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Recuerdo que Cecilia combe actuó en "Taxista Ra-Ra" (1998-1999). Raúl Ramírez -interpretado por A. Chuiman- por su cara le decía "el travesti", cuando iba a hacerse peinados en su casa, por la esposa de Ramirez -interpretada por Aurora Aranda-.
recuerdan q cuando presentaron el video con el dr sexo, mientras q ella estaba dopada, el dr sexo fue a traer una camara y le fotograio su tremendo Q ....azo , no las querra compartir con nosotros jejejeje
respondiendo a la peticion de pegaso1990 de si alguien tiene fotos de barbara codina la verdad que no hay ya que ella se fue a los yunaites pero las que pongo ahora son un poco monses y no se ven bien pero vale un aporte para un pedido que hicieron ademas borraron los videos de ella de youtube antes ella salia ahi es un mujeron lo maximo si alguien consigue mas fotos de ella
respondiendo a la peticion de pegaso1990 de si alguien tiene fotos de barbara codina la verdad que no hay ya que ella se fue a los yunaites pero las que pongo ahora son un poco monses y no se ven bien pero vale un aporte para un pedido que hicieron ademas borraron los videos de ella de youtube antes ella salia ahi es un mujeron lo maximo si alguien consigue mas fotos de ella
me has hecho moquear brother. Yo vivia templado de Barbara Codina. Que rica mujer...buenas piernas, buena talla..un mujeron...que pena que se halla ido a los yunaites, y con ella todo recuerdo en fotos o videos de . Gracias por el esfuerzo de mostrarnos ese material...
[SIZE=-2]UN VISTAZO A LA HISTORIA DE LAS VEDETTES PERUANAS, DONDE NO TODO LO QUE RELUCE ES ORO
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[FONT=Verdana,Arial,MS Sans,Serif]EL VEDETTISMO PERUANO [/FONT][FONT=Times New Roman,Georgia,Times]Generación de ilusiones
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La historia comenzó en los inicios del decenio de 1950. Cines de entonces fueron testigos de verdaderos espectáculos que presentaban figuras destacadas como Betty di Roma, Mara y Anakaona. Ellas deleitaron con sus ritmos frenéticos durante dos décadas.
Después aparecieron chicas hermosas como Bárbara Codina I, recientemente fallecida, y Satanela, quienes se presentaron en clubes nocturnos como Embassy, El Olímpico, El Pigalle, La Fontana, Tropicana, Tábaris, el Negro-Negro y el Grill del Hotel Bolívar, entre otros.
En el decenio de 1980 surgieron Teresa Dávila, Teddy Guzmán y Nancy Cavagnari, quienes junto con Bettina Onetto y Stella Colombo se convirtieron en la sangre nueva del vedettismo peruano.
A fines de esta década aparecieron Amparo Brambilla, Analí Cabrera, Cecilia Combe, Silvia Bardales, Lucha Rivera, Doris Caballero (hoy canta en Miami) y Gisela Valcárcel. Con el tiempo, Teddy se convirtió en una excelente actriz, Gisela en la más popular de las animadoras de la televisión peruana y Amparo ahora actúa en la obra teatral Venezia.
Después de estas verdaderas reinas del vedettismo nacional, aunque no hayan cantado bien, nacieron Rosa Cabrera, Giovana Vélez, Bélgica Rodas, Patty Cabrera, Susy Díaz, Patricia Alquinta y Bárbara Codina II, entre otras.
En los últimos años las portadas de los diarios sensacionalistas lanzaron a popularidad a chicas sin mayores condiciones artísticas. La lista es numerosa. Eva María Abad, Mónica Adaro, Yesabella, Mónica Cabrejos, Mariella Zanetti, Maribel Velarde, Giuliana Herrera, Iris Loza, Azucena del Río, Rocío Polo, Danuzka Zapata, Lucy Bacigalupo, Paola Ruiz, Daysi Ontaneda, Desirée Acosta, Miriam Talavera, Stephany, Fanny Alache, Ericka Pacheco y Sara Manrique son tal vez las principales.
