Continuación y fin
Cuando desperté estaba sola. Salí y hallé la mesa puesta con unos tamalitos, pan y un café mientras él me preparaba un lomito. Ya imaginarán cómo estaba yo de sorprendida y encantada con ese hombre.
Nos sentamos y me dijo que me alistara. Me llevaría a conocer las playas… y ahí comenzó el verdadero viaje. Montada en su carro íbamos pasando una playa tras otra, haciendo paradas donde quisiéramos, yendo a restaurantes riquísimos y hermosos. Cuando llegamos en la noche, cansados, luego de la ducha le pedí que volviera a pasarme crema (para repetir lo de la noche anterior

) pero me dijo que no podría, ¡tenía que trabajar toda la noche si quería llevarme a Trujillo mañana! Me retiré y me quedé dormida escuchando sus conversaciones y el sonido del mouse desde la sala.
El pasaje de regreso estaba programado para ese día en la noche. Después de desayunar, salimos rápido rumbo a Trujillo acompañados de la música más pop que se puedan imaginar

. Su forma de conducir, de conocer cada lugar al que me llevaba y de estar de acuerdo con cada cosa que decía me tenía maravillada. Luego de visitar Huanchaco, me dijo que contábamos con poco tiempo si quería regresar a Lima esa noche. Pero que, si quería, podía llevarme a Chan Chan al día siguiente (por pandemia, hasta ese día estaba cerrado) y comprarme otro pasaje de regreso. Le dije que sí, y me dijo que confirmaría algunas cosas en su trabajo. Y así continuamos hasta que tuvimos que regresar a Chimbote.
Las prisas hicieron que me subiera al carro con la ropa de baño dentro del short. El aire había cambiado… me dijo que le habían llamado del trabajo y tendría que entrar esa misma noche y no saldría hasta en 3 días. Tenía que asegurarse que tomara mi bus esa misma noche...
Muy triste, le dije que si tendría tiempo de bañarme (y él de cogerme) y me dijo que no. Que llegaríamos a las justas. Que mejor me iba quitando la ropa de baño ahí mismo. Estábamos en carretera abierta (y bien iluminada), rodeados de carros y con controladores de tránsito cada cierto trecho. Con mucha vergüenza comencé a maniobrar con el cinturón de seguridad quitándome primero la parte de arriba y luego bajándome el short para retirar la ropa de baño por completo… y ahí fue. Él me miró la vulva, depilada, rosada, con los labios cerrados y extendió su mano… Comenzó a tocarme los muslos, cerré los ojos, abrí las piernas y me dejé hacer mientras gemía… Sus dedos me tocaban suavemente el clítoris y recorrían mis labios vaginales mientras comenzaba a mojarme. Era delicioso, yo me abandonaba sintiendo mis piernas retorcerse y aferraba mis manos al asiento y ventana. ¡Al fin mis ansías se veían complacidas! Sus dedos me frotaban, se metían y ¡yo me sentía venir! Entonces me dejó y se fue a mis tetas removiendo parcialmente mi polera. Sentía mis pechos ser estrujados mientras veía, cada que abría un poco los ojos, cómo nos acercábamos y alejábamos de un camión delante nuestro. Y así seguimos, él siempre impidiendo que me viniera y yo conteniendo a un orgasmo que prometía salir a chorros. Apuesto a que le dejaba la luna bien limpia de tremendo squirt.
Cofrades, no crean que fui egoísta, por supuesto que yo también quería masturbarle, pero él no pudo desabrocharse el pantalón puesto que el carro tenía que volar.
El final de esta historia fue rápida (como todo lo que pasó en ese viaje). Los ánimos alcanzaban su punto más álgido cuando llegamos a su casa. Yo, esperanzada, corrí a ducharme para que me cogiera, pero él ya estaba metiendo mi ropa en la mochila mientras que me decía que habíamos estado a punto de morir 3 veces aplastados por el camión delante de nosotros (porque él también se había dejado llevar

). Y así, desilusionada, partí a Lima sin poderle dar siquiera un beso a mi desconocido que me había hecho conocer Chimbote (y parte de Trujillo) de una forma que nunca antes había viajado.
Es el fin del relato amigos. Volvimos a vernos una vez más cuando vino a Lima y se escapó 15 minutos del trabajo… antes de que regresara con su ex pareja tóxica con hijo de otro hombre.