El lunes por la mañana, Meliza se levantó temprano en la casa de Iris en San Juan de Miraflores. Iris ya había salido a dejar al niño en el colegio, y yo me había ido a mi trabajo en Surquillo, aunque la verdad es que apenas podía concentrarme pensando en lo que podría pasar. Manuel había tomado el bus de regreso a Piura el domingo por la noche, con la cara larga y un beso forzado de despedida. "Llámame cuando termines la entrevista", le dijo, pero Meliza solo sonrió con esa media sonrisa que prometía que no iba a obedecer del todo.
Se vistió con cuidado, como si supiera que no era solo una entrevista de trabajo. Eligió un vestido corto de tela ligera, color vino tinto, con escote en V que dejaba ver el inicio del canalillo y se ajustaba a la cintura antes de abrirse en una falda que apenas le llegaba a medio muslo. Debajo, un tanga negro de encaje diminuto —el mismo que había usado en la playa— y un sostén push-up que le subía los pechos hasta casi desbordar. Tacones altos negros, pelo suelto con ondas naturales, un toque de labial rojo intenso y perfume dulce en el cuello y entre los senos. Se miró al espejo del baño, se acomodó el vestido subiendo un poco el escote para que se viera más piel, y salió rumbo a Miraflores en un taxi.
Kevin le había mandado la ubicación por WhatsApp: un edificio moderno en la avenida Larco, a pocas cuadras del Parque Kennedy, en pleno corazón comercial. No era una oficina gigante como las de las grandes marcas; era más bien un espacio boutique, de esos que tienen vidrieras amplias con maniquíes vestidos con lo último en moda urbana y sexy, luces LED suaves y un aire acondicionado que olía a vainilla y tela nueva. La empresa se llamaba algo como "TrendVibe" o "ModaClick" —Kevin manejaba varias marcas online de ropa para mujeres jóvenes, lencería, sportswear y hasta swimwear que vendían por Instagram y su propia web.
Llegó a las 10:30, puntual. La recepcionista, una chica de unos 22 con piercing en la nariz y pelo teñido de rosa, la miró de arriba abajo y sonrió.
—Meliza, ¿verdad? Kevin te está esperando en la sala de reuniones del fondo. Pasa nomás.
Meliza caminó por el pasillo, tacones resonando en el piso de porcelanato. Pasó por un open space con chicas jóvenes atendiendo chats de clientes, embalando paquetes y probándose ropa frente a espejos grandes. Todas la miraron: algunas con envidia, otras con curiosidad. Ella sintió esa electricidad familiar, la de saber que está siendo observada.
Kevin la recibió en una sala con pared de vidrio esmerilado, mesa larga de madera clara, sillones cómodos y un perchero con varias prendas colgadas: un body de encaje negro, un conjunto de lencería rojo con ligueros, un vestido bodycon plateado que parecía hecho para salir de noche. Él estaba de pie, camisa blanca con los primeros botones abiertos mostrando pecho depilado y bronceado, pantalón chino ajustado y esa sonrisa confiada de siempre.
—Meliza, reina, qué puntual. Ven, siéntate —dijo, acercándose para darle dos besos en las mejillas, uno más cerca de la comisura de los labios de lo que sería "profesional". Su mano rozó su cintura al guiarla al sillón.
Empezaron hablando de trabajo. Kevin le explicó el puesto: community manager + modelo ocasional para las redes + ventas en vivo por TikTok e Instagram. "Tú tienes el perfil perfecto: experiencia vendiendo en Piura, cuerpo que vende solo con mirarte, y esa actitud que hace que la gente compre sin pensarlo". Meliza se rio, cruzando las piernas de forma que la falda se subiera un poco más, dejando ver el borde del muslo.
—Suena bien. ¿Cuánto pagan? —preguntó, inclinándose hacia adelante, el escote abriéndose lo justo para que Kevin pudiera ver el encaje negro del sostén.
—Básico de 2,500 soles, más comisiones por ventas en vivo y bonos. Si te portas bien, en tres meses puedes estar en 5,000 o más. Y viajes... a veces mandamos a las chicas a Trujillo o Piura para grabar contenido.
