Familia, amor, matrimonio y sexo
Las Kalavanthalu hablan con serenidad y dulzura acerca de su oficio. Muchos clientes pasan largas temporadas con ellas y se convierten en sus maridos temporales, a quienes dedican todo su tiempo y atención. Este sistema les ha asegurado la fidelidad de la clientela, una excepción en un negocio marcado por los celos y las traiciones.
La mayoría de las Kalavanthalus se han independizado de la tutela del templo, pero mantienen un vínculo simbólico con sus tradiciones. Muchas de ellas están casadas con sus tíos y no, como en el pasado, con los bananeros y los dioses.
- Si, el tío es quien da el mangalsutra, me dice una de las muchachas.
El mangalsutra (collar equivalente al anillo de matrimonio en Occidente) es un tema de discusión recurrente entre las Kalavanthalus. Pienso que discuten sobre el tema y utilizan el mangalsutra para sentir que tienen ordinarias. Lo cierto es que saben que su vida ha sido decidida por su familia. El tío novio entrega los anillos a su sobrina esposa. La ceremonia matrimonial se diferencia de las bodas ordinarias porque los contrayentes no entrecruzan sus pies, no se echa arroz ni flores por la felicidad de la pareja y no se hace la reverencia a la estrella Arundthati.
Las fotos familiares de bodas y otros eventos familiares son muy importantes para las Kalavanthalus, pues son el recuerdo del destino que no tuvieron y la alegría de saber que, gracias a ellas, una pariente alcanzó la felicidad que ellas no pudieron tener.
Las Kalanvanthalus relatan con orgullo el origen mitológico de su linaje: tres bailarinas celestiales que intentaron distraer la atención del sabio Vishwamitra. El baile sigue siendo una de sus tradiciones, pero convertido ya en una actividad de tipo publicitario. En el pasado tenían la obligación de bailar en el templo cuando empezaban su carrera, ante el Shiva lingam.
No obstante algunas viejas Kalavanthalus sienten que sus vidas han sido desperdiciadas. Una de ellas recuerda a su madre, a quién su familia le dio a escoger el matrimonio con un desconocido o el negocio a los 14 años. Su madre se casó pero su matrimonio fue un fracaso y tuvo que entrar al negocio. Cuando ella llegó a la pubertad, su madre decidió que su destino sería el negocio, la sexta generación de las mujeres de su familia en él.
Una Kalavanthalu retirada me dice con orgullo:
- Mi tatarabuela fue dasi (cortesana) del rey. Aún vivo en su casa, construida en una colina, de paredes blancas, donde no llega la tierra. Se respira paz mi casa. En Peddapuram hay muchas mujeres orgullosas como yo.
El lado oscuro del pueblo
Sin embargo no todas las prostitutas del pueblo son Kalavanthalu. En una barriada en las afueras Laxmi vive sola, en medio de un basural. Ella no es del pueblo, sino de la cercana ciudad de Kakinada. Su madre era sirvienta, su padre conducía un rickshaw. Un día una mujer la convenció de ir a Bombay por un mejor futuro y la vendió a un burdel. Un año después fue liberada por la Policía y regresó a su pueblo. Sus padres no la aceptaron en casa y se estableció en Peddapuram.
Laxmi me cuenta que en el burdel las Kalavanthalu le aplican la ley del hielo y sólo sale del burdel en un coche cubierto, para que nadie la vea. La madre de su mejor amiga, Sridevi, cobra la mitad de las ganancias de Laxmi. Sridevi también ejerce el oficio y no siente resentimiento contra su madre. Sridevi y Laxmi se han convertido al cristianismo.
- ¿Van a la iglesia?, les pregunto.
- ¿Cómo podríamos ir a la iglesia? ¡Somos prostitutas!, responden las chicas.
Extracto del libro Aids Sutra: historias desconocidas de la India. Vintage Books. £8.99. Available from TimesBooksFirst for £8.54, free p&p. 0870 1608080; timesonline.co.uk/booksfirst
Fuente: The Sunday Times (UK)
Fecha: 08 de septiembre de 2008