grindo doido
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Rubia abusiva mas ninfómana que la pm.
La Rubia Despampanante en su Día a Día
En pleno 2023, en San Borja, Lima, Valeria era la rubia que todos volteaban a mirar. 35 años, pelo rubio platino hasta la mitad de la espalda, ojos verdes de gata en celo, tetas grandes y naturales que se movían solas bajo las blusas, culo redondo y duro, piernas largas y un coño depilado que siempre llevaba marcado bajo los leggings.
De día era la profesional intachable: trabajadora freelance en comunicaciones digitales. Desde su departamento luminoso en San Borja, atendía reuniones por Zoom vestida impecable: blazer ajustado que marcaba sus tetas, camisa blanca con dos botones abiertos para que se viera el encaje del sostén, falda lápiz que abrazaba su culo. Hablaba con voz firme y sensual a la vez:
—Señores, la estrategia debe centrarse en TikTok e Instagram Reels para captar al público joven. Necesitamos contenido que genere deseo inmediato… que los haga querer clic, querer más.
Sonreía a la cámara, mordiéndose el labio sin que se notara demasiado, mientras por dentro pensaba: “Si supieran que anoche me folló un desconocido en el baño de un bar de Barranco…”.
Nadie sospechaba nada. Era mamá soltera de Mia, una niña de 10 años, y todas las noches salía a pasear a Luna, su golden retriever, por los parques de San Borja. Leggings negros que se metían entre los labios del coño, top deportivo que dejaba los pezones duros marcados, zapatillas blancas. Parecía la vecina perfecta.
—Buenas noches, qué lindo clima —decía con sonrisa angelical a los que se cruzaban, mientras sus ojos verdes escaneaban vergas bajo los pantalones.
Así disimulaba su lado puto: de día campañas y emails, de noche coqueteo descarado y folladas rápidas en cualquier rincón oscuro de Lima.
El Encuentro con los Perros
Una noche de verano húmedo en San Borja, 2023. Yo paseaba a Max, mi labrador negro, por el Parque de la Familia. De repente veo a esta rubia despampanante caminando con una golden y una niña corriendo adelante. Luna y Max se reconocieron al toque: olfateo, colas locas, juegos inmediatos.
Valeria se acercó riendo, agachándose para saludar a Max. Los shorts deportivos se le subieron y dejó ver medio culo perfecto.
—Uy, mira cómo se quieren estos dos… parece que ya son novios —dijo con voz ronca y sensual, enderezándose despacio para que viera bien sus tetas rebotando bajo el top.
—Sí, Max es un rompecorazones —contesté, ya con la mirada clavada en sus pezones marcados.
Me miró directo, mordiéndose el labio inferior.
—Yo soy Valeria. Esta es Luna, mi perrita, y allá va Mia, mi hija. ¿Y tú?
Intercambiamos nombres. Ella se acercó más, su perfume dulce invadiendo todo.
—Salgo todas las noches con ellas. Es mi forma de desconectar del trabajo. Soy freelance en comunicaciones… paso el día hablando de deseo, conversión… pero de noche necesito mi dosis real de adrenalina.
Rozó mi brazo “sin querer”.
—Suena intenso —dije, sintiendo cómo se me paraba.
Se rio bajito.
—Deberías venir más seguido… Luna parece que ya quiere jugar todos los días con Max… y yo no me quejo de la compañía.
Nos quedamos charlando media hora. Ella contoneando el culo cada vez que se movía, yo intentando disimular la erección.
—Dame tu número… por si los perros quieren verse otra vez —dijo al final, guiñándome el ojo—. O por si nosotros queremos tomar algo sin perros de por medio.
La Amistad y la Propuesta Abierta
Nos vimos casi todas las noches en el parque después de eso. Caminatas largas, Mia jugando, perros corriendo, nosotros hablando cada vez más cerca. Una noche nos sentamos en una banca apartada. Valeria cruzó las piernas, el legging marcando su bulbote.
—Mira, amor… me caes increíble. Tienes buena vibra, eres guapo, y se nota que tienes una verga rica debajo de ese pantalón —dijo directo, bajando la voz a un susurro cachondo—. Pero quiero ser clara desde ya: si esto avanza, tiene que ser abierto. No hago exclusividad.
Me miró fijo, lamiéndose los labios.
—De día soy la mamá responsable y la profesional que maneja campañas… pero de noche soy una puta en celo que necesita cachar con gente nueva de vez en cuando. Quiero que me folles tú, que me revientes este coño rico cuando quieras… pero también voy a dejar que otros me cojan. Me excita muchísimo contártelo después: llegar con la pepa bien mojadita, lleno de leche ajena y que tú me lo reclames duro.
Puso su mano en mi muslo, subiendo peligrosamente.