Mientras hablaba, Kevin se levantó y fue al perchero. Sacó el body de encaje negro.
—Para que te hagas una idea, esto es lo que vendemos. ¿Te animas a probártelo? Es parte de la "prueba de imagen". Queremos ver cómo luce en alguien real, no en maniquí.
Meliza arqueó una ceja, pero no dijo que no. Se puso de pie, despacio, y empezó a desabrochar el vestido por atrás. El cierre bajó con un sonido suave, la tela cayó a sus pies revelando el tanga diminuto y el sostén que apenas contenía sus pechos. Kevin no disimuló: la miró de pies a cabeza, deteniéndose en las curvas de sus caderas, en el piercing del ombligo, en cómo el tanga se metía entre sus nalgas firmes.
Meliza... sigues igual de peligrosa que en el colegio —murmuró, acercándose con el body en la mano.
Ella se lo puso sin prisa. La tela era elástica, se pegaba como segunda piel. Los tirantes finos, el escote profundo que dejaba ver casi todo, la parte de abajo que cubría justo lo necesario, pero marcaba el monte de Venus y se metía entre las piernas. Se giró frente al espejo de la sala, arqueando la espalda, empujando el culo hacia afuera.
—¿Qué tal? —preguntó, mirándolo por el reflejo.
Kevin se acercó por detrás, sus manos en sus caderas "para ajustar" la prenda.
—Perfecto. Mira cómo resalta tus curvas... esto se va a vender como loco si tú lo muestras en vivo.
Sus dedos subieron un poco por los costados, rozando el borde del encaje. Meliza no se movió, solo respiró más profundo, dejando que sus pechos subieran y bajaran. Él se pegó más, su erección evidente contra su culo a través del pantalón.
—Kevin... esto es una entrevista, ¿no? —dijo ella con voz ronca, pero sin apartarse.
—Es una entrevista completa —respondió él, bajando una mano por su abdomen, deteniéndose justo encima del tanga—. Si aceptas el puesto, hay beneficios extras... para las que se comprometen de verdad.
Meliza se giró despacio, quedando frente a él. Sus pechos rozaron su camisa. Lo miró a los ojos, mordiéndose el labio inferior.
—¿Y qué tengo que hacer para "comprometerme"?
Kevin sonrió, deslizó una mano entre sus muslos, rozando el encaje ya húmedo.
—Demostrar que puedes vender... y que te gusta vender.
La besó entonces, fuerte, lengua invadiendo su boca mientras sus dedos apartaban el tanga y entraban en ella. Meliza gimió contra sus labios, abriendo las piernas un poco más, apoyándose en la mesa. Él la levantó sin esfuerzo, sentándola en el borde, abriéndole las piernas. Bajó el body lo justo para liberar sus pechos, chupando un pezón mientras sus dedos la penetraban más profundo.
—Ay, Kevin... así... —susurró ella, agarrándole el pelo.
Él se arrodilló, le quitó el tanga de un tirón y enterró la cara entre sus piernas. Lengua experta, lamiendo el clítoris hinchado, succionando, metiendo dos dedos mientras con la otra mano le pellizcaba un pezón. Meliza se arqueó, gimiendo fuerte, sin importarle si las chicas de a lado escuchaban. Se corrió rápido, temblando, apretándole la cabeza con los muslos.
Kevin se levantó, se bajó el cierre y sacó la verga dura, gruesa, ya goteando. La penetró de un solo empujón, profundo, llenándola. La mesa crujió con cada embestida. Meliza le clavó las uñas en la espalda, jadeando:
—Más duro... como en la playa, pero sin Manuel mirando...
Follaron así unos minutos, salvaje, sudorosos. Él la giró, la puso de espaldas, embistiéndola por detrás mientras le agarraba las tetas y le mordía el cuello. Meliza empujaba hacia atrás, buscando más, hasta que él se corrió dentro, gruñendo, llenándola.
Se quedaron quietos un momento, respirando agitados. Kevin le besó el hombro.
