Comisión de servicios a Loreto

Luego de tantas piedras, unos la esperaban, el principal se alejaba y volvía a mi.

Luego de buen revolcón, con esos encontrones donde jugaba a niña pero su cuerpo tan definido, tan experto y sabiendo lo que mas nos gusta. Pensé que era la gloria, el éxtasis total, frenesí, sin embargo agarro costumbre que en el momento mas bello y de jornadas sin ver la luna ni el sol, se iba y un misterio hasta volver a tenerla.

En un inicio no le di importancia, siempre había otra, pero ya me sonaba a juego, a burla, y me hacía perder el tiempo. Se fue llorando y no supe encontrar punto medio.

Cierta noche estaba con una nueva compañera pero mis ideas, mis ganas y quizás hasta mi cuerpo estaba con la otra. Contaba si era pasión, porque recordarla, porque las emociones mas puras, vanas, finas, eternas se iban con la amiga selvática, me estaba frustrando y el placer no tiene principio ni final, cuando estoy con ella es la enfermedad y remedio juntos y sin perdición.

Retrocedí para dar un mejor paso. Me aleje de todo y de todas y a empezar de 0. Le escribí después de unos meses, de simples saludos, de pocas nostalgias, le sacaba todo con cucharita. Le hice reír y decidió en volver. Fuimos durante 30 días, amigos y esto es. Hasta que me dijo que ella también estaba cambiando, todo ese año donde peleamos es porque se frustraba con un ex, con alguien que la marcó, a quien amó durante mucho tiempo. Solo escuché, no recriminé nada, se paso 3 horas seguidas en botar todo, al final dijo, me aburrí, ven, vamos. No supe a donde, no pregunte. Paró un taxi y fuimos a un edificio viejo, cuando entramos todo oscuro me dice que es el depa de una amiga y por ahora ella se hospedaba alli. Seguía el suspenso, nos sentamos y me señaló enfáticamente, yo haré todo, me fue desnudando, fue alargando mi pene, fue tocándolo lentamente y empezó a sobarse, restregarse, a cerrar los ojos y acercarse con miedo, sinuosa, pero empeñosa. lamió, mordió y lo succionó todo, se atoró y botaba saliva y algo de lefa, lo hizo como 10 veces, me vine a borbotones, se rio, se limpió y ahora jugaba con sus piernas y mi rostro, su cuerpo y mi pecho, sus pies y mi verga, lo aplastaba, y me besaba. Quería parar pero ella seguía en lo suyo, en trance, se quedó quieta, grito y expulsó todo y se lanzó sobre mí, me cabalgo por una hora, no se como dure pero al salirse me vine y ensucie todo.

Me fui a lavar y no estaba, la vi en su cuarto dormir, me fui al sillón y a pensar, trate de disimular todo y no concilie el sueño, me empece a pajear y en eso aparece ella, se sienta sobre mi y esta vez por fin, por fin, dejó que yo tome el control. La guerra empezó y por fin a entretenernos con todas las poses y venidas...........
 

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Hoy voy a caer en su juego

Una, dos, tres veces plantado. Había llegado cansado de un viaje que todo salió mal, perdimos el vuelo de Lima a Loreto, por ende los eventos no se concretaron ya que el Director regional se puso salsa, nos mando al carajo y retomar todo fue un poco complejo. Mi compañera de oficina con sus encantos ( buen cuerpo no tanto de rostro), lo sedujo, salieron una mañana y retorno hasta la tarde, como apenas nos hablamos no le pregunté que hizo, solo dijo ya está todo, mañana es el evento. Bueno, hice las coordinaciones, llevé los documentos, los folletos, expuse mi parte y me fugué, llame a una amiga y me dijo espérame en tal hotel, y eso hice, pero me canse de su desplante, tres horas y nunca llegó. Volví al hotel subí a mi habitación y me llama, me pide disculpas y me dice que nos veamos al día siguiente, así quedamos y volvió a ocurrir lo mismo. Se repitió lo mismo, me llama en la noche y quedamos para un tercer día de vernos. Esta vez no fui, como era el último día de la comisión, nos invitaron a unos tragos dos especialistas que estaban mas que interesados con mi partner.

Estuvimos en el bar por varias horas, como los vi muy animosos a los dos fulanos con mi colega, decidí irme, safar, me fui a charlar con el mesero, le pregunte de las féminas, me dio buenos datos pero al rato llegaron varias chicas, algunas con parejas y otras solas, vi a una que estaba muy animosa, me dio bola, me uni a su mesa y nos quedamos un buen rato, luego nos fuimos a bailar. Y cuando le digo, ya vuelvo, voy al baño, veo a mi amiga, la que varias veces me dejo, no pregunto nada, se dio la media vuelta y en la puerta me llamaba............


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La sobrina del jefe

Varias veces me reuní con el director de línea, pocas veces profundizamos, pero esta vez fue mas larga la comisión e incluso fuimos al campo, en un encuentro me presenta a su sobrina, una despachada mujer, separada, madre soltera y bien entusiasta, conocía al revés y derecho el agro y otras cosas, congeniamos rápido. Cuando el señor no podía atenderme, su sobrina me apoyaba, me llevó a varios lugares y me presento a especialistas, indígenas y productores. Todo bien. Pero una actividad se hizo extensa, nos tuvimos que quedar en un hotel, si se le puede mencionar así, era lejos de la ciudad y la lluvia era intensa. Nos dimos con la sorpresa que solo había una habitación y me tuve que dormir en el suelo, yo no me había dado cuenta que a pesar del trajín de la doña, los hijos y sus aventuras, todavia se conservaba. En todo momento ella usaba ropa ancha, nunca presencie sus carnes, hasta que sale del baño con un short bien apretado, se le notaba las nalgas y que cara le habré puesto que ella me dice sin roche: " ya pues señor, no se pajee mentalmente", se ríe y añade: " todavía tengo lo mio, no". No dije nada y me volteo. En toda la noche no pude conciliar el sueño, me volteaba y la veía con esa ropa diminuta que se metía entre esas nalgas poderosas, aunque salían sus rollos, igual me daba, me tuve que consolar con la mano y levantarme antes que ella para que no se diera cuenta.

Muy temprano nos retiramos, la deje en su casa y me fui, no hubo dialogo. Me quedaba un día para retornar a Lima, en la noche me llaman de un número que no conozco, me dicen, hola, soy la sobrina del señor........ y me dijo que te lleve a cenar, a ya, le digo, muchas gracias pero no hace falta, insistió y no me negué. Fuimos a comer a un lugar tradicional, comida regional, ella se puso un vestido algo ceñido y se notaba buen cuerpo, estaba bien maquillada, me impactó, tomamos varios tragos de raíces y se nos paso la mano. Luego fuimos a bailar y me dijo que el próximo año iba a Lima ( esto nunca sucedió), seria lindo, le dije, te esperare.

