dirty boy
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1 Year of Service
Mamá y yo volvíamos a ir de vacaciones, esta vez no a la playa, sino ahora a una casa de descanso que había alquilado por el fin de semana. Como recordarán, mis últimas
vacaciones no habían sido muy agradables para mi, así que esperaba que en esta ocasión fuera diferente. Habían pasado ya casi seis meses de aquello, habían cambiado varias
cosas de aquel entonces a la fecha. Por ejemplo, al poco tiempo de regresar de la playa, mamá le pidió el divorcio a mi papá, esto para él creo que fue un golpe importante,
ya que después de eso él se había mudado de ciudad, por lo tanto, las veces que lo veía habían disminuido considerablemente, aunque, eso sí, nunca me faltó su apoyo
económico. En cuanto a mamá, ella también había cambiado un poco, se había hecho menos sobreprotectora y me dejaba más a mi libertad; si bien, eso me gustaba algo, también
debo aceptar que me causaba algo de extrañeza y hasta tristeza que se diera de golpe; además, por más que lo intentaba, la verdad es que no podía quitarme de la cabeza
aquellas escenas que presencié en nuestro cuarto de hotel. Cada vez que la veía involuntariamente me volvían a la mente esas imágenes de ella desnuda, pegándose y restregándose
a ese tipo, Javier; y como el pene de éste se introducía en ella; sus gemidos, todavía me masturbaba en mi cama pensando en sus ricos gemidos. No podía creer que esos sonidos tan agudos y hasta
chillantes fueran de mi madre, y como pedía más, hasta estando en la escuela se me levantaba solo de recordarlo. A pesar de que no fue la mejor experiencia por lo que significaba,
la verdad deseaba volver a escucharla gemir.
Mamá no tocó el tema conmigo, creo que sí se había creído que estaba totalmente
dormido, ni siquiera había vuelto a mencionar al tal Javier conmigo, salvo al día siguiente cuando me pidió de favor que no le dijera nada a papá sobre él, yo al no entender
mucho de lo que había visto y sin tener más opción, terminé aceptando.
Mamá manejaba, yo iba en el asiento trasero, se empezaba a sentir calor.
-Ya vamos a llegar, cariño - me dijo ella mirándome por el retrovisor, yo le sonreí.
Después de varios minutos de carretera por fin llegamos a lo que parecía ser como una especie de finca, había mucha vegetación y el buen clima ayudaba a que se viera aún mejor.
Pasamos por algunos filtros de seguridad hasta que llegamos a la famosa casa. Mamá estacionó el coche y bajó de él; se veía muy guapa. Llevaba como de costumbre su cabello castaño
quebrado suelto; usaba un vestido holgado color azul con blanco que le llegaba casi a los tobillos y unas sandalias, se le veía un cuerpo increíble a
pesar de la holgadez del vestido. Bajamos el equipaje, me tomó de la mano, y fuimos caminando hacia la casa.
Era una casa espaciosa y bastante bonita, con pasto, arbustos en todas partes, y lo mejor, una piscina justo en frente, era increíble que todo eso fuera de nosotros dos durante
ese fin de semana.
-¿Te gusta? - me preguntó mamá.
-Sí
-¿Está bonita, verdad? - yo asentí con la cabeza.
-¿Puedo meterme a nadar, mamá?
-Ahorita, cielo. Primero quiero que ayudes a algo rápido - Yo seguí caminando como si nada pensando que hablaba de desempacar o algo por el estilo.
Al interior estaba igual bastante bonita, tenía una sala, cocina, dos habitaciones, con ventanas grandes por donde entraba toda la luz del sol. Mamá como entró revisó su reloj,
y como si la estuvieran apurando empezó a caminar rápido por la casa, analizándole algo.
-¿Qué buscas, mamá?
-Nada, solo estoy viendo - Mamá cuando llegó a la sala, miró fijamente un momento la mesa de centro, era muy grande y de madera.
-Hijo, por favor ayúdame a quitar todas las cosas que están en la mesa.
-¿Para qué?
-Solo hazlo, por favor.
-¿Y donde las pongo?
-Pégalas a la pared.
Mientras yo hacía lo que mamá me había encomendado, ella parecía estar probando el stereo de la casa, pasaba una canción tras otra. Mamá no solía poner música a menudo, por lo que
inevitablemente llamó mi atención.
-Ya quedó, má
-Gracias, corazón. Oye, me voy a cambiar a mi cuarto, ¿sale? Puedes tomar agua o lo que quieras del refrigerador.
-¿Te vas a cambiar para meterte a la alberca?
-Algo así... Ahorita vengo ¿ok? - Y sin más, mamá tomó su maleta y se metió a su habitación.
Tomé un refresco del refri que tomaba mientras daba vueltas por la casa hasta que mamá salió. No parecía estar vestida para meterse a la piscina; salió solamente con una bata de
dormir negra que, por cierto, estaba muy corta, se le veían gran parte de los muslos, además de estar bastante escotada, iba descalza.
-¿Traes el traje de baño abajo, mamá? - Ella solo se rio un momento y me acarició la cabeza. Llevaba un disco en la mano que puso en el stereo. Iba cambiando de canción hasta que
pausó en una. Posteriormente se puso de cuclillas frente a mí.
-Mi amor, te voy a pedir otro favor - hizo una pequeña pausa -Ahorita va llegar Javier, el chico que conocimos en la playa - En ese momento sentí algo horrible en el pecho.