—¿Qué dices amor? Imagina: te cuento cómo un desconocido me metió la verga en el carro después de un bar, cómo me corrí gritando en su boca… y luego tú me follas sabiendo que soy una zorra compartida.
Tragué saliva, la verga dura como piedra.
—Palammmmmmmmm, Valeria… sí, creo, pero no se si esto dure.
Sonrió como una diablesa, apretando mi muslo.
—Perfecto, lindo, mi nuevo consentido… porque ya me muero por mamar esa pichulota tuya hasta sacarte hasta la última gota.
El Primer Sexo
Una noche de viernes, Mia estaba con la abuela. Valeria me invitó directo a su departamento después del paseo.
Apenas cerramos la puerta, Luna y Max al patio, ella se quitó el top de un tirón. Sus tetas grandes y firmes saltaron libres, pezones rosados duros como piedras.
—Ven aquí, amor… hace mucho calor esta noche —susurró, pegándose a mí y metiéndome la lengua hasta el fondo—. Te deseo desde la primera vez que te vi. Quiero sentir esa pijotaaaaaaaaaaa gruesa partiendo mi cucota en dos.
Le agarré las tetas con fuerza, chupando un pezón mientras ella gemía.
—Valeria… eres una puta rubia perfecta. Te voy a follar hasta que no puedas caminar.
Me empujó al sofá, me bajó el pantalón y sacó mi pinga bien dura.
—Mira esta pinga rica… más gorda de lo que imaginé —dijo arrodillándose, lamiendo desde los huevos hasta la cabeza—. Voy a mamártela hasta que me ahogues con tu leche… pero primero quiero correrme en tu boca.
Se quitó los shorts: sin hilo, su almeja bien depiladita chorreando jugos.
—Ábrete de piernas, zorra —ordené.
Se sentó en mi cara, frotando esa cuca que de lejos se veía re buena y de cerca más sabrosota contra mi lengua.
—Come rico, amor… méteme la lengua hasta el fondo… ahhh sí, así, chúpame el clítoris como un hombre experto y que sabe dar placer.
Se corrió fuerte, luego me vine en su boca, temblando entera.
—Ahora fóllame… métemela toda de una —suplicó, poniéndose en cuatro en el sofá.
La penetré hasta el fondo, agarrándole el pelo rubio.
—¡Sí, rómpeme esta concha, cabrón! ¡Más fuerte, dame toda esa verga hasta el útero!
La follé salvaje, azotándole el culo hasta dejarlo rojo.
—Eres una puta abierta… dime cuántos te has cogido esta semana.
—Dos, amor… uno en un intermedio del trabajo, me llenó el culo… otro en el gimnasio, en la ducha… pero ninguno como tú… ¡córrete dentro, lléname esta concha de zorra!
Nos corrimos juntos, ella gritando mi nombre mientras su coño apretaba mi verga.
Me salía a cántaros y ella lamía y relamía, que perra, que golosa y era el inicio.
Después del Sexo, la Realidad Abierta
Después de esa primera chifada brutal, todo parecía perfecto. Pero la relación abierta empezó a pesar. Valeria seguía disimulando de día: reuniones, campañas, mamá perfecta. De noche salía “con amigas” o “a correr”.
Una noche me llamó desde un bar en Miraflores, voz medio borracha y arrechona.
—Amor… estoy con un moreno que me tiene el coño empapado… su verga se marca durísima bajo el pantalón… ¿me das permiso para que me la meta aquí mismo en el baño?
Dije que no, ella sonrió, te estoy diciendo de verdad, no quiero pendeja.
Se enojó, colgó y no hablamos más.
Al día siguiente me mandó audio mientras se masturbaba:
—Ayer pese a que me cagaste el plan, pasó lo que tenía que pasar.
No mereces pero igual te cuento, me lo cogí tres veces, amor… primero me mamó el coño en el baño del bar, después en su carro me metió por el culo hasta que grité… al final en su depa me llenó la boca de leche espesa… fue rico, pero extraño tu verga reclamándome.
Las semanas pasaron. Cada vez más distante. Una noche en el parque la vi paseando a Luna… pero con otro tipo alto y musculoso, él acariciándole el culo disimuladamente mientras Mia no estaba.
Me acerqué. Ella sonrió como si nada.
—Hola, mira, te presento a Diego. Es… un amigo con derechos.
Diego me apretó la mano fuerte, sabiendo exactamente quién era yo.
Yo no, le dije, puse mala cara y los dejé.
Pese a que teníamos algo, la cosa se enfriaba, ambos los sabíamos.
Los perros seguían jugando cuando se cruzaban, pero nosotros… ya no. Valeria siguió siendo la rubia despampanante que disimulaba perfecto en San Borja: de día profesional intachable, de noche puta libre. Yo me quedé con el recuerdo ardiente de esa primera follada y la certeza de que, en una relación abierta, alguien siempre termina queriendo cerrar la puerta.
