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El infierno fue ejecutado por individuos comunes, no por monstruos, que si realizaban actos monstruosos. Que acariciaban a sus hijos, amaban a su mujer, o sacaban a pasear al perro después de sus jornadas de trabajo. Franz Stangl, comandante del campo de concentración de Treblinka señalaba: No podía vivir si no compartimentaba mi pensamiento. O los capellanes que santificaban las torturas y asesinatos en los campos de concentración argentinos y luego celebraban misas y leían cada domingo los evangelios. Cuenta Pilar Calveiro: El capitán Acosta, después de exhibir frente a los prisioneros el cadáver acribillado de Maggio, seleccionó a un grupo y los obligó a cenar con él como si nada hubiera ocurrido. El comandante Quijano que amaba a los animales, después de secuestrar a Graciela Geuna y participar en el asesinato de su esposo le dijo que ya se había encargado de colocar el gato y el perro, así que se quedara tranquila por los animales. ¿Actos de reparación? Bondad y maldad, superpuestas y separadas, sin posibilidad de una mínima congruenciaEL INFIERNO TERRENAL
Giuliana Tedeschi, sobreviviente de Birkenau, cuenta que desde la ventana de su barraca veía las llamas que salían por la chimenea. Apenas ingresada al campo preguntó a las veteranas ¿Que es ese fuego? La respuesta fue lapidaria: Somos nosotras, que nos quemamosMás de un millón seiscientas mil personas murieron en Auschwitz. Cuando el final se acercaba, en agosto de 1944, en un solo día asesinaron a veinticuatro mil detenidos.Apenas pasaron sesenta años. Los hechos son tan siniestros que cobran la dimensión de inverosímiles. Los sobrevivientes quedaron marcados definitivamente. Incluso un escritor con un testimonio tan elaborado y medular como el de Primo Levi terminó suicidándose en 1987.Jack Fuchs, sobreviviente de varios campos de concentración, habitual columnista de Página 12 afirma con su habitual crudeza: En el 45 yo estaba en Dachau, providencialmente me habían llevado ahí desde Auschwitz, y ningún soldado americano vino a rescatarme, los alemanes nos metieron en un tren que después abandonaron a mitad de camino; literalmente, a mí me encontraron en el cobertizo de una casa de campo en Baviera. Cuando terminó la guerra me gustaba decir que los aliados me habían liberado de Dachau. La juventud es más épica. Tardé años en comprender que no había sido así. No hubo ninguna intención de terminar con los campos. Los sobrevivientes fuimos encontrados en la ruta de los distintos ejércitos, mientras cumplían el único objetivo que se habían propuesto: derrotar a Alemania. La prioridad, la única finalidad, diría, fue la de derrotar al nazismo, y nunca la de rescatar a las víctimas. Los aliados permitieron que durante toda la guerra la matanza se ejecutara sin obstáculos.Los fantasmas que salieron aquél 27 de enero de 1945, los que sobrevivieron para testimoniar sobre aquél infierno, aún nos siguen interrogando. Esas fotografías donde los ojos desmesurados y apagados sobresalen en un esqueleto vivo, son el testimonio más espeluznante de hasta donde pueden llegar a los seres humanos cuando dejan de serlo. Esos ojos son el fiscal más elocuente que acusan eternamente a una pesadilla histórica. En palabras de Primo Levi: Cuanto en Auschwitz ha sido el hombre capaz de hacer con el hombre.
