Mamá encuerada

dirty boy

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‎1 Year of Service‎
Hemos estado preparando este viaje durante meses. Mauricio, mi hijo se siete años está muy emocionado por ir al mar (ya habíamos ido una vez en el pasado pero era muy pequeño para acordarse). Si embargo, a menos de una semana de partir a la playa, mi esposo me ha dicho que la empresa donde trabaja le ha pedido que se quede y aplace sus vacaciones para apoyar. El muy idiota ha aceptado casi sin poner resistencia, lo cual me ha puesto furiosa provocando que le reclame por sus pocos pantalones y desencadenando una pelea en la que ambos subimos el tono.

Después de una larga discusión en la que ambos nos reprochamos muchas cosas guardadas, hemos llegado al acuerdo que yo llevaré a nuestro hijo a la playa en el coche, la idea no me termina de encantar pero, al parecer, no hay muchas opciones disponibles. Esa noche, ya con mi esposo profundamente dormido, me quedo sentada un momento en la cama pensando en algo que él me dijo durante nuestro intercambio y que me transportó a tiempos que no deseaba recordar. Alberto, mi esposo, en medio de su cólera me ha dicho que soy una mala madre. Yo desde luego negué tal acusación para posteriormente preguntarle el por qué decía eso (temiendo a que supiera algo de lo que pasó aquella vez). El me dijo que era mala madre porque consentía mucho a Mauricio y eso lo había hecho muy caprichoso y dependiente de mi. Yo tomé eso como una bobada, pero, que estando a punto de acostarme, eso de "mala madre" había resonada fuerte en mi cabeza por cierto suceso acontecido hace unos años, un suceso que, hasta día de hoy, me sigue produciendo mucha culpa, sobre todo con mi hijo....

Pienso ser lo más directa y honesta que se pueda. Para ir al grano, reconozco que soy una mujer guapa, desde puberta lo he sido. Se que mi familia por parte de mi padre (al cual nunca conocí) era del norte, por lo que saqué sus aquellos rasgos. Soy de piel blanca, de cabello castaño ondulado, ojos azules; además, siempre he sido alta (actualmente mido 1.70 m.) y de esbelta. Ya crecida la verdad embarnecí muy bien (tengo una buen trasero y mis pechos están paraditos). Por lo mismo, consiente de mi belleza física, desde la adolescencia siempre he tratado de mantener un buen cuerpo mediante el ejercicio.

Con base en todo esto, como podrán imaginar, nunca pasé desapercibida por las miradas de los hombres. Mi despertar sexual fue a los catorce. Mi relación con mi madre nunca fue la mejor, así que en la etapa de mi juventud más rebelde siempre trataba de estar fuera de la casa con algunos de mis noviecitos ya fuera pasando en rato nada más, o, de plano, en sus camas... No obstante, mi "profesionalización" en el sexo llegó hasta los dieciocho años, cuando entré a la universidad, ahí fue donde realmente me desaté y viví mi vida sexual a todo lo que pude. Toda la práctica obtenida esos años me ha llevado a ser ahora lo que se podría considerar una "fiera en la cama". Lo hago delicioso, chico con el que he estado, ha quedado seco después de darme. Varios penes se deslizaron entre mis labios vaginales y otros lados, pero, como a los diecinueve o veinte, fue que conocí a Efraín, un chico que iba en mi universidad pero era un par de años mayor. Para no hacer muy largo esto, la cosa es que era alguien muy agradable y apuesto, lo que desde luego, desembocó en que nos empezáramos a acostar al poco tiempo.

Si bien, de todos lo hombres con los que he compartido la cama he aprendido algo, definitivamente, fue con Efraín con el que más aprendí y con quien mejor la he pasado (incluyendo mi marido).
Estuvimos cogiendo yo creo que casi un año, un largo tiempo, lo hicimos en muchas partes: en su casa, en moteles, baños, su auto (en el cual por cierto nos divertíamos dando vueltas a toda velocidad), etc. Con él aprendí casi todas las posiciones. Con él tuve mi primer orgasmo, y en recompensa, fue al primero que dejé que corriera dentro mío. En resumen, ¡era un máquina del sexo ese tipo!. Pero como lo dije, después de un tiempo las sesiones sexuales se volvían cada vez más rutinarias y monótonas, lo que nos llevó a tomar la decisión de dejar nuestra larga "aventura"
para que cada quien siguiera con su camino, a partir de ahí dejé de verlo y tener contacto con él. Años más tarde me casé y tuve a mi hijo, y fue desde entonces que la vida "loca" que había llevado la puse de lado para abocarme a mi familia; me había convertido en una ama de casa común y corriente al cuidado de mi hijo.

El tiempo pasó y todo había avanzado de manera normal, era una esposa fiel y una madre muy atenta. Todo parecía estar en orden hasta aquel día. Para entonces mi hijo tenía poco de haber cumplido tres años, yo ya había cumplido treinta. Me quedaba todo el día en la casa con él mientras mi esposo trabajaba, llegaba ya entrada la noche. Recuerdo que estaba preparándole la comida a Mauricio cuando sonó el teléfono. Vaya sorpresa que me di cuando al atender la llamada, quien respondía se trataba de Efraín. Nos saludamos con mucho gusto, al escuchar su voz nuevamente, me fue inevitable sentir una sensación que fue de mi estómago hasta mi parte pélvica. Sentí como mi temperatura aumentó un poco y mis manos comenzaban a sudar. Con algo de timidez le pregunté como había conseguido mi número, que comentó que se lo había pasado Susana, una amiga mía de la universidad. Me dijo que me había querido contactar porque deseaba reconectar con una "vieja amiga" y seguido de eso me preguntó si podíamos vernos un día. Yo le contesté me nos viéramos al día siguiente en la tarde, en un café que quedaba algo retirado de mi casa para evitar ser vista por algún vecino y que se generaran malentendidos, él aceptó gustoso.

Así fue, al otro día como a las tres de la tarde nos vimos para tomar el café, esa vez llevé a Mauricio porque no tenía con quien dejarlo. Al vernos me saludó con un abrazo y un beso en la mejilla, cuando le presenté a mi hijo a penas y le hizo caso, era claro que quien le interesaba era yo. Ese día casual, llevé una blusa negra, unos jeans y unas botas negra. Él, por su parte, iba un poco más arreglado. Ciertamente era notorio que el tiempo había pasado un poco sobre Efraín, pero aún así, se seguía viendo bastante bien. Incluso creo que ese cambió le terminaba sentando bien, había dejado de verse como un jovencito para verse ahora como todo un hombre. La conversación fue de lo más normal, hablando de lo que había sido de nosotros los años que perdimos el contacto. Efraín también se había casado, pero tenía ya unos meses de haberse divorciado; tenía dos hijas un poco más grandes que el mío que no vivían con él. Por momentos
la plática se veía interrumpida con las peticiones que Mauricio me hacía. Ni el día anterior por teléfono, ni esa vez que nos vimos, se tocó por ninguno de los dos aquellos episodios sexuales entre los dos, aunque, por las miradas recurrentes, los repentinos silencios incómodos y las risitas nerviosas, sabía que esos recuerdos estaban saliendo a flote en ambas mentes. Después de un rato más, Mauricio me comenzó a presionar para ya nos fuéramos, lo que nos obligó a despedirnos pero con la condición de vernos nuevamente a la semana siguiente. Al regresar a casa, le serví la merienda a Mauricio, una vez dejándolo entretenido comiendo yo subí a darme un baño, Esa vez tardé más de lo normal en la ducha a disfrutar el sentir del agua cayendo sobre mi piel al tiempo que recorría con mis manos todo mi cuerpo.

El pasar de los días resultaban un suplicio hasta que por fin llegaba el día para nuestro segundo encuentro. Esa vez decidí encargara a Mauricio con una vecino usando de pretexto que iba a buscar un trabajo. Ese día asistí más arreglada, ahora llevaba una blusa negra de mangas y cuello largo que me quedaba algo justa, una falda que me llegaba poco después de las rodillas igualmente negra, y unos botines del mismo color, además de mi bolso. Esta vez la conversación fluía de mejor manera (no sé si por ser ya la segunda vez que nos veíamos y por la ausencia de mi hijo), pero, eso no era todo. Al estar solos, Efraín se comportaba de manera algo distinta, resultaba ser más atrevido, incluso coqueto, no me quitaba la mirada de encima casi nunca, cada cierto tiempo me decía lo guapa que me veía, yo le agradecía con algo de timidez. Ese comportamiento, lejos de enfadarme o incomodarme, me generó otro tipo de sensaciones. Yo también entré al juego de miradas y comportamientos que se podrían considerar "coquetos". Finalmente lo hizo, en un momento sacó a colación nuestras vivencias de aquellos tiempos. Yo traté no caer en su "juego", pero, como podrán ya suponer, aquellos era inevitable.

Cuando me di cuenta, toda nuestra ropa ya estaba regada por el suelo, y en una cama de motel, totalmente desnudos, él disfrutaba acostado de cómo yo le chupaba el pene....