Ya era de madrugada, yo pensaba, hasta aquí dura esto, ella me dice, pasa, estaba algo mareada pero quería seguir tomando, ingreso y me dice su hijo no está, estamos solos, se cambia y viene con un babydol totalmente transparente, aunque tenía algo de pendejos, igual estaban comestibles. Bebimos muchos y nos besamos, suena su celular, le llaman preguntando por mi y le digo si es el director, si, me responde. Esta molesto tu tío?, no es mi tío, es un señor que conozco años, pero no tenemos lazos sanguíneos, y seguimos besando, le pregunto si no pasa nada entre ellos, se ríe y me dice, calla, ven, vamos a la cama, tengo ganas, en el camino se desnuda, me agarra la mano, la pega a su culo y isa caminamos de la sala al cuarto, todo estaba oscuro, era algo grande la casa, hasta intimidaba. Y sin chistar, me echa, se tumba en la cama y lo mete con todo, estuvimos en el mete y saca varios minutos que nos fue enloqueciendo y de pronto ella dice un nombre, no se entendía bien, pero creo que era del tío..............
 

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No fue la comisión sino lo que vino después


Un amigo me paso el caso de una familia que tenía un tema especial de su difunto padre que no obtuvieron su jubilación, Como era complejo, fuimos a ordenar todo y darle una forma, sobre todo que iniciar y luego dejar encaminado el resto. Las personas me trataron bien, primero estuve un mes y luego de 3 mas regrese. Lo curioso fue encontrarme con promociones de la universidad e incluso con una ex. La primera comisión no pude instalarme en ningún hotel, solo de un viejo conocido y era todo a media caña, no había muchas fichas. Para la segunda ocasión fui mejor pagado y de paso lleve un billete. Mi sorpresa fue al instalarme un hotel conocido de la zona en Iquitos que vi a una ex, ella estaba de recepcionista, estaba mas avejentada pero verla en mini me hizo recordar todo lo que pasamos. Me trato correctamente, como un cliente mas, estuve una semana y todos los días era seria, fría y muy distante. Hasta que una madrugada que tuve libre, salgo a tomar algo y le digo, María, no te acuerdas de mi?, al inicio se hizo la desentendida, luego de unos minutos fue recordando. Le dije te invito, no puedo, me contestó, pero podemos vernos mañana en mi día libre y así tuvimos tiempos de actualizarnos.

Nos encontramos en un restaurante casero algo rústico pero muy concurrido. Estaba vestida con jean, blusa y seguida distante. Luego de unos tragos locales se fue animando. Le pregunte si estaba sola, me dijo que si pero venía de una relación fallida, desde que esta en esa ciudad que son casi 3 años, conoció a un chico menor que ella y a pesar de la relación tirante tuvieron buenos episodios. Luego que ella ya era mas amable le pregunté si me había olvidado, mira, me dijo, para serte sincera solo ahora te recuerdo, no lo tomes a mal, no tuvimos una gran relación, te vi inmaduro y el tiempo cura todo. Me mató en una.

Ya era las 5 am y me dijo que se iba a su casa, yo me dije, hasta aquí nada mas, la deje en su casa y me fui al hotel. Durante los demás días era casi igual, aunque como poco salí, no la vi, y una noche antes de retornar a la capital, me tocan a la puerta, era de madrugada, yo sofocado por el calor incesante, con ganas de poseer a alguna fémina que hasta esa fecha, todas se me pasaron o ninguna me dio la chance de aplicarla. Y cuando abro la puerta, era ella, traía un par de botellas de vino, me dijo que la suplantó una amiga y quería darme una buena despedida...............
 
La doña y sus ocurrencias

Durante mi estancia, ella me presento a su familia, algo ya veterana como ella, todas humildes, atentas y serviciales. Me hizo un tour por su casa antigua, grande y algo oscura. Me dijo vamos al rio, fuimos a dar una vuelta, ella mojaba los pies y yo queriendo comerla entera, le subí la falda y se enojo, me dijo, qui no, respétame. Eso me bajoneo, me tuve que contener y no decir nada hasta regresarnos.

Ya en su cuarto era una fiera, hazme tuya, me dijo, arráncame la piel, mira como estoy, se lamia los dedos, se pasaba en la cuca que ya goteaba, se volteaba y dejaba el culo en pompa, gran espectáculo, yo seguía caprichoso, si no me comes, viene el cuco y lo hará, decía, me cagaba de risa, luego de leves discusiones le daba sus 3 clavadas, la calmaba algo y si no se acordaba de sus tareas, seguíamos al dame que te doy.

Mientras ella laburaba, yo me iba a dar vueltas, a veces asesoraba personas, volanteaba mis tarjetas y sino me iba a un parque, a una plaza, leía un diario local y a esperar a la reina.

El calor era incesante, me fui a tomar un jugo helado y las que atendían estaban a pedir de boca, que ricas en legins, buen culito paradito y como no estar alli. Cuando volteo me encuentro con un ex compañero, me dice que también esta de comisión, quedamos en vernos en la noche.

Tuve que mentirle a mi cariñito para reunirme con mi colega. Llegue a un bar y nos vimos, el abrazo fue efusivo, me contó de la chica con la que yo salia, me dijo, ten cuidado, esa dama tiene fama de devoradora, de insaciable y no se conforma con uno solo, yo lo se, le dije y cambiamos de tema.

Esa noche en el cuarto no quiso tirar, me sorprendió eso, me dijo estoy cansada, mucho trabaje. Comencé a pensar en lo que me manifestó mi amigo.

Volví a Lima y casi no tuve contacta con la fémina, al año siguiente me fui a verla, pero esta vez de vacaciones. Cuando la vi, fue mas que fría, apenas me saludo, no me paso a ver a su casa, quedamos en vernos en la noche, follamos como locos los primeros polvos pero luego no quiso, la mire fijamente y le dije, tu estas con otro?, tu que crees me responde.................
 

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La amiga pobre de mi amigo de las comisiones

Una llamada mas que animarme me puso a llorar, resulta que una amiga de la señora de las comisiones de servicio a la selva, me indica que la vida es un dolor de cabeza de su amistad. Es una señora separada, que a pasado terribles momentos, lo único que te cuento es que hace poco murieron sus padres y encima se quedo sin trabajo, esta muy necesitada, endeudada, a ver si le apoyas. Haré lo posible. Ya, me dice, en una semana viene. Me dio sus coordenadas, como es ella y a esperarla.

Luego de unos días mas de lo previsto, la vi a la señora, bajita, morena clara, regular cuerpo, linda sonrisa y poco conversaba. Me dijo si la puedo apoyar, ella esta dispuesta a trabajar de lo que sea. Le dije te contactare con un amigo que necesita una secretaria, muchas gracias, me dice, pero no tengo donde dormir. Le alquile un cuarto pero bien pequeño y pobre, me disculparas le digo, tampoco tengo mucho, tengo solo esto, te servirá para el alquiler y la comida. Me agradeció, se puso a llorar y le dije, cuando quieras conversar, me llamas.

