sabía realzar su propio atractivo en fotografía; así ,según ella, acabó convirtiendose en consejera de la rubia diva, a la que enseñaba diferentes mohines faciales para aparecer irresistible, como por ejemplo entornar los ojos y entreabrir los labios sugerentemente ; quizás fue una profesora demasiado entusiasta ,y cuando se quiso dar cuenta mujeres de belleza casi sobrenatural como Liz Taylor o su misma amiga Marilyn Monroe, le fueron quitando espacio en su papel de mujer sugerente y arrolladora.
Con el paso de los años la figura de Shelley, en un principio esbelta y seductora, fue adquiriendo demasiadas redondeces , y a partir de estos cambios físicos en su cuerpo, sus papeles fueron normalmente secundarios: de mujer ingenua, vulgar o incluso patética.
Pero Shelley, mujer de carácter vehemente, fuerte y pasional, no necesitó de un físico extraordinario para comerse la pantalla , y su paso por el cine no fue en vano, pues nos dejó como legado veraces y magníficas interpretaciones.
Shelley nació el 18 de Agosto de 1920 en Illinois (EEUU). Su madre había sido cantante de ópera, y su padre se dedicaba al oficio de sastre; siendo ella una niña la familia se trasladó a Nueva York con el fin de procurarse un futuro mejor. Precisamente fue en esta ciudad ,donde Shelley comenzó su vida artística como corista en los espectáculos de Broadway, y a raiz de estas apariciones encaminó sus pasos hacia los grandes estudios de cine.
La interpretación era algo innato en Shelley, pero ella quiso perfeccionar la técnica, y asistió con asiduidad al Actor’s Studios, junto a otros monstruos de la pantalla como Paul Newman o Marlon Brando.
Su debut en el cine se produjo en el año 1921 ,de la mano de la Columbia en un filme llamado “What a woman!”, donde tuvo una a aparición muy fugaz. Fue entonces cuando decidió asentarse en Hollywod ,en un pequeño apartamento compartido con la también futura actriz Marilyn Monroe; este hecho las llevaría a ser amigas de por vida, y ni el paso de los años pudo dañar el gran cariño que ambas se profesaban.
Su primera película notoria fue un drama, dirigído por George Cukor, llamado “Doble vida” (1947) ; la película obtuvo cuatro nominaciones a los Oscars, siendo ganador de uno de ellos el actor principal Ronald Colman.
Trás este enorme éxito, y al comprobar los directores el enorme potencial con que contaba la actriz, comenzaron a contar con ella para proyectos realmente interesantes como en “Una vida marcada” (1948), pelicula de cine negro dirigida por Robert Siodmark, y coprotagonizada junto a actores de la talla de Victor Mature o Richard Conte o “El gran Gatsby” (1949), un drama dirigído por Elliott Nuget.
Sin embargo no fue hasta que Anthony Mann le dió un papel protagonista en “Winchester 73″ (1950), junto a James Stewart, cuando se demostró la enorme categoría actoral de Shelley desempeñando un papel duro de mujer explotada , marginada y abandonada, que sin embargo cuenta con la fortaleza suficiente, en un mundo primordialmente dominado por los hombres, de valerse por si misma.
Comienza aquí una carrera llena de exitosos títulos como “Un lugar en el sol”(1951), protagonizada junto a Liz Taylor y Montgomery Cliftt, “Yo amé un asesino”(1951), protagonizada junto al malogrado actor John Garfield, “LLama a un desconocido” (1952), junto a la gran Bette Davis o en una coproducción italo-americana llamada “Mambo”(1954).
Y como no había género que se le resistiera, de nuevo deslumbró en un western llamado “Rebelión en el fuerte”(1954), junto al aclamado actor Alan Ladd. También intervino en la única producción que rodara el magnífico actor Charles Laugthon y que llevó por título “La noche del cazador” (1955), junto a grandes intérpretes como Robert Mitchum , Billy Chapis o Peter Graves.
Fue en el año 1959 y con la película “El diario de Ana Frank” cuando Shelley vió recompensado su trabajo mediante un Oscar como mejor actriz secundaria : su interpretación en esta película la situó ,tal y como se merecía, entre las más grandes del cine.
En 1961 compartió protagonismo con Burt Lancaster en “Los jóvenes salvajes”, y un año después, Cukor la dirigió en “Confidencias de mujer”, un drama costumbrista que en su tiempo tuvo una acogida extraordinaria.
