Srdestroyer
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Esto paso cuando viajaba con mi anterior pareja, la cual es una mujer muy bella y esbelta, debido al cuidado personal muy exigente al que se somete. Para tener una pequeña idea de qué tan bella es ella, tan solo es necesario saber que siempre que anda por la calle o va a algún lugar sola o acompañada, muchas miradas de hombres hambrientos examinan toda parte de su cuerpo.
Siempre hemos tenido temas de conversación profundas y nos contábamos nuestros secretos más escondidos, aquello es lo que mejor recuerdo, todas las fantasías con las cuales soñábamos o imaginábamos nos las mencionábamos, sin importar si fuere de nuestro agrado o no, tan solo escogíamos los que nos parecía excitante a ambos y en la medida en que se pueda realizar, lo tratábamos de hacer, en muchos casos sí pudimos concretar tales aventuras personales e íntimas.
Alejado de las típicas fantasías sexuales las que yo creo que la gran mayoría sueñan, yo más bien me he acercado hacia lo que es el exhibicionismo, vouyerismo y seducción a terceros. Básicamente no me siento mal cuando ella es observada por ajenos, ciertamente, hay momentos y momentos, pero cuando tengo la sensación de que alguien desconocido y "fuera de su liga" observa de reojo el contorno y figura de mi mujer, tengo esa curiosidad de saber qué es lo que esa persona ve e imagina. Este capricho lo he alimentado desde hace mucho tiempo, como cuando con otras parejas nos íbamos a los parques o demás lugares ocultos para hacer lo que fuera que el deseo mandase.
Como sabía que tenía a la mujer que muchos desean, era fácil conseguir la atención de las "victimas" (término con el cuál nos referíamos a quienes eran objeto de nuestras provocaciones). Para comenzar, instalar aquel deseo en ella fue un poco difícil, dependiendo de la personalidad, para algunas personas les es más complicado acceder a las maquinaciones de sus parejas, pero con el tiempo adecuado y la correcta utilización de palabras, convencer y hacerla sentir tan ansiosa como yo no es imposible. Luego de comentarle y expresarle mis deseos exhibicionistas, ella lo aceptó y gustó de la idea, posteriormente.
Comenzamos con elementos básicos de exhibición, poco a poco. Primero hacía que ella vistiera tops muy escotados y que se lo baje un poco para mostrar algunas partes del sostén cuando, por ejemplo, íbamos a una tienda y ella preguntaba a algún ayudante solitario. Luego, cuando el gusto por el juego seguía en aumento, ella podía caminar con la bragueta y el botón del pantalón desabrochado en algunos lugares donde solo concurrían pocas personas. Ciertamente, cuando pasábamos momentos un poco más solitarios en parques, ella ya estaba dispuesta a desabrocharse el pantalón y bajárselo unos centímetros para enseñar a cualquiera que pase por allí una fina ropa interior, que en su mayoría eran tangas. Cualquiera que se topara con ella podía mirarle el calzón, y como es una mujer muy apetecible, los mirones no paraban de dar vueltas repetidas para observar lo que desearan. Ella se tendía a dormir. Un día, un wachiman se nos acercó para avisarnos que nos retiremos porque ya iban a cerrar y ella, pantalón bajo, le dijo que se quería quedar un rato más a descansar. El joven le pidió que por favor se subiera el pantalón porque se le veía todo el calzón. Pero ella no hizo más que ignorarlo por un rato y le dio la espalda de una vuelta, mostrándole las nalgas, luego le dijo que no le importara quién le veía el calzón y que sería mejor que nos dejara en paz. Yo no había hecho nada más que observar, pero mi excitación era muy elevada. Tenía ganas de desnudarla y comerle la vagina a besos allí, pero tuve que controlar mi deseo hasta esa noche en mi departamento.
Al hacer el amor ambos nos decíamos lo que habíamos hecho aquel día y recordábamos, aquellos fueron los mejores placeres que he tenido en mi vida, que luego de hacer algo excitante juntos, hagamos el amor recordando y fantaseando con más elementos.
