La enamorada de mi hijo

grindo doido

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💔 Estuve con la enamorada de mi hijo

Este es el relato de un amor extemporáneo, un juego que el destino se divirtió en desordenar.

No fue preciso saber, conocer, solo estar y siempre habrá margen para pecar………


Capítulo 1: La Sombra de una Novia

Nunca conocí a Lidia durante su primer round con mi hijo, Daniel.

Hace diez años, Daniel era el joven universitario enérgico, de veinticinco, que llenaba mi casa con el olor a café cargado y promesas de un futuro brillante. Yo, Ricardo, estaba en los cincuenta, divorciado y con una vida tan organizada como un estante de biblioteca: tranquila, predecible y solitaria.

Daniel mencionó a Lidia un par de veces: "Papá, voy a salir con Lidia, es de Arquitectura." "Lidia dice que mi música es demasiado indie." Ella era un nombre, una sombra juvenil que desaparecía antes de que yo pudiera ponerle cara. Para mí, Lidia era la figura transitoria que ocupaba los domingos de mi hijo.

Apenas la trajo a la casa, una morena espectacular, tenía una mirada perdida y vacía, si bien es cierto penas cruzamos palabras, esa percepción caló en mi.

La relación con mi hijo era buena pero lo usual, el no contaba mas allá de lo que veía, de lo necesario.

A penas me dijo que le iba bien.

Si tuvieron intimidad, fue afuera, en casa, apenas unas horas estuvieron y casi siempre en la sala.

Eso sí, la primera vez que la miré con deseo, fue una noche de verano que tomaban vino y en cruce de pierna, le vi la tanga ploma, se notaba un rico clítoris, esa noche me sentí confundido, deseando a quien no debía.

Solo fue, una intención que quedó en una manualidad y nunca mas vino a mi mente………..



Daniel y Lidia terminaron de forma abrupta y ruidosa, como una tetera que hierve hasta secarse. Daniel se fue del país buscando nuevos horizontes —o huyendo de la ruptura, nunca lo supe con certeza. Yo regresé a mi rutina. Diez años pasaron sin que yo recordara el nombre de esa chica, hasta que la vida, con su retorcido sentido del humor, decidió enviármela de vuelta.


Capítulo 2: Un Café y Diez Años Menos

Mi segunda vida comenzó en un evento de networking empresarial, un lugar frío que promete negocios, pero a veces entrega chispazos. La vi sola, bebiendo un vino blanco y riendo con una elegancia que no se aprende en la universidad. Me acerqué, como un hombre que sabe lo que quiere.

"Disculpa, tu risa acaba de hacer que esta sala parezca menos aburrida," solté, sintiéndome estúpidamente juvenil.

Ella sonrió. Tenía treinta y cinco, pero la energía de una veinticinco. Era hermosa: ojos oscuros, cabello corto y una vivacidad que contrastaba con mis cincuenta y picos bien llevados.

"Soy Ricardo. ¿Y tú?"

"Lidia," respondió. "Lidia Vargas."

El nombre me golpeó en el pecho, pero mi cerebro lo archivó bajo "coincidencia". Hablamos de arquitectura y de la vida. Había montado su propio estudio, era brillante y, demonios, era divertida. Hubo química. No la típica cortesía, sino una atracción peligrosa.

Hasta ese entonces no reconocí nada, ni la voz, ni su visual, porque antes era morena, buen cuerpo, pero tímida y engreída.

Ahora, pelirroja, mas gruesa pero igual rica potranca.

Me impactó y creo que yo a ella.

La primera cita fue un desastre perfecto: mucha bebida, risas incómodas y una sensación de que estábamos haciendo algo que no deberíamos. Pero a la segunda cita, la química se impuso. Nos besamos con la urgencia de dos personas que saben que tienen poco tiempo.

Fue todo torpeza, inseguridad, miedos, desahogos, ella lloraba, yo consolaba.