Durante un mes me llamaba cada fin de semana y entre semana me enviaba algunos mensajes, quedamos que cuando cobrara, ella me invitara a comer. Si sucedió, me dice, te tengo un regalo y esta en mi cuarto, vamos para allá, ok, le dije. En el lugar pese a la pobreza, esta limpio, algo desordenado pero le ponía ganas. Me regala un trago de la selva, me da un beso y me dice, haz hecho tanto por mi que te mereces esto. Se queda en ropa interior color rosa, le digo, no hagas esto, me rechazas me dice, no linda, mejor tomemos el vino, celebremos por tu primer sueldo. Ella estaba algo triste, me decía porque no quiero nada con ella, le dije, no es conveniente, luego de acabar el trago, se acerca, se desnuda, agarra mis manos las lleva a sus pechos, me pone el pezón en la boca y me va tocando la pinga. No resistí y estaba con la adrenalina que en pocos minutos me vine adentro.............
 

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Cada vez que me decían para ir por trabajo a Loreto me daba curiosidad por saber como estarían las amigas que deje por allá en el 2001 ( tiempo que viví casi 3 meses), y después me enviaron unas 4 veces mas. En esta ocasión me designaron para hacer unas capacitaciones en el 2012. Iría solo pero allá al día siguiente me encontraría con mi compañera de labores.

Llegué un miércoles a tempranas horas, me instale en el hotel y luego de bañarme fui a verme con los especialistas del gobierno regional, toda la mañana en charlas, reuniones y viendo la parte logística para nuestro taller, por la tarde fui al zoológico de Quistococha y me distraje un poco de lo que vendría en los próximos 2 días. De regreso en la noche me veo con unos amigos y me presentan a una amiga. El trago se paso de la cuenta y casi todos se fueron, en eso converse con otro amigo de negocios y me dijo que tiene una amiga para distraerme, le respondí no se si pueda, mañana a las 8 am iniciamos el taller y debo guardar fuerzas, es una ñañita me dijo, solo conocela después ira a Lima y allí si puedes conocerla a fondo. Me animo y le dije, cítala aquí en 1 hora, me voy a bañar y regreso.

Cuando retorne todo limpio y perfumado, ya estaban allí, ella con un vestido palo rosa, alta, 1,70 sin tacos, delgada, formada y bonitas piernas, buen trato y muy educadita. De pronto mi amigo nos deja, se va a su cuarto y le dije te gustaría ir a bailar, claro me dice, salimos y nos vamos a una disco. En el local, bebimos unos tragos de corteza de raíz y cerveza, ella era muy tranquila y el trago no hacia efecto, no se soltaba en eso le digo, tengo que retirarme porque tengo trabajo muy temprano. No te vayas me dice, vamos a tu cuarto mejor. (Dije para mi, que ganado), pero hablaras un poco mas, no? le pregunte y dijo, no quiero hablar, quiero otra cosa. Nos fuimos y si bien al inicio fue todo tranquilo, acabo siendo un volcán en erupción.

Jajaja, la gente de la selva es así, son de arranque
 
De vacaciones otra de Loreto


Ella siempre trabajó de secretaria y aunque no la vi durante varios años, cada vez que necesita información de Loreto, me apoyaba y gratis. Luego se fue del sector agrario y empezó en varias instituciones, algunas educativas y otras negocios, igual me sirvieron sus datos. Una vez me dijo, amigo, yo siempre te ayudo, el día que vaya mínimo me pasearas gratis, claro amiga, le dije y fue la última vez que me contacté con ella ( hace uno 10 años).

Luego de tanto tiempo, la vi haciendo compras en Gamarra, me sorprendió, ella se acordó y todo el camino estuvimos loreando. Le invite almuerzo y me dijo, estaré toda la semana, si deseas mañana nos vemos, confirmado.

La vi al día siguiente, estaba con un vestido floreado algo oscuro, ella es gruesita, tez trigueña clara y a pesar de la pancita, se maneja buen toto. Nos fuimos a bailar y luego de alli, le dije y ahora que hacemos, no se amigo, ya es tarde para regresar a la casa de mi amiga, debe estar durmiendo. Bueno, solo queda ir a un telo, claro, vamos.

Todo se ponía a mi favor, antes de subir al cuarto, compre agua, vino, dulces y subimos. Por fin noté sus buenas caderas, cuando entramos, me dice, me sirves un poco de vino, claro linda, le digo. Hablamos y me dice que porque nunca estuvimos, no se, le contesto, olvidemos el pasado, un beso selló todo. Fue tan delicioso el sexo que me sorprendería para el final, me pedía que le llene de leche las nalgas, los senos. Tomaba la leche pero no hacía un buen mamey. Yo cuando le echaba la leche le pasaba con el pene y se lo hacía tragar, lo volvía a morder, mamar, estirar y lamer hasta ponerla dura y otro polvo. En una me dice, correte adentro, ya no quedo preñada y si pasa, igual, su forma de decir, de pedir, toda arrechona, le ponía un gran condimento al momento. Descansábamos unos minutos y me preguntaba si vamos a ser pareja, yo le pasaba trago, la adulaba o cualquier cosa decía, todo para que no jorobe con lo mismo. Una vez que ella se volteaba me dejaba esas nalgotas de campeonato, otra vez duro y parejo, le taladraba la cuca y le dedeaba el ano, no se dejaba, me dijo, si te animas en mi próximo viaje y te portas bien, alli puede ser. Gracias bebe, le dije. Una pausa y le preguntaba de otras personas que conocía. Bebimos agua helada, escuchamos música y otra vez, el final, la puse pollito tomando agua y me vine en sus piernas, como gemía, aullaba y jadeaba. Una loba en la cama....................
 

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Su mala postura me hizo apostar a otra y mas cerca

Tenía programado un viaje a Loreto y de paso a otra ciudad pero algunas cosas no quedaron claras, esta vez la comisión era a título netamente personal ( capacitaciones en temas legales y sensibilización en temas educativos), la cosa es que quien me contrataba se puso exquisito, no me pareció razonable su contra oferta y dejó dudas, esto me desistió pero antes ya había conversado con una chica de una agencia de viajes, la joven muy servicial desde la primera vez me dio mas que bola, la tuve en veremos. Cuando llamo a mi amiga en Iquitos para contarle de mi agenda, se entusiasmó, es mas, me dijo podría pedir dos días libres en su trabajo para gozarlos bien conmigo. Mientras tenía todo ese encaminado, volví a ir donde la joven de la vendedora de pasajes y tours, esta vez tenía clientes, le dije, vuelvo. Lo hice de noche, espere que salga y le hablé, me contestó que estaba ocupada, tengo todo el tiempo, así que fuimos en el mismo bus. Durante el camino le dije, no tienes hambre, si, un poco, mira, le dije, te invito a cenar y luego te vas de taxi, pero solo no, me llevas, claro, le dije.

Nos detuvimos inmediatamente, bajamos y nos fuimos a una pollería, vaya, como comía. Se iba soltando, me preguntó que quiero con ella, mi respuesta fue lo que tu desees, si es solo amistad, eso, si puede ser algo mas, también. Te las sabes todas, me dijo. Y le pregunto si está sola, me dice que si, que tiene 25 años y que no tiene pareja, que ayuda a sus padres, gana lo suficiente pero aspira a mas. Le indique que en sus noches libres o fines de semana, puede ser mi asistente, ya, me dijo. La cité un sábado y así sucedió.