—El puesto es tuyo. Empiezas el jueves. Trae más de estos vestidos... y no uses tanga debajo la próxima vez.
Meliza se rio, bajándose del escritorio, acomodándose el body.
Salió de la oficina con las piernas temblorosas, el vestido puesto de nuevo, pero sin tanga —lo dejó en el bolsillo de Kevin como "souvenir"—. En el taxi de vuelta a San Juan de Miraflores, le mandó un audio a Iris:
—Tía... conseguí el trabajo. Y créeme, la "entrevista" fue... intensa. Esta noche te cuento todo. Y dile a Rubén que se prepare, porque voy a necesitar desahogarme.
Cuando llegó a casa, Iris la esperaba en la cocina con una sonrisa cómplice. Yo llegué media hora después, y las dos me miraron con esa cara de "tenemos chisme". Meliza se acercó, me dio un beso en la mejilla demasiado cerca de la boca y susurró:
—Tranquilo, tío... el lunes fue solo el comienzo.
Esa noche, después de que yo llegara a casa de Iris y cenáramos algo rápido —un ceviche que trajeron de la esquina—, Meliza se quedó en la sala con Iris mientras yo me hacía el distraído lavando los platos en la cocina. Podía oír todo, por supuesto; las paredes eran delgadas y ellas hablaban en voz baja pero intensa, como si supieran que yo estaba escuchando. Meliza se había cambiado a algo más cómodo: un pijama corto de satén rosa, con shorts que se subían por los muslos y un top con tirantes finos que dejaban ver el contorno de sus pezones duros por el aire fresco de la noche limeña. Iris estaba en su bata de casa, floja, con nada debajo excepto unas panties, sentada en el sofá con las piernas cruzadas, sorbiendo una cerveza fría.
Meliza se sentó a su lado, jugueteando con el borde de los shorts, subiéndoselos un poco más sin darse cuenta —o quizás sí—. Empezó la charla con un suspiro largo, como si estuviera descargando un peso.
Meliza: Tía Iris, ay, no sabes qué día tuve. La entrevista... fue increíble. El trabajo es lindo, de verdad. Kevin me explicó todo: sería como community manager, manejando las redes, vendiendo ropa online, haciendo lives en Instagram y TikTok. Dice que gano básico 2,500 soles, más comisiones por cada venta que genere en los en vivos. Y lo mejor, tía, es que puedo hacerlo remoto desde Piura. Solo tengo que venir a Lima una vez al mes para fotoshoots o reuniones. Imagínate, con eso mantengo el negocio allá con Manuel, pero gano el triple. La hija podría ir a un mejor colegio, y hasta comprar esa moto que Manuel quiere para las entregas. Suena perfecto, ¿no?
Iris: (riendo bajito, dándole un sorbo a la cerveza y mirándola con ojos cómplices) Ay, sobrina, se te nota en la cara que "increíble" es poco. Siéntate bien y cuéntame todo, sin filtros. ¿Qué pasó en esa oficina? Porque llegaste con las mejillas rojas y las piernas temblando, como si hubieras corrido una maratón... o algo más. Y ese Kevin, el de la playa, ¿eh? El que te miró como si quisiera comerte entera. Dime, ¿fue solo charla de trabajo o hubo... extras?
Meliza: (sonrojándose, pero con una sonrisa pícara, cruzando las piernas y rozando accidentalmente la rodilla de Iris) Tía, eres terrible, siempre vas al grano. Bueno, sí... fue más que charla. Kevin me pidió que me probara una prenda, un body de encaje negro, de los que venden. Me dijo que era para ver cómo lucía en alguien "real". Me quité el vestido ahí mismo, delante de él, y, sus ojos... me recorrieron toda, como si me estuviera follando con la mirada. Me ayudó a ajustarlo, sus manos en mis caderas, bajando por los costados... y de pronto, sentí esa cosquilla abajo, sabes, esa humedad que te traiciona. Me besó, tía, un beso de esos que te dejan sin aliento, con lengua profunda, y sus dedos... ay, metió dos de una, directo al grano, mientras me chupaba los pezones. Me corrí en su boca, temblando como una hoja.