Nada del otro mundo

Decidí esperar………………


Capítulo 3: El Juego Peligroso

Nuestra relación fue una tragicomedia pícara. Yo me sentía un adolescente en el cuerpo de un cincuentón; ella, una mujer madura que disfrutaba la estabilidad y el humor de un hombre mayor. Había besos robados, escapadas de fin de semana y una absoluta negación a hablar del pasado. Lidia era reservada, yo era cauteloso.

En la cama, la diferencia de edad desaparecía. Ella era fuego, y yo un incendio reactivado.

Un día, mientras estábamos abrazados en mi apartamento, ella pasó la mano sobre mi barba canosa y susurró: "Siempre me han gustado los hombres con historias." Yo reí, sabiendo que mi historia más incómoda estaba vinculada a su pasado.

La negación se convirtió en nuestro juego. Ella nunca mencionó a Daniel, yo nunca la mencioné a ella.

"¿Tienes hijos?" preguntó una vez.

"Sí, Daniel. Vive en el extranjero. Un arquitecto talentoso, como tú."

"Qué bien," dijo ella, con una sonrisa demasiado rápida, y cambió de tema. La información se había cruzado, pero la verdad seguía agazapada en la oscuridad. Yo asumí que, si lo sabía, le daba igual. Yo la amaba, o al menos, amaba la emoción que me devolvía la juventud.

Me envolví como pulpo sobre sus piernas torneadas, bien estables y duras, sus nalgas se sentaron en mi rostro.

Fue el goce ideal, un gemido, un orgasmo, pidiendo que la penetrara.

Yo quería proseguir, el juego, controlarme, si caía en su petición, no duraría mucho.

Y luego de saborear esas dulzuras, empecé a bucear en su almeja llena de vida.

Se iba acoplando a mí, la alce con fuerza y le de di de alma, para animal, para enfermo. Esas palabras me dieron en el ego para hacer lo contrario y acabar herido, botando todo mi veneno en su cara y sus ojos……….


Capítulo 4: La Llamada del Héroe Ausente

La burbuja se pinchó cuando Daniel anunció su regreso.

"Vuelvo a Lima, papá. Un proyecto grande. Estoy emocionado de verte," me dijo por videollamada.

Sentí un escalofrío. La llegada de Daniel significaba que dos mundos que yo había intentado mantener separados chocarían de frente.

Decidí contarle a Lidia.

"Mi hijo vuelve el próximo mes," le dije, tomándola de la mano. "Tú sabes quién es. Si esto te incomoda, debemos hablar."

Lidia apretó mi mano. Sus ojos, usualmente brillantes, se nublaron con una tristeza que no entendí.

"Ricardo, eres la mejor persona que he conocido en mucho tiempo. Es solo... sí, lo sé. Pero esto es nuestro ahora." Me aseguró. Yo sentí un alivio estúpido, confiando en la magia del ahora.

Pero a partir de esa conversación, algo cambió. Lidia se volvió distante. Sus llamadas se hicieron esporádicas. Las excusas sobre "demasiado trabajo" eran cada vez más elaboradas. La pasión que nos había unido se estaba drenando como agua por un desagüe invisible. Yo sentía el peso de mi edad y la vergüenza de que, tal vez, ella solo había estado jugando.


Capítulo 5: El Final Inesperado (y el Telón Bajado)

El día que Daniel llegó, organicé una cena íntima. Lidia no vino. "Demasiado estresada," me envió por mensaje.

La mañana siguiente, Daniel y yo salimos a desayunar cerca de su antiguo barrio. Mientras tomaba mi café, Daniel me contó algo casualmente, con el tono despreocupado del que ha sanado viejas heridas.

"Sabes, la extraña coincidencia de que estoy aquí es por Lidia."

Mi corazón dio un vuelco. "¿Lidia? ¿La chica de Arquitectura?"

"Sí. Nunca cortamos lazos del todo, papá. Hablamos de vez en cuando. Ella me avisó de este proyecto de Lima hace unos meses. Me dijo que era la oportunidad perfecta para volver a empezar. Me dio el empujón final."

Tragué saliva. "Eso es muy amable de su parte."

Daniel sonrió, un brillo de nostalgia en los ojos. "Sí. Pero lo más loco es esto..." Se detuvo, revisando su móvil. "Anoche cené con ella. Encontramos este lugar nuevo increíble. Me dijo que quería hablar de algo importante en persona. Creo que vamos a volver."

