dirty boy
Recluta
- 23
- 112
- 12
- Registrado
- 27 Ene 2025
75%
- Registrado
- 27 Ene 2025
- Mensajes
- 23
- Puntos de reacción
- 112
- Puntos
- 12
1 Year of Service
Hemos estado preparando este viaje durante meses. Mauricio, mi hijo se siete años está muy emocionado por ir al mar (ya habíamos ido una vez en el pasado pero era muy pequeño para acordarse). Si embargo, a menos de una semana de partir a la playa, mi esposo me ha dicho que la empresa donde trabaja le ha pedido que se quede y aplace sus vacaciones para apoyar. El muy idiota ha aceptado casi sin poner resistencia, lo cual me ha puesto furiosa provocando que le reclame por sus pocos pantalones y desencadenando una pelea en la que ambos subimos el tono.
Después de una larga discusión en la que ambos nos reprochamos muchas cosas guardadas, hemos llegado al acuerdo que yo llevaré a nuestro hijo a la playa en el coche, la idea no me termina de encantar pero, al parecer, no hay muchas opciones disponibles. Esa noche, ya con mi esposo profundamente dormido, me quedo sentada un momento en la cama pensando en algo que él me dijo durante nuestro intercambio y que me transportó a tiempos que no deseaba recordar. Alberto, mi esposo, en medio de su cólera me ha dicho que soy una mala madre. Yo desde luego negué tal acusación para posteriormente preguntarle el por qué decía eso (temiendo a que supiera algo de lo que pasó aquella vez). El me dijo que era mala madre porque consentía mucho a Mauricio y eso lo había hecho muy caprichoso y dependiente de mi. Yo tomé eso como una bobada, pero, que estando a punto de acostarme, eso de "mala madre" había resonada fuerte en mi cabeza por cierto suceso acontecido hace unos años, un suceso que, hasta día de hoy, me sigue produciendo mucha culpa, sobre todo con mi hijo....
Pienso ser lo más directa y honesta que se pueda. Para ir al grano, reconozco que soy una mujer guapa, desde puberta lo he sido. Se que mi familia por parte de mi padre (al cual nunca conocí) era del norte, por lo que saqué sus aquellos rasgos. Soy de piel blanca, de cabello castaño ondulado, ojos azules; además, siempre he sido alta (actualmente mido 1.70 m.) y de esbelta. Ya crecida la verdad embarnecí muy bien (tengo una buen trasero y mis pechos están paraditos). Por lo mismo, consiente de mi belleza física, desde la adolescencia siempre he tratado de mantener un buen cuerpo mediante el ejercicio.
Con base en todo esto, como podrán imaginar, nunca pasé desapercibida por las miradas de los hombres. Mi despertar sexual fue a los catorce. Mi relación con mi madre nunca fue la mejor, así que en la etapa de mi juventud más rebelde siempre trataba de estar fuera de la casa con algunos de mis noviecitos ya fuera pasando en rato nada más, o, de plano, en sus camas... No obstante, mi "profesionalización" en el sexo llegó hasta los dieciocho años, cuando entré a la universidad, ahí fue donde realmente me desaté y viví mi vida sexual a todo lo que pude. Toda la práctica obtenida esos años me ha llevado a ser ahora lo que se podría considerar una "fiera en la cama". Lo hago delicioso, chico con el que he estado, ha quedado seco después de darme. Varios penes se deslizaron entre mis labios vaginales y otros lados, pero, como a los diecinueve o veinte, fue que conocí a Efraín, un chico que iba en mi universidad pero era un par de años mayor. Para no hacer muy largo esto, la cosa es que era alguien muy agradable y apuesto, lo que desde luego, desembocó en que nos empezáramos a acostar al poco tiempo.
Si bien, de todos lo hombres con los que he compartido la cama he aprendido algo, definitivamente, fue con Efraín con el que más aprendí y con quien mejor la he pasado (incluyendo mi marido).
Estuvimos cogiendo yo creo que casi un año, un largo tiempo, lo hicimos en muchas partes: en su casa, en moteles, baños, su auto (en el cual por cierto nos divertíamos dando vueltas a toda velocidad), etc. Con él aprendí casi todas las posiciones. Con él tuve mi primer orgasmo, y en recompensa, fue al primero que dejé que corriera dentro mío. En resumen, ¡era un máquina del sexo ese tipo!. Pero como lo dije, después de un tiempo las sesiones sexuales se volvían cada vez más rutinarias y monótonas, lo que nos llevó a tomar la decisión de dejar nuestra larga "aventura"
para que cada quien siguiera con su camino, a partir de ahí dejé de verlo y tener contacto con él. Años más tarde me casé y tuve a mi hijo, y fue desde entonces que la vida "loca" que había llevado la puse de lado para abocarme a mi familia; me había convertido en una ama de casa común y corriente al cuidado de mi hijo.