Iris: (abriendo los ojos grandes, pero con una risa gutural, poniéndole una mano en el muslo a Meliza para "consolarla", pero dejándola ahí un segundo de más) ¡Meliza! Eres una diablita. ¿Y Manuel? Pobre, se fue celoso a Piura y tú aquí, dejándote coger en una mesa de oficina. Cuéntame detalles, mujer, no me dejes a medias. ¿Cómo fue? ¿Grande? ¿Duro? Rubén siempre dice que los ex son como un imán, te jalan de vuelta. Pero dime, ¿valió la pena? Porque si el trabajo es bueno, pero el polvo mejor... ¿qué vas a hacer?
Meliza: (riendo nerviosa, pero excitada al recordarlo, subiéndose el top un poco para "arreglarlo", dejando ver más escote) Tía, fue... intenso. Kevin me levantó en la mesa, me abrió las piernas como si fuera suya, y me entró de un solo empujón. Gruesa, tía, no como Manuel que es más delgado pero constante. Esta era... llenadora, me estiraba toda por dentro, y embestía fuerte, con golpes que me hacían gemir alto. Me dio vuelta, me folló por detrás, agarrándome las tetas y mordiéndome el cuello. Se corrió dentro, caliente, y yo... ay, me vine otra vez solo de sentirlo. Pero ahora... no sé qué hacer. El trabajo es perfecto, gano bien, lo hago desde Piura, pero Kevin es mi ex, tía. De la secundaria, cuando éramos chiquillos y nos metíamos en problemas. Sentí cosas, no solo sexo. Como si reviviera esa chispa. Creo que, si lo vuelvo a ver, me acuesto con él de nuevo. No quiero arruinar lo de Manuel, él es bueno, me quiere, es el padre de mi hija. Pero la paga es muy buena, tía, ¿qué hago? ¿Vuelvo a verlo? ¿Cómo me resisto si solo de pensarlo me mojo?
Iris: (acercándose más, su mano subiendo un poco por el muslo de Meliza, rozando la piel suave, con voz ronca y cargada de experiencia) Mmm, sobrina, eso suena a tentación pura. Mira, yo con Rubén... no es perfecto, pero el sexo nos mantiene unidos. Si Kevin te hace sentir así, viva, caliente, ¿por qué resistirte del todo? El trabajo es trabajo, y si puedes hacerlo remoto, genial. Ve a las reuniones, haz los fotoshoots, pero pon límites... o no. Imagínate: vas a Lima una vez al mes, te quedas aquí, y de paso... un polvito rápido en la oficina. Manuel no se entera, tú ganas plata, y todos felices. Pero si quieres resistir, usa trucos: piensa en tu hija cuando lo veas, o lleva un vibrador para desahogarte antes. O... cuéntame, ¿qué sientes exactamente? ¿Es solo la verga o algo más? Porque si es amor viejo, eso es peligroso.
Meliza: (respirando más rápido, dejando que la mano de Iris se quede, incluso abriendo un poco las piernas para sentir el roce) No es solo la verga, tía, aunque... ay, era deliciosa, me llenaba hasta el fondo, y cómo me lamía, lengua experta en el clítoris, succionando hasta que exploté. Pero, es más: me hace sentir deseada, poderosa. Con Manuel es rutina, lo hacemos en el cuarto, luces apagadas, misionero y listo. Con Kevin... es aventura, riesgo. Creo que, si lo veo de nuevo, en un photoshoot, probándome lencería delante de él, con luces y cámara, me va a tocar "para ajustar" y yo... me voy a rendir. Me imagino: yo en un conjunto rojo, tanga de hilo, él detrás de la cámara, diciéndome "arquea la espalda, muéstrame más", y luego... sus manos en mis nalgas, separándolas, metiendo dedos mientras me besa el cuello. ¿Cómo resisto eso, tía? Dime, ¿tú con Rubén has tenido tentaciones? ¿Cómo lo manejas?