¿Pero qué es una vedette? Para el coreógrafo chileno Armando Barrientos, una vedette no sólo debe tener un rostro atractivo y llamativas medidas anatómicas. Debe cantar, bailar con disciplina y encantar al público. También debe saber dialogar con el respetable y animar espectáculos, señala.
En nuestro medio, las vedettes se multiplican apelando a figuras exuberantes que lucen diminutas tangas. Sin duda, viven en un mundo de ilusiones. [/FONT]
En fin, la vida transcurría sin tantas tragedias. Simultáneamente, detrás de las cortinas de un hogar de clase media, en el Callao, una niña se despojaba de su convencional uniforme escolar, se soltaba las dos colitas y se quitaba la clásica cinta blanca. Sus inocentes labios se tiñeron de carmín. Parada frente al espejo, pronto sucumbiría a la coqueter’a de mujer adulta. Era Betty di Roma, tenía apenas 13 años cuando decidió dejar atrás, y para siempre, sus vestidos de niña, para cambiarlos radicalmente por diminutos atuendos. Su ropero infantil se llenó de falditas, trajes escotados y bikinis. Todo por amor al mambo, ritmo de moda en los años cincuenta. Su ímpetu pronto la llevó a pisar por primera vez un escenario capitalino... Los aplausos y las ovaciones no se hicieron esperar. Había nacido una nueva reina del mambo ¡maaaambooooo! El mambo ya causaba furor en todo el mundo. Cuando ella lo escuché por primera vez, aquí en Lima, el ritmo se le quedó prendido en el cuerpo y en el alma.
Betty di Roma es una suerte de mito , que en su momento cautivó a más de un aristocrático caballero, durante el gobierno del general Manuel A. Odría y luego, de Manuel Prado y Ugarteche. Los jóvenes de ahora quizás no sepan de quién hablamos pero los de antes, ¡cómo no!
Ella fue una de las más completas bailarinas que tuvo el país. Su especialidad era bailar mambo. Su vida estuvo ligada a personajes del poder, quienes la requerían por su belleza sin par. Miles se volvieron locos cuando la conocieron, y noche a noche se daban cita en el Embassy, el Copacabana o en el Grill del Hotel Bolívar. Les bastaba con sólo apreciar el esplendor de su belleza.
Su cintura de avispa era envidiada por las más grasudas ricachonas de su época. La redondez prominente de su busto turgente, agradeciendo siempre al cielo por las bondades de su natural belleza, turbaban hasta al más santurrón. Y ¡Ohhhh qué piernas! Esas apretadas carnes que quedaban dibujadas en el aire, al elevarse en un pasito inspirado por Pérez Prado.
La masa se electrizaba, el fervor de las multitudes, acostumbrada hasta aquel entonces a ver sólo largas ténicas y de vez en cuando, uno que otro "tobillito", que para la época constituía la mayor vergúenza pública.
Betty di Roma fue el blanco preferido de los periodistas de espectáculos, quienes trataron de ligarla a los escándalos, pero ella prefirió no ventilar su vida privada. Muy distinta a las vedettes de hoy, quienes disfrutan al verse de cuerpo entero en pequeños pero escandalosos diarios "chichas" donde las relacionan
con futbolistas, productores de TV, ejecutivos, y con quien les dé la gana. Algunos veteranos cuentan que las Maras y Anakaonas del ayer tenían lo suyo, es decir, "aventurillas" pero eran muy discretas.
Raíces de artistas
Hija de padre italiano, Betty di Roma decidió conservar su verdadero nombre y apellido. Es la menor de seis hermanos. Todos vinculados con el arte: Alex, concertista; Antonio, bajista y violinista; José, arreglista y bajista; Fanny y Teresa. Su madre tuvo un segundo compromiso, ahí Betty tiene seis hermanos más, los Castros, que también son artistas.