Mientras tanto se cancelaba mi evento en la selva, pero no le contaría a la chica. Llegó el día, vino puntual, con un jean y blusa, nada llamativa y mientras le decía de mis cosas y ella de las suyas, le dije porque no tienes pareja, se puso triste, intente calmarla, animarla a encontrar el amor cerca de donde ella está. Fue suficiente, palabras mas y menos, ingresamos a otro mundo, algo conocido por mi persona y por ella al parecer no tanto. Me involucre demasiado en darle placer, en ir demasiado lento y hasta conseguir que sus caricias fueran mas evidentes y abajo se saciará. La puse piernas al hombro y sus quejidos, mordidas de labio, pasada de lengua para que insista mas fuerte, mas profundo, ataca, devora, destroza macho mío. Esas palabras hicieron eco, calaron en mi, me prodigué, y nos vinimos en un mar de emociones que nos haría tener un comercial y regreso..............
 
Esperando a una amiga me entretuve con la del delivery

Era incipiente la entrega de productos, sin embargo, gracias a una amiga le decía a su trabajadora que me llevara lo que sea de su mini marketing. Yo esperaba en mi hotel en las noches a mi amiga a quien conocí hace años en el GORE Loreto, a partir de allí hice amistad con muchas personas, jóvenes, mayores, mujeres, varones y hasta de la tercera edad por la función que cumplíamos.

Pues bien, la primera noche que me tocaron la puerta del cuarto, aparece una flaca media achinada y de largo cabello con una sonrisa que te levante el ánimo, tan respetuosa y bien educada, comunicándome que viene de tal persona, que le di su buena propina, incluso comimos de mi cena y la pasamos genial. Hasta ese momento no la tuve en la cabeza, puede ser porque tenía a una amiga que me venía a atender de la mejor forma y otra por mi trabajo.

Me fui a Lima, estuve con mi empleo y comunicándome con mi amiga con la que teníamos sexo pero cuando retorno el próximo año visito a la conocida del market y seguía allí la chica que trabajaba, no necesite acercarme, ella vino como siempre dispuesta a endulzarme, hablamos buen rato y de ella nació vernos en la noche. No tenía nada planeado, acepté de inmediato, luego se me complicarían las cosas porque conocería a otras féminas.

Esa noche estuvimos paseando, cenando y conociéndola su forma de ser, por primera vez sacó su lado malo o de sus intimidades, pese a todo, su forma de ser es autentica, real, preciosa y carismática. Quedamos en vernos pero no se dio, al día siguiente conozco a una secretaria, paso algo y allí quedó. Dos días después con una camarera tuvimos un choque y fuga, me abrí por ser tan complicada y ansiosa. Cuando me iba al aeropuerto la flaca que trabaja con mi amiga, me vino a ver, estuve triste, ella mas, me venía a invitar para una fiesta, tuve que chotearla y seguir camino, antes un abrazo con casi moqueada y pensativo.

Ya en el siguiente año, lo primero que hice cuando volví a la ciudad fui a buscarla a su trabajo, mi amiga seguía pero me dijo ya no está, supe que se fue a otra ciudad, ya no tengo contacto. Me deprimí, pero el trabajo era lo primordial, esa semana fue a full, casi ni vi a otras chicas. Pese a todo un par de días antes de volver a mi casa, fui con un amigo a un bar y no podía creerlo que allí estaba la chica con otra nena. Me acerqué, se recordó, empezamos a charlar y olvidarnos de todos, le presenté a mi amigo y luego hicimos una gran rumba los 4.

Tenía su lado dulce, es decir lo conservaba pero ya era mas mundana, quizás era ahora o nunca. Nos fuimos a casa de mi amigo con las dos chicas, y allí cada quien se apartó, él subió con la chica, yo me quedé con mi amiga y por fin de unos besos con ricos manoseos, jugando por encima de su bikini, tocando su mano y llevándola a que se masturbe y me toque mi pene, comiendo su boca, su lengua, mordiéndonos y besando o mordiendo levemente sus pezones que a esa hora estaban muy erectos. Cuando la puse en 4, me sacie con su ano algo cerrado, lengua y dedo, manos y luego en varias poses en el mueble. Nos vinimos varias veces. Amanecimos juntos en el suelo encima de una colcha, como mi amigo no bajaba ni la acompañante. Salí con mi amante de turno y quedamos en vernos el próximo año............................
 
Con su cara de pobrecita quiso jugar y salió perdiendo

No solo me apoyaba en las féminas para desestresarme, para el trabajo sucio y hacerlo eficiente tuve que acudir a algunos lugareños quienes supieron apoyarme, en compensación, ayudé a la hermana menor de uno de ellos. La trajo y a todos convenció, entró con una lágrima adelante y otra atrás. Le dije que podía llevarla a Lima o en un año conseguirle algo allí en Loreto, mientras sería mi asistente. Le di un pago adelantado, al inicio si cumplió y supe que apoyó a sus padres y obviamente al hermano mayor.

Una mujer muy sumisa, humilde y lo interesante es que no se necesitaba explicarle mucho algo cuando se le requería, eso era de felicitarla, nunca la vi como un pedazo de carne y sería también que no mostraba nada, ropa ancha, vestidos holgados y apenas de pintaba los labios. De pronto luego de un par de años, supe que ya no quiso seguir conmigo laboralmente, su hermano se quejaba y tuvo que admitir que se metió en varios líos y no solo administrativamente sino de pareja.

Toda una joyita, pasaron varios años para volver, cuando regresé, vi a su familiar, le di un sencillo para que le apoye pero me dijo, ya no tiene solución, le da problemas enormes a mis padres, esta con un hombre casado y otras perlas. Que pena, lo siento mucho, le dije y seguí mi camino.

Como se dice todo se paga, todo se cobra. Quien diría que después de un tiempo la vería tan cerca, estaba de limpieza en mi propia oficina en el MDAR, no la reconocí, con un mandil ajado, ancho y con el cabello amarrado, podría jurar que era su versión bien avejentada. La saludé, me respondió, no tuve que hacer esfuerzo para hablarle, todo pasa por algo me dijo, y se fue. En adelante la veía casi todos los días, empezamos a salir, le orienté que debería hacer con su vida, ya a cambiado me juró, ya no esta en relaciones de 3 y está dando una mano a sus padres. La invité a cenar, una noche que ella salió temprano, nos fuimos a un lugar cercano, cuando la vi cambiada, me sorprendió. Se veía exquisita, estaba con una licra ploma, que buen derrier y unas piernas formadas. Se dio cuenta y sonrió pero nada dijo. Ya en el lugar con unas chelas encima, mis ansías por acercarme, el morbo y la curiosidad invadían mi ser. Le dije porque no te quedas conmigo, como dice?, es broma, pero si dices que si, no lo es. Dio tremenda carcajada, me da un manotazo y la agarro, la beso y no paramos hasta tenerla en 4, que delicia esta joven charapa, con una tanga media rosada, bien metida en su cuca y ano, con unas nalgas duritas y oliendo rico, la senté, la deboré, me acalambré de tanto besar y succionar su cuerpo no perfecto pero si para el trajín. Cuando la volteo, pude notar varios pelitos, pero igual bese y me quedé buen tiempo allí. La subí y por fin ingresé en su oscuridad carnosa y excitante. Nos sacudimos y lo hicimos hasta el hartazgos, nos juramos tener algo pero con libertades y sin jodernos. Nada se cumplió.

