buen relato tio, yo estuve por alla para irme a waype,delta 1 , me pase 2 horas,tuve q regresar, llegue a waype, huaypethue ,porque no me dieron huevos para ir mas alla,la prostitucion es triste en las minas, cobran carisimo por un triste polvo de una pose, como no hay agua por esos lares, por una mamada escuche que gente ha pagado 300 soles facil, regrese a puerto en la ma;ana,es amplio el lugar, no sabia de las brazucas, siguenos contando de la movida en la ciudad y a ver si por alli te mandas un dato de alguna teenager...
Barbaro....tendra alguien infirmacion de Delta uno
El reino de los prostibares / foto 3
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Una cerveza cuesta 12 nuevos soles y 50 soles el servicio de una menor en un "prostibar". La explotación ilegal del oro ha generado una red de prostitución infantil que se inicia en las calles de Cusco y Puno y acaba en los bares y campamentos mineros de Madre de Dios.
Una cerveza cuesta 12 nuevos soles y 50 soles el servicio de una menor en un "prostibar". La explotación ilegal del oro ha generado una red de prostitución infantil que se inicia en las calles de Cusco y Puno y acaba en los bares y campamentos mineros de Madre de Dios.
Miguel Gutiérrez.
Unidad de Investigación.
Puerto Maldonado. Lo que más abunda en los poblados mineros de Huepetuhe, Pukiri y Delta 1, además del oro, son los menores de edad en las puertas de los bares, más conocidos por la población como los "prostibares". Se calcula que 400 niñas y niños ejercen la prostitución a vista y paciencia de la policía en las cantinas de la zona aurífera. La gente sabe quiénes son los proxenetas y quiénes son las víctimas del comercio sexual. Todos se conocen, por eso nadie se sorprende.
Sujetos conocidos como "enganchadores'" se ubican en los mercados o paraderos de buses de las ciudades de Puno, Abancay y Cusco para captar a las menores de entre 10 a 16 años. En algunos casos son las mismas dueñas de los bares las que viajan a las localidades andinas para persuadir a las niñas o niños.
ORO Y PLACER
A las adolescentes les prometen empleos de lavandera o cocinera con salarios de 350 nuevos soles, muy por encima de los 60 que perciben como trabajadoras del hogar en sus pueblos. Para reclutarlas con rapidez, los "engachadores" les entregan ropa y pasajes como adelanto de su paga. Una vez que las niñas llegan a Madre de Dios, los "empleadores" (proxenetas y traficantes) les indican que trabajarán temporalmente como meseras en un bar.
"Les dicen que ese será el oficio por corto tiempo. Estas personas van midiendo a la adolescente. Le dicen que trabaje en la caja del bar, luego la convencen para que acompañe con una cerveza al cliente hasta que la obligan a prostituirse", explicó el jefe policial de Puerto Maldonado, el mayor PNP José Rodríguez, quien en febrero pasado recuperó a 21 menores que eran explotadas sexualmente en el poblado de Delta 1 y otros centros mineros anexos.
El gran negocio de las dueñas de las cantinas es el "pase", como suelen llamar cuando la proxeneta inicia sexualmente a la menor con un cliente.
"La trata de mujeres es una realidad en esta zona. Muchas fueron reclutadas por tipos que les ofrecen jugosos ingresos a cambio de un trabajo de doméstica, que resulta ser al final todo lo contrario", dijo el mayor Rodríguez.
Pese a la última intervención policial, la trata de mujeres para ejercer la prostitución y la explotación laboral de niños se incrementa por la demanda internacional del oro.
"Primero fue la caoba, luego vino la Carretera Interoceánica y ahora el oro. Los tres factores no han hecho más que aumentar las actividades ilegales como la prostitución", señaló el jefe policial.
SECUESTRADORES DE NIÑOS
Una investigación de campo elaborada en enero pasado por la Asociación Huarayo, una organización no gubernamental que ofrece refugio temporal a niños víctimas de la explotación laboral y sexual, indica que por lo menos 200 niñas terminan sometidas a violaciones sexuales en la zona minera de Delta 1.
"Quienes se resisten son obligadas a devolver los costos del viaje, hospedaje y alimentación, pero al no contar con el dinero tienen que aceptar, tarde o temprano, las exigencias del empleador o empleadora", dijo el director de la Asociación Huarayo, el sociólogo Óscar Guadalupe Zevallos.
En su visita al poblado minero de Delta 1, Óscar Guadalupe constató la existencia de más de 100 bares ubicados en los alrededores del centro minero. "Calculamos que en cada bar hay en promedio cinco chicas, de las cuales dos son menores de edad, por lo que podemos decir que 200 son adolescentes víctimas de explotación sexual", afirmó.
Como en otros pueblos mineros de Madre de Dios, la presencia de la autoridad es casi inexistente. El teniente gobernador, el acalde delegado y la Defensora del Niño son los únicos representantes del Estado, y frente al sistema de explotación es poco lo que pueden hacer. Además de no percibir ningún reconocimiento económico por su labor, ellos arriesgan su vida en esas localidades sin ley.
"La Defensoría en Huepetuhe, Delta 1 y otros centros mineros intenta rescatar a niñas y adolescentes víctimas de explotación sexual y laboral en los prostibares", expresó el director de la Asociación Huarayo: "Sin embargo, muchos casos no pueden ser resueltos por temor a las represalias y la violencia que ejercen los explotadores y traficantes de adolescentes". El negocio del oro y el placer ilícito para algunos inescrupulosos funcionan perfectamente en este rincón olvidado por el Estado.
Convertidas en objetos sexuales
La ONG Asociación Huarayo refiere que los proxenetas clasifican los bares según la procedencia de las niñas que son ofrecidas. Los bares "jotitas" son los que ofertan adolescentes principalmente de comunidades campesinas altoandinas.
Los bares "chicas" cuentan con adolescentes prostituidas y prostitutas adultas que vienen de ciudades de la costa como Lima, Trujillo e Ica.
En caso de embarazo o enfermedad de transmisión sexual, las dueñas de las cantinas y los proxenetas envían a cualquier farmacia de la localidad minera para "remediar" su estado.
En los puntos de acceso a estos pueblos mineros no se ejerce ningún control. Las menores de edad llegan en camiones sin que la policía haga algo para impedir su explotación