Katsuka
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Era un día en el trabajo, estaba aburrido. Había poco movimiento y, para matar el tiempo, entré a jugar Dragonbound, ese jueguito que la vieja escuela conoce, parecido al Gunbound. Estaba en plena partida cuando apareció una chica en la sala de juego. Su nombre: Deyanira. La agregué, me aceptó y comenzamos a conversar.
Al inicio todo era normal, hasta que la charla empezó a subir de tono. Sin darme cuenta ya estábamos hablando de sexo: poses, experiencias, lugares locos donde lo habíamos hecho. Yo medía mis palabras para no espantarla, pero ella se soltaba cada vez más. Sus confesiones me excitaban, y terminé subiendo el nivel de la conversación, describiéndole cómo me gustaba follar, qué poses me prendían más.
De pronto, me preguntó cuánto me medía el miembro. Yo le devolví la broma preguntándole la talla de brasier. Cuando me respondió, supe que tenía unas tetas enormes. Le dije en tono juguetón: “Serías perfecta para una rusa”. Ella no dudó y contestó que sí, que le encantaba, que mientras se sobaba las tetas también disfrutaba metérselas en la boca.
Sentí un calor recorrerme todo el cuerpo. Estaba en mi trabajo y, aun así, estaba demasiado excitado. Entonces me soltó: “Escríbeme al WhatsApp y te enseño algo”.
No dudé. Me pasó su número y le escribí de inmediato. Al instante me mandó una foto de sus senos: gigantes, redondos, perfectos. Me miraba a la cámara sacando la lengua, como si quisiera lamerme la punta. Me volví loco. Le mandé una foto de mi polla dura, y ella se calentó aún más, se metía las tetas en la boca como me había contado. Estaba tan prendido que terminé yéndome al baño de la oficina para hacerme una paja pensando en esas fotos. Me corrí con una fuerza increíble.
Al día siguiente entré de nuevo al juego para ver si estaba conectada. Esperé a que ella me hablara, y lo hizo. Otra vez la conversación se encendió rápido. Pero esta vez quedamos en vernos. Ella trabajaba en el Callao, yo en Surco. El viaje sería largo, pero valía la pena.
Ese día salí a las 10 de la mañana con la excusa de una reunión. No llevé el carro, porque tengo la idea de que “el carro es celoso”: si subo a una puta o a una aventura, algo malo le pasa. Ya me había ocurrido antes, así que preferí ir en taxi.
Nos encontramos en el Centro Aéreo Comercial, el que esta a frente del antiguo aeropuerto. Cuando la vi, confirmé que no era tan agraciada de cara… pero esas tetas y ese culo compensaban todo. Almorzamos juntos, charlamos, y mientras hablábamos me tocaba la pierna por debajo de la mesa. Yo me ponía más duro con cada roce. Le acariciaba la nuca, la jalaba suavemente hacia mí, mientras fingíamos normalidad esperando la comida.
De pronto me dijo algo que me dejó helado de la emoción: “En mi trabajo no hay nadie… podemos ir a uno de los almacenes”. No lo pensé dos veces.
Al llegar, me pidió esperar afuera mientras revisaba que no hubiera nadie. Luego me llamó. Me puse un chaleco de seguridad para disimular como trabajador y entré. Apenas cerramos la puerta, nos lanzamos a besarnos. Ella me buscaba la boca, pero yo quería desnudarla ya. Entre besos, le apretaba el culo con fuerza, le metía mano a esas tetas enormes hasta que logré arrancarle la blusa.
Ahí estaban, las verdaderas. Un par de tetas enormes frente a mí.
La hice arrodillarse. Me sacó la verga y empezó a chupármela con ganas, frotándola entre sus pechos como me había prometido en el chat. Una rusa deliciosa. Yo gemía, pero tuve que frenarla: no quería acabar todavía, no sin follarla como debía.
La puse en cuatro contra unas cajas, le di una nalgada fuerte y me la metí de golpe. Ella gritó como una perra en celo, su gemido resonaba en todo el almacén. El peligro de ser descubiertos me prendía más. Le daba duro, sin piedad, sintiendo cómo se me apretaba al ritmo de sus gritos.
Luego la tumbé al piso y se la meti de costadito, abriéndole las piernas mientras apretaba esas tetas increíbles. Yo estaba a punto de explotar. La levanté de nuevo, la hice arrodillar, y terminé corriéndome en una rusa brutal, bañándola y haciéndole tragar toda mi leche mientras yo sudaba a chorros y ella me dijo "Me encanta tomarme tu leche".
No había baño cerca, así que tuve que limpiarme como pude con papel bond y servilletas. Salí de ahí sudado, con el corazón latiendo a mil, y regresé a casa como si nada hubiera pasado. Eran casi las 4:30 de la tarde y ya tenia que irme pero ella quería que me quedara pero le metí un floro de que tenia que volver al trabajo.
De ahi no volvi a saber nada de la mujer porque se empezo a poner intensa, escribiendome a cada rato, pero ustedes saben que estos vacilones es para un solo dia.