Continuará
 
que buena, que prosiga la historia bro
 
Espero continúe pronto suena interesante la historia en perspectiva de la madre, ojalá mantenga ambos relatos en paralelo.
 
Después de un rato, él me retiró de su miembro y se levantó para dirigirse a una mochila pequeña que llevaba consigo. Cuando se levantó yo me quedé de rodillas esperando sobre la cama, viendo a ver que hacía, él me miró y sonrió, yo en sumamente caliente, deseosa de pene le devolví la sonrisa.

- ¿porqué me interrumpes de disfrutar de esa deliciosa cosita? - le dije en un tono lo más sexy posible mientras me chupaba los dedos como cuando comes algo rico.
- uff...- dijo después de soltar una ligera risa - ahorita te doy más, no desesperes. Ya decía yo que no iba a ser difícil sacar tu verdadera cara otra vez....

De la mochila vi que sacó un conjunto de lencería negra, es decir, un sostén y una tanga de hilo. Me arrojó ambas prendas a la cama.

- Ten, póntelas y haz lo que sabes hacer mejor que nadie.... - me dijo.

Y es que eso fue algo que olvidé mencionar antes. Como dije, Efraín y yo experimentamos mucho en nuestra juventud, pero esa experimentación no se limitaba a la relación sexual como tal, a los dos nos gustaba mucho el sexo, todo lo que éste conlleva más allá de la penetración. Por eso, el "pre" se volvió importante parea nosotros. Esa etapa, en resumidas cuentas, consistía en que yo, valiéndome de mi buena figura, me pusiera lencería sexy y le hiciera una especie de espectáculo privado, un baile como el que las prostitutas hacen, solo para él... Yo nunca he sido mucho de bailar, así que obviamente al inicio mis bailes no eran los mejores. Pero Efraín decía que yo estaba tan buena que se negaba a dejar de verme de ese modo. Así que tuve mucha práctica (bailaba a solas hasta en mi recámara de entonces), e incluso Efraín y yo llegamos a ir a clubes nocturnos para ver como bailaban las chicas y copiar los mejores movimientos. Finalmente, también terminé volviéndome bastante buena en ello, había ocasiones en que, en palabras del mismo Efraín, tenía que "hacer esfuerzos por contener su semen en sus huevos al verme mover las caderas", a veces, para ayudarme un poco y dar el mejor espectáculo posible me apoyaba en un poco de alcohol. Y aquello era algo que solo Efraín conocía de mi, a ningún otro hombre le había dado ese manjar visual, ni si quiera a mi marido. De regreso a la habitación de motel, me puse la indumentaria sin chistar. Él puso una canción, "MMM YEAH" se llamaba. Me fui al baño, y como la canción comienza un poco "lenta", salí caminando de manera cadenciosa y lenta, poniendo un pie delante de otro mientras jugaba con mi cabello. Efraín presenciaba sentado en la orilla de la cama. Cuando la canción tomó un ritmo más "estrepitoso" empecé a mover las caderas como lo hacía antes. Mientras más me movía veía como a Efraín se le levantaba cada vez más su miembro. Entonces me di la vuelta, llevé mis mano a mi espalda, y me desabroché el brasier dejándolo caer, ahora siguiendo de espaldas, jugaba con la tanga sacudiéndola mientras movía mis nalgas como loca. Efraín no resistió más, se abalanzó sobre mi, me arrojó a la cama con fuerza y me quitó la tanga y el brasier (yo me dejaba hacer completamente); se puso encima de mi tomándome de las muñecas y nos vimos mutuamente a lo ojos.

- Ohhh.... - dijo con emoción - no sabes como extrañaba esa miradita golosa tuya. Yo me incorporé un poco para darle un beso en la boca.

Como si fuera yo una muñeca sexual y algo así, me volvió a levantar de la cama y me arrojó a la pared haciendo que mi rostro casi se estrellara contra ella. Estaba siendo brusco, pero, lejos de enojarme, ese salvajismo solo me excitaba más. Se puso detrás de mi, besó mi cuello mientras con sus manos agarraba mis senos y recorría más partes de mi cuerpo. Yo disfrutaba todo lo que me hacía. Sentí como su miembro comenzaba a hurgar entre mis nalgas, y sin mayor, avisó, me la metió de golpe haciendo que soltara un gran gemido. Me penetraba con mucho ímpetu, jadeaba con cada estocada mientras yo no paraba de gemir y arañaba las paredes "ah, qué rico" era lo que más repetíamos en esos momentos. Después de un rato me volteó, dejándonos de frente. Me tomó de los muslos y, recargada en la pared, me cargó. Yo puse mis brazos sobre sus hombros. No saben lo exquisita que estuvo la penetración en esa posición, me encantaba rebotar "Ah, sí, así" "mmm....sí..mmm...mmm"Ah..ahh..ahhh" era lo que decía yo olvidándome de todo, mi esposo, de mi hijo, de mis responsabilidades de ama de casa, solo quería disfrutar esos momentos de placer. Nos comíamos las bocas como un par de adolescentes calientes. No podía entender como había podido estar todo ese tiempo sin sentir esa cosa tan gruesa y dura dentro de mi.
Me despegó de la pared pero sin bajarme, me volvió a arrojar la cama y otra vez, se puso encima de mi. Ambos jadeábamos por tremenda faena que estábamos teniendo.

- ¿Y tú hijo?- me preguntó. Yo me sorprendí que preguntara por él, sobre todo en esos momentos.
- Lo dejé encargado con una vecina, ahorita voy a pasar por él - le dije con mi mirada y voz sensual que no podía quitarme por la excitación.
- Lo hubieras traído - me dijo riendo. Aquello más que risa me causó, ahora sí, incomodidad.
- Qué tonterías dices- le dije frunciendo un poco el ceño.
- No es cierto - dijo todavía entre risas - pero es que, esa vez que lo llevaste... él está enamorado de ti, no puede estar lejos de ti, y, sobre todo más grande, si viera o supiera de tu verdadera versión... se va a volver loco por ti.....- yo no respondí nada, no sabía que debía decir.
- Así que - continuó - si quieres seguir jugando a la "mamá abnegada y entregada", te voy a tratar como se merecen las que le gusta usar esa máscara, para que, por lo menos, conmigo, seas quien realmente eres...

En la cama me volteó, dejándome boca abajo, y me incorporó un poco dejándome en cuatro. Me embarró un poco de saliva, y me la metió de golpe otra vez. Mientras era cogida de perrito, gemía como loca, estoy segura que mis gemidos se escuchaban más allá de la habitación donde estábamos. Apretaba los dientes y los ojos, mientras que con mis manso apretaba las sábanas, fue ahí dónde tuve mi orgasmo. El seguía dándome con todas sus fuerzas, además de los gemidos y jadeos, los sonidos de sus testículos chocando con mi glúteos inundaban la habitación.

- Ah.. que así te viera tu hijo, ahh... qué delicia, qué delicia - Yo perdida por el placer no le puse mayor importancia.
- Que vea como está su mamá y mientras el juega allá aburridito, y su mamá aquí pasándosela poca madre dando las nalgas...ay qué rico....

Sacó su pene de mi interior, se subió por completo a la cama y se puso delante mío. Por la experiencia que teníamos, sabía que esa era "la señal". Aún de rodillas me acerqué a él y me volví a meter su pene en la boca no sin antes haber pasado mi lengua sobre sus testículos y el mismo troco. Él se ayudaba masturbándose. Finalmente sacó su pene de mi boca, lo apuntó directo
mi, y de ese pequeño orificó vi como salió disparado un chorro de semen que me cubrió gran parte de la cara, mi cuello, y parte de mis pechos, yo disfrutaba pasivamente como las gotas de ese esperma caían por mi piel. Cuando terminó de eyacular, el mismo recogió con su dedo un poco de semen de mi cara y me lo dio de beber, yo abrí la boca grande y succioné todo ese dedo junto con el fluido.

Ya habiendo terminado, el se metió a bañar, yo también quería darme una ducha, pero pensé que iba a pasar por Mauricio a casa de la vecina y no quería me nadie me viera con el cabello húmedo. Así que mejor tomaría el baño ya estando en casa; mientras tanto, yo me quedé acostada pensativa sobre lo que había acabado de ocurrir. Lo había disfrutado mucho, era la cogida que no me habían dado en años, pero creo que me arruinó un poco la experiencia el hecho de que Efraín sacara a colación a mi hijo mientras me hacía el amor. Me hizo sentir incómoda, mi hijo no tenía porque salir en esta situación, no era correcto. Sí, como el mismo Efraín lo dijo, una cosa era mi faceta como mujer, y otra como madre, y sentía que él ni nadie tenía el derecho a meterse en esa parte. Cuando salió de la regadera yo ya estaba vistiéndome, obvio limpié el semen de mi cuerpo. Con la toalla enrollada a la cintura se me acercó por atrás me abrazó. Yo no lo rechacé, pero era evidente mi indiferencia y hasta molestia.