Sentí que el aire se congelaba en mis pulmones. La explicación era clara y cruel: Lidia me había estado dejando desde el momento en que Daniel anunció su regreso. Yo fui un puente, un interludio confortable para llenar el vacío, o quizás una venganza involuntaria contra el hombre que la había lastimado diez años antes.

Nadie me lo dijo. Ella nunca me confesó que me dejaba por él. Y Daniel, mi hijo, jamás sospecharía que el "hombre con historias" que Lidia conoció en su ausencia era su propio padre.

Esa misma tarde, le envié un mensaje a Lidia: Entiendo. Sé por qué te fuiste. Espero que sean felices. Ella respondió con un simple corazón azul.

El final trágico y cómico se reveló dos semanas después. Yo estaba comprando vino cerca de mi casa cuando los vi.

Estaban en la terraza de un café, riendo, sus manos entrelazadas sobre la mesa. Daniel, mi hijo, y Lidia, mi ex-amante. Daniel inclinó la cabeza, y Lidia lo besó suavemente en la frente.

Yo no me acerqué. No rompí la escena. Solo me detuve en la acera, un hombre de sesenta y pico, con mi corazón y mi dignidad hechos añicos.

La tragedia era que perdí a la mujer que me hizo sentir joven. La comedia pícara era que la perdí ante mi propio hijo. Y el final inesperado fue que, en el juego del destino, yo solo fui el calentador de banquillo, el padre del verdadero protagonista.

Me di la vuelta, con mi botella de vino, y caminé de regreso a mi vida organizada, predecible y solitaria. Esta vez, sin la sombra, ni las risas, de Lidia.

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🎭 El Despertar de un Tabú: Ricardo y Lidia​





Capítulo 1: La Ausencia y la Búsqueda Silenciosa



  • La Tensión en el Aire: Había pasado un mes desde su último encuentro, y el silencio era ahora un muro. Ricardo (50), el cincuentón que la sociedad obligaba a ser el 'padre de', sentía el vacío. Lidia, la ex de su hijo Daniel, se había esfumado de nuevo de su órbita. Por un lado, era un alivio: la presión social que le había costado su paz y la mirada fría de su esposa se aliviaban. Por otro, una extraña monotonía se había instalado.
  • La Tentación Llama a la Puerta: Una tarde, su teléfono vibró con un mensaje discreto: era Lidia. Un simple "Necesito hablar contigo." Ricardo sintió la adrenalina. Su mente, traicionera, dibujó su rostro, su risa, la chispa peligrosa de sus ojos. Pensó en ella, en la electricidad que generaban.
  • La Postura Firme (y Dolorosa): Con el corazón latiendo fuerte, la razón ganó la batalla. Daniel, su esposa, los vecinos... la escandalera aún era reciente. Borró el mensaje que había empezado a escribir y tecleó una respuesta breve e irrevocable: "No es posible, Lidia. Por favor, respeta mi decisión." La mandó sintiendo un nudo en el estómago, sabiendo que acababa de cerrar una puerta que, en el fondo, deseaba abrir. El precio de la tranquilidad era la soledad.
Cuando una mujer está decidida, no hay quien la pare.
No aceptar la realidad se volvió otro condimento para ella empezar su estrategia.
Empezaba el verano, y de cualquier forma a seducir sin decir nada.
Un desfile de minifaldas, de ropa pequeña, de miras y gestos y el cuerpo no puede decir no siempre.................