Ya en la semana en el trabajo, se hacía la sueca, a penas me hablaba, luego le daba un sencillo y me venía a ver, hasta un oral me dio en el baño, ya cuando nadie estaba. Yo rendido a sus pies, o a su cuca dorada. Ella me buscaba a la salida, un fin de semana se quedó en mi casa, ya venía casi calata, con un buzo y nada adentro. Era mía, bien sazonada y atenciosa, se quedaba buen rato mamando y con una lengua que me hacía venir, de orgasmo en orgasmo quise que fuese mi mujer. Se lo propuso y nunca contestó. Cuando supe que salía con otro del laburo, se la devolví, la cité a un buen lugar al cual nunca llegué y eso se lo hice varias veces, como ella necesitada por grana, no podía decir que no, hasta que hice que me viera con una de sus compañeras, le puso pitazo final.




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Lo que ella dice, va o va.

Increíblemente esta dama sin mucha experiencia, estaba sola, yo dejando un espacio de comisión, es decir, acabando con una tarea y esperando otra. Ya la había conocido hace un buen tiempo fue en Lima, incluso nos fue bien y me dijo, cuando vayas, me llamas. Ella ligada a los valores, a la ética y a la tranquilidad. Le dije la primera vez porque sola, me dijo, estuve mas de 10 años con alguien y me pagó mal, ahora estoy dedicada a la academia y lo laboral. Me acordé de ella, me dije, nada pierdo si me comunico. Me sorprendió y se acordó de mi, nos vimos por el boulevard, era de noche, venía espectacular aunque mas gordita. Me dijo, amigo a los años, a donde vamos, pues a donde tu digas. Sus tetazas me enloquecían, no le sacaba la mirada, estaba muy subidita de peso, faltó poco para preguntarle si estaba gestando, cuidándose o porque así. Sus labios rojitos, su garbo y sensualidad. De las pocas que no parecen todo lo contrario. Nos fuimos a tomar algo en un pub donde el rock predominaba, me acordé de una dama que rompió mi corazón la primera vez que estuve en Iquitos, allá por el año 2001.

Tan triste habré estado que ella fue tan tierna y dulce para hacerme olvidar. Que rico olía, y yo pensaba si me mando, si ataco, que estrategia a utilizar, además al día siguiente me iría. Salimos de madrugada, me inventé una historia y le dije, vamos a mi hotel, te tengo un regalo, en serio, me dice, pero rápido porque tengo que trabajar, si, le dije.

Ya en el camino tenía que avanzar, llegamos, con miedo ingresó, sus ricas piernas, cuando subía estaba inquieta y con temor. Tranquila le dije, no muerdo, no hago daño y menos a una mujer tan bella como tu, no es eso. Ni bien entramos, me dice y mi regalo, soy yo, se ríe, ay amigo, como eres. No la dejé hablar mas, eran las copas, era el momento, le dije que todo el tiempo la pensaba, cuando la conocí soñé con este bello momento, palabras mas y menos y tenía que acelerar.

Le rogué para al día siguiente falte, yo perdería el vuelo y pasaríamos el fin de semana, aceptó, me salió caro el juego pero todo lo valió. Le dolió cuando entró, no era virgen pero se nota que poco recorrido tenía, moviéndose rítmicamente y esos melones como me rozaban y cacheteaban, le tocaba, mordía, lamía, ese 69 tiene historia, nos vinimos con mucho amor.

Al día siguiente nos levantamos con ganas, fue un mañanero espectacular, paraditos, con la ventana media abierta y viendo gran parte de la ciudad, me agacho, muerdo sus nalgotas, la hago que se siente en mí y mi descendencia entró con fuerza.

Luego de unos polvos, me dice, amor, debo ir a mi casa, me baño y regreso, no, mejor nos vemos en la PM, ya bebe. Llegó la hora, paseamos, comimos, jugamos y nos olvidamos del tiempo. Estaba con falda jean, se sienta, le digo, posa bebe, se le veía su forro grande y me puso en pindinga. Fuimos a su casa y de una la atoré, como la noche anterior fue dura, intensa muy acelerada. Nos quedamos a dormir buen tiempo. Los últimos días solo salíamos a comprar o a comer, veíamos películas y las dos noches seguidas fueron de campeonato..........

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Capítulo 1: Llega la Jefa Nueva: El Huracán Corporativo de Retorno de Loreto

El olor a humedad y a motor diésel de Lima me golpeó con fuerza al aterrizar, un contraste áspero tras una semana de aire limpio y el verde exuberante de la selva amazónica. Mi comisión de servicios en Loreto había sido agotadora pero refrescante, una pausa del asfalto que se terminó abruptamente. Al volver a mi cubículo, a mis 50 años y con la pesadez del jet lag amazónico, noté que la oficina vibraba con una electricidad diferente, cargada de tensión. Cosas nuevas, vida nueva.

Rápidamente, me enteré de la novedad: la jefa Nueva había llegado en mi ausencia. Con 40 años recién cumplidos, su rostro serio era una obra de arte en inexpresividad profesional, enmarcado por un corte de pelo pulcro y un sastre de corte impecable y moderno, siempre en tonos oscuros o grises fríos. Su sola presencia parecía condensar el aire. Era el epítome de la eficiencia corporativa, una mujer que no perdía el tiempo en adornos, que hablaba con precisión quirúrgica y que, según los rumores, había implementado drásticas decisiones antes incluso de que yo desempaquetara mi maleta.

Desde mi cubículo, observaba la coreografía del miedo: los empleados intercambiaban miradas rápidas y cómplices, preguntándose quién sería el primero en sucumbir a sus reuniones grupales o a su presunta incapacidad para tolerar la mediocridad. Lima, con su tráfico denso que parecía una vena arterial a punto de colapsar, se sentía más pesada de lo habitual. Afuera, la ciudad lidiaba con el caos rutinario, mientras que, en el centro, cerca de Palacio de Justicia, se rumoreaba otra marcha de protesta que bloquearía el Jirón de la Unión. Era como si la capital, siempre convulsa, presintiera la llegada de otro huracán, esta vez, corporativo.

Mi estrategia, con la experiencia que dan los años, era simple: invisibilidad táctica. Evaluaba cómo manejar el inevitable encuentro de presentación, sabiendo que su mirada fulminante era el último lugar donde quería posar mis ojos al volver del calor de la selva. La nueva jefa no solo había traído consigo un nuevo régimen de trabajo, sino que se rumoreaba que estaba impulsando la adopción de software de Inteligencia Artificial (IA) para automatizar procesos legales, una medida que aterraba a muchos de mis colegas y que yo, recién llegado, debía asimilar a toda velocidad.