El tiempo pasó y todo había avanzado de manera normal, era una esposa fiel y una madre muy atenta. Todo parecía estar en orden hasta aquel día. Para entonces mi hijo tenía poco de haber cumplido tres años, yo ya había cumplido treinta. Me quedaba todo el día en la casa con él mientras mi esposo trabajaba, llegaba ya entrada la noche. Recuerdo que estaba preparándole la comida a Mauricio cuando sonó el teléfono. Vaya sorpresa que me di cuando al atender la llamada, quien respondía se trataba de Efraín. Nos saludamos con mucho gusto, al escuchar su voz nuevamente, me fue inevitable sentir una sensación que fue de mi estómago hasta mi parte pélvica. Sentí como mi temperatura aumentó un poco y mis manos comenzaban a sudar. Con algo de timidez le pregunté como había conseguido mi número, que comentó que se lo había pasado Susana, una amiga mía de la universidad. Me dijo que me había querido contactar porque deseaba reconectar con una "vieja amiga" y seguido de eso me preguntó si podíamos vernos un día. Yo le contesté me nos viéramos al día siguiente en la tarde, en un café que quedaba algo retirado de mi casa para evitar ser vista por algún vecino y que se generaran malentendidos, él aceptó gustoso.
Así fue, al otro día como a las tres de la tarde nos vimos para tomar el café, esa vez llevé a Mauricio porque no tenía con quien dejarlo. Al vernos me saludó con un abrazo y un beso en la mejilla, cuando le presenté a mi hijo a penas y le hizo caso, era claro que quien le interesaba era yo. Ese día casual, llevé una blusa negra, unos jeans y unas botas negra. Él, por su parte, iba un poco más arreglado. Ciertamente era notorio que el tiempo había pasado un poco sobre Efraín, pero aún así, se seguía viendo bastante bien. Incluso creo que ese cambió le terminaba sentando bien, había dejado de verse como un jovencito para verse ahora como todo un hombre. La conversación fue de lo más normal, hablando de lo que había sido de nosotros los años que perdimos el contacto. Efraín también se había casado, pero tenía ya unos meses de haberse divorciado; tenía dos hijas un poco más grandes que el mío que no vivían con él. Por momentos
la plática se veía interrumpida con las peticiones que Mauricio me hacía. Ni el día anterior por teléfono, ni esa vez que nos vimos, se tocó por ninguno de los dos aquellos episodios sexuales entre los dos, aunque, por las miradas recurrentes, los repentinos silencios incómodos y las risitas nerviosas, sabía que esos recuerdos estaban saliendo a flote en ambas mentes. Después de un rato más, Mauricio me comenzó a presionar para ya nos fuéramos, lo que nos obligó a despedirnos pero con la condición de vernos nuevamente a la semana siguiente. Al regresar a casa, le serví la merienda a Mauricio, una vez dejándolo entretenido comiendo yo subí a darme un baño, Esa vez tardé más de lo normal en la ducha a disfrutar el sentir del agua cayendo sobre mi piel al tiempo que recorría con mis manos todo mi cuerpo.
El pasar de los días resultaban un suplicio hasta que por fin llegaba el día para nuestro segundo encuentro. Esa vez decidí encargara a Mauricio con una vecino usando de pretexto que iba a buscar un trabajo. Ese día asistí más arreglada, ahora llevaba una blusa negra de mangas y cuello largo que me quedaba algo justa, una falda que me llegaba poco después de las rodillas igualmente negra, y unos botines del mismo color, además de mi bolso. Esta vez la conversación fluía de mejor manera (no sé si por ser ya la segunda vez que nos veíamos y por la ausencia de mi hijo), pero, eso no era todo. Al estar solos, Efraín se comportaba de manera algo distinta, resultaba ser más atrevido, incluso coqueto, no me quitaba la mirada de encima casi nunca, cada cierto tiempo me decía lo guapa que me veía, yo le agradecía con algo de timidez. Ese comportamiento, lejos de enfadarme o incomodarme, me generó otro tipo de sensaciones. Yo también entré al juego de miradas y comportamientos que se podrían considerar "coquetos". Finalmente lo hizo, en un momento sacó a colación nuestras vivencias de aquellos tiempos. Yo traté no caer en su "juego", pero, como podrán ya suponer, aquellos era inevitable.