Iris: (sonriendo maliciosa, su mano ahora masajeando suavemente el muslo interno de Meliza, cerca del borde del short, sintiendo el calor) Ay, sobrina, todas tenemos tentaciones. Con Rubén... una vez un vecino me coqueteó fuerte, y casi caigo. Pero lo hablé con Rubén, y terminamos follando pensando en eso. Quizás haz lo mismo: dile a Manuel que Kevin es ex, pero que es solo trabajo. O... úsalo para avivar la chispa con él. Cuando vuelvas a Piura, fóllatelo pensando en Kevin, gime más fuerte, pídele que te haga como en la oficina. Y para resistir... mastúrbate antes de verlo. Imagínate: en el baño de la oficina, dedos adentro, pensando en su verga, para que cuando lo veas estés "satisfecha". O lleva condones, por si no resistes. Pero honestamente, Meliza, si la paga es buena y el polvo mejor... ¿por qué no disfrutar? La vida es corta, y tú con ese cuerpo... úsalo. Mira, si quieres practicar "resistencia", cuéntame más detalles. ¿Cómo te corriste? ¿Gritaste? Eso me ayuda a darte consejos... picantes.
Meliza: (gimiendo bajito al sentir el masaje, subiéndose el short un poco más, revelando el borde del tanga húmedo) Tía, eres mala... pero sí, grité, tía, no pude evitarlo. Me tenía de espaldas, embistiendo profundo, una mano en mi clítoris frotando círculos rápidos, la otra pellizcándome el pezón. Sentí esa ola subiendo, la cuca apretándolo, y exploté, temblando, mojándolo todo. Después, me dejó sin mi calzoncito se lo quedó de souvenir. Ahora pienso en eso y... mira, tía, estoy mojada solo de contarlo. ¿Qué hago si en el próximo encuentro me pide probar más ropa? ¿Me resisto diciendo "no, Kevin, soy casada"? O... ¿dejo que me la meta otra vez? La plata me hace falta, pero esa chispa... ay, tía, abrázame, que estoy confundida y caliente.
Iris: (abrazándola fuerte, sus pechos rozándose a través de la tela fina, susurrándole al oído) Ven aquí, sobrina. Resiste si puedes, pero si no... disfruta en secreto. Yo te cubro aquí en Lima. Y si necesitas desahogarte... Rubén está en la cocina, pero shhh, esto queda entre nosotras. Mañana decides, pero por ahora, relájate.
Meliza se despertó esa mañana de martes con una decisión tomada: volvería a ver a Kevin. Después de la charla caliente con Iris la noche anterior, había llamado a Manuel por video, contándole todo con lujo de detalles —o casi todo—. Le dijo que había conseguido el trabajo, que era remoto desde Piura, pero que necesitaba una segunda "entrevista" para conocer al equipo. Manuel, en su casita en Piura con la niña durmiendo al lado, se puso celoso al instante: "¿Con ese Kevin? ¿El de la playa? Meliza, amor, no me jodas, sé que te miró como perra en celo". Ella se rio, pero su voz salió ronca: "Ay, Manuel, no seas así. Es solo trabajo, pero sí... me hace sentir deseada. Ayer me culeo en la oficina, duro, me llenó toda. Pero es por la plata, amor, para nosotros". Manuel respiró fuerte, su mano bajando por debajo de la cámara: "Joder, Meliza, me pones celoso pero cachondo. Prométeme que no lo dejas entrar otra vez". Ella mordió su labio: "Lo intento, pero si pasa... te cuento todo después, y me follas pensando en eso cuando vuelva". Terminaron la llamada con Manuel masturbándose, gimiendo su nombre, y Meliza tocándose en la cama de huéspedes, imaginando a ambos.
Manuel la llamó temprano, antes de que saliera: "Amor, ¿estás segura? Ese tipo te quiere follar de nuevo, lo sé". Meliza, ya vistiéndose, respondió con voz juguetona: "Sí, Manuel, pero resisto. Piensa en mí trabajando, ganando para la familia". Él gruñó: "Si te toca, dile que eres mía. Llámame cuando termines".