Capítulo 2: El Reencuentro Inesperado y la Audiencia Hostil



  • El Escenario Social: Era el cumpleaños de Javier, un amigo de Daniel. Ricardo se sentía obligado a ir, buscando mostrar una imagen de normalidad. Se puso su mejor camisa, preparado para enfrentar el juicio silencioso de su entorno. Apenas cruzó la puerta, sintió las miradas. El cuchicheo se detenía a su paso.
  • La Sorpresa Que Desafía: Y entonces la vio. Lidia (edad indeterminada, pero visiblemente más joven) estaba allí. No vestía de manera provocativa, pero su sola presencia en ese círculo social era una declaración de intenciones. Daniel la saludó con una cortesía distante; no parecían volver. Ella incluso bailó brevemente con un par de amigos de Daniel, riendo, actuando con una despreocupación que a Ricardo le pareció demasiado estudiada.
  • El Círculo de Murmullos: La madre de Daniel, su esposa, estaba con él, su rostro era una máscara de contención, pero sus ojos no se despegaban de Lidia. Los amigos de Daniel, la 'guardia joven', miraban a Ricardo y luego a Lidia con una mezcla de morbo y desaprobación. El ambiente estaba enrarecido, como si un rayo pudiera caer en cualquier momento. Ricardo sentía el peso del vecindario entero juzgándolo en ese salón.

Ya no solo ser juzgado por la familia, sino también por el entorno.
Desde muy bien que lo dejaran por abusador o aprovechador de jóvenes, hasta, la edad le volvió viejo verde.





Capítulo 3: La Petición Inaudita



  • El Escape Necesario: Ricardo no podía más con la presión. Se excusó con su esposa y salió al patio, buscando un poco de aire fresco y oscuridad. Encendió un cigarrillo, la nicotina era un pequeño consuelo.
  • La Emboscada: Apenas dio la primera calada, una sombra se unió a él. Era Lidia. Se apoyó en la pared, a una distancia respetable pero con una cercanía íntima.

    Lidia: "Parece que estamos en cuarentena, ¿no?"Ricardo: "Lidia, por favor. No me compliques más la noche."Lidia: "Estoy aquí porque Daniel me invitó. No por ti. Pero ya que estás tan paranoico... ¿no es curioso que baile con él y aun así no volvamos? ¿Qué te dice eso?"
  • El Deseo al Descubierto: Lidia se acercó un paso, sus ojos brillaban con una mezcla de desafío y vulnerabilidad. La fragancia de su perfume envolvió a Ricardo, anulando el olor a tabaco.

    Lidia: "Sé que dijiste que no. Lo respeto. Pero mira cómo me mira tu mujer. Mira cómo me miran todos. La reputación ya está rota, Ricardo. ¿Qué más da un paso en falso?"Se detuvo justo delante de él, al límite del contacto, y susurró una petición que lo congeló: "Bésame. Aquí y ahora. Un solo beso, para saber que no me lo he inventado todo."




Un beso no hace daño a nadie, un beso que selle el adiós, que signifique no mas, pero en que cabeza aceptar una petición de una obsesionada mujer.

Y de un beso fue otro, y otro mas, hasta tenerla en la cama en 4 patas y pidiendo guerra, fierro, verga y esos gritos despierten a la colectividad..................


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🎭 Capítulo 4: La Niñería Peligrosa

  • La Negativa que Enciende la Mecha: Ricardo no había podido acceder a la petición de Lidia en el cumpleaños, la razón se había impuesto al deseo una vez más. Su negativa, aunque coherente con su postura, hirió el orgullo de ella. Lidia, actuando como una "chiquilla caprichosa", decidió que, si no podía tenerlo, lo haría sufrir.
  • El "Musculoso" como Arma: A los pocos días, las redes sociales de Lidia se llenaron de evidencia calculada. Fotos en el gimnasio, comentarios coquetos y, finalmente, una story junto a un hombre voluminoso y bronceado: "Marco, mi partner de entrenamiento. ¡Qué bíceps!"
La Estrategia de Lidia: Esto no era inocente. Lidia se aseguraba de que estas publicaciones llegaran a Ricardo a través de amigos comunes (o incluso de Daniel, su ex). Ella sabía que la clave no era el físico de Marco, sino la posibilidad de ser reemplazado y la humillación de verla con otro.

Todo lo que no vio durante el pequeño romance de ambos y mucho menos cuando salía con su hijo, en poco tiempo vio a una Lidia tóxica, enfermiza, irreconocible.

Verla de un galante nuevo, un Charles Atlas, un musculoso, era inaudito.