- ¿Qué pasa, hermosa, no te gustó? - me dijo para después darme un beso en la mejilla.
- Lo mismo aplicaría para tus hijas, ¿no? - le dije mientras me ponía mis zapatos.
- ¿Cómo?
- Sí, tu preguntaste que sentiría mi hijo se viera como me tenías... pues que sentirían tus hijas si vieran como me traías a mi, otra mujer.
- Ah, es por eso - dijo - Ali, no era cierto, solo me fue el momento. De ninguna manera quiero tu hijo ni nadie nos vea, esto solo es entre tu y yo
- Pero te excitó... hasta fue con eso con lo que viniste....
- Eres una mujer espectacular, estás deliciosa, y vamos, al ser alguien con quien tuve tanto sexo en el pasado, es imposible que no sienta algo de morbo al verte ahora como ama de casa, pero eso conmigo, de ninguna manera voy a hacer que se entere de esto tu esposo, ni mucho menos tu hijo. No te enojes. Fue todo pura excitación nada más, un juego casi casi

Yo me quedé pensando un momento, hasta que lo volteé a ver y le esbocé una ligera sonrisa.

- ¿Entonces ya no traemos porra para la próxima? - le dije en broma.

Ambos reímos y nos besamos. Efraín se ofreció a acércame a mi hogar, pero antes, me llevó a dar una vuelta en su coche para recordar viejos tiempos. Manejaba muy bien, me encantaba cuando metía velocidades altas. Yo no sé de autos, no recuerdo que marca ni modelo era, pero estaba bonito, y corría muy bien. Hubiera querido que el "tour" durara más, pero ya debía pasar por mi hijo para bañarme y tener todo lista antes de que mi esposo llegara. Pasé por Mauricio, él al verme corrió a abrazarme diciendo "¡mamá!". Yo me había agachado para recibirlo, pero al recordar que no me había bañando aún me incorporé y solo le acaricié el cabello, sin beso ni nada. La vecina me ofreció un café o algo, pero a mi me urgía ducharme, así que le agradecí por cuidar a Mauricio y nos retiramos de ahí.

continuará....
 
qué delicia... reafirmando lo gran madre que es esa zorrita jajaja
 
Obviamente los encuentros entre Efraín y yo se seguirían repitiendo, yo había propuesto vernos en las mañanas, que era cuando Mauricio estaba en el preescolar, pero Efraín en ese horario trabajaba, así que nos teníamos que seguir viendo por las tardes, no muy tarde. No veíamos una o dos veces a la semana dependiendo nuestras actividades. Me compré lencería sexy para modelarle un conjunto diferente en cada "pre". Aunado a eso, para entrar más en calor Efraín comenzó a llevar licor para aumentar incluso la excitación. Yo casi no tomaba para no oler a alcohol con mi esposo, pero él sí tomaba un poco más. Yo le pregunté si eso no le afectaba para manejar, y él dijo que no, que ya estaba acostumbrado y sabía la cantidad de alcohol que debía tomar para estar en buenas condiciones para conducir. Yo le dí el voto de confianza y seguía dejando de que acercara a mi hogar después de una cuantas vueltas. En cuanto a Mauricio, era obvio que no podía estarlo dejando siempre al cuidado de la vecina puesto que se empezarían a generar sospechas. Así que tuve que optar por dejar un momento solito a mi hijo en la casa. Obviamente, antes de salir me aseguraba de dejarle comida, cerrar el gas, y esconder cualquier cosa con la que se pudiera hacer daño, siempre lo dejaba viendo sus películas o programas favoritos. Todo parecía estarme saliendo bien. Estaba perdida con el sexo que Efraín me daba regularmente y esa locura era recíproca. Incluso un día, estando en nuestro motel, Efraín me daba de misionero, empujaba con todo mientras yo gemía y mantenía mis piernas bien abiertas. Después de unas embestidas más eyaculó, sentía exquisito como su leche calientita entraba por mi útero. Habiendo terminado se tiró al lado mío, yo lo abracé y le planté un beso en agradecimento por el placer que me había hecho sentir. Acostados nos relajábamos mientras tomábamos algo de agua, y fue en esos momentos de zozobra cuando me dijo algo que no esperaba.

- Alicia... - me dijo agitado mientras me acariciaba la cabeza.
- ¿Qué?- respondí recargada en su pecho mientras que con una de mis manos masajeaba sus genitales.
- Vámonos....
- ¿Cómo?- respondí levantándome...
- Ay que irnos tu y yo para coger todo lo que queramos sin temor a que nadie nos cache...
- Pero, no, mi hijo, tus hijas...
- Ellas tienen a su madre y tu hijo a su padre, van a estar bien, ándale.
- No, Efraín, no puedo dejar a mi hijo así nada más, está muy pequeño aún, me necesita. No, no puedo.
- Entonces cuando crezca...
- No, no sé, no quiero hablar de eso- en este momento me levanté rumbo a la regadera.

A pesar de mi negativa, Efraín me propuso lo mismo un par de veces más, mi posición no cambió. Si embargo, hubo algo que cambió muchas cosas en esto. Fue un día en que se supone que nos veríamos en el motel. Yo ya me había arreglado para pasar por Mauricio a la escuela, darle de comer, dejarlo en la casa e irme yo a coger. Pero todos mi planes de ese día se verían cortados de repente cuando me percaté que Mauricio tenía un resfriado algo fuerte. Parecía que le acababa de dar puesto que en la mañana cuando lo dejé en el jardín estaba bien. De primer momento pensé en ir rápido con Efraín y regresar más rápido de lo normal, pero cuando le tomé la temperatura a Mauricio vi que tenía un poco de fiebre; por lo que decidí llamarle a Efraín para decirle que no iba a poder ir ese día porque tenía que cuidar a mi hijo, él resignado terminó aceptando la situación (aparentemente). Me acosté con Mauricio en su cama mientras veíamos televisión, los
dos estábamos en pijama, se había quedado dormido abrazándome. Todo parecía marchar en orden hasta que, de repente, escuche que tocaron el timbre de nuestra casa. Supuse que sería la vecina para darme algún remedio para el niño o algo así, pero, cuando fui a abrir, vi que se trataba de Efraín.

Casi se me sale el corazón cuando lo vi ahí afuera de la casa. Abrí rápidamente y lo hice pasar de deprisa para que nadie lo viera. Venía arreglado como siempre y llevaba un juguete para el niño.

- ¿Qué haces aquí? - le dije
- Perdón, no aguantaba las ganas de verte, se me hizo fácil
- ¿Y tu carro? ¿está aquí?
- No, lo estacioné como a tres cuadras. Oye, hasta en pijama te ves deliciosa.
- Efraín, lo siento, pero mi hijo está enfermo, te agradezco que le hayas traído algo pero...
- ¿Está despierto?
- No, dormido, pero tengo que cuidarlo y....
- Ali - me dijo tomándome de las caderas - todo el día he pensado solo en ti, tu hijo está dormido, por favor, yo se que tu también quieres, vamos a hacer el amor aunque sea rápido, no seas así.

Lo que estaba a punto de hacer era totalmente malo, era como no respetar la presencia de mi hijo. Internamente traté de detenerme a mi misma, pero la insistencia de Efraín, las ganas de traía, y, además, la carga extra de morbo que me generaba estar en la casa, hicieron que mi juicio se nublara por completo y que mi lívido tomara total control de la situación. "Espérame aquí y ve prendiendo el stereo" le dije a Efraín para posteriormente retirarme momentáneamente de la sala. Antes de de otra cosa, pasé a la recámara de Mauricio para cerciorarme que estuviera dormido, una vez que así lo hice me dirigí a mi habitación, allí me quité toda mi ropa y me disponía a ponerme algo de ropa interior sexy, pero, en ese momento se me ocurrió algo para innovar...

Efraín había puesto una canción, "short dick man" se llamaba. Yo salí de la habitación totalmente desnuda, solamente usaba una corbata roja de mi esposo amarrada a mi cintura. Cuando regresé Efraín también estaba desnudo ya, al verme vi como su pene se levantó casi al instante. Una vez uno frente al otro nos besamos. La canción terminó y siguió otra que se llama "Lick it"yo como ya era costumbre me puse a bailar haciendo mis caderas junto a la corbata. Mientras bailaba ocasionalmente bajaba para darle lamidas a la parte genital del Efraín, ante eso él solo emitía un "ah..". Después me acerqué a él, y mirándolo fijamente a los ojos, con la mirada más lasciva que tenía, comencé a masturbarlo. Repentinamente nos dábamos picos en la boca; nuestras miradas de sumo deseo no se habían despegado hasta que vi como la suya apuntó hacía atrás y emitió una risa, yo iba a voltear para ver que le había provocado la risa, pero antes de eso él me puso de rodillas y me puso a mamar su pene. Me aseguré de succionarle bien tanto su miembro viril como sus testículos. Me levanté para seguir masturbándolo mientras movía mis caderas de un lado a otro. Él me cargó y me llevó a mi habitación, dónde dormía con mi esposo. "Cierra la puerta" le dije cuando entramos al dormitorio, pero él solo la emparejó un poco, yo no le di mayor importancia. Me arrojó a la cama. Estando una vez más a su merced me abrió las piernas y me comenzó a hacer sexo oral a tiempo que me quitaba la corbata de la cintura. Yo me mordía la mano para ahogar los gemidos lo más que se pudiera. Posteriormente, el se acostó sobre la cama, yo me subí en él me lo monté como nunca antes había montado, fue durísimo, fue tan duro que me cuesta trabajo describirlo aquí. Si quieren saber más o menos como fue busquen en internet la escena de sexo de una actriz llamada Irene Azuela en una película llamada "las oscuras primaveras" y digamos que fue casi una calca de lo que yo le hice a Efraín. Después de una rato el se sentó y yo hice lo mismo pero sobre él, y quedando en esa posición fue que puse a, literalmente, saltar en su pene para clavármelo yo solita. Mis gemidos, sin querer, se habían transformado en gritos, sentía delicioso. Pero todo ese idilio se vería derrumbado cuando de la nada, mientras me clavaba el pene de Efraín a brincos, escuché un "mamá, mamá" . Sí, justo al lado de la cama, observando como rebotaba, estaba parado Mauricio....