Volvería a deslumbrar con su magnífica interpretación, en una adaptación estupenda de la novela de Navokob “Lolita”(1962), en lo que fue una película polémica y arriesgada para la época; Shelley interpretó el papel de madre algo inocente y patética al pensar que el amor de su huésped , papel interpretado por James Mason, se dirige exclusivamente a ella, cuando en realidad existe una relación pecaminosa y lujuriosa hacia su hija adolescente.
Shelley también se dejó tentar por el cine europeo y participó en una co-producción italo-francesa llamada “Los indiferentes” (1964)
Un año después de nuevo recibiría un Oscar como mejor actriz secundaria en “Un retazo azul” (1965), con el personaje que tal vez marcaría para siempre su carrera, y que la encasillaría en papeles de mujer un tanto vulgar y patética.
En el año 197o apareció genial como una madre que se sirve de sus hijos para cometer los peores pecados; no dejó indiferente a nadie con la estupenda interpretación de un personaje perverso, frio, cruel y delictivo en “Mamá sangrienta”, película en la que por cierto ya comenzó a deslumbrar un Robert de Niro muy joven y casi primerizo; lo curioso es que el papel le fue asignado gracias a la insistencia de Shelley ,que con su empeño consiguió que de Niro pasara a formar parte de esta delirante obra de Roger Corman.
En la década de los setenta, Shelley siguió demostrando su gran versatilidad con títulos como “¿Qué la pasa a Helen?” (1971), “¿Quién mató a tia Roo?”(1971), “El quimérico inquilino”(1976) o “Cleoprata Jones” (1973), pero sin ninguna duda la película que más notoriedad le otorgó en esta década fue “La aventura del Poseidón”(1972), que de nuevo le procuró una nominación a los Oscars, y por la que quizás hoy en día es más recordada.
Siguió trabajando en las siguientes décadas con mayor o menor acierto, en películas de diferentes géneros, siendo su última aparición en el año 1999.
Gracias a sus dotes interprétativas el nombre de Shelley Winter se ha convertido hoy en día en sinónimo de calidad y profesionalidad, sin embargo su vida privada estuvo plagada de escándalos y excentricidades que casi llegaron a minar su reputación como actriz. Como ella misma escribió en una biografía, que no estuvo exenta de polémica, por su almohada pasaron los galanes más demandados de la época, citando nombres concretos como Clark Gable, Errol Flynn, Sean Connery, Marlon Brando, o William Holden; estuvo casada en tres ocasiones: su primer matrimonio se produjo en el año 1942, el segundo con el actor italiano Vittorio Gassman en 1952, y el último de ellos en el año 1957, con el también actor Anthony Franciosa. También dió a conocer públicamente entresijos de la industria cinematográfica, que precisamente no beneficiban a la llamada fabrica de los sueños,y destacó el amor frustado que sintió hacia el actor Laurence Olivier, al que, según ella, encontró una vez en brazos de su querida amiga Marilyn Monroe.
Tal vez si su paso por el cine hubiera sido mediocre, estos continuos escándalos al final hubieran dañado su carrera; pero el público supo valorar su estupenda y premiada trayectoria profesional, y hoy en día su nombre nos recuerda algunas de aquellas grandes obras que se rodaron hace ya algún tiempo, pero que se han convertido en indispensables para todo buen cinéfilo.
Pese no haber tenido un físico espectacular, y haber trabajado principalmente como secundaria, Shelley ha pasado a engrosar la lista de las mejores actrices que nos ofreció esta lejana y maravillosa época dorada de Hollywood.
Murió en Los Angeles el 15 de Enero del año 2006, a los 85 años.
Hace más de un año que pude ver en inglés la reciente miniserie “El diario de Ana Frank”, de la BBC. Ya en su día, al escribir sobre Ana, hice aquí algunas consideraciones positivas al respecto, pero he elegido este momento, cuando se cumple el aniversario del día del escondite de Ana y su familia, para comentar esta serie en mayor profundidad, pues bien lo merece.
