«Nuestra pequeña habitación, sin nada en las paredes, tenía hasta ahora un aspecto bastante desolador. Gracias a papá, que ya antes había traído toda mi colección de tarjetas postales y mis fotos de estrellas de cine, pude decorar con ellas una pared entera, pegándolas con cola. Ha quedado todo muy bonito» (Diario, 11 de julio de 1942).
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[h=3]Escondidos[/h]Los Frank se escondieron junto con los Van Pels y Fritz Pfeffer por un período de dos años en total
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[h=2][/h]Como tantas otras niñas, Ana Frank adorna su habitación con fotos. Enseguida después de que la familia Frank se instala en la casa de atrás, pega toda clase de fotos y postales en las paredes de su pequeño cuarto. Ana dedica bastante tiempo a su colección de fotos. Le aburre tener que mirar siempre las mismas imágenes. «Ayer pegué nuevas fotos de estrellas de cine en mi cuarto, sólo que esta vez lo hice con marquitos especiales, para poder quitarlas más fácilmente» (18 de octubre de 1942).
[h=2][/h]Ana Frank adora a los miembros de la realeza. Conoce las fechas de cumpleaños de varios integrantes de las casas reales y dedica horas enteras al estudio de sus árboles genealógicos. Antes de estallar la guerra, una prima le envía desde Inglaterra unas postales con imágenes de la familia real inglesa. En su habitación de la casa de atrás, en la pared justo detrás de su escritorio, Ana pega sus fotos preferidas de las princesas Isabel y Margarita. También es una ferviente admiradora de la dinastía de los Orange, circunstancia que no esconde en absoluto, para gran fastidio de sus compañeros de refugio.
[h=2][/h]En los Países Bajos ocupados, prohíben a la población manifestar públicamente su lealtad a la casa real. En 1943 se introduce clandestinamente en territorio nacional una foto reciente de la familia real holandesa, que a la sazón vivía en el exilio en la ciudad canadiense de Ottawa. De ella se hace una postal, que luego se distribuye por todo el país. Durante la guerra circulan numerosas tarjetas similares de la familia real. Su venta produce unos beneficios que se utilizan para financiar las actividades de la Resistencia, entre ellas ayudar a la gente escondida. Bep le regala a Ana una tarjeta así, lo que la motiva a escribir en su diario lo siguiente: «Bep ha mandado hacer por encargo mío una postal de toda la familia real, en la que puede verse a una Juliana muy joven, al igual que la reina. Las tres niñas son preciosas. Creo que Bep ha sido muy buena conmigo, ¿no te parece?» (30 de diciembre de 1943). En un primer momento, Ana pega la postal en su álbum de fotos. Luego la cuelga en la pared con una chincheta, junto a las de la familia real inglesa. Después de la guerra, las tarjetas se pegarán con cinta adhesiva.
[h=2][/h]A mediados de la década de los cincuenta, cuando todo indica que la casa de atrás no podrá conservarse, Otto Frank corta las fotografías y postales de la pared izquierda de la habitación de Ana, junto con el papel de empapelar. Con ocasión de la inauguración de la Casa de Ana Frank, en 1960, se recrea en la medida de lo posible el ambiente original del cuarto de Ana. La conservación de las imágenes es objeto de atención continua, en la que participan numerosos especialistas. Detrás de cada una de ellas hay toda una historia. Así, por ejemplo, en el transcurso de los años y para su gran sorpresa, en la habitación de Ana unas visitantes se toparán con sus propias fotos.
[h=2][/h]Hace ya más de medio siglo que su retrato está colgado entre las fotos de artistas de cine y otras imágenes en la habitación de Ana Frank. Los millones de visitantes ignoran la identidad de aquella niña sonriente, hasta que un día una amiga estadounidense la reconoce. «Sí, es bastante curioso, pero soy yo, no hay duda», dice Joyce van der Veen, coetánea de Ana Frank. A la edad de trece años, era una bailarina de mucho talento, famosa en toda Holanda. «Por aquel entonces me sacaron fotos para una conocida revista para señoras.» Poco después de la sesión de fotografía, tuvo que esconderse con su familia por causa de su origen judío. «Terminada la guerra, fui bailarina en París. Después fui a parar a Estados Unidos, donde me hice actriz.» Joyce: «Para Ana Frank, aquella foto simbolizaba el mundo exterior. Para mí no era más que una bonita foto. Es curioso tomar conciencia ahora de cuánta gente la ha visto».