No fue temor pero si celos, sin embargo debía ponerse centrado, pese a que ella aprovechaba al máximo cada encuentro, un roce, el fulano pellizcando su nalga, besos como jóvenes alborotados o cualquier vulgaridad donde reflejen su aprecio.

  • La Pelea Forzada: La táctica funcionó. Ricardo, carcomido por los celos que no quería admitir, finalmente cedió al impulso y le escribió un mensaje cargado de resentimiento: "¿Estás intentando darme celos? Es patético, Lidia."
Lidia vio su oportunidad. Ella magnificó la respuesta de Ricardo, tergiversando sus palabras ante una amiga de Daniel, quien rápidamente se lo comentó a Daniel, y este a su madre. La versión que circuló era que Ricardo estaba obsesionado y tratando de sabotear la nueva relación de Lidia, viéndose como un "viejo celoso".

  • El Afectado Principal: El resultado fue devastador para Ricardo. Su esposa, ya al límite, le recriminó el enésimo escándalo. Daniel le envió un mensaje de texto furioso. El entorno y el vecindario ya no lo veían solo como el infractor, sino como un acosador emocional, un hombre que no aceptaba un "no" de una mujer más joven. Ricardo, pese a ser el que intentaba mantener la distancia, era ahora el más afectado y el villano de la historia.

Capítulo 5: El Precio de la Obsesión Cruzada y la Sentencia Social

  • La Doble Pérdida: Ricardo se encontraba en una espiral. Había perdido la paz en casa, el respeto (ya mermado) de su hijo, y ahora era el blanco de la burla y la lástima en su círculo social. Su esposa se había vuelto distante, casi una compañera de piso. La tragicomedia había virado a la tragedia personal.
  • El Tabú Definitivo: Los amigos de Daniel y las madres del vecindario ya no solo lo miraban con desaprobación, sino con lástima y desprecio activo. La frase "pobre señora" (refiriéndose a la madre de Daniel) era un eco constante. Ricardo, el "padre cincuentón", ya no era solo un adúltero potencial, sino un hombre patético que se dejaba manipular por una "niñería" que solo buscaba atención.
  • Lidia Gana (a medias): Lidia, al verlo tan afectado y aislado, había logrado su objetivo: demostrar que aún tenía poder sobre él. Sin embargo, la victoria era pírrica. Ella también había quemado puentes con la familia de Daniel. La relación con el musculoso (si es que existía más allá de las redes) era efímera. Ambos estaban solos, pero por razones diferentes: Ricardo por la sentencia social, Lidia por su propia manipulación.
  • El Silencio Final: Ricardo se sentó una noche en su salón, con la casa en silencio. Miró su reflejo en la ventana. La idea de Lidia, el deseo, aún estaba allí, latente, pero ahora venía mezclado con un sabor amargo a ruina. Sabía que debía hacer un esfuerzo monumental para limpiar su imagen y, sobre todo, para sanar la herida con su familia, una herida que él, por su incapacidad de ignorar a Lidia, había permitido que se infectara. El drama se había vuelto su nueva y solitaria realidad.
Se acostó frustrado, con rabia y sin ideas de como cambiar.

No lo pensó mucho al día siguiente.

Se fue de viaje por 15 días, a recuperar la mentalidad, otros bríos y sobre todo a encontrar otra motivación………………



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Capítulo 6: El Asedio de la Venus Oscura

  • La Falsa Paz: Los seis meses habían traído una tregua superficial. Ricardo había logrado un armisticio con su esposa, basado en la estricta distancia y la imagen pública de "normalidad". El vecindario se había aburrido del escándalo y el nombre de Lidia era un recuerdo incómodo, pero lejano. Ricardo respiraba, pero con la cautela de quien espera la próxima tormenta.
  • El Retorno Mejorado: La tormenta llegó una noche, sin aviso. Un mensaje de un número desconocido. Una foto de perfil que lo dejó sin aliento. Era Lidia, pero "mejorada". Había perdido peso, su cabello brillaba, y su mirada seductora era ahora la de una cazadora. La disciplina del gimnasio no solo le había dado un mejor cuerpo, sino una nueva y peligrosa confianza.
  • La Seducción Digital: El mensaje inicial era inocente, pero el bombardeo comenzó de inmediato. Lidia sabía exactamente qué teclas tocar en la inseguridad de un cincuentón: la prueba de que aún podía desear y ser deseado. Empezó a enviarle imágenes íntimas: fotos tomadas con una luz calculada, en ropa interior sugestiva, jugando con la censura y la promesa. Cada imagen era un dardo a la fachada de respetabilidad de Ricardo.
Lidia (texto): "Mira lo que te has perdido, Ricardo. Esto es lo que estoy guardando para ti. Para el único hombre que me hace sentir así."