Los dos antecedentes más destacados en el ámbito cinematográfico eran la célebre película de George Stevens a partir de la obra teatral “El diario de Ana Frank” (sin duda una gran película, aunque bastante desdeñable desde el punto de vista de la recreación de los hechos históricos), y la estimable película de Robert Dornhelm (“La historia de Ana Frank”) que partía de la biografía de la célebre niña judía escrita por Melissa Müller. Por desacuerdos con la Fundación Ana Frank, Dornhelm no pudo utilizar las palabras escritas por Ana en su diario, lo que trajo consigo una inesperada consecuencia positiva: esta película del año 2001 no es una plasmación cinematográfica del diario, sino un intento de reconstruir los hechos desde una perspectiva externa a la propia Ana. Lo que sí pudo haberse mejorado fue la imagen algo “mística” de la protagonista: cualquiera que haya leído el diario recordará la batalla interna entre la “Ana de fuera” (insolente) y la interior, más “trascendente” y que nadie conoce salvo la propia autora. Es, por tanto, un error histórico el mostrar a Ana comportándose como lo hubiera hecho la “Ana interior”, pero ¿cómo resolver el problema? Si recreamos sólo (e insisto en que estamos ante el punto de vista meramente visual) a la Ana desagradable nos estamos perdiendo la faceta más interesante del personaje, mientras que si mostramos esta estamos manipulando su comportamiento en sociedad, al revestirlo de una falsa solemnidad. Da la sensación de que Dornhelm, respetuoso con Ana, quiso inclinarse por esta última opción, y que tan centrado estaba en mostrarnos a la Ana más seria y profunda que los pocos momentos en los que el personaje es insolente en su película nos chirrían. En cualquier caso, lo cierto es que la jugada le salió todo lo bien que podía salirle al contar con una extraordinaria Hannah Taylor Gordon en el papel principal.
El planteamiento de la nueva serie de la BBC, dirigida por Jon Jones, era de todo menos original: adaptar de nuevo los hechos narrados en el diario y nada más. No parecía aportar gran cosa comparado con la película de Dornhelm, que si bien narra muy superficialmente los dos años de escondite, sí que aporta una interesante y bien documentada recreación del paso de Ana por los campos de concentración de Westerbork, Auschwitz y Bergen-Belsen. Sin embargo, y tras verla por primera vez, supe que estábamos ante la que por ahora es sin duda la adaptación más fiel de lo escrito por Ana, y probablemente también ante el retrato menos distorsionado de los ocho escondidos y sus ayudantes. Contó con el beneplácito de la Fundación Ana Frank, y durante los cinco capítulos que ocupa la serie escuchamos la voz en off de la propia Ana leyendo bastantes párrafos del diario.
Naturalmente la serie se toma sus licencias. Hay hechos manipulados para que sean más efectivos desde el punto de vista cinematográfico (la escena de Januká es un buen ejemplo), algunas cosas que en el diario vienen asociadas a un personaje le ocurren a otro, etc. También hay errores que hubieran sido fácilmente subsanables: ya la película de Dornhelm mostraba muy bien el modo en el que Fritz Pfeffer fue introducido en la “Casa de atrás”, algo que inexplicablemente no ocurre en esta serie, rodada siete años después. También es equivocada la forma en la que se muestra la llegada de los Van Pels y casi toda la escena del arresto final. Pecata minuta, pues puede decirse que todo lo que vemos en la serie ocurrió realmente... más o menos.
Un aspecto muy destacable es la magistral reconstrucción del anexo y del “clima” general del escondite. Nunca he estado allí, pero cuando uno lee el diario se imagina esas habitaciones del mismo modo. Allí están las cortinas hechas de jirones de tela, las habitaciones atestadas de chismes, la sensación de frío y humedad, el cojín colocado por Peter sobre la puerta para proteger las cabezas y cosas tan simples y que tanto hacen para transportarnos a la atmósfera real del lugar como las conversaciones en voz baja, la oscura iluminación o el sonido de las campanas de la Westerkirche, que tanto agradaban a Ana.
Otro rasgo de importancia, y que no debe dar lugar a malentendidos, es que se trata de una adaptación del diario en toda regla y con todas sus consecuencias. Ello quiere decir que no estamos ante una reconstrucción ideal de unos hechos históricos, sino que los vemos desde el prisma de Ana. Tomemos, por ejemplo, el caso de Pfeffer. Todas las fuentes están de acuerdo en que era un hombre encantador... salvo la propia Ana, que casi no podía soportarle. Pues bien, una adaptación del diario implica retratar a Pfeffer (siguiendo con el ejemplo) del modo en que lo veía Ana, se correspondiera o no con la realidad. Y conste que en esta serie se traza un retrato del dentista mucho más humano de lo usual. Precisamente por esta necesidad de recrear “según lo veía y entendía Ana”, la serie utiliza los pseudónimos que ella empleó en su diario, con excepción de su propia familia y los ayudantes, que como es habitual aparecen con sus nombres reales:
Hermann van Pels: Hermann van Daan.