Continuará...
 
Esto se pone feo
 
Evidentemente al darme cuenta de su presencia lancé un grito de espanto y me quité inmediatamente de encima de Efraín. Me cubrí con una sábana lo más rápido que pude, "No veas, amor, no veas" le decía a mi hijo mientras me sujetaba la sábana.
Él no dejaba de mirarme. Le dije a Efraín que me esperara ahí en la cama mientras yo llevaba de regreso a Mauricio a su habitación. Lo cargué, pero, cuando comenzaba a avanzar con él, sentí un tirón a la sábana que llevaba puesta. La sábana cayó al suelo dejándome otra vez completamente desnuda. Cuando volteé Efraín tenía la tela en la mano.

-¿Qué te pasa? - le dije mientras seguía con mi hijo en brazos - ¿Por qué haces eso?
- Llévalo así... - su mirada revelaba una excitación que no le había visto ni cuando nos acostábamos hace años - él no se da cuenta de nada, llévatelo así, por favor.

Yo solo le voltee los ojos y me retiré con mi hijo. Lo dejé en su cama. En cuanto lo bajé vi como se quedó viendo a mis senos, yo los tapé con las manos visiblemente avergonzada.

- Duérmete otro ratito, corazón - le dije, pensando en otras opciones para mantenerlo ocupado tomé el control de su televisión - o te pongo una película, ¿Qué película quieres?
- Mamá encuerada - fue lo que me respondió mientras yo le daba la espalda mirando a la pantalla, yo voltee atónita
- ¿cómo?
- Mamá encuerada - repitió en forma como si le diera gracia o algo por el estilo. Yo emití una risa de incomodidad.
- Ya, hijo, no digas eso - fue lo único que atiné a decir
- Mamá encuerada, mamá encuerada! - seguía diciendo al momento en que, de forma increíble, vi como se le formó una erección debajo de su pijama.

"¿Qué hice?" me decía mi misma. Pero eso no fue todo, ya claramente emocionado, se sentó sobre su cama y comenzó a brincar tal y como me encontró que yo lo hacía sobre Efraín. Pensé en detenerlo y regañarlo, pero la culpa y una serie de sensaciones raras en ese momento me hicieron optar por retirarme de la habitación del niño para regresar con Efraín. Ya estaba por salir del cuarto cuando, aparentemente retomada por mis instintos carnales, recordé que Mauricio tenía algo que me podía servir en esos momentos. Me dirigí a uno de sus estantes y me estiré para alcanzar en la parte de arriba un sombrero y una capa que mi hijo había utilizado un par de meses atrás para una presentación de la escuela. Yo le daba la espalda a Mauricio, por lo que al momento de estirarme para tomar las cosas escuché como empezó a decir "raya, raya" supongo que en alusión a mi trasero descubierto. Yo ya no hice mayor caso y solo salí rápidamente de ahí.

Al cerrar la puerta un río de emociones pasaron por mi cabeza, estaba recargada en la puerta sin prestarle atención a mi completa desnudez. A pesar de estar con un par de copas encima (ah, porque, claro, Efraín había llevado algo de licor para "ambientarnos") la culpa por ser descubierta cogiendo por mi hijo me carcomía, en una mujer normal, eso hubiera sido suficiente para echara a mi amante de la casa y volver a ponerme la ropa; sin embargo, para ser honesta, esa culpa de alguna manera era opacada por una adrenalina y morbo que no había sentido jamás, era algo que incluso me asustaba un poco ¿qué clase de persona era? ¿de verdad era yo una ninfómana?. Mis piernas temblaban de la excitación que tenía encima, mi clítoris pedía más pene. Fue entonces que dejé los remordimientos y la reflexiones para después. Fui a la mesa de la sala par tomar un trago más de alcohol me ayudara a no pensar en nada más que el sexo en esos instantes. El ardor de la bebida caló alto en mi garganta provocándome gestos, pero fue suficiente para darme valor de volver a la habitación.

Antes de entrar me puse el sobrero que había tomando del cuarto de mi hijo en la cabeza, la capa la use para tapar mi parte genital. Él estaba jugando con una pulsera mía acostado en mi cama desnudo. Yo entré con una mano sobre el sombrero, con la otra sujetaba la capa. Iba moviéndome bruscamente poniendo una pierna sobre la otra mientras lanzaba una mirada sumamente lasciva.

- Este toro quiere torear... - dije. Efraín retomó su dureza del pene al verme, se levantó bien sonriente y fui hacia mi
- Olé, matador - le dije antes de lanzarle la capa.
- Venga toro - me dijo al tomar la capa

Entonces yo me lancé en efecto, como si fuera un toro mientras él me toreaba. "Olé, olé" me decía cada vez que me esquivaba. Después de unas toreadas más yo me abalancé sobre él diciendo "¡qué te coja el toro!". Ambos caímos a la cama besándonos con pasión. Efraín quedó encima mío, yo abría bien mis piernas, sentía como su pene se acomodaba en la entrada de mi vagina. Sus manos recorrían mis muslos mientras yo metía mi lengua en su boca. El me metía y sacaba su pene en posición de misionero, yo gemía como loca rodeándolo con mis piernas y acariciando su trasero con una de mis manos.

- Ah, qué rico - decía - clávame tu espada, torero.

Eso último que le dije aparentemente lo estimulo para tomar aire y, levantando un poco el torso, comenzó a darme con más ganas al grado de prácticamente estarme planchando sobre la cama. Ambos jadeábamos al por mayor, "ay, sí, sí, sí, así" decía yo prácticamente gritando. Sin embargo, como seguramente tuve que haber previsto, en plena faena sexual nos interrumpió de golpe un "mamá" que escuchamos justo al lado nuestro. Mauricio estaba parado junto a la cama mirándonos fijamente. Yo ya fastidiada de no poder terminar de coger le pedí a Efraín que saliera de mi interior dispuesta a volverme a llevar a Mauricio y ahora sí dejarlo bajo llave un momento. Pero, para sorpresa mía, Efraín se negó a quitarse de encima de mi.

- Que te quites! - le dije ante su negativa.
- ¡Mamá encuerada! - repitió Mauricio
- No Ali, espera, regálanos este momento, solo hoy...
- Efraín, quítate, mi hijo nos está viendo, me está viendo a mi de patas abiertas!!
- Ay, qué delicia - al parecer lo que le dije lejos que hacerlo caer en razón lo excitó más y me la volvió a empujar provocando que sacara un gemido involuntariamente.
- ¡EFRAÍN!!!
- Ahh ahh - esos sonidos los emitió mi hijo tratando de arremedarme
- ¿ya viste? quítate, ya!
- Ali, te lo pido, solo hoy, es muy pequeño, para mañana no se va a acordar de nada, además, en el fondo se que también a ti te excita, o por lo menos te provoca morbo, de no ser así, no te lo hubieras llevado así, en bolas, él quiere ver y sabes que no te va a dejar en paz hasta que se le cumpla su capricho. Te prometo que después de hoy no te vuelvo a pedir semejante cosa, ándale...

Mauricio, aparentemente recuperado, comenzó a correr por la habitación diciendo una y otra vez "mamá encuerada, mamá encuerada" fue ahí donde me di cuenta que el daño a mi niño ya estaba hecho, si hubiera querido protegerlo de verdad no hubiera aceptado fornicar con mi amante en mi propia casa. Era cierto, a esa edad, Mauricio era muy imperativo y caprichoso, si no cumplía su deseo se iba a enojar conmigo, iba a hacer berrinche y hasta podría delatarme sin querer con su papá. En medio de tal situación mi mente no lograba ir más allá, aunado a la presión de Efraín, los constantes "mamá encuerada" de mi hijo que me taladraba el cerebro y al alcohol consumido, terminé cediendo...

Continuará
 
parte final:

- Bien - le dije a Efraín - pero bájate un momento, voy a decirle algo

Ahora sí me hizo caso, sacó su pene y yo me levanté sin cubrirme un milímetro. Mauricio, que seguía galopando, se detuvo de golpe y se quedó petrificado al verme acercarme desnuda. Me puse en cuclillas frente a él, vi como sus ojos se dirigieron a mis pechos, su fuente de alimento hasta hace un par de años.

