Esa noche estaba feliz, pero al día siguiente, una preocupación me invadió. El mensaje de mi ex me puso nervioso, mi mente se disparó imaginando todos los escenarios posibles. ¿Y si sabía que me estaba tirando a su mamá? La paranoia se apoderó de mí, y como no tenía más información, solo me quedaba esperar. Ella me citó esa tarde en el centro. Las malas noticias se saben pronto, así que llegué puntual y ella ya estaba esperándome. Se acercó y me abrazó con tristeza. Le devolví el abrazo; fue tan cálida como siempre lo fue conmigo. Eso fue una buena señal: la sospecha no iba por mí.
Le pregunté de frente qué pasaba, fingiendo no entender. Me dijo que esa mañana, al salir, una vecina le había preguntado cuándo había regresado su papá, pues el día anterior había visto a un hombre entrar a su casa y quería saludarlo. "¡Vieja chismosa!", pensé, aliviado de que al menos no me hubiera reconocido. Le dije que se calmara, que seguramente era una confusión, como las que esa tía solía chismearle a su mamá. "¿O vas a confiar en la misma tía que llamó a serenazgo cuando supuestamente te estaba haciendo cosas obscenas y solo te estaba besando en la esquina?", le recriminé. Ella admitió que sí, pero que le preocupaba que su mamá estuviera con otros hombres. "Yo quiero a mi papá. Soy realista, sé que ya están separados por su culpa, pero aun así no veo a otro tipo desconocido entrando a mi casa".
Le dije que se calmara de nuevo. "Ella tiene derecho y te apuesto a que nadie desconocido ha entrado a tu casa. Ten esa seguridad", le dije, en mi versión más hipócrita, aunque en el fondo le estaba diciendo la verdad. La abracé y me dijo: "Bueno, me voy, mi mamá debe estar esperando para cenar". ¡******!, me acababa de dejar con las ganas, pero al menos no era lo que yo temía.
Quería saber qué más había pasado, así que, mientras ella se iba, llamé a la señora para comentarle lo sucedido y tomar nuestras precauciones. Esa vecina metiche ya me había causado varios dolores de cabeza, siempre estaba pendiente de todo lo que pasaba en la zona. La señora me dijo: "Si no te reconoció, mejor. Pero ya no hagamos cosas en mi casa, mejor fuera, en un hotel. Tampoco en tu cuarto, porque mi hija podría buscarnos, y ahí sí nos metemos en un lío. Yo solo quiero coger sin más compromisos, así que no te vayas a poner intenso conmigo ni a exigirme fidelidad. Por fin soy libre y quiero aprovechar, pero por ahora solo tú tienes acceso exclusivo a mi cuerpo".
Eso me arrechó, así que le dije que viniera por el centro y nos fuéramos a un telo. Me dijo que no, que al día siguiente viajaría a Lima y estaría una semana fuera. Me quedé con las ganas, derrotado, pero arrecho. Sabiendo que la tía quería todo sin compromisos, decidí retirarme y masturbarme, recordando su culo, del que tenía fotos. Puse una que otra para evitar que la reconocieran, ya que tiene algunas marcas que son reconocibles y no quiero problemas.
La tía viajó por asuntos familiares y algunos cobros que hacían con sus parientes. Dos días después, era viernes. Me comuniqué con la Suegris y me dijo que estaba ocupada, que saldría con sus amigos y estaría sin comunicarse. Salí un rato con una amiga que siempre me quitaba el estrés, pero ese día salió con su nuevo novio. Aburrido, me regresé a mi cuarto a descansar. Eran las tres de la mañana cuando mi celular vibró. Era mi ex. "Ábreme la puerta, estoy en la puerta de tu cuarto", me dijo. Salí y bajé. Efectivamente, ahí estaba ella, se notaba que había bebido y llorado. Me dijo que su nuevo novio se estaba acostando con su compañera de trabajo. Estaba mal porque lo quería, pero él era un perro que le pedía tirar anal y ella no quería, lo que la había llevado a que él la insultara. Me jodió escuchar eso, porque aún tenía sentimientos por ella, pero ya me había hecho a la idea de que eso no iba a ninguna parte.
En mi cuarto, mientras me contaba eso, le dije que se echara a dormir, que mañana estaría mejor. Ella se quitó la ropa, quedándose en ropa interior y con su top. Tuve que contenerme con la verga dura de ver ese hermoso culo de nuevo. Pensé que, si me aprovechaba, mañana me jodería más. Así que, como el caballero que no soy, me contuve todo lo que pude.