  • El Miedo se Vuelve Deseo: Ricardo sentía una mezcla tóxica de miedo y excitación. El miedo de que una de esas imágenes pudiera terminar en manos de su esposa o su hijo; la excitación de sentir ese deseo prohibido, tan potente, por una mujer que era, literalmente, su némesis social. Se sentía atrapado, su razón luchando desesperadamente contra una ola de seducción que venía con el peso añadido de una amenaza implícita.

Capítulo 7: El Chantaje Moral y la Cuerda Floja

  • La Demanda Irreversible: La escalada alcanzó su punto más alto a la semana de su regreso. Lidia dejó de lado la seducción y fue a la yugular emocional. Los mensajes se volvieron desesperados y manipuladores.
Lidia (texto): "Te amo. Lo nuestro no es solo sexo, es un alma. No puedo vivir si no estoy contigo. Si no vuelves a mí, Ricardo, si me dejas ir otra vez a este vacío... Me mato."

  • El Dilema de Ricardo: La amenaza de suicidio era un peso moral insoportable. Ya no se trataba solo de un escándalo o un romance prohibido; era la vida de una persona. Si Lidia cumplía su amenaza, Ricardo no solo sería juzgado por su familia y el vecindario por ser un adúltero o un patético, sino que llevaría la carga de la responsabilidad moralde una muerte.
    • Opción A (La Razón): Mantener la postura, proteger a su familia y su vida, pero arriesgarse a que Lidia se hiciera daño, convirtiéndose en el villano trágico.
    • Opción B (El Deseo/El Miedo): Ceder a la presión y a la seducción, "volver" con ella para salvarla, lo que aseguraría la destrucción inmediata de su matrimonio, la condena de su hijo Daniel, y el escarnio público sin fin.
  • La Decisión Solitaria: Ricardo estaba paralizado. Miró a su esposa dormida en la cama, la paz frágil de su hogar. Pensó en Lidia, en su belleza peligrosa y su inmadurez destructiva. Sabía que ceder a un chantaje de esa magnitud era entrar en un ciclo sin fin de manipulación.
Tomó una decisión, la más difícil de toda esta saga: no podía rendirse al chantaje, pero tampoco podía ignorar la amenaza. Tenía que desactivar la bomba sin explotar su vida. Buscó un contacto fuera de su círculo social, un amigo distante con experiencia legal o psiquiátrica, para manejar la amenaza de manera anónima y profesional, asegurando que Lidia estuviera a salvo sin tener que sacrificarse a sí mismo en el altar de su manipulación. La tragicomedia se había convertido en una operación de rescate psicológico en la sombra.

Una madrugada de garúa, el maquillaje estaba manchando su bello rostro, tocó el timbre, no dijo nada, entró y se subió sobre mi. No pasó ni un minuto y fue a mi verga, se apoderó de ella. Nunca la vi con esa furia y desfachatez.

Le dio tantas mordidas como pude, yo me controlaba, pero no podía, la odiaba y amaba a la vez.

Fui retirando su ropa y ella dijo, no, espera, huele, mira lo que te perdiste, ese perfume marino se apoderó de mi ser.

Le estuve dando oliendo su ropa interior, con fuerza, con rabia pero a la vez, diciéndole al odio como la extrañé.

Es un mal necesario.

Es alguien que te saca de apuro, es frenesí total y multiorgasmos.

Compases necesarios en una bella melodía donde solo ella le da la tonada ideal y al acabar, dormimos como fieles traicioneros a la pasión que desborda y nos hace únicos................

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