- Te voy a dejar observar solo el día de hoy pero no quiero que sigas diciendo eso de "mamá encuerada", ¿de acuerdo? - le dije mirándolo directamente a los ojos, él no dijo no hizo nada al respecto.

Ya sin más regresé con Efraín, quien, sin esperar a que llegara a la cama me tomó por la cintura y me cargó. Me llevó a la pared para cogerme de pie, mientras yo rebotaba y gemía por inercia, no podía quitar mi mirada de mi hijo, quien no perdía detalle de lo que le hacían a su mamá ahora sí, en completo silencio. Nos mirábamos mutuamente mientras Efraín besaba mi cuello. Después de un rato él me bajo y sin darme unos segundo de descanso, como si fuera un calca de la primera vez de nuestro reencuentro sexual, me arrojó bruscamente hacia otra pared. Ahora sí una de mis mejillas chocó con el concreto al estar viendo a mi hijo, quien parecía estar atónica ante el "espectáculo" que le estábamos dando. Rápidamente Efraín se colocó detrás de mi, se abrió paso entre mis piernas, me dio una nalgada tan sonora que hasta Mauricio reaccionó un poco asustado y nuevamente me metió su pene por atrás, de pie; "oh...ohhh....mmm...mmm...." era lo que yo decía al sentir como ese mástil entraba lentamente en mi. La verdad, la vergüenza de ser vista por mi hijo haciendo el amor se iba disipando con el placer sexual me estaban brindando.

- No seas tan brusco - le decía a Efraín entre gemidos y jadeos - el niño se puede asustar y ponerse a llorar
- sí, está bien... - me respondió mientras parecía perdido al penetrarme, me bombeaba delicioso.

Con una mano me apretaba una teta mientras con la otra me sostenía de la cintura, empujaba con gran ímpetu hundiéndomela toda, se escuchaba el chocar de sus testículos con mis glúteos. Yo me encontraba con los ojos cerrados tratando sí, de disfrutar de como me daban, pero también, de no ver directamente a mi hijo quien seguía con su mirada clavada en nosotros, clavada en como un hombre que no era su papá se cogía a su mamá, creo que le gustaba, o esa impresión me dio cuando mientras Efraín me la seguía metiendo sentí como una mano me tocó el muslo, era Mauricio, no sé si le llamó la atención como se movía con las estocadas o no sé, pero lo empezó a acariciar de arriba a abajo una y otra vez, yo solo le acaricié la cabeza, nos miramos a la cara y nos sonreímos.
Entonces yo, con la misma mano que lo estaba acariciando lo aparté de nuestro lado, decidí quedar con mi mente en blanco en esos momentos, me giré y me abalancé con Efraín a la cama.

Ya ni siquiera recuerdo bien todas las posiciones que usamos aquellas vez, solo recuerdo que me bloquee, me dejé llevar por completo y disfrutaba como otras veces como era cogida. Ya gemía sin reservas, llenando la habitación y parte de la casa de mis sonidos. En un momento, mientras Efraín me tenía boca abajo, con medio cuerpo en el filo de la cama dándome durísimo, Mauricio salió de la habitación un momento, me alegré, pensé que ya se había cansado de vernos, pero no, lejos de eso, a los pocos minutos regresó desnudo, y con una almohada en las manos. Puso la almohada en el suelo y él se acostó también boca abajo, sobre la almohada para ponerse a masturbarse mientras nos veía, se veía que lo disfrutaba, abría la boquita un poco en señal de placer, creo que mi hijo había salido igual de calenturiento que yo; mientras era cogida pensaba: "cualquier otro niño se hubiera quejado o enojado con su mamá, hubiera hecho rabietas para que estuviera con él y no con un hombre extraño, e incluso, hubiera llorado ya sea por desconocimiento y extrañeza del acto sexual o por celos de sentirse relegado; pero Mauricio no". Si bien siempre ha sido un niño tranquilo, ahora no solo fungía como mi cómplice con el que compartiría un inconfesable secreto, si no que era partícipe, espectador de las travesuras de su mamá por su propia voluntad, lo disfrutaba, en ese momento supe o pensé, que, en efecto, podría ser que hubiera heredado el lívido de su madre, y por ende sería también muy sexoso cuando creciera. Mi reflexión se vio interrumpida cuando Efraín me incorporó consigo para ponerme en cuatro, yo solo jadeaba. Me nalgueó dos veces más antes de metérmela, me montó como todo un semental, hundía mi cabeza en las almohadas y después me tiraba del cabello mientras me daba a máxima velocidad. Después de un rato en esa posición Efraín se levantó y me hizo la seña, yo al incorporarme vi de reojo a Mauricio y ya no se movía, solo estaba perdido viendo lo que le hacían a su mamá. Yo entonces pesqué el pene de Efraín con boca y le dí una gran chupada que no sé si la disfrutó más él o yo. Él no quería quedarse así, por lo que me tomó de cabeza y comenzó él a meter y sacar su miembro de mi boca, yo me dejaba completamente, me sostenía de sus nalgas. Un par de minutos después de estarme cogiendo por la boca tomó una bocanada enorme de aire, dio un suspiro que para mi duró una eternidad y finalmente sentí como mi boca se llenaba de su semen calientito. No sé cuantos chorros me arrojó, pero sí fue una cantidad copiosa. Él no paraba de gemir de placer mientras yo solo emitía unos "mm...mmm..." con los ojos cerrados, sus piernas temblaban mientras vaciaba su líquido seminal dentro de mi.
En medio de su delirio, mientras seguía corriéndose, escuché como le dijo a mi hijo: "Oh, mira, niño, mira como tu mamá se toma lo que sale de mis huevos", eso no me gustó para nada, pero tampoco hice algo al respecto. Después de, en efecto, vaciar sus huevos, sacó su miembro de mi boca. Saboreé su delicioso esperma y me lo tragué, Mauricio solo miraba como confundido.

Efraín descansaba recargado en la cabecera de la cama, yo estaba acostada en la dirección contraria, con uno de mis pies acariciaba su pecho. El estaba todavía con todo al aire mientras yo buscaba tapar mis senos y mi vagina con las sábanas. Mauricio, que seguía desnudo, rondaba por la habitación.

- Esto fue lo más delicioso que he experimentado - me dijo mientras me besaba la pantorrilla - gracias, preciosa...

Después de un rato le pedí que se fuera para que pudiera acomodar todo antes de que llegara mi marido, antes de irse, Efraín volvió a pedirme que me fuera con él, yo solo le insistí que me dejara acomodar la casa para librarme de darle una respuesta. Regresé al niño a su cuarto y le ordené que se vistiera, "la diversión" había terminado. Él me miraba raro, no sé que sentía en esos momentos con exactitud; era coraje, deseo, no sé, pero ya pasado el momento de placer la culpa era tanta, que no quería ver a mi hijo por un rato. Cambié las sábanas de mi cama, acomodé la sala, etc. Me puse la bata para meterme a bañar. Antes de eso, no sé porqué, me asomé a la habitación de mi hijo para ver que hacía. Cuando abrí la puerta, no solo noté que seguía desvestido, si no que se estaba masturbando sobre una de sus almohadas como si fuera una rana, tal y como lo hacía mientras nos veía a mi amante y a mi cogiendo. Se restregaba con un placer tremendo, se hacía para atrás y se volvía a deslizar hacia adelante con un ímpetu inusual para un niño de su edad. Lo peor para mi, era que mientras estaba absorto en su tarea respiraba con agitación y no paraba de repetir su mantra de "mamá encuerada, mamá encuerada", sí eso lo hacía pensando en mi. Horrorizada, me dirigía a detenerlo y reprenderlo inmediatamente, pero al estar a punto de entrar a su habitación recordé las veces que lo había dejado encerrado para irme a coger al motel con Efraín, y, desde luego, el hecho de que él había sido testigo de como su madre hacía el amor con mi pleno consentimiento, no tenía autoridad moral realmente, así que me limité a cerrar la puerta y dejarlo terminar lo que tuviera que hacer. Tomé un baño y ese mismo día llevé a Mauricio por un helado para tratar de compensar lo que había hecho. Nunca volví a aceptar que Efraín fuera a la casa, después de aquello lo vi todavía un par de veces en el mismo motel de siempre, lo mismo me preguntaba siempre "¿cuando nos vamos?" yo siempre me rehusaba a responderle. También, aquellos días fueron complicados con Mauricio, yo, su madre, le había provocado un daño mental serio. Casi todos los días lo encontraba en su cuarto acostado boca abajo, con los pantalones hasta los tobillos restregando su pene en una almohada mientras repetía una y otra vez "mamá encuerada", yo ya le había dicho que no me gustaba que hiciera eso, pero no me hacía caso, se veía que sentía muy rico. Eso tenía que parar, no solo por lo que hiciera en la casa, si no porque incluso llegó a decir su ya hartante "mamá encuerada" una vez que estábamos formados en el super mercado, la gente, como era de esperar, se queda viendo raro, fue tanta la pena que sentí que me terminé yendo con mi hijo, temía enormemente que se le saliera su frasecita enfrente de mi esposo.