Si tiene buena pegada mi relato, les contare acerca de una gordibuena que conocí en pisco cuando estaba en proyecto.
Al inicio todo era normal, hasta que la charla empezó a subir de tono. Sin darme cuenta ya estábamos hablando de sexo: poses, experiencias, lugares locos donde lo habíamos hecho. Yo medía mis palabras para no espantarla, pero ella se soltaba cada vez más. Sus confesiones me excitaban, y terminé subiendo el nivel de la conversación, describiéndole cómo me gustaba follar, qué poses me prendían más.
De pronto, me preguntó cuánto me medía el miembro. Yo le devolví la broma preguntándole la talla de brasier. Cuando me respondió, supe que tenía unas tetas enormes. Le dije en tono juguetón: “Serías perfecta para una rusa”. Ella no dudó y contestó que sí, que le encantaba, que mientras se sobaba las tetas también disfrutaba metérselas en la boca.
Sentí un calor recorrerme todo el cuerpo. Estaba en mi trabajo y, aun así, estaba demasiado excitado. Entonces me soltó: “Escríbeme al WhatsApp y te enseño algo”.
No dudé. Me pasó su número y le escribí de inmediato. Al instante me mandó una foto de sus senos: gigantes, redondos, perfectos. Me miraba a la cámara sacando la lengua, como si quisiera lamerme la punta. Me volví loco. Le mandé una foto de mi polla dura, y ella se calentó aún más, se metía las tetas en la boca como me había contado. Estaba tan prendido que terminé yéndome al baño de la oficina para hacerme una paja pensando en esas fotos. Me corrí con una fuerza increíble.
Al día siguiente entré de nuevo al juego para ver si estaba conectada. Esperé a que ella me hablara, y lo hizo. Otra vez la conversación se encendió rápido. Pero esta vez quedamos en vernos. Ella trabajaba en el Callao, yo en Surco. El viaje sería largo, pero valía la pena.
Ese día salí a las 10 de la mañana con la excusa de una reunión. No llevé el carro, porque tengo la idea de que “el carro es celoso”: si subo a una puta o a una aventura, algo malo le pasa. Ya me había ocurrido antes, así que preferí ir en taxi.
Nos encontramos en el Centro Aéreo Comercial, el que esta a frente del antiguo aeropuerto. Cuando la vi, confirmé que no era tan agraciada de cara… pero esas tetas y ese culo compensaban todo. Almorzamos juntos, charlamos, y mientras hablábamos me tocaba la pierna por debajo de la mesa. Yo me ponía más duro con cada roce. Le acariciaba la nuca, la jalaba suavemente hacia mí, mientras fingíamos normalidad esperando la comida.
De pronto me dijo algo que me dejó helado de la emoción: “En mi trabajo no hay nadie… podemos ir a uno de los almacenes”. No lo pensé dos veces.
Al llegar, me pidió esperar afuera mientras revisaba que no hubiera nadie. Luego me llamó. Me puse un chaleco de seguridad para disimular como trabajador y entré. Apenas cerramos la puerta, nos lanzamos a besarnos. Ella me buscaba la boca, pero yo quería desnudarla ya. Entre besos, le apretaba el culo con fuerza, le metía mano a esas tetas enormes hasta que logré arrancarle la blusa.
Ahí estaban, las verdaderas. Un par de tetas enormes frente a mí.
La hice arrodillarse. Me sacó la verga y empezó a chupármela con ganas, frotándola entre sus pechos como me había prometido en el chat. Una rusa deliciosa. Yo gemía, pero tuve que frenarla: no quería acabar todavía, no sin follarla como debía.
La puse en cuatro contra unas cajas, le di una nalgada fuerte y me la metí de golpe. Ella gritó como una perra en celo, su gemido resonaba en todo el almacén. El peligro de ser descubiertos me prendía más. Le daba duro, sin piedad, sintiendo cómo se me apretaba al ritmo de sus gritos.
Luego la tumbé al piso y se la meti de costadito, abriéndole las piernas mientras apretaba esas tetas increíbles. Yo estaba a punto de explotar. La levanté de nuevo, la hice arrodillar, y terminé corriéndome en una rusa brutal, bañándola y haciéndole tragar toda mi leche mientras yo sudaba a chorros y ella me dijo "Me encanta tomarme tu leche".
No había baño cerca, así que tuve que limpiarme como pude con papel bond y servilletas. Salí de ahí sudado, con el corazón latiendo a mil, y regresé a casa como si nada hubiera pasado. Eran casi las 4:30 de la tarde y ya tenia que irme pero ella quería que me quedara pero le metí un floro de que tenia que volver al trabajo.
De ahi no volvi a saber nada de la mujer porque se empezo a poner intensa, escribiendome a cada rato, pero ustedes saben que estos vacilones es para un solo dia.
Si tiene buena pegada mi relato, les contare acerca de una gordibuena que conocí en pisco cuando estaba en proyecto.