Auguste van Pels: Petronella van Daan.
Peter van Pels: Peter van Daan.
Fritz Pfeffer: Albert Dussel.
Ya he escrito sobre el problema de recrear cinematográficamente a un personaje tan complejo como Ana Frank, que además debe recaer sobre una niña de entre trece y quince años. La primera impresión que produce Ellie Kendrick es la de aparentar ser demasiado mayor y corpulenta para dar vida a la frágil Ana. Tampoco hay gran parecido físico entre una y la otra, de modo que lo único con lo que cuenta Kendrick para salvar los platos es su interpretación. ¡Y vaya si lo consigue! Soy absolutamente sincero cuando digo que por primera vez vemos algo aproximado en el cine al carácter a veces tan dañino de la protagonista. El guión (y no olvidemos que se integra en un 80 % de las palabras de la propia Ana) nos la muestra sin reparos como una niña difícil de soportar, acaparadora con las personas (lo dicen, por ejemplo, amigas de infancia que aún viven como Hanneli Goslar o Jacqueline van Maarsen) y brutalmente desagradable con su madre. Es posible incluso que, en este último apartado, la serie se quede corta (y no digamos ya las anteriores adaptaciones). La Ana reflexiva y madura de 1944 también se asoma, aunque sus reflexiones sobre el comportamiento humano, la naturaleza y Dios se muestran de forma algo superficial y precipitada antes del final de la serie.
Se ha dicho que la Ana perfecta sería una combinación de Ellie Kendrick y Hannah Taylor Gordon. Estoy de acuerdo. La primera tiene el carácter complicado de la Ana real, junto con su cómica ironía (no exenta de una cierta carga de cinismo) para describir personas y situaciones. La segunda tiene el físico, una mayor capacidad dramática y una más completa profundización en los pensamientos más valiosos de la autora.
Siguiendo con la familia de Ana, las interpretaciones son muy acertadas. Iain Glen no guarda demasiado parecido físico con Otto Frank, pero retrata (y creo que mejor que nadie, Ben Kingsley incluido) el carácter pacífico y agradable de “Pim”. Es novedoso verle en el cine como un personaje de gran sentido del humor, pero es la dulzura con sus hijas el rasgo más acertado de su actuación, hasta el punto de crear en Ana a una niña algo consentida. Se recrea su conversación con Ana a consecuencia de la carta (entrada del 7 de mayo de 1944), y aunque toda la escena está demasiado teatralizada, se nos encoge el corazón al ver a un padre arrasado por las lágrimas al ver que la situación con su hija se le escapa de las manos sin que pueda adoptar los remedios que serían suficientes en el mundo exterior. Tamsin Greig, de bastante parecido con Edith Frank, es la sufrida madre, que lo pasa mal con el maltrato al que la somete su hija. También es la más asustada de los escondidos y la más deprimida, como recordaba Miep Gies. Otro acierto del guión es el de mostrar un retrato más completo de la modélica hermana mayor (Felicity Jones): vemos a una Margota la que le cuesta soportar las insolencias de su hermana menor, que también desea alejarse de sus padres (así consta en el diario) y que se refugia en el estudio para “sobrevivir”. También vemos, aunque de forma casi insinuada, su debate interno entorno a Peter. Además, Jones cumple el requisito de la belleza física que todos atribuían a Margot, ya que parece unánime la opinión de que las fotografías que han sobrevivido no le hacen justicia.
