\nEl último sábado, en el Boulevard de Los Olivos, un volante chalaco, que trata muy bien la pelotita, paseaba con su nave y de copiloto tenía a la rubia Maribel. No la tomaba de la mano a la vedette, pero le agarraba las piernas y cintura. Al muchacho no le gusta salir solano los fines de semana. A su mare El que nace tramposo, muere tramposo