En todo momento esta gordita tan solo con su mirada nos humillaba, no había empezado la jornada laboral y ya queríamos que la despidieran. Fue dura la faena, difícil entenderla, era la típica que pide rápido todo, apenas te genera contacto, se reunía con muchos funcionarios y los mas pateros y mi persona no.

Pese a todo lo fría que fue, entre ese sastre elegante y bien perfumada en un suave caminar pude notar que el calzón se le metía, fue allí que puse la mira, que quise ser mas que el trabajador común y corriente para dejar huella en su ser.


Capítulo 2: El Evento Deportivo: Descubriendo a la Persona Detrás de la Armadura

El evento deportivo anual de la empresa siempre había sido una excusa para beber cerveza barata y fingir entusiasmo. Pero este año, se convirtió en una revelación. Allí estaba ella, fuera del entorno de oficinas, sin su armadura de sastre y tacones. Vestida con un polo deportivo sencillo y jeans, mostraba un lado casi irreal. No era la máquina de decisiones frías que conocíamos; sus gestos eran más amplios y su sonrisa, aunque breve, era genuina. La máscara de autoridad había caído, dejando ver a una persona, no a un cargo. Volverla a ver con la tanga metida y esta vez ser mas osado al casi ponerle la cara en el culo, me hizo ser parte de él, pese a usar un buzo ancho, antiguo pero de marca cara, estuve solo siguiendo esas tibias y suculentas carnes que me hacían delirar.

El día terminó entre partidos de fulbito y el agotamiento colectivo. Cuando la noche cayó, un apagón en la zona y la escasez de taxis nos dejó a varios de nosotros varados. Fue ella quien rompió el protocolo: se acercó, me miró y me pidió ayuda para llegar a casa, pues yo era uno de los pocos que vivía cerca del centro.

Mientras caminábamos por avenidas oscuras y ruidosas, la ciudad de Lima parecía acomodarse a nuestro paseo improvisado. La conversación pasó de las trivialidades corporativas a un terreno más personal. Descubrí que tras esa fachada estricta se ocultaban inseguridades y miedos muy humanos, sobre todo la presión de implementar cambios en una empresa tan tradicional. Me contó, con un humor irónico que nadie en la oficina conocía, la dificultad de tener que lidiar con los prejuicios de ser una mujer joven en un puesto de alta dirección.

Hablamos de los desafíos de trabajar en entornos inseguros (no solo el tráfico o la delincuencia de Lima, sino los entornos laborales tóxicos) y de la extraña sensación que produce el boom gastronómico peruano, donde la alta cocina convive pared con pared con el caos. Su trato había cambiado radicalmente: era atenta, reflexiva y admitía no saberlo todo. Aquella noche, el regreso de Loreto y la semana tensa que había pasado se disolvieron. No llevaba a mi jefa, sino a una colega que también estaba lidiando con su propia versión de la Lima caótica.


Capítulo 3: Trabajo Virtual y Secretos: La Vulnerabilidad de la Digitalización

La política de seguridad implementó el trabajo virtual obligatorio tras un pico de inseguridad en la ciudad. Pensé que sería el fin de la interacción espontánea, pero la tecnología, irónicamente, nos acercó. Recibí un mensaje inesperado de la jefa en un canal no oficial, pidiéndome ayuda con la organización de unos archivos de gestión que, por motivos de confidencialidad, no podían subirse a la nube. Necesitaba que fuera a su casa.

La visita fue reveladora. Su sala, pulcra y moderna, era un oasis de tranquilidad. Mientras preparaba un café gourmet (una pequeña indulgencia que contrastaba con su rigidez), la Lima caótica afuera, con sus bocinazos y el eco lejano de alguna marcha sindical, se sentía irreal.

Allí, rodeados de pantallas y herramientas de teletrabajo, entre risas sobre la ineficiencia de algunos procesos, comenzó la verdadera revelación. Empezó a desvelar secretos del trabajo que solo los altos mandos conocían y pequeñas anécdotas de su vida profesional, incluyendo el fracaso de un startup anterior que le había enseñado a ser implacable con los riesgos. Sus miedos a no cumplir con las expectativas del directorio se mezclaban con bromas sobre la dificultad de usar la nueva tecnología de IA que ella misma había impuesto, admitiendo que aún estaba aprendiendo. Ya sonreía, ya gesticulaba, me tuteaba, me sentía parte de su entorno, de ella y de ser la envidia de todo personajillo laboral. Me ganaba su confianza, mas aun, cuando me tocó la mano y me dijo, me siento bien a tu lado.

Pude ver de cerca cómo alguien tan estricta y eficiente podía también ser profundamente vulnerable y humana. Me di cuenta de que su fachada era una armadura que usaba para protegerse de un entorno laboral y social que no perdona los errores. El contraste entre esa vulnerabilidad y el rigor de los documentos que manejábamos era casi cómico. La picardía de la situación y el café caliente en su sala nos regalaron un respiro de complicidad que la ciudad, bullanguera y tensa, parecía negarle al mundo exterior. E incluso en adelante, se vestiría mas desafiante, con pantys, con vestidos ceñidos a su buen totorrete, sus blusas escotadas y dejando ver su chichis gruesas y deliciosas, hasta estar cerca cara a cara a punto de darnos un pico y empezar el festín.


Capítulo 4: El Pacto de Confianza: La Humanidad en la Era de la IA

El trabajo virtual y la complicidad que se forjó en su sala finalmente redefinieron nuestra relación laboral. Ya no éramos la jefa y el empleado de cincuenta años; éramos dos profesionales que se respetaban y se apoyaban mutuamente. Entre confidencias, humor y complicidades, se estableció un pacto tácito de respeto mutuo y apoyo profesional que se extendió más allá de las tareas asignadas.

Nos reíamos de los problemas del tráfico de Lima, de las interrupciones imprevistas del teletrabajo y, sobre todo, de los desafíos que implicaba la adopción de nuevas tecnologías y la IA. Ella valoraba mi experiencia y criterio, a menudo pidiéndome una opinión discreta antes de lanzar una nueva directiva o política que involucrara la digitalización. Yo, por mi parte, admiraba su visión de futuro y su valor para enfrentar la resistencia al cambio, usando mi propia experiencia para facilitar la transición.

Entendí que incluso en un entorno rígido y altamente competitivo, la humanidad, el humor irónico y la disposición a mostrar vulnerabilidad podían abrir caminos de confianza que la jerarquía pura jamás lograría. Lima seguía siendo caótica e impredecible; las marchas, los ruidos y los desafíos del día a día persistían. Pero ahora, nuestras jornadas laborales, ya fueran virtuales o presenciales, tenían un toque más ligero, donde la camaradería y la picardía habían reemplazado, aunque fuera solo un poco, la frialdad corporativa.

