Mi mamá y su ya no tan nuevo amigo 3

dirty boy

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‎1 Year of Service‎
Hasta este momento no le había contado casi nada más acerca del resto de mi familia en ese entonces, solo me había concentrado en mi mamá y yo, y bueno, un poco en mi padre y otro tanto en quien se había convertido (hasta ese momento de manera extraoficial) en mi "padrastro". Pero esta nueva etapa en mi vida amerita a que le platique de otra dos figuras importantes dentro de mi familia.

Mamá era hija única de mi abuela, una madre soltera que la crio de esa manera desde que mi madre era muy pequeña, por lo que ni ella ni yo conocíamos a su padre. Tengo entendido que desde hace años mi mamá y la suya no se llevaban; no se veían, y a penas hablaban por tiempos muy breves por teléfono. De hecho, ahora con más conocimiento respecto a la historia de mi progenitora, se que la principal razón por la que se casó mi madre con mi papá fue para salir de la casa de mi abuela. Como se podrán imaginar, esa mala relación entre ambas generó un estrés enorme en mi joven, casi niña madre; sin embargo, para fortuna suya, a pesar de vivir solo con mi abuela, mi mamá contó con el respaldo del tío Ramón, y la tía Helena, hermano y cuñada de mi abuela. Mamá había adoptado a los tíos como una especie de padres sustitutos. Desde que tengo memoria, siempre habíamos visitado más a los "tíos de Querétaro" (que era como los llamábamos haciendo referencia a su lugar de residencia), que a mi abuela a pesar de vivir en la misma ciudad.

Se preguntarán porqué he hecho esta introducción a un relato que se supone tendría que ser de índole sexual y morboso, bueno, pues ahora les doy la explicación.

Pasaron tan solo dos semanas de que habíamos regresado de aquella casa donde mamá y Javier habían decido librarse de todo recato y decencia al momento de satisfacer su apetito sexual. Yo, por supuesto, ya no era el mismo. Todavía seguía de vacaciones, pasaba todo el día en casa, con mamá. Pero nuestra convivencia después de ese viaje. Mamá se había vuelto aun más distante de lo que incluso ya era desde nuestro primer viaje solo los dos, el de la playa. Mamá nunca habló conmigo acerca de lo que ocurrido aquella noche, tampoco me mencionaba a Javier en lo absoluto, a pesar de que yo sabía que hablaba por teléfono con él seguido. Me seguía preparando la comida, pero ya no se sentaba conmigo, ella comía siempre en un horario distinto al mío. Incluso, cuando yo traté de cambiar mis horarios para que coincidiéramos, ella volvía a cambiar los suyos evitándome. Ya no jugaba más conmigo, ni siquiera un juego de mesa, ahora pasaba la mayor parte de su
tiempo en casa en recámara, con el seguro puesto. A diferencia de antes, ahora ya no me ofrecía a acompañarla por los mandados, simplemente me indicaba que la esperara en la casa. Esos momentos, he de decir, era de gran tensión para mi, porque creía que cuando ella salía se iba a coger, pero viendo que siempre regresaba relativamente rápido a casa, parece que esas sospechas eran infundadas.

Pero eso me lleva al siguiente tema, la evolución de mi ya muy notorio complejo de Edipo. Me había vuelto un chaquetero en toda la extensión de la palabra; tenía erecciones al por mayor; llegué a masturbarme hasta cinco veces en un solo día, y lo peor, que siempre era pensando en mi propia madre. Tan solo con verla en las mañanas era suficiente para que mi pequeño miembro se quisiera levantar. Siempre, en las mañanas, llevaba puesta una bata muy parecida a la que había usado esa vez para bailarle a Javier, eso aunado a que podía verle las piernas de por lo menos de las rodillas para abajo era un deleite que me hacía tocarme ahí abajo cuando ella se volteaba.

Ver a mi madre desnuda se me había vuelto una obsesión. Cuando ella se bañaba, yo me metía a su recámara y me metía a su armario, desde donde la esperba a que saliera para verla sin ropa, en este punto sonará repetitivo pero no me importa, estaba deliciosa. Después me las ingeniaba para salir sin que se diera cuenta. Mi apetito sexual no se lograba saciar por completo, como les dije, mamá salía sola a hacer compras y demás; siempre me la jalaba cuando me quedaba solo, pero en las salidas en las que yo sabía que se iba a tardar más, mi lívido me transformaba, entonces me despojaba por completo de mi ropa, tomaba una foto de mamá y en mi cama me masturbaba haciendo rechinar durísimo la cama mientras miraba fijamente el retrato, me la imaginaba cogiendo en diferentes posiciones, abierta de patas, de perro, chupándola, de pie; trataba de recordar lo mejor posible sus gemidos, suspiros y jadeos, era exquisito. Ponía una almohada debajo de mi entrepierna para intentar de crear una sensación parecida a cuando me estregué encima de mi madre, pero por más que lo intentaba, la sensación de esas deliciosas nalgas era prácticamente imposible de replicar. Durante esas dos semanas todas las noches tuve un deseo enorme de meterme en la cama de mamá, como se supone que casi cualquier hijo haría con su adorada madre, pero la enorme diferencia era que yo quería encuerarme con ella y hacer "cositas", que era como yo le llamaba al acto sexual en aquel entonces; obviamente, nunca me atreví a tanto.

