La papisa Juana, por el año 800 dc, se eligio en Roma a un Papa mujer, segun el film era Johann Anglicus, en realidad era Johanna, una mujer de extarordinaria habilidad para aprender idiomas, textos dificiles, etc. Por la epoca, a la mujer le estaba vedada la educación, se las arregla para entrar a monasterios, huyendo cuando su secreto esta por revelarse, segun el film llega a consejero papal, por curarle de una enfermedad, la gota, al ser el Papa asesinado, es elegida ella. Vean la pelicula.
La historia es narrada por un eclesiastico, que al final se revela como mujer, ocultando su sexo, como Johanna, es la hija de alguien a quien ayudo, se pregunta cuantas hermanas hay como ella en la Iglesia.
Reconoci a Johanna Wokalek, la de la Banda Baader-Meinhof, Iain Glenn, de Lara Croft. Me falta el disco de La Papisa Juana, con Liv Ullman, pasen el dato donde encontrarla.
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Papisa Juana
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Representación medieval de la papisa Juana (como
Juan VII).
La
leyenda de la
papisa Juana cuenta la historia de una mujer que usurpó el
papado católico escondiendo su
identidad sexual. El pontificado de la papisa se suele situar entre
855 y
857, es decir, el que, según la lista oficial de papas, correspondió a
Benedicto III, en el momento de la usurpación de
Anastasio el Bibliotecario. Otras versiones afirman que el propio Benedicto III fue la mujer disfrazada y otras dicen que el período fue entre
872 y
882, es decir, el del papa
Juan VIII.
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La leyenda [editar]

La papisa Juana en el
tarot.
En síntesis, los relatos sobre la papisa sostienen que Juana, nacida en
822 en
Ingelheim am Rhein, cerca de
Maguncia, era hija de un
monje. Según algunos cronistas tardíos, su padre, Gerbert, formaba parte de los predicadores llegados del país de los
anglos para difundir el
Evangelio entre los
sajones. La pequeña Juana creció inmersa en ese ambiente de religiosidad y erudición, y tuvo la oportunidad de poder estudiar, lo cual estaba vedado a las mujeres de la época. Puesto que sólo la carrera eclesiástica permitía continuar unos estudios sólidos, Juana entró en religión como copista bajo el nombre masculino de
Johannes Anglicus (
Juan el Inglés). Según
Martín el Polaco, la suplantación de sexo se debió al deseo de la muchacha de seguir a un amante estudiante.
En su nueva situación, Juana pudo viajar con frecuencia de
monasterio en monasterio y relacionarse con grandes personajes de la época. En primer lugar, visitó
Constantinopla, en donde conoció a la anciana emperatriz
Teodora. Pasó también por
Atenas, para obtener algunas precisiones sobre la medicina del
rabino Isaac Israeli. De regreso en
Germania, se trasladó al
Regnum Francorum (
Reino de los francos), la corte del rey
Carlos el Calvo.
Juana se trasladó a
Roma en
848, y allí obtuvo un puesto docente. Siempre disimulando hábilmente su identidad, fue bien recibida en los medios eclesiásticos, en particular en la
Curia. A causa de su reputación de erudita, fue presentada al papa
León IV y enseguida se convirtió en su secretaria para los asuntos internacionales. En julio de
855, tras la muerte del papa, Juana se hizo elegir su sucesora con el nombre de
Benedicto III o
Juan VIII. Dos años después, la papisa, que disimulaba un embarazo fruto de su unión carnal con el embajador Lamberto de Sajonia, comenzó a sufrir las contracciones del parto en medio de una procesión y parió en público. Según
Jean de Mailly, Juana fue
lapidada por el gentío enfurecido. Según Martín el Polaco, murió a consecuencia del parto.
