gnussi98
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Estoy plenamente convencido de que en el transcurso de cada existencia humana, han acontecido efímeros vínculos amorosos. Múltiples de estos romances efímeros han evolucionado hacia manifestaciones más sólidas, culminando en el punto de convergencia en el que nos hallamos en este instante: la esfera de lo carnal, el goce del sexo o la aventura de cachar. Sin embargo, también existen aquellos que apenas rozaron la realidad, encuentros como líneas tangentes en un plano, quizás se tradujeron en una única mirada furtiva, un contacto insignificante o el robo apasionado de un beso. A raíz de esta premisa, deseo plasmar una miscelanea heterogénea de narraciones concisas, que sin duda despertarán el interés del erudito cofrade, ávido de narrativas cautivadoras y nueva inspiración.
La transformación de Lito
Era un semestre como cualquier otro en la universidad. Los estudiantes recorrían los pasillos del centro de estudios, lamentando o celebrando distintas epopeyas de la típica vida estudiantil.
Asi conocí, de mera casualidad, a Angelita, Lita para sus amigos, una chica miraflorina que tenia un cabello castaño lacio y corto. Sus ojos pequeños destilaban la bravura del mar miraflorino y parecían ocultar tormentas de emociones.
"Se te ha caído el carné de la biblioteca", le dije, mientras le daba el alcance tras de ella. Desde que la vi me atrajo su mirada, su rostro paliducho evocaba una ternura y digamos que cierta excitación que me era difícil describir. Cuando la abordé la primera vez, estaba algo nervioso. Ya habia tenido mucho contacto íntimo con distintas mujeres, pero con ella, simplemente, era distinto. Lita agradeció el detalle, casi con un nudo en la garganta le pregunté qué estudiaba.
Yo no contaba con muchos amigos en la universidad. Lima no era el tipo de ciudad donde un muchacho oriundo de un pequeño pueblo en la sierra, podria explayarse con facilidad.
Me encontré con ella varias veces en los pasillos y el comedor, siempre sonreía y me saludaba amablemente. Su rostro era encantador, usaba siempre ropa holgada, no tenia casi atributos físicos sugerentes.
Una tarde, celebraban las clasicas competencia deportivas entre las distintas facultades. El bullicio me aterraba un poco, "los limeños son bien pendejos", me habia dicho un amigo de mi pueblo. Después de estudiar en la biblioteca con un compañero de clase, a quién conocía desde el primer semestre, este me invitó a beber unas cervezas en el bar, frente a la universidad. "Despues de la interfacultades, las jermitas de letras se emborrachan y quiza podemos hacer algo", me dijo con una sonrisa cachacienta.
No tenía mucho apuro de ligar con alguien, tenía un crisol de aventuras con mis inquilinas, el lector que desee puede leer aquí los relatos referidos a este tema. Por otro lado, me embargaba cierta curiosidad de explorar nuevas rutas carnales, más allá de los que conocía hasta ese tiempo.
En el bar los estudiantes celebraban, festejaban y bebían. Otros dos compañeros de aula nos llamaron y compartimos una mesa entre tragos y conversaciones amenas. Al final del día, decidí irme a casa, me excusé con mis compañeros y salí.
Cuando fui a tomar mi colectivo, observé a Lita, estaba con otros dos estudiantes, parecía que discutían. Ellos se marcharon y la dejaron sola. Me acerqué a ella, note de inmediato que estaba ebria. Me dijo que iba a tomar un taxi a su casa. Le ofrecí llevarla, era fin de semana y no tenia muchos planes.
En el taxi se puso a llorar, me dijo que no podía llegar así a su casa, por petición de ella, bajamos unas cuadras antes de su destino. Mientras caminamos, me tomó del brazo y me susurró, "¿crees que soy bonita?" Me quedé mirándola un rato, confundido.