La jefa nueva, con su rigor y su sastre impecable, seguía existiendo. Pero ahora, yo conocía a la persona detrás del cargo, y ese conocimiento no solo me hacía el trabajo más fácil, sino que demostraba que, incluso en la era de la automatización y la Inteligencia Artificial, el capital humano —la confianza, la honestidad y el humor compartido— sigue siendo la clave para el éxito en cualquier organización. El regreso de mi comisión de Loreto se había convertido, inesperadamente, en el inicio de una valiosa alianza.

El punto fulminante fue tomarnos en la cafetería un café y luego yo invitarla cerca a beber algo más, aceptó, estuvimos unas horas, ya sazonada, la abracé y me mandé, ella se ruborizó, dijo que hace tiempo no intimaba, que le parecía extraño, lindo, pero a la vez no profesional. La fui callando, tocando y ya cuando nuestros cuerpos querían mandar, dominar, subimos a una habitación de un telo cercano para por fin comer esas ubres, esas anchas y profundas nalgas y saborearla a pelo, ella pedía y pedía, ella quería más, ella proponía y me lamia todo. El clímax fue recibir esa lengua gruesa y coqueta para implorar tomar hasta la ultima gota de mi semen. Las delicias y faenas se hicieron continuas, manoseos y besos en el trabajo, en el baño algo de orales, pero todo fue tan de prisa, que luego de una pausa por las mismas obligaciones laborales, ya al retomar fue todo frio…………………….

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Cofra @grindo doido que excelente relato de su experiencia con la jefa!
 
Continúe
 
Gracias @Bisonte1977, Vamos con Faucett. Seguimos entao........


Capítulo 5: Rumores en la Oficina: El Humo de la Desconfianza

La oficina ya no era un simple espacio de trabajo; se había convertido en un laboratorio de susurros y un campo minado de miradas. Desde que la jefa y yo empezamos a mostrar una sincronía inusual en las reuniones –terminando las frases del otro o presentando soluciones idénticas a problemas complejos–, el ambiente se enrareció. Las conversaciones se detenían abruptamente cuando yo me acercaba al dispensador de agua; los teclados que antes repiqueteaban con furia se silenciaban. Es más, a la salida de todos y yo haciendo hora o con alguna labor, aprovechaba para verla ir al baño, porque ver esas caderotas andar, era un privilegio, un éxtasis total. Y cuando me iba, las de limpieza cuchicheaban y de seguro era de ella y de mí.

Nadie sabía si éramos aliados, protegidos por un pacto inconfesable, o simplemente dos mentes tercas que coincidían en el pragmatismo. Pero la duda, como un hongo tóxico, germinó en la desconfianza. En los pasillos, los colegas, con una creatividad digna de mejores causas, inventaban versiones cada vez más novelescas: “Dicen que subieron juntos al ascensor un domingo”, murmuraban, o la favorita de la semana: “Tiene garantizado el ascenso, se rumorea que hasta la jefa revisa sus informes en casa”. Las miradas, en efecto, eran cuchillos. Me sentía bajo un escrutinio constante, como si cada café que me servía o cada vez que me reclinaba en la silla fuera una prueba de mi "favoritismo". La tensión era palpable, un humo espeso con olor a resentimiento que se respiraba entre los escritorios.

Ella, la jefa, por su parte, se mantenía en su torre de marfil de cristal y acero. Su postura era la de siempre: imperturbable, concentrada en el flujo digital de datos en sus tres monitores. Sin embargo, algo había cambiado en la cadencia de su voz. Cuando me daba instrucciones, su tono era más pausado, con una entonación que antes reservaba solo para clientes de alto perfil. Había una fisura sutil, una humanidad recién descubierta en su forma de interactuar. Un viernes, al final de una jornada agotadora, me llamó a su oficina. No para hablar de trabajo, sino para inquirir sobre un proyecto personal. “Siento el peso del rumor, ¿sabes?”, me confesó, mirando por la ventana hacia el horizonte limeño, sin mirarme a los ojos. “Me molesta que mi trabajo y el tuyo se interpreten como un juego de poder barato.” Fue en ese momento que entendimos que el problema ya no era solo de percepción, sino de credibilidad profesional. Decidimos que la única manera de silenciar el ruido era con estruendosos resultados. No con discursos de buena voluntad, sino con la contundencia de la eficiencia. Esa tarde, la alianza tácita se convirtió en una estrategia. El plan era sencillo: trabajar tan bien y tan transparentemente que el éxito no dejara lugar a la duda, solo a la admiración (o al menos, a la resignación). Claro, para ellos, laburar, para nosotros, en su cama, en su lecho, ella era mí, yo de ella, a veces ni el gallo nos levantaba, en cada penetrada, en cada beso apasionado o ella bebiendo toda mi lefa, toda pegajosa y burbujeante liquido espeso; llegábamos solo con el baño de la amanecida, con ganas de todo menos de trabajar, pero el deber podía más. De día sacrificio y de noche mas acción.


Capítulo 6: La Evaluación Anual: El Algoritmo y la Pizca Humana

El temido mes de evaluaciones de desempeño llegó como una tormenta de invierno: inevitable y paralizante. Toda la oficina temblaba. La jefa, conocida por su mentalidad metódica, casi quirúrgica, había decidido implementar un sistema de análisis que prometía ser la cúspide de la imparcialidad: una nueva herramienta de People Analytics basada en Inteligencia Artificial. El programa era una obra maestra de la frialdad digital. Medía productividad, eficiencia en el manejo de recursos y, por supuesto, puntualidad, con una precisión matemática que no admitía excusas ni sentimentalismos. La promesa era un sistema libre de sesgos humanos.

Pero la realidad corporativa rara vez encaja en una hoja de cálculo perfecta. A las pocas semanas de su implementación, las primeras alarmas comenzaron a sonar. Varios de los trabajadores más creativos y con mejores resultados a largo plazo —aquellos que a menudo se perdían en la abstracción de sus proyectos o se demoraban quince minutos revisando una idea en la cafetería—, quedaron calificados por debajo del promedio. El algoritmo, en su ciega búsqueda de métricas cuantificables, no podía medir el "valor agregado" o la chispa de una idea brillante. Simplemente veían pausas o la tardanza en un informe.

Fui el primero en advertirlo. Mi propio informe, aunque favorable, me había permitido ver los gaps en la lógica del sistema. “Los datos son correctos, pero la conclusión es errónea,” le expliqué a la jefa en una reunión privada. Le mostré cómo un diseñador clave, cuya última campaña había roto récords, estaba bajo riesgo de "ajuste" por un 5% de retraso en la entrega de documentos intermedios que, en la práctica, no afectaron el resultado final. Ella me escuchó con su rostro habitualmente pétreo, pero sus ojos, fijos en la pantalla, reflejaban una intensa deliberación. Finalmente, la jefa suspiró y deslizó el iPad a un lado. “Tienes razón,” admitió, su voz apenas un susurro que rompía su fachada de invulnerabilidad. “Hasta la IA necesita una pizca de criterio humano.”