La Rubia Despampanante en su Día a Día
En pleno 2023, en San Borja, Lima, Valeria era la rubia que todos volteaban a mirar. 35 años, pelo rubio platino hasta la mitad de la espalda, ojos verdes de gata en celo, tetas grandes y naturales que se movían solas bajo las blusas, culo redondo y duro, piernas largas y un coño depilado que siempre llevaba marcado bajo los leggings.
De día era la profesional intachable: trabajadora freelance en comunicaciones digitales. Desde su departamento luminoso en San Borja, atendía reuniones por Zoom vestida impecable: blazer ajustado que marcaba sus tetas, camisa blanca con dos botones abiertos para que se viera el encaje del sostén, falda lápiz que abrazaba su culo. Hablaba con voz firme y sensual a la vez:
—Señores, la estrategia debe centrarse en TikTok e Instagram Reels para captar al público joven. Necesitamos contenido que genere deseo inmediato… que los haga querer clic, querer más.
Sonreía a la cámara, mordiéndose el labio sin que se notara demasiado, mientras por dentro pensaba: “Si supieran que anoche me folló un desconocido en el baño de un bar de Barranco…”.
Nadie sospechaba nada. Era mamá soltera de Mia, una niña de 10 años, y todas las noches salía a pasear a Luna, su golden retriever, por los parques de San Borja. Leggings negros que se metían entre los labios del coño, top deportivo que dejaba los pezones duros marcados, zapatillas blancas. Parecía la vecina perfecta.
—Buenas noches, qué lindo clima —decía con sonrisa angelical a los que se cruzaban, mientras sus ojos verdes escaneaban vergas bajo los pantalones.
Así disimulaba su lado puto: de día campañas y emails, de noche coqueteo descarado y folladas rápidas en cualquier rincón oscuro de Lima.
El Encuentro con los Perros
Una noche de verano húmedo en San Borja, 2023. Yo paseaba a Max, mi labrador negro, por el Parque de la Familia. De repente veo a esta rubia despampanante caminando con una golden y una niña corriendo adelante. Luna y Max se reconocieron al toque: olfateo, colas locas, juegos inmediatos.
Valeria se acercó riendo, agachándose para saludar a Max. Los shorts deportivos se le subieron y dejó ver medio culo perfecto.
—Uy, mira cómo se quieren estos dos… parece que ya son novios —dijo con voz ronca y sensual, enderezándose despacio para que viera bien sus tetas rebotando bajo el top.
—Sí, Max es un rompecorazones —contesté, ya con la mirada clavada en sus pezones marcados.
Me miró directo, mordiéndose el labio inferior.
—Yo soy Valeria. Esta es Luna, mi perrita, y allá va Mia, mi hija. ¿Y tú?
Intercambiamos nombres. Ella se acercó más, su perfume dulce invadiendo todo.
—Salgo todas las noches con ellas. Es mi forma de desconectar del trabajo. Soy freelance en comunicaciones… paso el día hablando de deseo, conversión… pero de noche necesito mi dosis real de adrenalina.
Rozó mi brazo “sin querer”.
—Suena intenso —dije, sintiendo cómo se me paraba.
Se rio bajito.
—Deberías venir más seguido… Luna parece que ya quiere jugar todos los días con Max… y yo no me quejo de la compañía.
Nos quedamos charlando media hora. Ella contoneando el culo cada vez que se movía, yo intentando disimular la erección.
—Dame tu número… por si los perros quieren verse otra vez —dijo al final, guiñándome el ojo—. O por si nosotros queremos tomar algo sin perros de por medio.
La Amistad y la Propuesta Abierta
Nos vimos casi todas las noches en el parque después de eso. Caminatas largas, Mia jugando, perros corriendo, nosotros hablando cada vez más cerca. Una noche nos sentamos en una banca apartada. Valeria cruzó las piernas, el legging marcando su bulbote.
—Mira, amor… me caes increíble. Tienes buena vibra, eres guapo, y se nota que tienes una verga rica debajo de ese pantalón —dijo directo, bajando la voz a un susurro cachondo—. Pero quiero ser clara desde ya: si esto avanza, tiene que ser abierto. No hago exclusividad.
Me miró fijo, lamiéndose los labios.
—De día soy la mamá responsable y la profesional que maneja campañas… pero de noche soy una puta en celo que necesita cachar con gente nueva de vez en cuando. Quiero que me folles tú, que me revientes este coño rico cuando quieras… pero también voy a dejar que otros me cojan. Me excita muchísimo contártelo después: llegar con la pepa bien mojadita, lleno de leche ajena y que tú me lo reclames duro.
Puso su mano en mi muslo, subiendo peligrosamente.