"Eres muy hermosa", repliqué. Ella se echó a llorar de nuevo, "mis amigos me tratan como un hombre", dijo nuevamente. Me contó que jugaba fútbol y no le gustaba usar maquillaje, pero yo seguía viéndola bonita. "Incluso me dicen Lito por molestarme", confesó.
Yo la abracé, sentía cierto dolor en su alma, ese dolor que yo conocía muy bien. La besé, y ella correspondió. Casi abrazados la llevé a su casa. Estaba más calmada.
Días después nos volvimos a ver, quería conversar conmigo. Estaba molesta, sintió que me había aprovechado de ella en su estado. Le di la razón, le ofrecí disculpas. "Siempre pensé que mi primer beso sería diferente", susurró con amargura. No dije nada. "Si tan solo fueras, ya sabes, distinto", agregó. No sabía a que se refería y se lo hice saber. "Ya sabes, menos cholo", me dijo. No respondí nada y me despedí.
Ese semestre llegó a su fin. Cuando salía de un examen, me la topé, tenía los ojos llorosos. "¿Porqué cuando todo me va mal, me encuentro contigo para peor?", espetó medio furiosa. "¡Ta cojuda!" Pensé. Y sin meditarlo mucho, le respondí: "soy humilde, cholo y todo lo que tu quieras, pero tengo poca tolerancia a la cojudez y las cojudas". Sus ojos se abrieron de par en par, se acercó con furia hacia mi y casi me gritó: "¿qué has dicho?". Sin explicaciones le tomé con fuerza el rostro y la besé con furia. Ella se separó y repetí lo mismo, esta vez ella correspondió al beso, nuestras bocas se quedaron pegadas durante un largo rato. "Chibola cojuda", le dije y me marché. Ella se quedó parada sin saber que hacer.
Algunas veces me la volví a cruzar, nunca me saludó de nuevo. Años después, dejó su carrera y se convirtió en una coach con relativo éxito en Perú. Un dia, husmeando un video suyo, relataba que desde que le dieron su primera muñeca supo que era lesbiana.
La transformación de Lito
Era un semestre como cualquier otro en la universidad. Los estudiantes recorrían los pasillos del centro de estudios, lamentando o celebrando distintas epopeyas de la típica vida estudiantil.
Asi conocí, de mera casualidad, a Angelita, Lita para sus amigos, una chica miraflorina que tenia un cabello castaño lacio y corto. Sus ojos pequeños destilaban la bravura del mar miraflorino y parecían ocultar tormentas de emociones.
Yo no tenía ganas de reír
Tú reías para no llorar
Yo le guiñaba un ojo a mi nariz
Tú consolabas a tu soledad
Tú reías para no llorar
Yo le guiñaba un ojo a mi nariz
Tú consolabas a tu soledad
"Se te ha caído el carné de la biblioteca", le dije, mientras le daba el alcance tras de ella. Desde que la vi me atrajo su mirada, su rostro paliducho evocaba una ternura y digamos que cierta excitación que me era difícil describir. Cuando la abordé la primera vez, estaba algo nervioso. Ya habia tenido mucho contacto íntimo con distintas mujeres, pero con ella, simplemente, era distinto. Lita agradeció el detalle, casi con un nudo en la garganta le pregunté qué estudiaba.
Yo no contaba con muchos amigos en la universidad. Lima no era el tipo de ciudad donde un muchacho oriundo de un pequeño pueblo en la sierra, podria explayarse con facilidad.
Me encontré con ella varias veces en los pasillos y el comedor, siempre sonreía y me saludaba amablemente. Su rostro era encantador, usaba siempre ropa holgada, no tenia casi atributos físicos sugerentes.
Una tarde, celebraban las clasicas competencia deportivas entre las distintas facultades. El bullicio me aterraba un poco, "los limeños son bien pendejos", me habia dicho un amigo de mi pueblo. Después de estudiar en la biblioteca con un compañero de clase, a quién conocía desde el primer semestre, este me invitó a beber unas cervezas en el bar, frente a la universidad. "Despues de la interfacultades, las jermitas de letras se emborrachan y quiza podemos hacer algo", me dijo con una sonrisa cachacienta.