Siempre según la leyenda, la suplantación de Juana obligó a la Iglesia a proceder a una verificación ritual de la
virilidad de los papas electos. Un eclesiástico estaba encargado de examinar manualmente los
atributos sexuales del nuevo pontífice a través de una silla perforada. Acabada la inspección, si todo era correcto, debía exclamar:
Duos habet et bene pendentes (
Tiene dos, y cuelgan bien). Además, las procesiones, para alejar los recuerdos dolorosos, evitaron en lo sucesivo pasar por la iglesia de San Clemente, lugar del parto, en el trayecto del
Vaticano a
Letrán.
Dos versiones [editar]
- La versión de Martín de Opava es la siguiente:
Juan el Inglés nació en Maguncia, fue papa durante dos años, siete meses y cuatro días y murió en Roma, después de lo cual el papado estuvo vacante durante un mes. Se ha afirmado que este Juan era una mujer, que en su juventud, disfrazada de hombre, fue conducida por un amante a Atenas. Allí se hizo erudita en diversas ramas del conocimiento, hasta que nadie pudo superarla, y después, en Roma, profundizó en las siete
artes liberales (
trivium y
quadrivium) y ejerció el magisterio con gran prestigio. La alta opinión que tenían de ella los romanos hizo que la eligieran papa. Ocupando este cargo, se quedó embarazada de su cómplice. A causa de su desconocimiento del tiempo que faltaba para el parto, parió a su hijo mientras participaba en una procesión desde la basílica de San Pedro a Letrán, en una calleja estrecha entre el Coliseo y la iglesia de San Clemente. Después de su muerte, se dijo que había sido enterrada en ese lugar. El Santo Padre siempre evita esa calle, y se cree que ello es debido al aborrecimiento que le causa este hecho. No está incluido este papa en la lista de los sagrados pontífices, por su sexo femenino y por lo irreverente del asunto.
Martín de Opava, Chronicon Pontificum et Imperatum.
- Jean de Mailly, por su parte, dice:
Se trata de cierto papa o mejor dicho papisa que no figura en la lista de papas u obispos de Roma, porque era una mujer que se disfrazó como un hombre y se convirtió, por su carácter y sus talentos, en secretario de la curia, después en cardenal y finalmente en papa. Un día, mientras montaba a caballo, dio a luz a un niño. Inmediatamente, por la justicia de Roma, fue encadenada por el pie a la cola de un caballo, arrastrada y lapidada por el pueblo durante media legua. En donde murió fue enterrada, y en el lugar se escribió:
Petre, Pater Patrum, Papisse Prodito Partum (
Pedro, padre de padres, propició el parto de la papisa). También se estableció un ayuno de cuatro días llamado
ayuno de la papisa.
Jean de Mailly, Chronica Universalis Mettensis.
Historia de la leyenda [editar]
La opinión más extendida es que se trata de una leyenda, que sin embargo fue dada por cierta por la propia Iglesia hasta el
siglo XVI. Las sillas perforadas exhibidas en su apoyo no son al parecer otra cosa que las
sillas curiales, que simbolizaban el carácter colegial de la Curia romana. Ninguna crónica contemporánea a los hechos narrados acredita la historia, y la
lista de papas no deja ningún resquicio en que se pueda insertar el pontificado de Juana. En efecto, entre la muerte de
León IV, el
17 de julio de
855 y la elección de
Benedicto III, entre los cuales sitúa Martín el Polaco a la papisa, transcurrió muy poco tiempo, incluso teniendo en cuenta que el segundo no fue coronado hasta el
29 de septiembre del mismo año a causa del
antipapado de
Anastasio. Estos datos son confirmados por pruebas sólidas, como monedas y documentos oficiales de la época. La crónica de Jean de Mailly sugiere, por su parte, un emplazamiento del papado de Juana un poco anterior a
1100. Sin embargo, sólo transcurren unos meses entre la muerte de
Víctor III (
16 de septiembre de
1087) y la elección de
Urbano II (
12 de marzo de
1088), y sólo algunos días entre la muerte de este último (
29 de julio de
1099) y la elección de
Pascual II (
13 de agosto de
1099).