Muy caricaturesco es el retrato de Petronella van Daan (Auguste van Pels), papel a cargo de Lesley Sharp: se incide en su personalidad coqueta y superficial y en sus explosiones de carácter. La mayoría de las referencias a esta mujer en el diario parecen exactamente “de caricatura”, y puesto que así es como la veía Ana así es como la vemos nosotros, coincida ello o no con la realidad. En este último sentido, la propia Ana moderó bastante sus opiniones negativas sobre ella en los últimos meses de su encierro. Hermann van Daan (Hermann van Pels), interpretado por Ron Cook, aparece como un hombre afable, ingenioso, de un enorme sentido del humor (una continua fuente de chistes), aunque sumido en continuas peleas y reconciliaciones con su mujer y malhumorado por la falta de cigarrillos. Peter van Daan (Peter van Pels) es un personaje clave y muy difícil de enfocar. Sabemos que tenía un carácter tímido y probablemente inmaduro para su edad. Sufría por sus graves problemas para expresar sus sentimientos. Es posible, incluso, que no fuese precisamente deslumbrante desde el punto de vista intelectual. La cuestión es que Geoff Breton es un Peter algo más despierto a como lo veíamos en la película de Dornhelm, aunque con la debilidad de carácter antes mencionada. Hubiera sido buena idea, para suplir esa sensación de “vacío” mental, la de plasmar en el personaje algunas de las cosas de él que más preocupaban a Ana: desdén por la religión, falta de expectativas en sí mismo, etc. Hay que decir que, puesto que apenas hay fotografías de esta familia (las pertenencias de su casa desocupada fueron robadas por los nazis) no puede exigirse un gran parecido físico de los actores con ellos. Tal vez Breton aparente ser demasiado mayor, aunque no es algo relevante.
En lo concerniente al octavo escondido, esta película ofrece el que hasta ahora es el retrato más honesto de Albert Dussel (Fritz Pfeffer). Ana, que le odiaba, le llamó “Dussel” porque significa “idiota”. Nicholas Farell, muy parecido al Pfeffer real, da vida a un personaje educado, algo chapado a la antigua, enamorado hasta el tuétano y que no es capaz de soportar el encierro. Sabemos que era un gran deportista y es comprensible que sobrellevase mal esos dos años de aislamiento del mundo. La famosa pelea del escritorio es lo más interesante de su actuación: no es capaz de valorar la importancia de escribir para Ana, y tras el final de la disputa le vemos escribiendo una carta a Charlotte Kaletta en las oficinas de abajo (suponemos que Ana está ocupando el escritorio en ese preciso momento gracias a la intervención de Otto) mientras llora sin consuelo la ausencia de su amante y de su hijo, al que (al igual que en el diario de Ana), no se hace referencia.
En cuanto a los ayudantes, Kate Ashfield es una Miep Gies algo asustada, rasgo comprensible aunque no encaje bien con la fortaleza de carácter del personaje real. En este sentido, tal vez me convenza más Lili Taylor en “La historia de Ana Frank”. Eso sí, su parecido con la Miep real es más que considerable, como también ocurre con Roger Frost, clavadito al señor Kleiman(en las ediciones más antiguas del diario se le llama Koophuis) salvo por que le falta algo de pelo. A este le vemos permanentemente atento y de buen humor, pero con sus habituales problemas de salud. Mucho menos me convence el retrato de Kugler (o Kraler en las versiones antiguas del diario) (Tim Dantay), como un hombre permanentemente enojado con los escondidos. Es cierto que en el diario consta algún episodio, pero también se describe su buen humor, aquí inexistente. Bep, interpretada por Mariah Gale, hace un papel discreto y casi desapercibido en comparación con los anteriores. No me explico esta costumbre cuando Ana simpatizaba tanto con ella. Podrían haberse retratado sus preocupaciones con su padre enfermo y la complicada historia de su noviazgo y compromiso, que sin duda motivaron muchas conversaciones en la "Casa de atrás". Igualmente discreto es el lugar dejado para Jan Gies (esposo de Miep). Ni siquiera en los créditos de la serie he conseguido encontrar el nombre del actor que le interpreta.
Del último punto débil de la serie no tienen la culpa ni el director, ni el guionista ni los actores, sino los responsables del nefasto doblaje al castellano. Me pitan los oídos de escuchar durante toda la serie cómo se llama “Kluger” a Kugler, o cuando hay frases no ya traducidas del inglés al castellano, sino en las que se dice algo completamente diferente y cambiando, por tanto, las palabras que Ana escribió en su diario. Pero lo peor es la escena en la que Pfeffer (Dussel) relata a Ana sus intenciones de emigrar a Sudamérica tras el fin de la guerra. En versión original, el actor pronuncia “gracias por su ayuda hoy” y “buenas noches” en español macarrónico y cuenta seguidamente sus propósitos a Ana. Los responsables del doblaje han optado por la horrible opción de que, para que se note el cambio de idioma, Pfeffer pronuncie esas palabras en inglés y anuncie luego que piensa irse a Norteamérica. Lamentable, sobre todo porque implica manipular un hecho histórico. Sin duda hubiese sido preferible que la totalidad de la conversación discurriese en castellano, ya que por las palabras de Ana (“¡eso no es hebreo!” es fácil de entender que no ha entendido lo que le ha dicho Pfeffer.
