Este fetiche lo descubrí hace varios años, durante mi adolescencia... muchas veces me quedaba a acompañar a un primo mientras sus padres salían de viaje por algunos días. Como era una casa grande, tenía espacio de sobra para visitar o quedarme vagando por ahí. Mi primo era un vicioso de la computadora, entonces se encerraba en su cuarto jugando hasta tarde y a todo volumen aprovechando la falta de supervisión. Como todo chibolo en sus quince años, pornero de las cabinas, andaba loco por la paja y cualquier mujer que me llame la atención me llevaba a alucinarla. Este era el caso de la mujer de mi tío, una cuarentona con un culo gigantesco y senos prominentes, de aspecto similar a Sara Jay para los entendidos. Vamos, la fantasía de todo chibolo que quiere tirarse a una MILF.
El detonante del fetiche fue un día que caí a la casa horas antes de que mi tío y su mujer salgan de viaje. Ellos estaban en el primer piso acomodando algunas cosas en la camioneta mientras yo subí al cuarto de visitas para dejar mis pertenencias. En esto que paso por el cuarto de mi tío me doy cuenta que su mujer se está bañando y se escuchaban ligeros gemidos ahogados. Pegué el oido a la puerta y efectivamente ella estaba tocándose, porque se escuchaba un chapoteo constante del agua y unos gemidos muy contenidos, casi imperceptibles. Por el miedo a ser descubierto me retiré, pero la sangre ya había irrigado a la cabeza chica y me dolía al contacto con el buzo del colegio que llevaba puesto. Luego de que partieran al aeropuerto y mi primo se encierre en su habitación, me entró el morbo de ver el escenario donde ocurrió el excitante suceso. En el baño no encontré nada inusual, así que me puse a revisar sus cajones, donde encontré sostenes de talla gigante, de todos los colores y formas. También sus calzones grandes, de encaje, terciopelo, cacheteros y tangas, demasiadas para disparar mi excitación. Seguí buscando y encontré lencería de enfermera, de policía, de estudiante... también el cajón con vibradores y penes de plástico con distintos tamaños. Ahí me di cuenta que había usado uno de esos porque el más grande seguía un poco húmedo. Revisando la cesta de ropa sucias encontré algunos calzones usados y los olí profundamente, sintiendo el aroma de su sexo y ligero olor a culo que me encantó. Fue tanta la exitación que empecé a lamerlos y sentir el sabor de sus fluidos, salados y ligeramente rancios por estar guardados.
Tengo una par de historias más de este tipo, trabajando como cuartelero en u. Hotel de lujo, y cuando me metí a una casa por una cuestión similar.