Un día, de tanto ver bailar a su cuñada, Betty se animó a bailar y no lo hizo mal. Luego la animaron a participar en un concurso promovido por periodistas para formar una compañía revestiril, el jurado la eligió como una de las veinte mejores chicas. Tongolele la señaló como la que mejor bailaba el mambo y entonces firmó contrato con la compañía "Bikini Girls". Tuvo éxito.
El público la convirtió en su ídolo. Pese a su corta edad, no dejó que se le subieran los humos a la cabeza. Era hija de artistas y veía todo muy natural. Dejó sus estudios cuando cursaba el último año de educación primaria en el colegio Hipólito Unanue del Callao, para dedicarse integramente a la vida artística. Nacida en Ica, vivió desde los 13 años en el Callao y sus mejores recuerdos los guarda del barrio porteño, por eso todo el mundo le decía Betty, "tú eres chalaca". La gente la identificaba, ahí la querían mucho.
Antes de pararse frente a un escenario, Rafael Ferreyra, su eterna y única pareja de baile, la preparó durante seis meses, junto a Mara "la exótica" y Anakaona, en radio Lima, en la avenida Uruguay. Después de su debut, las tres lograron trabajar, junto a Los Panchos, María Victoria, Fernando Fernández, Pedro Infante, Tongolele, Celia Cruz, Olga Guillot, Libertad Lamarque y Ana de Taleta, que fue Miss México en esa época. Además alternaron con la mayoría de los artistas cinematográficos mexicanos.
En su momento, el mambo se convirtió prácticamente en un desafío, hasta el punto de excomulgar a mucha gente que lo bailaba.
A pesar de que ahora la sociedad ha cambiado, en sus años mozos Betty no sintió abiertamente el rechazo de la censura. Ella no creía que hacía cosas obscenas ni nada por el estilo. En el ambiente artístico, existía un respeto mutuo entre sus compañeros. Mara, Anakaona y Betty di Roma, las tres bailaban mambo. Anakaona era exótica, Mara sensual y Betty la más juguetona, la más alegre.
Cada una gozaba de un peculiar estilo a la hora del baile. Para Betty, el mambo significaba toda su vida. Por el mambo tuvo la oportunidad de ser artista, de tener las cosas más bellas, de conocer varios países, de poder darle a su familia todo lo que soñaba, ansiaba llevar a sus hermanos a vivir a Europa, que conozcan el mundo, los mejores vestidos, los mejores perfumes, los mejores zapatos, los hombres más bellos de Italia, los hombres más gentiles del mundo.
"Ahora me puedo morir tranquila, porque Dios me ha dado más de lo que merezco y todo eso se lo debo al mambo, que para mí es toda mi vida".
Mujer de apasionados romances
Tenía 17 años cuando se enamoró por primera vez. Pero poco le duraría el ensueño, ya que tuvo que decirle adiós a su amado, quien enrumbó en un viaje sin retorno a Estados Unidos. Años después, en pleno goce de su popularidad, sucumbió a la galantería del conocido periodista Francisco "Foncho" Miró Quesada. Su pinta de galán de telenovela la deslumbró, dando inicio a una de las más desaforadas pasiones de la época. Un auténtico "banquetazo".
Aquel romance primaveral se mantuvo inicialmente en silencio, pero pronto se convirtió en un secreto a voces. La sociedad conservadora limeña de entonces no aceptaba esos romances. Pese a que se amaron mucho, la diferencia de clases sociales era abismal y terminó por separarlos. De esa manera se diluyó una relación que prometía.
Desde entonces, Betty, pese a su belleza sin par y a sus miles e embobados admiradores, no se casó ni tuvo hijos. Se dedicó totalmente a su trabajo, el mambo era su vida. La soledad nunca la aterró, porque según sus propias palabras, "el ser humano jamás está completamente solo".
Con talento artístico ya no interesa la edad. "Hay jóvenes que se sienten viejos, y viejos que se sienten jóvenes; el aspecto físico se debe cuidar, pero lo importante es el talento". (Revista Gente)