Un día, después de pasar la tarde cogiendo con Efraín, ya estando en casa, me disponía a tomar un baño, me desvestí y me puse una bata. Cuando pasé a ver que hacía Mauricio, no hubo ninguna sorpresa, estaba en su cama masturbándose. Estaba abierto de piernas cual ranita, subiendo y bajando sin parar. Estaba jadeando, como si estuviera cansado y decía con esfuerzo "mamá encuerada....ma..mamá....encuerada....rico...". Confirmado, después de que lo dejara verme cogiendo, le había provocado a mi hijo el famoso complejo de edipo. En ese momento pensé: "tal vez si le doy un poco de lo que quiere se calme", así que entré a su cuarto y me puse al lado de su cama mientras él estaba concentrado en lo suyo. Después de unos segundos se dio cuenta de mi presencia y se volteó con algo de sorpresa, su pene estaba algo durito. No sé si era la rareza del momento, pero sentía como con nauseas.

- Haré esto - le dije mientras desabrochaba mi bata - si prometes que dejarás de decir eso de "mamá encuerada".

Después de procesar un momento lo que le había dicho solo asintió con la cabeza, entonces yo dejé caer la bata, quedando, igual que en el motel, completamente desnuda pero ahora no frente a Efraín, si no de mi hijo, él apuntó su inexperta mirada a mis senos y vi como su pequeño miembro volvía a tomar dureza.

Creo que vas a salir igual de loquito que tú mamá - le dije - ven, cariño - le extendí la mano - vamos a tomar un baño.

Nos metimos a la bañera, más allá de la desnudez de ambos, yo nunca intenté hacer nada indebido con mi hijo, solo pretendía eso, bañarnos. Pero aún así, puedo decir que no fue buena idea. Por su parte, Mauricio durante casi todo el baño trató de embarrarse en mi, yo lo tenía recargado de espaldas contra mi, pero cada cierto tiempo él se volteaba y trataba de restregar su miembro viril en mi cuerpo, desde luego, yo lo apartaba y lo devolvía a su posición original. Me manoseaba los senos, sentía como sus manos rozaban mis pezones, incluso, tal y como lo hacía hace un par de años, trató en más de una ocasión de chuparlo, sí, de chuparlos, algo que seguro vio que Efraín hacía conmigo aquel día. No había duda ya, podía asegurar que le ENCANTÓ ver a su mamá cogiendo.
Mi niño, de apenas tres años, fue testigo de como su madre fue penetrada en su cama como una ramera, me vio gozar como toda una puta; vio como me alzaban las patas, como yo las abría a placer, como chupaba pene y hasta comía semen, y lo había disfrutado, y peor aún, deseaba tomar el lugar de Efraín.

Al terminar ese baño y acostarlo me sentí aún peor, cierto, como dije, no había hecho nada realmente indebido con él, en el papel había sido un simple baño entre madre e hijo pequeño, algo de lo más inocente y hasta dulce en una relación de esa naturaleza en dicha etapa. Pero yo sabía que algo andaba mal, le había generado un daño imperdonable a aquel ser que se supone debía proteger de todo peligro a su integridad con todas mis fuerzas, ¿qué clase de madre era?, ¿seguía siendo yo útil para Mauricio, o solo era un personaje nocivo en su vida? Era un niño muy listo, muy vivo, muy astuto, no merecía una madre como yo, no se merecía que lo dejara solo varios días a la semana para que yo, su madre, me fuera a coger, a saciar mi lívido insaciable como un hombre, sentí en ese momento, mientras lo veía dormir, que ya no servía para ser su madre. Además, aunado a esto, menuda sorpresa, me enteré de que estaba embarazada; no había duda alguna, era de Efraín, con mi esposo hace tiempo que no tenía relaciones sexuales, y con Efraín nunca use ningún tipo de protección. Al otro día en la mañana, le hablé al padre de mi segundo hijo para decirle que aceptaba, que aceptaba irme con él sin comentarle aún lo de mi embarazo. Pero como es la vida de caprichosa, cuando por fin acepté su propuesta era martes, acordamos de partir el sábado. Preparé mis maletas en secreto, evidentemente, me iba solo yo, había incluso escrito una carta tanto para mi esposo, como para mi hijo. Sin embargo, el alcoholismo de Efraín resultó ser peor de lo que imaginé. El viernes, un día antes de irnos, mi amante, el hombre por el que abandonaría a mi familia chocó su coche estando en estado de ebriedad, fue un accidente aparatoso, tan aparatoso que perdió la vida. El plan obviamente se cancelaba, ya no abandonaría a mi hijo; pero la pesadez de lo todo lo que había pasado me hizo querer deshacerme de todo lo que me recordara a Efraín, por lo que decidí abortar al hijo suyo que llevaba dentro. Me quedé con familia, nunca se supo nada de mi aventura con Efraín. Mauricio, afortunadamente, con el paso del tiempo aparentemente se fue olvidando de aquel capítulo como testigo de las artes sexuales de su madre y dejó eso de estarse masturbando y diciendo "mamá encuerada". Mi vida continuó como había sido antes de que Efraín reapareciera en mi vida, aunque claro, no estaba si ese regreso al status quo me hacía feliz o infeliz, hasta la fecha hay días en que me lo planteo.

Justo ahora me hago esa pregunta ahora que Mauricio y yo hemos llegado a la playa, él se está cambiando en el baño del cuarto de hotel en el que nos hemos hospedado mientras yo observó como pasan a lo lejos las olas del mar. Por el calor traigo puesto un short algo corto y he notado que me ha visto las piernas. Pienso que es algo natural, es hombre a fin de cuentas, pero a la vez me preocupa un poco que hayan quedado resquicios en su cabeza de la vez que mi vio haciendo el amor; su comportamiento, no me parecía que era el comportamiento de un niño que presencia un acto sexual, la forma en que se me intentaba acercar en la bañera, como pretendía lamer mis pechos. A mi hijo también le gusta el sexo, eso lo se, le gusta bastante, me preocupa que cuando crezca pueda ser una especie de depredador sexual o algo por el estilo. Pero también me preocupo yo, que de victima en esto no tengo nada. Mentiría si digo que no disfruté ser vista por mi hijo mientras me cogían, al contrario, lo admito, sentí riquísimo en el momento. Tal vez era por como me encargaba de romper con ese molde de madre abnegada y decente que había intentado construir, con esa figura clásica de madre que se nos impone en cada momento. Como dije antes, yo crecí sin padre, por lo que mi madre tuvo algunas parejas cuando era niña, en una ocasión la descubrí en la cama con uno de su novios, yo habré tenido unos diez años. En la noche me levanté, fui a su recámara, y recuerdo verla acostada boca arriba desnuda con las piernas abiertas debajo del sujeto que se la cogía de misionero. Esa imagen me acompañó por unos años, haciendo que incluso me tocara visualizándola. A lo que quiero llegar es que si a mi, siendo mujer, me prendió ver a mi madre de esa forma, para un varón, un varón tan joven, la revelación de descubrir a esa figura endiosada y admirada que es la madre como un ser con deseos carnales ha de ser la cúspide del placer para ellos.

Como sea, se que mis problemas mentales no deben interferir en el desarrollo de mi hijo, él debe crecer lo más sano, centrado y feliz que se pueda, y para eso necesita que su madre esté a la altura de las circunstancias. Debo resistir a mis impulsos de hembra en celo, de mujer con un lívido exacerbado, más allá de mis ideas retorcidas y fantasías, ningún niño se merece una madre promiscua que ponga sus necesidades sexuales por encima de ellos. Por eso, en esta ocasión, trataré que Mauricio pasé sus mejores vacaciones, sin permitir que nada ni nadie interfiera entre nosotros. Aunque, claro, es evidente que las tentaciones siempre estarán ahí. Por ejemplo ahora, cuando estoy reflexionando a solas en el balcón del hotel, he notado que un joven de una habitación vecina ha salido también pero a verme a mi, lo trata de disimular pero es demasiado obvio. La verdad es un joven bien parecido, de hecho (como es la vida) su aspecto me recuerda a un poco al aspecto de Efraín cuando era joven. Pensé que este chico sería más tímido, pero, para mi sorpresa, ha tenido el valor para acercarse a mi.

- Hola - me ha dicho
-Hola
- ¿también vas llegando?
- Sí, nos estamos instalando a penas
-Ah, vienes acompañada
- Sí, vengo con mi hijo nada más, ¿tú?
- No, yo sí vengo solo
- Genial, siempre hay darse tiempo para uno también
- Me llamo Javier - me dijo dándome la mano
- Mucho gusto, yo soy Alicia - respondí estrechando su mano

Para un tipo simpático, no creo que pase nada si de repente hago algunas amistades en este viaje, todo estará en orden mientras mi hijo no vea a su "mamá encuerada"...
 
parte final:

- Bien - le dije a Efraín - pero bájate un momento, voy a decirle algo

Ahora sí me hizo caso, sacó su pene y yo me levanté sin cubrirme un milímetro. Mauricio, que seguía galopando, se detuvo de golpe y se quedó petrificado al verme acercarme desnuda. Me puse en cuclillas frente a él, vi como sus ojos se dirigieron a mis pechos, su fuente de alimento hasta hace un par de años.