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Cuando nos íbamos de viaje, usualmente nos alejábamos de ciertos lugares donde podamos estar a solas para desnudarnos, tomarnos fotos y hacer el amor muy apasionadamente. Siempre hacía que ella llevara varias prendas interiores para fotografiarla, siempre variando las poses y los lugares; por ejemplo, podía tomarle una foto usando lencería cerca del lecho de un río o completamente desnuda sobre unas piedras. Siempre que veíamos algún espacio donde podamos crear nuestro arte lo aprovechábamos al máximo. En cierta laguna, alguna vez, fuimos con una pareja de extraños y un guía de la localidad joven, cuando llegamos, vimos la laguna y le pedimos al guía que nos tome algunas fotos. Ese fue uno de los momentos más apasionados y eróticos de mi vida. Mientras yo observaba todo y a la par mi miembro despertaba fuertemente, el joven debía tomar fotos a mi mujer. Primero con la ropa normal y con el paso del tiempo ella iba desvistiéndose prenda por prenda, siempre posando para la cámara mientras se sacaba la ropa. El muchacho al ver tremenda mujer despertó su alma de fotógrafo y comenzó a registrar cada parte de su cuerpo con la cámara. Luego tuve que entrar en la escena, mientras él seguía capturando el momento, yo sobaba su cuerpo a modo de pose artística. Luego de que mi libido estaba a mil, con mis manos le bajaba la tanga negra para dejarla parcialmente desnuda. Hice lo mismo con el sostén y quedó desnuda al cien por ciento. Yo también me desnude y entramos a la laguna a bañarnos, claro, cada momento estaba siento fotografiado.
Una vez terminada la sesión, solo habíamos quedado los 3, la otra pareja se había ido, me puse un short y ella se cambió de ropa interior por una truza íntima de color blanco con bordes celestes con un top negro. Así nos quedamos un buen momento a hablar. La conversación se puso muy interesante luego de que yo le había dicho al guía de que no tenía problema alguno que viera a mi mujer, y en caso de que quisiera tocarla, debía preguntarle eso a ella. Nos sacamos un par de fotos más y él pidió salir con ella en alguna foto, al menos. Ambos accedieron y comenzaron a salir en las fotos.
Al comienzo eran fotos donde la frialdad se notaba, el nerviosismo del joven era evidente y no quería ser tan atrevido. Con la insistencia de ella y mi aceptación, comenzaron a hacer mejores aproximaciones entre ellos para salir en las fotos. Alguna de ellas eran de tono artístico, en cambio, otras se notaba más el jugueteo de seducción ante la cámara; por ejemplo, cuando él parado, ella lo abraza y dando la espalda a la cámara hunde su cadera para mostrar con énsafis las nalgas. Varias otras de las fotos eras abrazos y poses coquetas de ambos, aunque eran coquetas, yo sabía que aún se podía jugar con más, así que propuse que él la toque a ella. No hubo negación. Se pararon ambos y ella, de costado a él, subió una pierna que se le pegaba al muslo, él, por su parte, debía tocar su cadera, pero le recomendé que meta la mano dentro de la tira del calzón y la estire hacia abajo un poco. Aquella foto salió perfecta. Luego hice que ella se siente sobre su pecho con las piernas abiertas mientras él la cogía de los tobillos; también que él se siente y ella se siente sobre sus hombros, rodeando su cuello con las piernas, luego, la misma pose, solo que él estaría al revés y su rostro tocaría directamente su vientre y sostenga con sus manos las nalgas de mi mujer. Otras más atrevidas fijaron una parte del cuerpo de ella, él debía morder y jalar su truza hacia arriba mientras ella erguía las nalgas. Varias tomas después consistieron en mordidas a la tela de la ropa de mi mujer o besos a los muslos o pies. Propuse luego que él le quite la truza que ella tenía puesta y que le ponga una tanga negra que había traído, pero se la debía sacar con los dientes y tenía que ponerle luego la otra prenda mientras se situaba detrás de ella, rozando su cuerpo.
................................... Continuará......................................
