CajadePandora
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Son las 2:19 am y esta es mi primera publicación. Es de esas madrugadas de recuerdos de lo que pudo haber pasado.
Enero 2021. Recién había comenzado en redes cuando un amigo mío me invitó a visitarlo a Chimbote por su cumpleaños. Nunca había ido ahí y cuando me puse a averiguar quedé enamorada de sus playas. Aún tenía esa idea de que podía haber mal olor (por las harineras de pescado) pero mi amigo me tranquilizó diciendo que por pandemia todo estaba cerrado y el mal olor se había ido. Se ofreció a cubrir mis gastos de movilidad y hotel y yo, ni corta ni perezosa acepté
.
Cuando llegué mi amigo llegó tarde a recogerme del terminal y eso me dio una mala corazonada que persistiría el resto del viaje (al menos mientras estuve con él
). Al inicio quería que me aloje en su casa (después de haberme dicho que pagaría el alojamiento
), cosa que rechacé y me llevó a un hotel en el que no me acababa de sentir cómoda (cama y almohadas duras y un desayuno con un jugo que sabía rarísimo y tuve que dejar
). Le pregunté qué desayunaríamos y me dijo que él hacía ayuno intermitente cosa que mejor nos íbamos de frente al almuerzo (y yo había pasado la madrugada en vela porque difícilmente puedo dormir en bus
). Fuimos a las playas (después de hacerme caminar regular hasta que le pedí que por favor tomemos taxi) y ahí decidí meterme a nadar sola. Para ese momento ya estaba algo fastidiada (y hambrienta). Pero la playa desierta, limpia y con un agua riquísima hizo desaparecer mi malestar.
Cuando salía del agua tenía que pedirle constantemente a mi amigo que me echara bloqueador y notaba cómo miraba atentamente mis pechos, mis nalgas. Y ya me imaginaba lo que pasaba por su cabeza (una imagen de yo en 4 mirándolo provocativamente y abriéndome el culo invitándolo a entrar). Estuvimos así hasta la hora de regresar y almorzar. Y ahí fue la real tragedia
.
Soy un poco eticosa con la comida marina: me gusta el ceviche clásico, sin muchos agregados, simplemente pescado, su choclo y su cebolla; y necesito que sea en un lugar muy limpio y así se lo dije a mi amigo. Él me dijo que conocía el mejor sitio para comer ceviche: un huarique.
El sitio lucía muy humilde: mesas y sillas de plástico de pilsen, el piso de tierra, el baño sin agua y con un mojón que no había pasado. Después de indicarle a la chica cómo quería el ceviche procedimos a esperar como 40 minutos hasta que me trajeron... un ceviche con todo (la chica había entendido que quería todo lo que le había quitado). Me levanté de la mesa y exploté con una frialdad calculada diciéndole a mi amigo todo lo que me había estado guardando.
Salí echando chispas del sitio y le dije a mi amigo que me dejara en el hotel. Una vez ahí intentó meterse conmigo a la habitación y casi lo saco a patadas pero felizmente entendió mi mirada y se retiró. Lamenté que fuera una visita por su cumpleaños y yo me comportara de esa manera, pero no podía más.
Entonces comencé a mirar Insta y chatear con un desconocido que apareció muy oportunamente. Le comenté que estaba en Chimbote y la situación en la que me encontraba. Él era de ahí pero aunque habíamos hablando antes, nunca nos habíamos visto, de hecho, ni foto de perfil tenía. Me dijo que podía recogerme y alojarme en su casa... Sobrepesé las cosas y armé maletas.
Mi amigo no se había ido, me esperaba en la recepción. Intentó disculparse por todo pero ya era tarde. Me disculpé con él, le di el regalo que le tenía preparado y le dije que por una emergencia tenía que regresar a Lima y ya había pedido taxi. Lo dejé parado afuera del hotel, con la boca abierta, viendo cómo me subía a un carro con un desconocido que veía por primera vez pero ya me abría la puerta del coche y me ayudaba con mi pequeña mochila.
Enero 2021. Recién había comenzado en redes cuando un amigo mío me invitó a visitarlo a Chimbote por su cumpleaños. Nunca había ido ahí y cuando me puse a averiguar quedé enamorada de sus playas. Aún tenía esa idea de que podía haber mal olor (por las harineras de pescado) pero mi amigo me tranquilizó diciendo que por pandemia todo estaba cerrado y el mal olor se había ido. Se ofreció a cubrir mis gastos de movilidad y hotel y yo, ni corta ni perezosa acepté
Cuando llegué mi amigo llegó tarde a recogerme del terminal y eso me dio una mala corazonada que persistiría el resto del viaje (al menos mientras estuve con él
Cuando salía del agua tenía que pedirle constantemente a mi amigo que me echara bloqueador y notaba cómo miraba atentamente mis pechos, mis nalgas. Y ya me imaginaba lo que pasaba por su cabeza (una imagen de yo en 4 mirándolo provocativamente y abriéndome el culo invitándolo a entrar). Estuvimos así hasta la hora de regresar y almorzar. Y ahí fue la real tragedia
Soy un poco eticosa con la comida marina: me gusta el ceviche clásico, sin muchos agregados, simplemente pescado, su choclo y su cebolla; y necesito que sea en un lugar muy limpio y así se lo dije a mi amigo. Él me dijo que conocía el mejor sitio para comer ceviche: un huarique.
El sitio lucía muy humilde: mesas y sillas de plástico de pilsen, el piso de tierra, el baño sin agua y con un mojón que no había pasado. Después de indicarle a la chica cómo quería el ceviche procedimos a esperar como 40 minutos hasta que me trajeron... un ceviche con todo (la chica había entendido que quería todo lo que le había quitado). Me levanté de la mesa y exploté con una frialdad calculada diciéndole a mi amigo todo lo que me había estado guardando.
Salí echando chispas del sitio y le dije a mi amigo que me dejara en el hotel. Una vez ahí intentó meterse conmigo a la habitación y casi lo saco a patadas pero felizmente entendió mi mirada y se retiró. Lamenté que fuera una visita por su cumpleaños y yo me comportara de esa manera, pero no podía más.
Entonces comencé a mirar Insta y chatear con un desconocido que apareció muy oportunamente. Le comenté que estaba en Chimbote y la situación en la que me encontraba. Él era de ahí pero aunque habíamos hablando antes, nunca nos habíamos visto, de hecho, ni foto de perfil tenía. Me dijo que podía recogerme y alojarme en su casa... Sobrepesé las cosas y armé maletas.
Mi amigo no se había ido, me esperaba en la recepción. Intentó disculparse por todo pero ya era tarde. Me disculpé con él, le di el regalo que le tenía preparado y le dije que por una emergencia tenía que regresar a Lima y ya había pedido taxi. Lo dejé parado afuera del hotel, con la boca abierta, viendo cómo me subía a un carro con un desconocido que veía por primera vez pero ya me abría la puerta del coche y me ayudaba con mi pequeña mochila.
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