Cuando me di cuenta, toda nuestra ropa ya estaba regada por el suelo, y en una cama de motel, totalmente desnudos, él disfrutaba acostado de cómo yo le chupaba el pene....
Continuará
Después de una larga discusión en la que ambos nos reprochamos muchas cosas guardadas, hemos llegado al acuerdo que yo llevaré a nuestro hijo a la playa en el coche, la idea no me termina de encantar pero, al parecer, no hay muchas opciones disponibles. Esa noche, ya con mi esposo profundamente dormido, me quedo sentada un momento en la cama pensando en algo que él me dijo durante nuestro intercambio y que me transportó a tiempos que no deseaba recordar. Alberto, mi esposo, en medio de su cólera me ha dicho que soy una mala madre. Yo desde luego negué tal acusación para posteriormente preguntarle el por qué decía eso (temiendo a que supiera algo de lo que pasó aquella vez). El me dijo que era mala madre porque consentía mucho a Mauricio y eso lo había hecho muy caprichoso y dependiente de mi. Yo tomé eso como una bobada, pero, que estando a punto de acostarme, eso de "mala madre" había resonada fuerte en mi cabeza por cierto suceso acontecido hace unos años, un suceso que, hasta día de hoy, me sigue produciendo mucha culpa, sobre todo con mi hijo....
Pienso ser lo más directa y honesta que se pueda. Para ir al grano, reconozco que soy una mujer guapa, desde puberta lo he sido. Se que mi familia por parte de mi padre (al cual nunca conocí) era del norte, por lo que saqué sus aquellos rasgos. Soy de piel blanca, de cabello castaño ondulado, ojos azules; además, siempre he sido alta (actualmente mido 1.70 m.) y de esbelta. Ya crecida la verdad embarnecí muy bien (tengo una buen trasero y mis pechos están paraditos). Por lo mismo, consiente de mi belleza física, desde la adolescencia siempre he tratado de mantener un buen cuerpo mediante el ejercicio.
Con base en todo esto, como podrán imaginar, nunca pasé desapercibida por las miradas de los hombres. Mi despertar sexual fue a los catorce. Mi relación con mi madre nunca fue la mejor, así que en la etapa de mi juventud más rebelde siempre trataba de estar fuera de la casa con algunos de mis noviecitos ya fuera pasando en rato nada más, o, de plano, en sus camas... No obstante, mi "profesionalización" en el sexo llegó hasta los dieciocho años, cuando entré a la universidad, ahí fue donde realmente me desaté y viví mi vida sexual a todo lo que pude. Toda la práctica obtenida esos años me ha llevado a ser ahora lo que se podría considerar una "fiera en la cama". Lo hago delicioso, chico con el que he estado, ha quedado seco después de darme. Varios penes se deslizaron entre mis labios vaginales y otros lados, pero, como a los diecinueve o veinte, fue que conocí a Efraín, un chico que iba en mi universidad pero era un par de años mayor. Para no hacer muy largo esto, la cosa es que era alguien muy agradable y apuesto, lo que desde luego, desembocó en que nos empezáramos a acostar al poco tiempo.
Si bien, de todos lo hombres con los que he compartido la cama he aprendido algo, definitivamente, fue con Efraín con el que más aprendí y con quien mejor la he pasado (incluyendo mi marido).
Estuvimos cogiendo yo creo que casi un año, un largo tiempo, lo hicimos en muchas partes: en su casa, en moteles, baños, su auto (en el cual por cierto nos divertíamos dando vueltas a toda velocidad), etc. Con él aprendí casi todas las posiciones. Con él tuve mi primer orgasmo, y en recompensa, fue al primero que dejé que corriera dentro mío. En resumen, ¡era un máquina del sexo ese tipo!. Pero como lo dije, después de un tiempo las sesiones sexuales se volvían cada vez más rutinarias y monótonas, lo que nos llevó a tomar la decisión de dejar nuestra larga "aventura"
para que cada quien siguiera con su camino, a partir de ahí dejé de verlo y tener contacto con él. Años más tarde me casé y tuve a mi hijo, y fue desde entonces que la vida "loca" que había llevado la puse de lado para abocarme a mi familia; me había convertido en una ama de casa común y corriente al cuidado de mi hijo.