Porque quiso el cielo
Acariciar el suelo
Con su gota a gota
Y con champú de arena
Para tu melena
De muñeca rota
Acariciar el suelo
Con su gota a gota
Y con champú de arena
Para tu melena
De muñeca rota
No tenía mucho apuro de ligar con alguien, tenía un crisol de aventuras con mis inquilinas, el lector que desee puede leer aquí los relatos referidos a este tema. Por otro lado, me embargaba cierta curiosidad de explorar nuevas rutas carnales, más allá de los que conocía hasta ese tiempo.
En el bar los estudiantes celebraban, festejaban y bebían. Otros dos compañeros de aula nos llamaron y compartimos una mesa entre tragos y conversaciones amenas. Al final del día, decidí irme a casa, me excusé con mis compañeros y salí.
Cuando fui a tomar mi colectivo, observé a Lita, estaba con otros dos estudiantes, parecía que discutían. Ellos se marcharon y la dejaron sola. Me acerqué a ella, note de inmediato que estaba ebria. Me dijo que iba a tomar un taxi a su casa. Le ofrecí llevarla, era fin de semana y no tenia muchos planes.
En el taxi se puso a llorar, me dijo que no podía llegar así a su casa, por petición de ella, bajamos unas cuadras antes de su destino. Mientras caminamos, me tomó del brazo y me susurró, "¿crees que soy bonita?" Me quedé mirándola un rato, confundido.
"Eres muy hermosa", repliqué. Ella se echó a llorar de nuevo, "mis amigos me tratan como un hombre", dijo nuevamente. Me contó que jugaba fútbol y no le gustaba usar maquillaje, pero yo seguía viéndola bonita. "Incluso me dicen Lito por molestarme", confesó.
Yo la abracé, sentía cierto dolor en su alma, ese dolor que yo conocía muy bien. La besé, y ella correspondió. Casi abrazados la llevé a su casa. Estaba más calmada.
Yo no jugaba para no perder
Tú hacias trampas para no ganar
Yo no rezaba para no creer
Tú no besabas para no soñar
Tú hacias trampas para no ganar
Yo no rezaba para no creer
Tú no besabas para no soñar
Días después nos volvimos a ver, quería conversar conmigo. Estaba molesta, sintió que me había aprovechado de ella en su estado. Le di la razón, le ofrecí disculpas. "Siempre pensé que mi primer beso sería diferente", susurró con amargura. No dije nada. "Si tan solo fueras, ya sabes, distinto", agregó. No sabía a que se refería y se lo hice saber. "Ya sabes, menos cholo", me dijo. No respondí nada y me despedí.
Ese semestre llegó a su fin. Cuando salía de un examen, me la topé, tenía los ojos llorosos. "¿Porqué cuando todo me va mal, me encuentro contigo para peor?", espetó medio furiosa. "¡Ta cojuda!" Pensé. Y sin meditarlo mucho, le respondí: "soy humilde, cholo y todo lo que tu quieras, pero tengo poca tolerancia a la cojudez y las cojudas". Sus ojos se abrieron de par en par, se acercó con furia hacia mi y casi me gritó: "¿qué has dicho?". Sin explicaciones le tomé con fuerza el rostro y la besé con furia. Ella se separó y repetí lo mismo, esta vez ella correspondió al beso, nuestras bocas se quedaron pegadas durante un largo rato. "Chibola cojuda", le dije y me marché. Ella se quedó parada sin saber que hacer.
Los mismos alfileres de vudú
El mismo cuento que termina mal
El mismo cuento que termina mal
Algunas veces me la volví a cruzar, nunca me saludó de nuevo. Años después, dejó su carrera y se convirtió en una coach con relativo éxito en Perú. Un dia, husmeando un video suyo, relataba que desde que le dieron su primera muñeca supo que era lesbiana.
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