Las explicaciones de la leyenda son diversas. El
mito fue tal vez ideado a partir del sobrenombre de
papisa Juana que recibió en vida el papa
Juan VIII por lo que sus opositores consideraron debilidad frente a la
Iglesia de Constantinopla, o quizá por el mismo sobrenombre aplicado a
Marozia, autoritaria amante de
Juan XI. Por otra parte, el mito también remite a las inversiones
rituales de valores propias de los
carnavales.
Otro punto de partida de la leyenda puede ser la prohibición del
Levítico (21:20) de que esté
al servicio del Altar un hombre
con los testículos aplastados, es decir, un
eunuco. La idea que la prohibición conlleva de verificar que sólo hombres
enteros accedan al trono papal, estuvo probablemente en el origen de la inspección
ceremonial y del
testiculum habet et bene pendebant, un tema sugestivo para una
disputatio de quolibet estudiantil en la
escolástica de la
Edad Media.
La leyenda se ha desarrollado a lo largo de la Edad Media. La primera mención conocida se encuentra en la crónica de Jean de Mailly,
dominico del convento de
Metz, redactada hacia
1255. La leyenda se propagó muy rápidamente y sobre una gran extensión geográfica, lo que puede hacer suponer que existía con anterioridad y que el dominico se limitó a consignarla por escrito. Hacia
1260, la anécdota reaparece en el
Tratado de las diversas materias de la predicación, de
Esteban de Borbón, también dominico y de la misma
provincia eclesiástica que Mailly. Pero es sobre todo el relato hecho por Martín el Polaco en su
Crónica de los pontífices romanos y de los emperadores, hacia
1280, el que le asegura el éxito.
La acogida que hacen los medios eclesiásticos de la anécdota, que en un principio fue aceptada como cierta, se ha explicado después por el interés del caso jurídico y por una voluntad de imponer una interpretación oficial del supuesto acontecimiento.
En efecto, la leyenda es rápidamente revivida con fines polémicos. El
franciscano Guillermo de Ockham denuncia una intervención
diabólica en la persona de Juan, que prefigura la de
Juan XXII, adversario de los
espirituales (disidentes franciscanos).
Durante el
Gran Cisma de Occidente, la historia de Juana prueba, para las dos facciones, la necesidad legal de una posibilidad de destitución papal. También fue recogida por el polemista
Jan Hus y después por los
luteranos, que veían en Juana la encarnación de la
prostituta de Babilonia descrita en el
Apocalipsis:

La prostituta de Babilonia según el
Tapiz del Apocalipsis de
Angers.
También me dijo: «Las aguas que has visto, donde se sienta la ramera, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. / Y los diez cuernos que viste, y la bestia, aborrecerán a la ramera, la dejarán desolada y desnuda, devorarán sus carnes y la quemarán con fuego. / Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo y dar su reino a la bestia hasta que se hayan cumplido las palabras de Dios. / Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra».
Apocalipsis de San Juan.
Todos estos ataques llevaron al erudito
Onofrio Panvinio, monje
agustino, a redactar en
1562 la primera refutación seria de la leyenda, en su
Vitæ Pontificum (
Vida de los papas). En el
siglo XVII, los luteranos se unieron a sus argumentos.
En
1886, el
griego Emmanuel Royidis publicó
La papisa Juana, que vino a relanzar el mito. Antes,
Petrarca se había visto atraído por la leyenda. En el
siglo XX se interesaron por ella otros escritores, como
Lawrence Durrell,
Renée Dunan o
Alfred Jarry.
En la cultura popular En 1972 se estrenó la película "La Papisa Juana", con Liv Ullmann, como protagonista, representando a Juana.[1]
En octubre de 2009, se estrenó la película
La Papisa (película), basada en la novela
La Papisa (novela).
[2]