—¿Qué dices amor? Imagina: te cuento cómo un desconocido me metió la verga en el carro después de un bar, cómo me corrí gritando en su boca… y luego tú me follas sabiendo que soy una zorra compartida.
Tragué saliva, la verga dura como piedra.
—Palammmmmmmmm, Valeria… sí, creo, pero no se si esto dure.
Sonrió como una diablesa, apretando mi muslo.
—Perfecto, lindo, mi nuevo consentido… porque ya me muero por mamar esa pichulota tuya hasta sacarte hasta la última gota.
El Primer Sexo
Una noche de viernes, Mia estaba con la abuela. Valeria me invitó directo a su departamento después del paseo.
Apenas cerramos la puerta, Luna y Max al patio, ella se quitó el top de un tirón. Sus tetas grandes y firmes saltaron libres, pezones rosados duros como piedras.
—Ven aquí, amor… hace mucho calor esta noche —susurró, pegándose a mí y metiéndome la lengua hasta el fondo—. Te deseo desde la primera vez que te vi. Quiero sentir esa pijotaaaaaaaaaaa gruesa partiendo mi cucota en dos.
Le agarré las tetas con fuerza, chupando un pezón mientras ella gemía.
—Valeria… eres una puta rubia perfecta. Te voy a follar hasta que no puedas caminar.
Me empujó al sofá, me bajó el pantalón y sacó mi pinga bien dura.
—Mira esta pinga rica… más gorda de lo que imaginé —dijo arrodillándose, lamiendo desde los huevos hasta la cabeza—. Voy a mamártela hasta que me ahogues con tu leche… pero primero quiero correrme en tu boca.
Se quitó los shorts: sin hilo, su almeja bien depiladita chorreando jugos.
—Ábrete de piernas, zorra —ordené.
Se sentó en mi cara, frotando esa cuca que de lejos se veía re buena y de cerca más sabrosota contra mi lengua.
—Come rico, amor… méteme la lengua hasta el fondo… ahhh sí, así, chúpame el clítoris como un hombre experto y que sabe dar placer.
Se corrió fuerte, luego me vine en su boca, temblando entera.
—Ahora fóllame… métemela toda de una —suplicó, poniéndose en cuatro en el sofá.
La penetré hasta el fondo, agarrándole el pelo rubio.
—¡Sí, rómpeme esta concha, cabrón! ¡Más fuerte, dame toda esa verga hasta el útero!
La follé salvaje, azotándole el culo hasta dejarlo rojo.
—Eres una puta abierta… dime cuántos te has cogido esta semana.
—Dos, amor… uno en un intermedio del trabajo, me llenó el culo… otro en el gimnasio, en la ducha… pero ninguno como tú… ¡córrete dentro, lléname esta concha de zorra!
Nos corrimos juntos, ella gritando mi nombre mientras su coño apretaba mi verga.
Me salía a cántaros y ella lamía y relamía, que perra, que golosa y era el inicio.
Después del Sexo, la Realidad Abierta
Después de esa primera chifada brutal, todo parecía perfecto. Pero la relación abierta empezó a pesar. Valeria seguía disimulando de día: reuniones, campañas, mamá perfecta. De noche salía “con amigas” o “a correr”.
Una noche me llamó desde un bar en Miraflores, voz medio borracha y arrechona.
—Amor… estoy con un moreno que me tiene el coño empapado… su verga se marca durísima bajo el pantalón… ¿me das permiso para que me la meta aquí mismo en el baño?
Dije que no, ella sonrió, te estoy diciendo de verdad, no quiero pendeja.
Se enojó, colgó y no hablamos más.
Al día siguiente me mandó audio mientras se masturbaba:
—Ayer pese a que me cagaste el plan, pasó lo que tenía que pasar.
No mereces pero igual te cuento, me lo cogí tres veces, amor… primero me mamó el coño en el baño del bar, después en su carro me metió por el culo hasta que grité… al final en su depa me llenó la boca de leche espesa… fue rico, pero extraño tu verga reclamándome.
Las semanas pasaron. Cada vez más distante. Una noche en el parque la vi paseando a Luna… pero con otro tipo alto y musculoso, él acariciándole el culo disimuladamente mientras Mia no estaba.
Me acerqué. Ella sonrió como si nada.
—Hola, mira, te presento a Diego. Es… un amigo con derechos.
Diego me apretó la mano fuerte, sabiendo exactamente quién era yo.
Yo no, le dije, puse mala cara y los dejé.
Pese a que teníamos algo, la cosa se enfriaba, ambos los sabíamos.
Los perros seguían jugando cuando se cruzaban, pero nosotros… ya no. Valeria siguió siendo la rubia despampanante que disimulaba perfecto en San Borja: de día profesional intachable, de noche puta libre. Yo me quedé con el recuerdo ardiente de esa primera follada y la certeza de que, en una relación abierta, alguien siempre termina queriendo cerrar la puerta.