Precisamente en relación a la edición en castellano, debo decir que recomiendo encarecidamente la “edición coleccionista” por una razón muy simple: la edición simple consiste en la serie montada como si de una película se tratase (es decir, eliminando los capítulos con sus entradillas y créditos finales), con el lógico resultado de que se nota que es una serie y que el formato “película” no le sienta tan bien. Además, y esto es más grave, en esta edición hay escenas mutiladas. La edición coleccionista trae dos DVDs: la serie completa y en capítulos (que es como hay que verla) con un documental sobre el diario de Rutka Laskier y la desafortunada versión “película” con cortes. Se incluye en la caja una edición del diario de Ana, lo que es estupendo para quien no lo haya leído y decida darse un atracón en una sola compra. Supongo que lo ideal hubiera sido vender la serie en capítulos como “edición simple” e incluir la “película” con el libro en la “edición coleccionista”, más cara. Lo que se ha hecho no es más que una forma de obligar a pagar más a los interesados en la serie completa.
Creo que el realismo es el principal acierto de esta serie. Es la más “histórica” recreación del diario de Ana y también la más valiente en cuanto al retrato de los personajes. Sin embargo, mi opinión es que esta serie complementa y no desplaza a la película de Dornhelm, primeramente por la interpretación sobresaliente de Hannah Taylor Gordon, y en segundo lugar, por su cruda descripción de lo ocurrido tras el arresto. La serie, en cambio, concluye con las detenciones y unas breves descripciones del destino de cada uno de los personajes. Y lo increíble es que pese a que conocemos sobradamente el trágico fin de la vida de Ana, se nos pone la carne de gallina al ver su imagen congelada mientras el narrador dice “muerta en el campo de concentración de Bergen-Belsen”. La adaptación ha conseguido lo más importante: no sólo nos ha invitado a reflexionar, sino que ha logrado que le tomemos cariño al personaje.
PS: Me persiguen las casualidades imposibles. Cuando acabo de terminar de escribir estas líneas es 25 de junio, y resulta que tal día como hoy en 1946 se publicó el Diario de Ana Frank. Aseguro al lector que no tenía ni idea y que lo he visto en el recuadro de “hechos históricos” del blog.
[h=2]Un dia como hoy.El martirio de Anna Frank[/h]POR AS1944[h=3]Un dia como hoy fué trasladada Anna Frank ,de Auschwitz a Belsen.
[/h][h=3]Su obra y vida es de todos conocida.Su peripecia ,martirio,a manos de los Nazis debemos de recordarla siempre:[/h][h=3][/h][h=3][/h][h=3]Tras su detención,junto a su familia, fué llevada a un campo en Westerbok ,el 2 de Septiembre al campo de Auschwitz;en infernal viaje que duró tres dias, de los 1019 judios que la acompañaron fueron ejecutados inmediátamente 549 .Ana se libró ,fué tatuada y rapada ,la obligaron a estar desnuda mientras la desinfectaban .Hacinada en un barracón se la destino a trabajos forzados.La piel de Ana comenzó a cubrirse de llagas y costras.[/h][h=3]El 29 de Octubre se la reubica en Bergsen Belsen(1)[/h][h=3].Sus amigas ,que sobrevivieron,la describen como calva ,sin ropas y abrigada con un trozo de manta,demacrada y temblorosa ,comida por los piojos.Ana moriría el mes de marzo ,1945. Poco des pués los ingleses liberarón el campo,por desgracia era tarde para ella.[/h][h=3]Notas:[/h][h=3]1. Bergen-Belsen, fué un campo de concentración situado en las cercanías de Celle, estado de Baja Sajonia,Alemania.[/h][h=3]
Napola es una película alemana de 2004 dirigida por Dennis Gansel. Trata sobre una curiosa historia de amistad entre dos adolescentes, Friedrich Weimer y Albrecht Stein durante su estancia en una Napola (una escuela nacionalsocialista) durante plena Segunda Guerra Mundial.
En el Berlín de 1942, Friedrich, un adolescente de 16 años, ingresa en una escuela de élite de nazis, donde intentará desarrollar su talento para el boxeo. Alli se hará amigo de Albrecht, quien se muestra abiertamente opuesto a la doctrina que enseñan en el centro. Un día, ambos son forzados a participar en una matanza nocturna de jovenes rusos desarmados.