Continuará...
vacaciones no habían sido muy agradables para mi, así que esperaba que en esta ocasión fuera diferente. Habían pasado ya casi seis meses de aquello, habían cambiado varias
cosas de aquel entonces a la fecha. Por ejemplo, al poco tiempo de regresar de la playa, mamá le pidió el divorcio a mi papá, esto para él creo que fue un golpe importante,
ya que después de eso él se había mudado de ciudad, por lo tanto, las veces que lo veía habían disminuido considerablemente, aunque, eso sí, nunca me faltó su apoyo
económico. En cuanto a mamá, ella también había cambiado un poco, se había hecho menos sobreprotectora y me dejaba más a mi libertad; si bien, eso me gustaba algo, también
debo aceptar que me causaba algo de extrañeza y hasta tristeza que se diera de golpe; además, por más que lo intentaba, la verdad es que no podía quitarme de la cabeza
aquellas escenas que presencié en nuestro cuarto de hotel. Cada vez que la veía involuntariamente me volvían a la mente esas imágenes de ella desnuda, pegándose y restregándose
a ese tipo, Javier; y como el pene de éste se introducía en ella; sus gemidos, todavía me masturbaba en mi cama pensando en sus ricos gemidos. No podía creer que esos sonidos tan agudos y hasta
chillantes fueran de mi madre, y como pedía más, hasta estando en la escuela se me levantaba solo de recordarlo. A pesar de que no fue la mejor experiencia por lo que significaba,
la verdad deseaba volver a escucharla gemir.
Mamá no tocó el tema conmigo, creo que sí se había creído que estaba totalmente
dormido, ni siquiera había vuelto a mencionar al tal Javier conmigo, salvo al día siguiente cuando me pidió de favor que no le dijera nada a papá sobre él, yo al no entender
mucho de lo que había visto y sin tener más opción, terminé aceptando.
Mamá manejaba, yo iba en el asiento trasero, se empezaba a sentir calor.
-Ya vamos a llegar, cariño - me dijo ella mirándome por el retrovisor, yo le sonreí.
Después de varios minutos de carretera por fin llegamos a lo que parecía ser como una especie de finca, había mucha vegetación y el buen clima ayudaba a que se viera aún mejor.
Pasamos por algunos filtros de seguridad hasta que llegamos a la famosa casa. Mamá estacionó el coche y bajó de él; se veía muy guapa. Llevaba como de costumbre su cabello castaño
quebrado suelto; usaba un vestido holgado color azul con blanco que le llegaba casi a los tobillos y unas sandalias, se le veía un cuerpo increíble a
pesar de la holgadez del vestido. Bajamos el equipaje, me tomó de la mano, y fuimos caminando hacia la casa.
Era una casa espaciosa y bastante bonita, con pasto, arbustos en todas partes, y lo mejor, una piscina justo en frente, era increíble que todo eso fuera de nosotros dos durante
ese fin de semana.
-¿Te gusta? - me preguntó mamá.
-Sí
-¿Está bonita, verdad? - yo asentí con la cabeza.
-¿Puedo meterme a nadar, mamá?
-Ahorita, cielo. Primero quiero que ayudes a algo rápido - Yo seguí caminando como si nada pensando que hablaba de desempacar o algo por el estilo.
Al interior estaba igual bastante bonita, tenía una sala, cocina, dos habitaciones, con ventanas grandes por donde entraba toda la luz del sol. Mamá como entró revisó su reloj,
y como si la estuvieran apurando empezó a caminar rápido por la casa, analizándole algo.
-¿Qué buscas, mamá?
-Nada, solo estoy viendo - Mamá cuando llegó a la sala, miró fijamente un momento la mesa de centro, era muy grande y de madera.
-Hijo, por favor ayúdame a quitar todas las cosas que están en la mesa.
-¿Para qué?
-Solo hazlo, por favor.
-¿Y donde las pongo?
-Pégalas a la pared.
Mientras yo hacía lo que mamá me había encomendado, ella parecía estar probando el stereo de la casa, pasaba una canción tras otra. Mamá no solía poner música a menudo, por lo que
inevitablemente llamó mi atención.
-Ya quedó, má
-Gracias, corazón. Oye, me voy a cambiar a mi cuarto, ¿sale? Puedes tomar agua o lo que quieras del refrigerador.
-¿Te vas a cambiar para meterte a la alberca?
-Algo así... Ahorita vengo ¿ok? - Y sin más, mamá tomó su maleta y se metió a su habitación.
Tomé un refresco del refri que tomaba mientras daba vueltas por la casa hasta que mamá salió. No parecía estar vestida para meterse a la piscina; salió solamente con una bata de
dormir negra que, por cierto, estaba muy corta, se le veían gran parte de los muslos, además de estar bastante escotada, iba descalza.
-¿Traes el traje de baño abajo, mamá? - Ella solo se rio un momento y me acarició la cabeza. Llevaba un disco en la mano que puso en el stereo. Iba cambiando de canción hasta que
pausó en una. Posteriormente se puso de cuclillas frente a mí.
-Mi amor, te voy a pedir otro favor - hizo una pequeña pausa -Ahorita va llegar Javier, el chico que conocimos en la playa - En ese momento sentí algo horrible en el pecho.
Continuará...
