Lo que caracteriza a estos recintos del mundo puteril no siempre se encuentra en las camas apunto de desarmarse o a lo lúgubre de la fachada ni a los muebles pequeños, ventiladores, sillas, televisores que dan frente al matadero. El olor es lo único cierto en ese espacio. Incienso, cigarros, agua florida, una acumulación de fluidos, gritos de ahogados, reclamos por la relojeada, el clásico engaño al cofrade que se pasó de ansioso, sudor, mucho sudor, la puerta abriéndose y yo viendo a la calle de al frente.
Se quedó quieta en la puerta, evitaba mirarme, me dijo que me recostara. La agarré del culo y le dije que extrañaba polvear con ella. Me miró y me preguntó cuánto tiempo quería quedarme. Le dije que venía a saludarla, la apreté contra mí, me besó el cuello y empalmé su vulva. Ya estaba mojada y solo se mantenía pegada a mi pecho. Dijo que había extrañado estar conmigo, pero que yo no quería nada y ella sí. Que me atendería bien, accedí, no hice reclamos. Fue un polvo acorde a las circunstancias, una hora cachando a pleno, la sensación de verla echada, agitada, respirando con dificultad, acomodándose para ver que me he levantado y quitarme el poncho para tirarlo al basurero.
Quería volver por otro polvo, al verla así, hecha ******, tenía ganas de empujársela de nuevo. El polvo había durado una hora con diez minutos, miré el celular justo al momento en el que había entrado. Le gritarían por el tiempo, me abrazó fuerte, y dijo que volviera pronto. Le pregunté si se quedaba toda la noche, respondió que sí. Que tenía que trabajar en la mañana, cocinar para sus hermanos y su viejo en la tarde, limpiar su jato y que recién en la noche podía salir a chambear. Le pregunté por otra encerrona, se quedó callada.
—Tú ya sabes que yo no quiero solo eso, si va a ser así mejor me pagas.
Me gustó que sea tan directa, por lo menos para ser consciente que aquí nadie estaba queriendo agarrar de cojudo a nadie. Me dio otro beso, pero este fue cargado de arrechura, por instante pensé que debería ir al cajero y regresar por otro polvo. Me quité pero seguí pulseando durante la semana, quería al menos una noche para que me diera buen sexo. Atracó, dijo que ya, pero que solo por esta vez, intenté hacer algo diferente: le compré un perfume. No quería meterme en el lio de ser su pareja, pero entendía que a algunas flacas les gusta esa nota. En ningún momento intenté hacerla sentir mal. La forma en la que miro el perfume y su emoción fueron algo que se enmarcaron en mi mente, era como si le hubiera tocado pura porqueria por pareja, pegalones, controladores. En cierta forma ella pensaba que era un requisito de ser hombre.
Los encuentros se mantuvieron, pero ya no tenían esa forma de adherirse al placer puro y duro. He pensado que quizá esa noche, a mediados de octubre de 2017 debí ir primero al local y no al casino. Jugué por una hora en la ruleta electrónica, perdí cien lucas, y esperaba algo, quizá esperaba ir, pero algo me detenía. En el baño del casino pienso en sus sexo rebotando contra el mio, observándome con un exagerado gesto de súplica. Salgo del casino y estoy en las Artes, camino hacia el cruce con aviación. Mi ex está en las 4 estaciones con una amigas, me reconoce, pienso que debí ir al local primero ya van a ser la diez, pedimos un club sandwich y un par de juegos, nos separamos de sus amigas, han decidido dejarnos solos. No nos veíamos hace tiempo y disfrutamos la conversación. Estoy sentado en la barra y ella me dice que una flaca me está mirando, pero está parada justo en la esquina, giro para verla. Roxana se da cuenta que he volteado y se dirige hacia el local. Terminamos la comida, quedamos en vernos, me dice que el babyshower de su hermana será en unos días. Me sorprendo y le digo que de todas maneras nos veremos, espera su taxi, no maneja hace tiempo, me dice que chocó y le agarró palta manejar. Sube a su taxi, se va.
Subo las escaleras del local, toco la puerta y pregunto por ella. Entra al cuarto, pero me observa con rencor y me dice que no puede atenderme, que busque otra chica, sale del cuarto. Entra otra flaca y me pregunta "¿qué le has hecho?, no quiere atenderte". Le digo que no importa y que mejor me iba, hay un poco de garúa, la suficiente como para fumar un cigarro en la avenida y ver cómo los parroquianos empiezan a llegar. Pienso en ver a mi ex e ir al babyshower, retomar contacto. Viajamos juntos al norte para ver cómo iban los departamentos de mi familia, nos encanta Lobitos, es el lugar perfecto.De regreso a Lima la dejo en su casa, tiramos un rato, todo muy cotidiano, lleno de paz. Regresamos. Ella tiene que viajar a Estados Unidos, van a visitar a sus abuelos por navidad y regresa en un mes. Tiramos antes de que se vaya, una rápida, para asegurar. Cuando supe que ya se encontraba volando sobre el cielo chalaco, me bañé y salí a comprar cigarros. Decidí sacar efectivo y caminar hacia la 25. Pregunto por Roxana, me dicen que no está, que ya no estaba trabajando, pero que habían otras chicas, les dije que venía por ella. Ni en la mañana ni en el noche, me atendí con otra de las chicas, no estaba tan rica, pero ya estaba ahí y decidí meterle. No fue tan buen polvo, me comentó que Roxana ya no trabajaba hace un mes, que venía un señor y le traía salchipapas, no comentó nada más.
Al perder todo contacto con ella, decidí continuar mi relación. Pasó más de un año desde la última vez que la vi. Aproveché una salida entre amigos a un bar para, cerca de las 2 am, aquejar una suerte de cansancio inexistente y dirigirme hacia aviación. Entré al local y vi el material y no me gustó, me dijeron que había una mas, era laque me dio info sobre el tio que le daba salchipapas. Polveamos, me preguntó si yo tenía algo con Roxana, le dije que fuimos amigos. Sacó su celular y me mostró unas fotos que tenían en wsp. Ya era mamá, estaba con el señor que le traía comida, esbocé una sonrisa, terminó el polvo y salí del local. Vuelvo al casino, hay un par de azafatas que tienen un buen culo.