Esa frase no fue solo una confesión, fue un acuerdo. Un reconocimiento de que la experiencia y la intuición, los aspectos blandos de la gestión, tenían tanto peso como el big data. A partir de ese momento, empezamos a trabajar juntos en una revisión de la IA, creando módulos de excepción y factores de corrección basados en el impacto cualitativo de los proyectos. La oficina lo notó de inmediato. La dupla de la que se susurraba con recelo ahora se mostraba en público como una fuerza imparable y, lo que era más desconcertante para todos, impredecible: el rigor digital de la jefa, templado y enriquecido por la experiencia y el toque humano del empleado. Nuestra alianza ya no se basaba en el favoritismo, sino en el respeto mutuo por la complejidad del trabajo bien hecho.

Ya en su casa, esa vez me salí no tan tarde, me fui a comprar la cena, un trago, entre a su depa, porque tenía sus llaves y me bañé, espere y espere y ella nada. Me envío un mensaje diciendo que duerma porque ella estaría toda la noche en la oficina, la primera duda, la primera de tantas.


Capítulo 7: El Taller de Liderazgo: El Atardecer en Pachacámac

Meses después de la crisis de la IA, la jefa y yo fuimos seleccionados para asistir a un exclusivo Taller de Liderazgo en Pachacámac, a las afueras de Lima. El contraste entre la esterilidad de la oficina y el polvo ancestral del sitio era surrealista. El programa prometía una "inmersión transformadora", y lo fue, aunque no de la manera que esperábamos. La agenda estaba repleta de dinámicas de grupo que rozaban el absurdo corporativo: ejercicios de "confianza ciega" donde teníamos que guiarnos mutuamente con los ojos vendados a través de un sendero pedregoso, meditaciones guiadas bajo el sol del mediodía y debates sobre el "liderazgo centrado en el ser".

Para la jefa, esta exposición al aire libre y a la emotividad abierta era un desafío constante. Al principio, se resistía, cruzada de brazos, con esa expresión de quien espera un fallo en el sistema. Yo la observaba, divertido. En un ejercicio donde todos debían aplaudir sus propios logros sin modestia, ella dudó, por primera vez, y su aplauso fue casi inaudible. Era la primera vez que la veía vulnerable fuera del contexto laboral. Entre risas contenidas y profundas reflexiones sobre la verdadera naturaleza del poder, comenzamos a entender que el liderazgo no se trataba de dar órdenes o de controlar métricas, sino de inspirar una visión y, sobre todo, de ganarse el derecho a que otros la sigan.

El punto de inflexión llegó durante la última tarde. Nos sentamos en una colina, observando el vasto e imponente atardecer limeño. El sol se hundía entre los cerros polvorientos, pintando el cielo con tonos naranjas y púrpuras. El silencio era total. Fue ella quien lo rompió, su voz inusualmente suave. “A veces temo,” me confesó, mirando fijamente la luz menguante, “temo volverme como los jefes que yo detestaba. Esos que eran arrogantes, que creían que su título les daba el derecho a pisotear a la gente.” Se detuvo, la frase parecía pesarle. Era una confesión cruda, despojada de su armadura ejecutiva.

Le respondí con calma, sin la solemnidad que ella esperaba de sí misma. “El primer paso para no volverse esa persona, ya lo has dado. Es reconocer ese miedo. Es la diferencia entre un jefe que manda y un líder que reflexiona.” El silencio regresó, pero esta vez era un silencio de entendimiento mutuo. En ese atardecer, entre el polvo milenario de Pachacámac, el vínculo laboral se transformó en una conexión humana basada en el respeto por la ética y la vulnerabilidad compartida. Regresaríamos a la oficina, pero ya no como jefa y empleado, sino como cómplices en la búsqueda de un liderazgo más consciente.

Ya me iba, y no se porque le tararee una canción: “Te di mi vida, te di mis besos y te alejas otra vez de mí, que quieres de mí, todo el amor que tenía para ti, te lo di, que quieres de mi…….. Vete, con tus mentiras, vete lejos de aquí”. Me fui algo lloroso, no me fije en ella y sabía que el final llega y mata.


Capítulo 8: El Regreso a la Oficina: El Viento Cálido de Loreto

El retorno al trabajo después del taller de liderazgo en Pachacámac fue un ejercicio de reinvención silenciosa. La jefa seguía siendo la mujer exigente, orientada a resultados, que todos conocían; la eficiencia era su religión, pero ahora, su templo tenía ventanas. Había añadido un nuevo componente a su ecuación de gestión: la empatía. Su voz ya no era solo la de la autoridad, sino la de una persona que había entendido el costo humano de la inflexibilidad.

En las semanas siguientes, la oficina fue testigo de una serie de cambios graduales, pero profundos. La jefa implementó “pausas activas” obligatorias a mitad de la mañana, un concepto que antes habría despreciado por considerarlo una "pérdida de minutos productivos". Reorganizó los turnos para permitir una mayor conciliación familiar y, lo más revolucionario, flexibilizó los plazos más absurdos y asfixiantes. “Si la calidad es la meta,” argumentó en una reunión general, “el tiempo debe ser un medio, no una tiranía.”

El efecto fue polarizador. Muchos de los directivos de la vieja guardia, aquellos que vivían bajo la máxima del presentismo y el terror, la criticaron abiertamente por "debilitar la cadena de mando". Pero en el front line, entre los empleados que sentían el peso del huracán corporativo a diario, un sentimiento de respeto, y luego de admiración, comenzó a crecer. Los pasillos, antes llenos del humo espeso del rumor, se llenaron de debates más constructivos. Las charlas sobre "favoritismo" fueron reemplazadas por discusiones sobre "ética en tiempos de IA" o la nueva política de horarios flexibles.

Entre cafés compartidos en la nueva área de descanso (otro de sus inesperados cambios) y discusiones acaloradas sobre cómo equilibrar el algoritmo y el alma, comprendí la verdadera naturaleza de la transformación. Las relaciones laborales, incluso las más jerárquicas, no estaban condenadas a ser estériles. Podían, y debían, transformarse en vínculos de aprendizaje mutuo. La jefa aprendía a ser más humana, y yo, a ser más influyente sin necesidad de un título. El huracán corporativo de Loreto, el ambiente opresivo que había definido el inicio de nuestra historia, se había convertido en un viento más cálido. Este viento no destruía ni paralizaba; empujaba. Empujaba a todos —incluso a mí— hacia una versión más funcional, más equilibrada y, definitivamente, más humana del trabajo. Al final, la alianza no solo nos había salvado a nosotros, sino que había comenzado a salvar la oficina entera.

Salvó una cosa, pero no otra.

Le iba a dejar una carta que la empecé en el celular y la terminé en la computadora. Es más, mirando unas fotos de ella bailándome, desnudándose y sentándose encima mío hasta con oficio venirse dos veces seguidas en 5 minutos y yo aplaudiendo el gesto, el detalle. Me llega su respuesta……….” Esto no puede seguir, no se puede prolongar, si no lo digo, lo sabrás por terceros. Esto se acabó”…. No dijo más, pero era obvio que había un tercero que me sentenció…………….

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