- Te voy a dejar observar solo el día de hoy pero no quiero que sigas diciendo eso de "mamá encuerada", ¿de acuerdo? - le dije mirándolo directamente a los ojos, él no dijo no hizo nada al respecto.

Ya sin más regresé con Efraín, quien, sin esperar a que llegara a la cama me tomó por la cintura y me cargó. Me llevó a la pared para cogerme de pie, mientras yo rebotaba y gemía por inercia, no podía quitar mi mirada de mi hijo, quien no perdía detalle de lo que le hacían a su mamá ahora sí, en completo silencio. Nos mirábamos mutuamente mientras Efraín besaba mi cuello. Después de un rato él me bajo y sin darme unos segundo de descanso, como si fuera un calca de la primera vez de nuestro reencuentro sexual, me arrojó bruscamente hacia otra pared. Ahora sí una de mis mejillas chocó con el concreto al estar viendo a mi hijo, quien parecía estar atónica ante el "espectáculo" que le estábamos dando. Rápidamente Efraín se colocó detrás de mi, se abrió paso entre mis piernas, me dio una nalgada tan sonora que hasta Mauricio reaccionó un poco asustado y nuevamente me metió su pene por atrás, de pie; "oh...ohhh....mmm...mmm...." era lo que yo decía al sentir como ese mástil entraba lentamente en mi. La verdad, la vergüenza de ser vista por mi hijo haciendo el amor se iba disipando con el placer sexual me estaban brindando.

- No seas tan brusco - le decía a Efraín entre gemidos y jadeos - el niño se puede asustar y ponerse a llorar
- sí, está bien... - me respondió mientras parecía perdido al penetrarme, me bombeaba delicioso.

Con una mano me apretaba una teta mientras con la otra me sostenía de la cintura, empujaba con gran ímpetu hundiéndomela toda, se escuchaba el chocar de sus testículos con mis glúteos. Yo me encontraba con los ojos cerrados tratando sí, de disfrutar de como me daban, pero también, de no ver directamente a mi hijo quien seguía con su mirada clavada en nosotros, clavada en como un hombre que no era su papá se cogía a su mamá, creo que le gustaba, o esa impresión me dio cuando mientras Efraín me la seguía metiendo sentí como una mano me tocó el muslo, era Mauricio, no sé si le llamó la atención como se movía con las estocadas o no sé, pero lo empezó a acariciar de arriba a abajo una y otra vez, yo solo le acaricié la cabeza, nos miramos a la cara y nos sonreímos.
Entonces yo, con la misma mano que lo estaba acariciando lo aparté de nuestro lado, decidí quedar con mi mente en blanco en esos momentos, me giré y me abalancé con Efraín a la cama.

Ya ni siquiera recuerdo bien todas las posiciones que usamos aquellas vez, solo recuerdo que me bloquee, me dejé llevar por completo y disfrutaba como otras veces como era cogida. Ya gemía sin reservas, llenando la habitación y parte de la casa de mis sonidos. En un momento, mientras Efraín me tenía boca abajo, con medio cuerpo en el filo de la cama dándome durísimo, Mauricio salió de la habitación un momento, me alegré, pensé que ya se había cansado de vernos, pero no, lejos de eso, a los pocos minutos regresó desnudo, y con una almohada en las manos. Puso la almohada en el suelo y él se acostó también boca abajo, sobre la almohada para ponerse a masturbarse mientras nos veía, se veía que lo disfrutaba, abría la boquita un poco en señal de placer, creo que mi hijo había salido igual de calenturiento que yo; mientras era cogida pensaba: "cualquier otro niño se hubiera quejado o enojado con su mamá, hubiera hecho rabietas para que estuviera con él y no con un hombre extraño, e incluso, hubiera llorado ya sea por desconocimiento y extrañeza del acto sexual o por celos de sentirse relegado; pero Mauricio no". Si bien siempre ha sido un niño tranquilo, ahora no solo fungía como mi cómplice con el que compartiría un inconfesable secreto, si no que era partícipe, espectador de las travesuras de su mamá por su propia voluntad, lo disfrutaba, en ese momento supe o pensé, que, en efecto, podría ser que hubiera heredado el lívido de su madre, y por ende sería también muy sexoso cuando creciera. Mi reflexión se vio interrumpida cuando Efraín me incorporó consigo para ponerme en cuatro, yo solo jadeaba. Me nalgueó dos veces más antes de metérmela, me montó como todo un semental, hundía mi cabeza en las almohadas y después me tiraba del cabello mientras me daba a máxima velocidad. Después de un rato en esa posición Efraín se levantó y me hizo la seña, yo al incorporarme vi de reojo a Mauricio y ya no se movía, solo estaba perdido viendo lo que le hacían a su mamá. Yo entonces pesqué el pene de Efraín con boca y le dí una gran chupada que no sé si la disfrutó más él o yo. Él no quería quedarse así, por lo que me tomó de cabeza y comenzó él a meter y sacar su miembro de mi boca, yo me dejaba completamente, me sostenía de sus nalgas. Un par de minutos después de estarme cogiendo por la boca tomó una bocanada enorme de aire, dio un suspiro que para mi duró una eternidad y finalmente sentí como mi boca se llenaba de su semen calientito. No sé cuantos chorros me arrojó, pero sí fue una cantidad copiosa. Él no paraba de gemir de placer mientras yo solo emitía unos "mm...mmm..." con los ojos cerrados, sus piernas temblaban mientras vaciaba su líquido seminal dentro de mi.
En medio de su delirio, mientras seguía corriéndose, escuché como le dijo a mi hijo: "Oh, mira, niño, mira como tu mamá se toma lo que sale de mis huevos", eso no me gustó para nada, pero tampoco hice algo al respecto. Después de, en efecto, vaciar sus huevos, sacó su miembro de mi boca. Saboreé su delicioso esperma y me lo tragué, Mauricio solo miraba como confundido.

Efraín descansaba recargado en la cabecera de la cama, yo estaba acostada en la dirección contraria, con uno de mis pies acariciaba su pecho. El estaba todavía con todo al aire mientras yo buscaba tapar mis senos y mi vagina con las sábanas. Mauricio, que seguía desnudo, rondaba por la habitación.

- Esto fue lo más delicioso que he experimentado - me dijo mientras me besaba la pantorrilla - gracias, preciosa...

Después de un rato le pedí que se fuera para que pudiera acomodar todo antes de que llegara mi marido, antes de irse, Efraín volvió a pedirme que me fuera con él, yo solo le insistí que me dejara acomodar la casa para librarme de darle una respuesta. Regresé al niño a su cuarto y le ordené que se vistiera, "la diversión" había terminado. Él me miraba raro, no sé que sentía en esos momentos con exactitud; era coraje, deseo, no sé, pero ya pasado el momento de placer la culpa era tanta, que no quería ver a mi hijo por un rato. Cambié las sábanas de mi cama, acomodé la sala, etc. Me puse la bata para meterme a bañar. Antes de eso, no sé porqué, me asomé a la habitación de mi hijo para ver que hacía. Cuando abrí la puerta, no solo noté que seguía desvestido, si no que se estaba masturbando sobre una de sus almohadas como si fuera una rana, tal y como lo hacía mientras nos veía a mi amante y a mi cogiendo. Se restregaba con un placer tremendo, se hacía para atrás y se volvía a deslizar hacia adelante con un ímpetu inusual para un niño de su edad. Lo peor para mi, era que mientras estaba absorto en su tarea respiraba con agitación y no paraba de repetir su mantra de "mamá encuerada, mamá encuerada", sí eso lo hacía pensando en mi. Horrorizada, me dirigía a detenerlo y reprenderlo inmediatamente, pero al estar a punto de entrar a su habitación recordé las veces que lo había dejado encerrado para irme a coger al motel con Efraín, y, desde luego, el hecho de que él había sido testigo de como su madre hacía el amor con mi pleno consentimiento, no tenía autoridad moral realmente, así que me limité a cerrar la puerta y dejarlo terminar lo que tuviera que hacer. Tomé un baño y ese mismo día llevé a Mauricio por un helado para tratar de compensar lo que había hecho. Nunca volví a aceptar que Efraín fuera a la casa, después de aquello lo vi todavía un par de veces en el mismo motel de siempre, lo mismo me preguntaba siempre "¿cuando nos vamos?" yo siempre me rehusaba a responderle. También, aquellos días fueron complicados con Mauricio, yo, su madre, le había provocado un daño mental serio. Casi todos los días lo encontraba en su cuarto acostado boca abajo, con los pantalones hasta los tobillos restregando su pene en una almohada mientras repetía una y otra vez "mamá encuerada", yo ya le había dicho que no me gustaba que hiciera eso, pero no me hacía caso, se veía que sentía muy rico. Eso tenía que parar, no solo por lo que hiciera en la casa, si no porque incluso llegó a decir su ya hartante "mamá encuerada" una vez que estábamos formados en el super mercado, la gente, como era de esperar, se queda viendo raro, fue tanta la pena que sentí que me terminé yendo con mi hijo, temía enormemente que se le saliera su frasecita enfrente de mi esposo.