Un muchacho de 16 años tiene la oportunidad de ingresar a los círculos más altos de la élite nazi. Lo hace a través de un profesor de una escuela élite el mismo que al ver su habilidad con el boxeo, le consigue una beca y lo ayuda a soportar la rudeza de aquella educación. El esta dispuesto a quedarse en aquella escuela, para buscar un futuro mejor.
Nos encontramos en 1942. Friedrich Weimer es un joven que, en contra de los deseos de su padre, ingresa en una Napola, escuela donde enseñan a la juventud alemana a ser perfectos nazis, mediante métodos no ortodoxos. En esas escuelas sobrevive el más fuerte. No hay lugar para ningún tipo de debilidad o sentimiento, salvo el amor a la Patria, y el odio a todo aquel que no es nazi. Allí pronto será famoso, debido a sus cualidades para el boxeo, y hará muchos compañeros, entre los que se encuentra el hijo de un importante oficial, y que no simpatiza para nada con la ideología nazi.
Conceptos que permitan visualizar los elementos que determinan el curriculum[/h]
Educación: Se educa a los hombres (indiferente de la clase social que tenga), en una escuela de formación Hitleriana normal, formando jóvenes autoritarios, deshumanizados y fanáticos. Paradigma: Las Nápoles mantienen una fuerte misión en la formación del militar nazi. En ellos deposita la confianza de estructurar el nuevo imperio, existiendo:
· Un curriculum bastante cerrado en su propia idea de educación y de hombre.
· La organización educativa es completamente centralizada, sin dejar la participación de los alumnos y sus decisiones.
· El profesor es transmisor de la cultura y el director es un gran controlador.
Desarrollo Humano: Les explican que la ley natural impone la desaparición de los débiles a favor de los más fuertes, que deben excluir de su conducta la compasión, la amistad y los sentimientos humanitarios.Se prima la forma física y la resistencia psicológica. Persona: La vida de los alumnos del internado, sometidos a esfuerzos físicos agotadores, pruebas de supervivencias exageradas, a humillaciones públicas y a castigos caprichosos. La presión emocional que soportan los chicos amenaza con levantar reacciones de rechazo, pero los riesgos son enormes. Sociedad: Sin compasión pues los débiles no tienen lugar en su nación. Levantaremos una generación que hará temblar al mundo. Quiero jóvenes excepcionales, intrépidos, despiadados y salvajes. También serán fuertes y guapos. Aprenderán a pensar sólo en Alemania y a actuar para Alemania. Y así será como yo daré vida a un hombre nuevo (Hitler)
Cultura: El orgullo de ser parte de una institución de elite. El nazismo pretendía crear seres robotizados, deshumanizados y faltos de sentimientos, basada primordialmente en la fuerza física. Las Nápolas mantienen una fuerte misión en la formación del militar nazi. En ellos se deposita la confianza de estructurar el nuevo Imperio. Intereses: En el diario vivir, se va enseñando el valor de la disciplina, de la responsabilidad, del considerarse superiores, fuertes, recios y sin compasión, pero también la camaradería. El culto a la fuerza física, la gula, la soberbia, la sumisión y la violencia, se pone de manifiesto en la celebración de una fiesta doméstica de jerarcas nazis.
El joven alemán de clase social baja Friedrich, boxeador aficionado de gran talento, recibe el ofrecimiento de ingresar en una Nápola, (escuela nacional socialista) donde los jóvenes reciben una formación basada en los valores del nacional socialismo una educación altamente militarizada. Pese a la oposición de su padre, Friedrich decide aceptar la oferta e ingresa en el centro. Allí despuntará gracias a sus cualidades para el boxeo, y entablará una profunda amistad con Albrecht, un joven sensible aficionado a la poesía, hijo de un alto cargo del partido nazi, quien no simpatiza con la ideología de su padre. Mientras la película avanza, Albrecht, que se siente perdido en la Nápola, irá poniendo de manifiesto su repulsivo pensamiento hacia el nazismo, lo cual le acarreará graves consecuencias.