Para la "entrevista", Meliza eligió un vestido superapretado, de tela negra semitransparente que se pegaba a su cuerpo como una segunda piel. Era corto, llegando apenas a medio muslo, con escote profundo que mostraba el valle entre sus tetas redondas y firmes, empujadas por un sostén de encaje rojo. Debajo, un tanga mínimo del mismo color, que se marcaba contra la tela cuando caminaba. El vestido era tan ceñido que sus nalgas se contoneaban con cada paso, y la transparencia dejaba adivinar las curvas de su coño depilado y los pezones endurecidos por la excitación. Se pintó los labios rojo pasión, se soltó el pelo ondulado y se puso tacones altos que alargaban sus piernas bronceadas. Al mirarse en el espejo, sintió un cosquilleo: "Asuuuuuuu, parezco una puta de lujo... pero me encanta".
Salió de la casa de Iris en San Juan de Miraflores y tomó un taxi hacia Miraflores. En el trayecto, Manuel llamó de nuevo: "Amor, ¿ya vas? No dejes que te mire mucho". Ella susurró: "Sí, en el taxi. Tranquilo, celoso... me pones caliente con tus llamadas". Al bajar en la avenida Larco, el sol pegaba fuerte, haciendo que el vestido se transparentara más. Caminó las dos cuadras hasta la empresa, tacones resonando, caderas meneándose. Los hombres en la calle no disimularon: un obrero silbó: "¡Mamacita, qué culo! Quisiera ser tu calzón chiquito para estar pegado siempre a ese culazo rico, oliéndote todo el día". Otro, un tipo en moto: "¡Nena, con ese vestido se te ve todo! ¿Quieres que te meta la lengua por atrás hasta que grites?". Un tercero, más sucio: "¡Puta, ábrete las piernas que te quiero chupar esa vagina que se marca, te lo lleno de leche caliente!". Meliza sintió una mezcla de molestia —"qué asquerosos"— y calor subiendo por su entrepierna. Sus pezones se endurecieron más, rozando la tela, y notó humedad en el calzón. Aceleró el paso, pero el roce de la tela contra su piel la ponía más caliente: "Joder, me molestan... pero imagino si Manuel oyera esto, se pondría loco".
Entró al edificio de "TrendVibe", la recepcionista —la misma chica de pelo rosa— la miró con envidia: "Kevin te espera en la sala grande. Vas... vestida para matar". Meliza sonrió: "Gracias, flaca". Kevin la recibió con esa sonrisa depredadora, ojos devorándola de inmediato. Llevaba camisa ajustada, pantalón que marcaba su paquete, y la abrazó fuerte: "Meliza, reina, qué vestido... se te ve todo, me estás provocando desde la puerta". Ella se rio: "Es para impresionar al equipo". La "entrevista" fue rápida: Kevin la presentó al personal virtualmente, por Zoom. Eran cuatro chicas jóvenes, dos en Lima y dos remotas: una community manager flaca con tattoos, otra diseñadora curvilínea, y dos vendedoras piuranas como ella. "Chicas, esta es Meliza, nuestra nueva estrella. Vendrá una vez al mes para shoots, pero el resto remoto desde Piura". Las chicas la saludaron efusivas: "¡Bienvenida! Con ese cuerpo, vas a vender todo". Meliza posó un poco, girando: "Gracias, chicas. Estoy emocionada... y lista para mostrar lo que tengo". Kevin, a su lado, rozó su muslo "accidental": "Sí, Meliza tiene mucho que mostrar".
Al salir de la sala, el teléfono vibró: Manuel. Meliza contestó bajito, caminando por el pasillo con Kevin atrás, mirándole el culo. "Amor, ¿ya terminaste?". Ella: "No, amor, sigo en la entrevista. Me están presentando al equipo, es virtual, pero hay que charlar detalles". Manuel, voz tensa: " Meliza, no dejes que Kevin te toque. Recuerda que eres mía". Ella mordió su labio, sintiendo la mano de Kevin en su cintura guiándola: "Sí, amor, lo recuerdo... pero él es profesional. Te llamo después". Colgó, y Kevin susurró al oído: "Celoso tu maridito, eh? Ven, vamos a comer algo para celebrar tu bienvenida".
