Venezolanos con Peruanas (12 Viewers)

Quien desee puede continuar
 
Soy un venezolano q llego al Peru en el 2018. Siempre leo en este foro experiencia de peruanos con mis paisanas, las venezolanas. Se q desde q llego la migración venezolana al Peru, las venezolanas han llamado mucho la atención tanto fisicamente, como por su personalidad. Para los hombres venezolanos eso ha sido un poco más difícil porque las peruanas son más conservadoras, son muy serias y también desconfiadas más aún con los venezolanos con todo lo q se dice en las noticias sobre nosotros, en muchos casos con justa razón. A mi me constó en un principio entrarle a una peruana, entenderla, son algo complicadas. Pero las cosas cambiaron para mi y puedo decir q tengo una gran cantidad de experiencia con peruanas, pero es mi caso particular, no sé si a todos los venezolanos le han pasado lo mismo, no tengo mucha amistad con venezolanos, me junto más con peruanos. Quería saber la opinión de ustedes cofras. Han visto q mas peruanas se abren a los venezolanos, como pasa con las venezolanas q desde un principio se abrieron a los peruanos. Los leo atento
Bueno no es nada del otro mundo, tirar entre personas de otros paises o lugares es una experiencia que todo mundo merece... en mi caso me he cachado harta chamas de distintos edades y colores.... Tengo una vecina que tambien tiene marido venezolano que la empotra cada noche!
 
Chamos del foro responda una duda que tengo

Por qué preñan puras chamas mongolitas palo seco sin tetas ni culo y después las abandonan

Veo eso muy seguido por el centro de Lima
 
Chamos del foro responda una duda que tengo

Por qué preñan puras chamas mongolitas palo seco sin tetas ni culo y después las abandonan

Veo eso muy seguido por el centro de Lima
Jajaja xd... asi son la mayoria en venezuela... En Peru agarran cuerpo y engordan
 
No todas las chamas se ponen cuerponas después del embarazo conocí a una palo seco que agarro cuerpo en el embarazo y después de dar a luz regreso a ser palo seco después del embarazo y para colmo se regreso a Venezuela la veo flaca otra vez ya no creo que agarre cuerpo de nuevo esa es su contextura
 
No todas las chamas se ponen cuerponas después del embarazo conocí a una palo seco que agarro cuerpo en el embarazo y después de dar a luz regreso a ser palo seco después del embarazo y para colmo se regreso a Venezuela la veo flaca otra vez ya no creo que agarre cuerpo de nuevo esa es su contextura
Así es mano, todo lo q tú dices, por eso muchos venezolanos preferimos a las peruanas. Sobretodo porque los peruanos andan muy distraídos con las venezolanas y ahí aprovechamos 😈
 
Cofra va a continuar o ya terminó sus historias..
 
Continuando con mis experiencias con peruanas. La vida en Perú me fue mejorando poco a poco. De limpiador en el edificio me pasaron a conserje, significó más sueldo. Igual, como la mayoría de migrantes, no me quedaba ahí. Seguía vendiendo refrescos en los paraderos y semáforos, sobre todo en verano. Con ambos trabajos me daba para el alquiler, mandar algo a la familia en Venezuela y hasta para salir los fines de semana. Me iba a discotecas del cono norte con mis panas venezolanos. Íbamos a bailar, tomar y sobre todo a conocer peruanas. Ahí sí me iba bien. Casi siempre salía con una, directo al telo pero eso era lo común, lo rápido, lo sin nombre.



Otra forma de conocer peruanas fue Tinder. Ahí conocí a Ángela. Tenía 21 años, estudiante de Psicología, foto de perfil con sonrisa tímida y gafas, pelo negro largo y mirada dulce. Era reservada, no de las que mandan nudes al segundo mensaje. Chateamos semanas, hablaba de sus clases, de sus metas de ser terapeuta, de que le gustaba leer y viajar. Yo le contaba de Venezuela, de mis días duros al llegar y lo mucho que me gustaba Perú. Poco a poco se soltó, me mandaba audios riéndose de mis chistes malos, y yo le mandaba fotos de mi día a día, estábamos en plan romántico. Después de tanto chatear, quedamos un sábado por la tarde en un café. Llegué nervioso, con camisa limpia y barba recortada. Ella llegó puntual, con un vestido floreado sencillo, zapatillas blancas y esa sonrisa que ya conocía de las fotos. Nos sentamos afuera, pedimos y hablamos como si nos conociéramos de años. Me contó que su papá era estricto, que nunca había tenido novio serio. Una chica con poca experiencia por eso me esmeraba en ser muy delicado con ella. El sol se fue ocultando y caminamos por un parque hasta que oscureció. Estaba algo nervioso pero decidí tomarla de la mano, ella algo apenada no opuso resistencia como cuando me acerqué a darle un beso. Nos besamos por primera vez, lento, sin prisa, con sus labios suaves y temblorosos. Ella se pegó a mí, nos abrazamos fuerte y susurró: “Me gustas mucho”. Yo sentí algo raro en el pecho, no solo calentura, sino algo más suave. La acompañé hasta el paradero, nos despedimos con otro beso y le dije “te escribo para saber si ya llegaste”.



Seguimos en contacto porque me gustaba mucho como para algo más. Me gustaba esa actitud inocente y algo pícara que tenía, se sonrojaba cuando le decía cosas bonitas, pero después me respondía con un emoji diablito o un “tú también me gustas más de lo que debería”. Hablábamos cada vez más, audios largos, llamadas por las noches cuando ella estudiaba y yo llegaba cansado del trabajo. Nos veíamos cada vez más. Un día fuimos a Barranco, le invité a un restaurante y luego caminamos por las calles pintoresca del lugar, ahí le hice saber mis intenciones serias. Ella se quedó callada un rato, mirando al piso, finalmente me dijo que si y lo sellamos con un beso y un abrazo.



Luego ella se sinceró y me habló de sus padres: “mis papás son complicados. Son personas trabajadoras, emprendedoras, tienen su negocio de materiales de construcción, y siempre han sido desconfiados de los venezolanos. Ven los noticieros, escuchan historias de conocidos que tuvieron problemas con trabajadores migrantes, nunca han contratado a ninguno. Si se enteran que salgo con un venezolano, van a armar un drama enorme, me van a decir que me estoy equivocando”. Me dolió escucharlo, pero entendí. Le dije: “No te voy a presionar para que les digas ahora”. Así que quedamos en que sus papás no sabrían nada por el momento.



Y así empezó nuestra relación formal, en secreto. Nos veíamos seguido, llamadas y mensajes todo el día. Ella seguía con esa mezcla de inocencia y picardía que me volvía loco, tímida al principio, pero después me mandaba fotos con carita de “te extraño” o me decía en voz bajita “quiero verte pronto”. Yo la respetaba, no la apuraba, porque sentía que valía la pena. Duramos varios meses así, construyendo algo real. No era perfecto, pero era diferente a todo lo que había vivido antes en Perú. Y aunque sus papás seguían sin saber, cada vez que la veía sonreír cuando me veía llegar, sentía que valía la pena esperar.
 
Buen relato continúe
 

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