La visión de la época es necesariamente crítica, y en ese sentido Nápola muestra sus cartas desde el principio. El nazismo pretendía crear una sociedad de seres robotizados, sin compasión, deshumanizados y faltos de sentimientos, basada primordialmente en la fuerza física. En ese aspecto, la película es bastante acertada a la hora de describir el trasfondo ideológico del nazismo, mostrando el tipo de educación que se daba a la juventud alemana.
Poco después de llegar Hitler al poder comenzaron a crearse en Alemania las
Napolas
, internados en los que se formaba a los jóvenes arios más capaces tanto física como psicológicamente para convertirse en la élite de la nación. Durante nueve años se trataba de eliminar de su ser con métodos no demasiado ortodoxos todo aquello que se consideraran
defectos del carácter. L
a compasión, la libertad de pensamiento o la debilidad eran suficiente motivo para castigar a los reclutas de las formas más atroces.
El director alemán Dennis Ganselse inspira en estos siniestros internados, basándose sobre todo en la expreriencia de su propio abuelo, para crear la película Napola (2004).
Friedrich Weimer (Max Riemelt) es un joven trabajador de una fábrica que responde perfectamente al prototipo ario: rubio, ojos azules, pómulos rosados a lo que hay que añadirle sus espectaculares cualidades para el boxeo. Es por ello por lo que no pasa desapercibido para un ojeador nazi, que consigue que el joven Friedrich entre en una National Politische erziehungs Anstalt o Napola aun en contra de su padre, quien desprecia el nazismo.
Tras un inicio de euforia al ver su sueño de ser parte de la élite hecho realidad, Friedrich comprueba que para convertirse en un líder nazi hay que dejar por el camino muchas más cosas de las que en principio se planteó.
), un joven sensible e intelectual con el que entablará una curiosa amistad. Albrecht, reclutado en la Napola solamente por el alto rango que su padre ostenta en ella, duda en silencio de los rígidos métodos del sistema, sometido por la brutalidad de las represalias que podría conllevar un acto de rebeldía. Su permanente estado de duda hacia el sistema hará menguar la templanza que empuja a Friedrich a entrar en la Napola para cumplir su sueño: salir de la miseria y ser alguien a costa de lo que sea.
“Simplemente, demasiado débil”. Es el monstruoso epitafio que un oficial nazi dedica a su único hijo; un adolescente que ha preferido suicidarse antes que plegarse a las repulsivas doctrinas que se le inculcaban en uno de los cuarenta Institutos de Enseñanza Nacional y Política (o Napolas) donde Hitler pretendió formar una generación de líderes que gestionase el Reich de los Mil Año
El director Dennis Gansel y la co-guionista Maggie Peren dramatizan, a partir de testimonios personales y diversos estudios, la estancia en una de estas escuelas de elite: Nos hallamos en 1942. A pesar de la oposición de su padre, el joven Friedrich (Max Riemelt
) aprovecha la oportunidad que le brindan sus capacidades como boxeador para ingresar en una napola. El chico tan solo desea prosperar en la vida, pero una vez en la institución comprenderá que para ello ha de sacrificar todo rasgo humano.
Para bien y para mal, Napola es un modelo de corrección. Para bien porque está dirigida con solidez Gansel solo tiene 32 años y un currículo previo escaso-, porque mantiene el interés durante sus dos horas de metraje, y porque no abusa del maniqueísmo en la recreación de una anécdota histórica que desvela todo su horror con lo meramente descriptivo.
Para mal, porque la película carece de expresividad visual y de espesor dramático, quizás en nombre de la comercialidad. La realización está basada en el montaje y la fotografía; el guión no cala en las relaciones entre los cadetes, lo que perjudica el dramatismo de los momentos cumbre; y se privilegian tópicos del cine sobre instituciones represivas, a veces reiterativos, en vez de profundizar en los entresijos psicológicos e ideológicos del nazismo, objetivo ineludible visto el escenario en que se desarrolla la acción. Para entendernos, Napola está más cerca en su tono deEl Club de los Poetas Muertos (Peter Weir, 1989) que de El Joven Törless
En cualquier caso el mensaje final que transmite el film es muy bello, y merece resaltarse. Si Adolf Hitler manifestaba desear una juventud "guapa y agresiva, que haga temblar el mundo de miedo, sin trazas de debilidad ni fragilidad", el protagonista de Napola opta por renunciar a ese modelo y abrazar el destierro y la soledad sabiendo, como le ha explicado su mejor amigo, que con ello ha alcanzado el bien; un bien individual y consciente, única garantía de un posible bien común perdurable.