Un día, después de pasar la tarde cogiendo con Efraín, ya estando en casa, me disponía a tomar un baño, me desvestí y me puse una bata. Cuando pasé a ver que hacía Mauricio, no hubo ninguna sorpresa, estaba en su cama masturbándose. Estaba abierto de piernas cual ranita, subiendo y bajando sin parar. Estaba jadeando, como si estuviera cansado y decía con esfuerzo "mamá encuerada....ma..mamá....encuerada....rico...". Confirmado, después de que lo dejara verme cogiendo, le había provocado a mi hijo el famoso complejo de edipo. En ese momento pensé: "tal vez si le doy un poco de lo que quiere se calme", así que entré a su cuarto y me puse al lado de su cama mientras él estaba concentrado en lo suyo. Después de unos segundos se dio cuenta de mi presencia y se volteó con algo de sorpresa, su pene estaba algo durito. No sé si era la rareza del momento, pero sentía como con nauseas.

- Haré esto - le dije mientras desabrochaba mi bata - si prometes que dejarás de decir eso de "mamá encuerada".

Después de procesar un momento lo que le había dicho solo asintió con la cabeza, entonces yo dejé caer la bata, quedando, igual que en el motel, completamente desnuda pero ahora no frente a Efraín, si no de mi hijo, él apuntó su inexperta mirada a mis senos y vi como su pequeño miembro volvía a tomar dureza.

Creo que vas a salir igual de loquito que tú mamá - le dije - ven, cariño - le extendí la mano - vamos a tomar un baño.

Nos metimos a la bañera, más allá de la desnudez de ambos, yo nunca intenté hacer nada indebido con mi hijo, solo pretendía eso, bañarnos. Pero aún así, puedo decir que no fue buena idea. Por su parte, Mauricio durante casi todo el baño trató de embarrarse en mi, yo lo tenía recargado de espaldas contra mi, pero cada cierto tiempo él se volteaba y trataba de restregar su miembro viril en mi cuerpo, desde luego, yo lo apartaba y lo devolvía a su posición original. Me manoseaba los senos, sentía como sus manos rozaban mis pezones, incluso, tal y como lo hacía hace un par de años, trató en más de una ocasión de chuparlo, sí, de chuparlos, algo que seguro vio que Efraín hacía conmigo aquel día. No había duda ya, podía asegurar que le ENCANTÓ ver a su mamá cogiendo.
Mi niño, de apenas tres años, fue testigo de como su madre fue penetrada en su cama como una ramera, me vio gozar como toda una puta; vio como me alzaban las patas, como yo las abría a placer, como chupaba pene y hasta comía semen, y lo había disfrutado, y peor aún, deseaba tomar el lugar de Efraín.

Al terminar ese baño y acostarlo me sentí aún peor, cierto, como dije, no había hecho nada realmente indebido con él, en el papel había sido un simple baño entre madre e hijo pequeño, algo de lo más inocente y hasta dulce en una relación de esa naturaleza en dicha etapa. Pero yo sabía que algo andaba mal, le había generado un daño imperdonable a aquel ser que se supone debía proteger de todo peligro a su integridad con todas mis fuerzas, ¿qué clase de madre era?, ¿seguía siendo yo útil para Mauricio, o solo era un personaje nocivo en su vida? Era un niño muy listo, muy vivo, muy astuto, no merecía una madre como yo, no se merecía que lo dejara solo varios días a la semana para que yo, su madre, me fuera a coger, a saciar mi lívido insaciable como un hombre, sentí en ese momento, mientras lo veía dormir, que ya no servía para ser su madre. Además, aunado a esto, menuda sorpresa, me enteré de que estaba embarazada; no había duda alguna, era de Efraín, con mi esposo hace tiempo que no tenía relaciones sexuales, y con Efraín nunca use ningún tipo de protección. Al otro día en la mañana, le hablé al padre de mi segundo hijo para decirle que aceptaba, que aceptaba irme con él sin comentarle aún lo de mi embarazo. Pero como es la vida de caprichosa, cuando por fin acepté su propuesta era martes, acordamos de partir el sábado. Preparé mis maletas en secreto, evidentemente, me iba solo yo, había incluso escrito una carta tanto para mi esposo, como para mi hijo. Sin embargo, el alcoholismo de Efraín resultó ser peor de lo que imaginé. El viernes, un día antes de irnos, mi amante, el hombre por el que abandonaría a mi familia chocó su coche estando en estado de ebriedad, fue un accidente aparatoso, tan aparatoso que perdió la vida. El plan obviamente se cancelaba, ya no abandonaría a mi hijo; pero la pesadez de lo todo lo que había pasado me hizo querer deshacerme de todo lo que me recordara a Efraín, por lo que decidí abortar al hijo suyo que llevaba dentro. Me quedé con familia, nunca se supo nada de mi aventura con Efraín. Mauricio, afortunadamente, con el paso del tiempo aparentemente se fue olvidando de aquel capítulo como testigo de las artes sexuales de su madre y dejó eso de estarse masturbando y diciendo "mamá encuerada". Mi vida continuó como había sido antes de que Efraín reapareciera en mi vida, aunque claro, no estaba si ese regreso al status quo me hacía feliz o infeliz, hasta la fecha hay días en que me lo planteo.

Justo ahora me hago esa pregunta ahora que Mauricio y yo hemos llegado a la playa, él se está cambiando en el baño del cuarto de hotel en el que nos hemos hospedado mientras yo observó como pasan a lo lejos las olas del mar. Por el calor traigo puesto un short algo corto y he notado que me ha visto las piernas. Pienso que es algo natural, es hombre a fin de cuentas, pero a la vez me preocupa un poco que hayan quedado resquicios en su cabeza de la vez que mi vio haciendo el amor; su comportamiento, no me parecía que era el comportamiento de un niño que presencia un acto sexual, la forma en que se me intentaba acercar en la bañera, como pretendía lamer mis pechos. A mi hijo también le gusta el sexo, eso lo se, le gusta bastante, me preocupa que cuando crezca pueda ser una especie de depredador sexual o algo por el estilo. Pero también me preocupo yo, que de victima en esto no tengo nada. Mentiría si digo que no disfruté ser vista por mi hijo mientras me cogían, al contrario, lo admito, sentí riquísimo en el momento. Tal vez era por como me encargaba de romper con ese molde de madre abnegada y decente que había intentado construir, con esa figura clásica de madre que se nos impone en cada momento. Como dije antes, yo crecí sin padre, por lo que mi madre tuvo algunas parejas cuando era niña, en una ocasión la descubrí en la cama con uno de su novios, yo habré tenido unos diez años. En la noche me levanté, fui a su recámara, y recuerdo verla acostada boca arriba desnuda con las piernas abiertas debajo del sujeto que se la cogía de misionero. Esa imagen me acompañó por unos años, haciendo que incluso me tocara visualizándola. A lo que quiero llegar es que si a mi, siendo mujer, me prendió ver a mi madre de esa forma, para un varón, un varón tan joven, la revelación de descubrir a esa figura endiosada y admirada que es la madre como un ser con deseos carnales ha de ser la cúspide del placer para ellos.

Como sea, se que mis problemas mentales no deben interferir en el desarrollo de mi hijo, él debe crecer lo más sano, centrado y feliz que se pueda, y para eso necesita que su madre esté a la altura de las circunstancias. Debo resistir a mis impulsos de hembra en celo, de mujer con un lívido exacerbado, más allá de mis ideas retorcidas y fantasías, ningún niño se merece una madre promiscua que ponga sus necesidades sexuales por encima de ellos. Por eso, en esta ocasión, trataré que Mauricio pasé sus mejores vacaciones, sin permitir que nada ni nadie interfiera entre nosotros. Aunque, claro, es evidente que las tentaciones siempre estarán ahí. Por ejemplo ahora, cuando estoy reflexionando a solas en el balcón del hotel, he notado que un joven de una habitación vecina ha salido también pero a verme a mi, lo trata de disimular pero es demasiado obvio. La verdad es un joven bien parecido, de hecho (como es la vida) su aspecto me recuerda a un poco al aspecto de Efraín cuando era joven. Pensé que este chico sería más tímido, pero, para mi sorpresa, ha tenido el valor para acercarse a mi.

- Hola - me ha dicho
-Hola
- ¿también vas llegando?
- Sí, nos estamos instalando a penas
-Ah, vienes acompañada
- Sí, vengo con mi hijo nada más, ¿tú?
- No, yo sí vengo solo
- Genial, siempre hay darse tiempo para uno también
- Me llamo Javier - me dijo dándome la mano
- Mucho gusto, yo soy Alicia - respondí estrechando su mano

Para un tipo simpático, no creo que pase nada si de repente hago algunas amistades en este viaje, todo estará en orden mientras mi hijo no vea a su "mamá encuerada"...
Excelente relato, hay continuacion del relato? respecto a la parte final? saludos cofras
 

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