Una noche, dos semanas después de ese segundo viaje, mamá me comento que mis tíos de Querétaro, Ramón y Helena, nos habían invitado a mi y a otros primos a pasar unos días con ellos antes de regresar a clases. Yo me había negado de manera sutil, según yo, pero, como se podrán imaginar, mi mamá pasó por alto mi opinión, me preparó unas cuantas maletas muy bien equipadas, y al día siguiente, me dejó en las estación de autobuses, en donde también me encontré a mis tías y a los primos con los que viajaría. Cuando mi autobús comenzaba a partir rumbo a Querétaro, pude ver a mi mamá desde la ventana, ella se despedía de mi con una sonrisa, yo quise devolverle la despedida, pero, al verla, tan hermosa como iba, inmediatamente me vino a la mente la imagen de ella nada más usando tanga, moviendo frenéticamente sus caderas delante mío. Me quedé absorto viéndola mientras el autobús avanzaba lentamente, no podía dar crédito que aquella mujer que
me sonreía de una forma tan bondadosa, a penas hace unos días estaba bailando desnuda, de la manera más lasciva posible frente a mi, su propio hijo. También, en un acto involuntario, en la comisura de mis labios y en las palmas de mis manos recordé de golpe esa sensación tersa, húmeda, fría y firme que tuve al besar y masajear las nalgas de mamá. Al ver a mis tías al lado de ella, me preguntaba si alguno de mis primos con los que viajaba habían vivido algo siquiera parecido a mi situación con mi madre, lo dudaba mucho. Todo este cúmulo de pensamientos hizo que tuviera que cubrirme abajo de la cintura con mi mochila para no mostrar mi erección a mis primos y al resto de los pasajeros. Todavía recuerdo las palabras de mamá antes de subirme al autobús:

  • Te portas muy bien con los tíos, Mau. Les haces caso en todo - Yo solo le dije que sí con la cabeza y me di vuelta para subirme sin decir nada.
  • Hijo....- me dijo ella cuando comenzaba a subir las escaleras, yo voltee - Recuerda que te quiero mucho, muchísimo.
-Yo a ti - le respondí para terminar de subirme al transporte, ella me mandó un beso, lo cual, más que hacer efecto en mi corazón, lo hizo, por supuesto, en mi entrepierna.

Fueron un dos o tres horas de viaje, a que grado había llegado mi obsesión con mi mamá, que durante el trayecto, en un momento caí dormido, y sí, soñé con ella, ahora la soñé cogiendo claro, con Javier, cogían en la hamaca de la alberca, mamá estaba encima, montándolo, sus tetas rebotaban; y sus gemidos, eran tan reales que parecía que no estaba soñando. Cuando desperté, noté que, además de una erección, las piernas no paraban de temblarme, parecía que me congelaba de frío.

Contrario a lo que me había imaginado, el viaje con los tíos Ramón y Helena me había hecho un bien fantástico, ya que los tíos (sobre todo el tío Ramón) se encargaron de organizarnos a mis primos y a mi diferentes actividades y salidas para entretenernos, y vaya que lo lograba. Yo había llevado una cantidad considerable de juguetes y hasta películas en discos (de todos, yo era el que llevaba un equipaje más abultado), pero rara vez ocupaba dichos artículos debido a la diversión que estaba teniendo en esos momentos. Los primeros días me había costado asimilar el entorno, pero una vez ya acostumbrado, las cosas se volvieron mucho más fáciles. Todo estaba bastante bien, mis tíos eran muy amables, me divertía con mis primos, y el lugar era bastante bonito y tranquilo, era una especie de pueblito, con poca gente, de aspecto algo rústico, pero muy funcional para las necesidades de los habitantes. Lo único malo, era que todos los días por las noches se supone que nuestros padres nos hablaban por el teléfono de los tíos para saber como estábamos; ya pasaba casi una semana, y el único que no había recibido llamada de su madre hasta ese momento, era yo. Hacía como que no me importaba, pero, desde luego, sentía que me moría por dentro.

Continuará....
 
@dirty boy cofra, por casualidad tendrá contacto por telegram? Quisiera apoyar dando más ideas para relatos y me parece que la mejor forma sería por ese medio.
 
Ola hojala puedas continuar con el relato esta buenisimo saludos
 
Wow! Interesante, continue cofrade
 
SI NO PUEDE CONTINUAR POR ESTE MEDIO AVISENOS POR DONDE CONTINUARA SU RELATO ES MUY ENTRETENIDO
 
Ojalá y continúes con el telato creo que nos dejaste picados a todos con la continuación saludos
 

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