Aunque no crea, una de mis virtudes (en la cama) es mi paciencia. Y es que la experiencia me ha enseñado que cuando haces las cosas a lo loco, te puedes quedar con las ganas de experimentar algo más intenso y con un final súper feliz.
Yo tenía una pareja (que al pasar del tiempo me enteré que yo era su amante ya que jugaba a dos cachetes) que tenía una cola exquisita y encima siempre solía usar leggins (mi debilidad visual) y obviamente le quería dar por esa entrada.
Un día estábamos en el Wimbledon (la llevé ahí para que se sienta engreída y así suelte esa entrada). Se puso aceite de bebé en la entrada anal, se la metí y la pobre se desanimó.
Al rato, después del primer polvo, decidí ponerla en esa pose y me animé hacer las cosas súper lentas... O sea: primero sexo oral (lengua - vagina) hasta que se corra. Con esos jugos vaginales lubriqué su ano y le apliqué un largo beso negro. Noté que lo disfrutaba bastante así que empecé a tantear con el dedo. Ella ni se inmutaba, estaba en otra. Ya al rato, que sentía que la lengua se me adormecía, decidí pararme, ponerme lubricante en el pene y poco a poco se la fui metiendo hasta que entró toda. Ya me iba a sadiquear pero opté por seguir a ese ritmo suave y ella misma fue la que empezó a intensificar la penetración, hasta que se acomodó del todo y empezó lo bueno. Esas previas, sin mentir, me habrá tomado unos 45 minutos. Pero sentí que valió la pena porque todo el resto de la noche fue la penetración anal y yo estaba en la gloria.
Usted está joven aún, posiblemente conserve virgen por unos años más esa entrada. Pero por experiencias de muchas amigas, cuando pasan los 40 y les toque sentir esa segunda juventud sexual, ahí entregan hasta el alma.