[h=2][/h]Hasta hace poco, nada se sabía acerca de la foto de una niña de aire angelical pegada en una de las paredes del cuarto de Ana. Un buen día, la condesa alemana de Nayhauss-Cormons se pone en contacto con el Anne Frank Zentrum, organización hermana de la Casa de Ana Frank con sede en Berlín, tras descubrir que sale en una de las fotos pegadas en la habitación de Ana. «Fue una gran sorpresa para mí», relata. «Efectivamente, en una de las fotos que Ana Frank había pegado en la pared de su cuarto salgo yo. Supongo que sería expresión de su ansia de libertad y de llevar una vida normal. Tendría yo un año y medio cuando la fotógrafa berlinesa Hedda Walter le pidió permiso a mi madre para sacarme una foto. Mi madre se lo dio y con el correr del tiempo me sacaron un par de fotos. En ésta tendré entre 3 y 4 años. Fue sacada en el Karolinger Garten, un pequeño parque berlinés que todavía existe. Tenía el pelo rubio rizado, largas pestañas oscuras y grandes ojos azules. Llevaba un vestido largo de organza y un lazo en el pelo, a la moda de entonces. Esta foto se publicó en 1936 en una de las más conocidas revistas alemanas para señoras (Elegance, Elegante Welt o Silberspiegel). Más tarde, el Atelier Binder me sacó una serie de fotos que alguna vez se utilizaron en publicidad. Mi madre no quería que le dieran dinero a cambio eso no se hacía pero a las dos nos divertía. Ahora estas fotos son para mí un bonito recuerdo.»
[h=2][/h]Al igual que su esposo, Daniel Otten, Marijke Otten -una niña judía escondida durante la ocupación alemana de Holanda- nunca había sentido la necesidad de visitar la Casa de Ana Frank. Cuando por fin la visitaron por casualidad, el hecho tuvo un giro inesperado.
«¡Mira esto!,» me dijo Daniel cuando nos encontrábamos en la habitación de Ana. Vi entonces una foto de una niña de 2½ años, recortada de la revista Libelle. Era yo. Se me pusieron los ojos vidriosos. Conocía perfectamente la foto, la había visto toda mi vida en mi álbum infantil, provista de un comentario de mi madre. Me resultaba muy natural y familiar, y aun así
A mi alrededor, la gente reaccionó con entusiasmo. «¿Es usted?» «Sí, soy yo...»
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Aunque Marianne van der Heijden había visitado ya varias veces la Casa de Ana Frank, se enteró sólo hace poco de que Ana tenía pegada una foto de ella en la pared de su habitación. «He trabajado en la enseñanza y he visitado muchas veces con mis alumnos la Casa de Ana Frank. Curiosamente, nunca me había percatado de que había allí una foto mía... ¡Estaba demasiado ocupada vigilando a mis alumnos!»
Hace unos años, Marianne visitó la Casa de Ana Frank con su hijo -que por entonces vivía en Japón- y un par de amigos japoneses. «Mi hijo vio la foto enseguida. Nos sorprendió muchísimo, y nuestros amigos, grandes admiradores de Ana Frank, se quedaron muy impresionados.»
La foto es obra de un fotógrafo de Tilburgo, localidad de nacimiento de Marianne. Ella tenía tres años cuando fue tomada, y la tiene enmarcada y colgada en el salón de su casa. «Mi madre conocía a Sis Heyster, que era psicóloga y escribía artículos pedagógicos para la revista Libelle, y le envió la foto. La publicaron junto a uno de sus artículos. En la familia todos sabían que Libelle había publicado una foto mía. A todos les parecía que era algo interesante.»
Si bien Marianne resta importancia al hecho de que numerosos visitantes del museo vean su foto, sí espera que Ana Frank se haya deleitado con ella: «Tal vez signifiqué algo para Ana sin saberlo.»
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En 1999, las fotos se sometieron a una restauración minuciosa. Al hacerlo, hubo nuevas sorpresas: por primera vez pudo estudiarse el reverso de la postal de los chimpancés. Se trata de una tarjeta que la madre de Ana le envió en 1937 desde Inglaterra, con ocasión de una visita a familiares y amigos. Edith escribe:
«Querida Ana:
Margot y tú deberíais ver este zoológico. Los monitos ya han preguntado por ti. La abuela me ha escrito que te has portado muy bien. Hoy veré al primo de Hanneli. ¿Papá tiene mucho trabajo? Ayer llovió mucho, pero hoy ha salido el sol.
Besos y saludos, Mamá».
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