Fueron a un restaurante cercano, un lugar chic con mesas al aire libre. Meliza se sentó cruzando las piernas, el vestido subiéndose, mostrando muslos suaves. Pidieron ceviche y pisco sours. Kevin coqueteaba sin parar: "Meliza, con ese vestido transparente... se te marcan los pezones, reina. Me dan ganas de chuparlos aquí mismo". Ella se rio, rozando su pie bajo la mesa: "Kevin, compórtate... aunque sí, están duros por el frío... o por ti". Él bajó la voz: "Ayer te tiré rico, ¿verdad? Te corrías gritando. Quiero repetirlo". Meliza sintió su ropa interior bien empapada: "Shhh, fue un error.... Manuel no lo sabe todo". Manuel llamó de nuevo en medio del almuerzo: "Amor, ¿sigues ahí?". Ella, con la mano de Kevin en su rodilla bajo la mesa: "Sí, amor, comiendo con el equipo. Detalles de contrato. No seas celoso". Manuel: "Te oigo rara, ¿estás mojada pensando en él?". Ella susurró: "Un poco... te amo". Colgó, y Kevin rio: "Pobre, déjalo sufrir. Oye, tengo un departamento cerca con piscina privada. Vamos a refrescarnos... el sol quema".
Meliza dudó, pero el pisco y el calor la convencieron: "Bueno, pero solo un rato. No traje ropa de baño". Kevin sonrió malicioso: "Allí tengo bikinis de muestra, reina. O... nada, si prefieres". En el taxi al departamento —un penthouse lujoso en Miraflores con vista al mar—, Kevin la besó en el cuello: "Hueles a sexo, Meliza. Ese tanga debe estar empapada que rico". Ella gimió bajito: "Sí... por los piropos de la calle y por ti". Llegaron, el departamento era moderno: piscina infinita en la terraza, solárium con tumbonas. Kevin sacó un bikini mínimo de la colección: tanga rojo hilo y top triangular. "Pruébatelo". Meliza se cambió en el baño, pero dejó la puerta entreabierta. El tanga se metía entre sus nalgas, el top apenas cubría sus pezones. Salió contoneándose: "¿Qué tal? Se me ve todo...".
Kevin, ya en short de baño, paquete marcado: "Joder, perfecta. Ven al agua". Se metieron, el agua fresca contra su piel caliente. Jugaban: salpicadas, roces "accidentales". Kevin la pegó contra el borde: "Meliza, quítate el top... deja que te chupe esas tetas". Ella arqueó la espalda: "Kevin... no debo, Manuel...". Pero sus manos subieron, desatando el top, liberando sus pechos redondos, pezones erguidos. Él los chupó, lengua girando, succionando fuerte: "Mmm, ricos, duros para mí". Meliza gimió: "Ay, sí... muerde un poco". Su mano bajó al short de él, sacando la verga dura: "Grande... me la metiste ayer tan profundo". Lo masturbó bajo el agua, mientras él metía dedos en su bikini, frotando el clítoris hinchado: "Mojada, puta... ábrete más".
El teléfono sonó en la tumbona: Manuel. Meliza salió chorreando, tetas al aire, contestó: "Amor... sigo en el trabajo". Manuel: "Te oigo agitada, ¿qué pasa?". Ella, con Kevin acercándose por detrás, rozando su verga contra su culo: "Nada, amor... discutiendo contratos. Calor aquí".
Manuel: "Meliza, no mientas. ¿Te está tocando?". Ella gimió bajito cuando Kevin apartó su calzón y rozó la punta: "No... ay, amor, te llamo después". Colgó, y Kevin la penetró despacio: "Sí, miente a tu maridito mientras te cacho lico". La embestía como si nunca había cachado, como sudaban, como jadeaban, como se retorcían del placer, agua salpicando, ella empujando atrás: "Más duro... lléname como ayer". Se corrió gritando, apretándolo, y él la llenó, gruñendo.
Después, tumbados, Meliza suspiró: Que rico me las has metido, ningún hombre me hizo gozar tanto como tú.
Manuel llamó de nuevo, pero ella no contestó aún, disfrutando de su nuevo amante.