El tiempo pasó y todo había avanzado de manera normal, era una esposa fiel y una madre muy atenta. Todo parecía estar en orden hasta aquel día. Para entonces mi hijo tenía poco de haber cumplido tres años, yo ya había cumplido treinta. Me quedaba todo el día en la casa con él mientras mi esposo trabajaba, llegaba ya entrada la noche. Recuerdo que estaba preparándole la comida a Mauricio cuando sonó el teléfono. Vaya sorpresa que me di cuando al atender la llamada, quien respondía se trataba de Efraín. Nos saludamos con mucho gusto, al escuchar su voz nuevamente, me fue inevitable sentir una sensación que fue de mi estómago hasta mi parte pélvica. Sentí como mi temperatura aumentó un poco y mis manos comenzaban a sudar. Con algo de timidez le pregunté como había conseguido mi número, que comentó que se lo había pasado Susana, una amiga mía de la universidad. Me dijo que me había querido contactar porque deseaba reconectar con una "vieja amiga" y seguido de eso me preguntó si podíamos vernos un día. Yo le contesté me nos viéramos al día siguiente en la tarde, en un café que quedaba algo retirado de mi casa para evitar ser vista por algún vecino y que se generaran malentendidos, él aceptó gustoso.
Así fue, al otro día como a las tres de la tarde nos vimos para tomar el café, esa vez llevé a Mauricio porque no tenía con quien dejarlo. Al vernos me saludó con un abrazo y un beso en la mejilla, cuando le presenté a mi hijo a penas y le hizo caso, era claro que quien le interesaba era yo. Ese día casual, llevé una blusa negra, unos jeans y unas botas negra. Él, por su parte, iba un poco más arreglado. Ciertamente era notorio que el tiempo había pasado un poco sobre Efraín, pero aún así, se seguía viendo bastante bien. Incluso creo que ese cambió le terminaba sentando bien, había dejado de verse como un jovencito para verse ahora como todo un hombre. La conversación fue de lo más normal, hablando de lo que había sido de nosotros los años que perdimos el contacto. Efraín también se había casado, pero tenía ya unos meses de haberse divorciado; tenía dos hijas un poco más grandes que el mío que no vivían con él. Por momentos
la plática se veía interrumpida con las peticiones que Mauricio me hacía. Ni el día anterior por teléfono, ni esa vez que nos vimos, se tocó por ninguno de los dos aquellos episodios sexuales entre los dos, aunque, por las miradas recurrentes, los repentinos silencios incómodos y las risitas nerviosas, sabía que esos recuerdos estaban saliendo a flote en ambas mentes. Después de un rato más, Mauricio me comenzó a presionar para ya nos fuéramos, lo que nos obligó a despedirnos pero con la condición de vernos nuevamente a la semana siguiente. Al regresar a casa, le serví la merienda a Mauricio, una vez dejándolo entretenido comiendo yo subí a darme un baño, Esa vez tardé más de lo normal en la ducha a disfrutar el sentir del agua cayendo sobre mi piel al tiempo que recorría con mis manos todo mi cuerpo.
El pasar de los días resultaban un suplicio hasta que por fin llegaba el día para nuestro segundo encuentro. Esa vez decidí encargara a Mauricio con una vecino usando de pretexto que iba a buscar un trabajo. Ese día asistí más arreglada, ahora llevaba una blusa negra de mangas y cuello largo que me quedaba algo justa, una falda que me llegaba poco después de las rodillas igualmente negra, y unos botines del mismo color, además de mi bolso. Esta vez la conversación fluía de mejor manera (no sé si por ser ya la segunda vez que nos veíamos y por la ausencia de mi hijo), pero, eso no era todo. Al estar solos, Efraín se comportaba de manera algo distinta, resultaba ser más atrevido, incluso coqueto, no me quitaba la mirada de encima casi nunca, cada cierto tiempo me decía lo guapa que me veía, yo le agradecía con algo de timidez. Ese comportamiento, lejos de enfadarme o incomodarme, me generó otro tipo de sensaciones. Yo también entré al juego de miradas y comportamientos que se podrían considerar "coquetos". Finalmente lo hizo, en un momento sacó a colación nuestras vivencias de aquellos tiempos. Yo traté no caer en su "juego", pero, como podrán ya suponer, aquellos era inevitable.
Cuando me di cuenta, toda nuestra ropa ya estaba regada por el suelo, y en una cama de motel, totalmente desnudos, él disfrutaba acostado de cómo yo le chupaba el pene....
Continuará