Me dijo: "Abrázame, quiero al menos sentirme querida". Como la estaba cuchareando, era obvio que mi verga se pegaría a su culo. Ella se dio cuenta, se dio la vuelta y me miró. "Sabes, al único que debía permitirle romperme el culo es a ti", me dijo. "Sé que antes no quería, pero si tú quieres, podemos hacer como si nunca hubiéramos terminado y solo por hoy ser enamorados". Ni corto ni perezoso, la besé y empecé a meterle toda la mano posible. Ya no me importaba que al día siguiente me jodiera. Le acomodé el calzón a un lado y se la refundí como en antaño. ¡Qué rico era cogerla después de meses! Y más aún, sabiendo que hace unos días me había cogido a su mamá, encima de su cuarto.
Me saqué el polo, ella se volteó, se quitó el top y me dejó mamarle los pechos. Luego bajó a mi verga y me la empezó a mamar como loca. Hacía comparaciones, y bueno, su mamá le ganaba en eso, pero aun así me arrechaba. La puse al borde de la cama y empecé a darle mientras sus piernas estaban en mis hombros. Ella gemía con cada embestida, volteando su rostro hacia un lado y cerrando los ojos. Me excité más. Luego la volteé y le ensalivé el anito, que se había dilatado un poco, pero seguía sellado, ya que antes ella no lo había hecho con nadie. Le metí un dedo y me dijo: "No, espera, con cuidado, se siente raro". Lo ensalivé más, pero como ella todavía estaba tensa, decidí clavarla de perrito. Poco a poco, le fui poniendo lubricante que tenía desde cuando había intentado convencerla de coger por el culo. Fui a buscarlo baño y, en un momento de lucidez, tomé mi celular. Me di cuenta de que su mamá podría escribirme o que, por error, ella vería alguna notificación. Lo puse en silencio, con el modo "no molestar" y sin vibración. Lo tiré debajo de la cama y, ahora sí, sin previo aviso, porque ella me esperaba mostrándome el culo, se la metí en la vagina mientras ella se movía como loca. Al mismo tiempo, le iba untando con mi dedo en su ano, que cedía poco a poco. Luego dos dedos, y jugaba abriendo, tratando de que se dilatara. Después, metí tres. Entraban con dificultad, pero mientras le daba, ella empezó a temblar, algo que ya conocía. Tuvo un orgasmo.
Se echó boca abajo en la cama. Yo, con los dedos aún en su culo, le puse una almohada debajo para que sacara más su potito. Ella misma jaló mi verga hacia su anito y poco a poco empecé a empujar. No veía bien cómo entraba, pero sentí que la punta estaba ingresando. Ella solo apretaba los dientes, excitada, y apretando las sábanas. Yo estaba arrecho de poder, por fin, reventarle el culo. Con el lubricante, una vez que pasó la punta, le encajé toda la verga. Ella gritó de dolor y empezó a lagrimear. Sentí cómo lloraba. Me empecé a sentir mal y decidí sacársela, pero ella, con lágrimas en los ojos, me dijo: "No te pedí que me la sacaras. Sigue dándome". Eso me arrechó, y empecé a bombearla. Primero suave, hasta que su ano se dilató un poco más, y empecé a darle con más fuerza. Era una sensación riquísima estar apretando ese culo, y ella llorando pero aguantando, excitada, me motivaba más.
Así estuve un poco más, dándole con todo hasta que no aguanté y me vine dentro de su culo apretado. Ella empezó a temblar un poco y se vino con todo. Fue el mejor orgasmo, ya que me llenó las sábanas. Las boté, la acomodé en la cama y ella cayó rendida. Yo también, por la excitación, estaba deshecho, pero feliz. Aunque quería seguir con la noche, la vi ahí, tirada después de haberla cogido como nunca. Me acomodé a su lado, y ella solo dijo: "Te amé mucho, ¿sabes? Y esta es mi forma de demostrarte lo mucho que significas para mí". La abracé y nos quedamos dormidos.
A la mañana siguiente, ella se levantó y no me reclamó nada. Solo salimos a desayunar. No hablamos mucho del tema, pero ella se despidió con un beso sonriente. Ambos sabíamos que eso no significaba que hubiéramos regresado.
ahi le dejo una foto de la suegrita pero por lo que ya dije no quiero tener problemas