Vivir sin sexo
Belén tiene 48 años y salvo tres o cuatro relaciones de la época universitaria y una de los treinta no ha vuelto a tener sexo, ni siquiera momentos de placer solitario. Bueno, esto último no lo haría nunca, porque le pesa mucho su educación judeo cristiana.
Acabo de pasar el fin de semana con ella. No la veía desde hace dos años, y hasta ahora nunca habíamos hablado del asunto. Y si no fuera porque yo le pregunté, ella no lo hubiera comentado nunca, por esa educación tan castrante.
¿No te apetece? ¿No lo echas de menos?, le pregunté.
No, el sexo casi nada. Sí echo de menos a alguien que me quiera, pero me he acostumbado a vivir sin sexo y no lo echo en falta. Y casi, si me apuras, tampoco al hombre que me quiera
¿Y te das cuenta de que estarías mejor si tuvieras relaciones sexuales?
Tampoco. Si lo pienso bien, al principio me digo que me estoy perdiendo lo mejor, pero termino pensando que no quiero complicaciones y que hay otras muchas cosas mejores.
¿Cuáles?, digo.
Pues, en este momento mi trabajo, contesta.
¡Pero qué dices! Ningún trabajo puede ser tan bueno.
Bueno, sí, tienes razón, supongo. Quizás lo digo porque es lo único que hago desde hace tantos años que se ha convertido en mi compañero inseparable.
Le insisto en que si no ha conocido a nadie con quien le haya apetecido echar un polvo, sin más complicaciones. Y ella dice que no, que no lo ha conocido y que tampoco se esfuerza por conocerlo.
Mi amiga es una chica muy atractiva que ha llegado muy alto, y es muy tímida también para eso de las relaciones con los hombres. Cuando estudiábamos en la universidad éramos cuatro en el piso: una era la lanzada, mucho, en el medio estábamos dos que hacíamos nuestro pinitos y después, Belén, a la que había que empujar literalmente cuando se le presentaba una oportunidad, porque ella no se atrevía aunque el tipo le gustara mucho.
Parece que sigue igual. No, peor, porque ahora no hay nadie que la anime a hacerlo y los años pasan. Así que vive sola en su casa, trabajando también los fines de semana, cuando no recibe la visita de su madre para quedarse una temporada. Que no es solución, porque no creo que la buena señora anime a follar a su querida hija. Sobre todo cuando ésta parece haber dado carpetazo a tan estimable y beneficioso asunto.