Siempre hemos tenido temas de conversación profundas y nos contábamos nuestros secretos más escondidos, aquello es lo que mejor recuerdo, todas las fantasías con las cuales soñábamos o imaginábamos nos las mencionábamos, sin importar si fuere de nuestro agrado o no, tan solo escogíamos los que nos parecía excitante a ambos y en la medida en que se pueda realizar, lo tratábamos de hacer, en muchos casos sí pudimos concretar tales aventuras personales e íntimas.
Alejado de las típicas fantasías sexuales las que yo creo que la gran mayoría sueñan, yo más bien me he acercado hacia lo que es el exhibicionismo, vouyerismo y seducción a terceros. Básicamente no me siento mal cuando ella es observada por ajenos, ciertamente, hay momentos y momentos, pero cuando tengo la sensación de que alguien desconocido y "fuera de su liga" observa de reojo el contorno y figura de mi mujer, tengo esa curiosidad de saber qué es lo que esa persona ve e imagina. Este capricho lo he alimentado desde hace mucho tiempo, como cuando con otras parejas nos íbamos a los parques o demás lugares ocultos para hacer lo que fuera que el deseo mandase.
Como sabía que tenía a la mujer que muchos desean, era fácil conseguir la atención de las "victimas" (término con el cuál nos referíamos a quienes eran objeto de nuestras provocaciones). Para comenzar, instalar aquel deseo en ella fue un poco difícil, dependiendo de la personalidad, para algunas personas les es más complicado acceder a las maquinaciones de sus parejas, pero con el tiempo adecuado y la correcta utilización de palabras, convencer y hacerla sentir tan ansiosa como yo no es imposible. Luego de comentarle y expresarle mis deseos exhibicionistas, ella lo aceptó y gustó de la idea, posteriormente.
Comenzamos con elementos básicos de exhibición, poco a poco. Primero hacía que ella vistiera tops muy escotados y que se lo baje un poco para mostrar algunas partes del sostén cuando, por ejemplo, íbamos a una tienda y ella preguntaba a algún ayudante solitario. Luego, cuando el gusto por el juego seguía en aumento, ella podía caminar con la bragueta y el botón del pantalón desabrochado en algunos lugares donde solo concurrían pocas personas. Ciertamente, cuando pasábamos momentos un poco más solitarios en parques, ella ya estaba dispuesta a desabrocharse el pantalón y bajárselo unos centímetros para enseñar a cualquiera que pase por allí una fina ropa interior, que en su mayoría eran tangas. Cualquiera que se topara con ella podía mirarle el calzón, y como es una mujer muy apetecible, los mirones no paraban de dar vueltas repetidas para observar lo que desearan. Ella se tendía a dormir. Un día, un wachiman se nos acercó para avisarnos que nos retiremos porque ya iban a cerrar y ella, pantalón bajo, le dijo que se quería quedar un rato más a descansar. El joven le pidió que por favor se subiera el pantalón porque se le veía todo el calzón. Pero ella no hizo más que ignorarlo por un rato y le dio la espalda de una vuelta, mostrándole las nalgas, luego le dijo que no le importara quién le veía el calzón y que sería mejor que nos dejara en paz. Yo no había hecho nada más que observar, pero mi excitación era muy elevada. Tenía ganas de desnudarla y comerle la vagina a besos allí, pero tuve que controlar mi deseo hasta esa noche en mi departamento.
Al hacer el amor ambos nos decíamos lo que habíamos hecho aquel día y recordábamos, aquellos fueron los mejores placeres que he tenido en mi vida, que luego de hacer algo excitante juntos, hagamos el amor recordando y fantaseando con más elementos.
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Cuando nos íbamos de viaje, usualmente nos alejábamos de ciertos lugares donde podamos estar a solas para desnudarnos, tomarnos fotos y hacer el amor muy apasionadamente. Siempre hacía que ella llevara varias prendas interiores para fotografiarla, siempre variando las poses y los lugares; por ejemplo, podía tomarle una foto usando lencería cerca del lecho de un río o completamente desnuda sobre unas piedras. Siempre que veíamos algún espacio donde podamos crear nuestro arte lo aprovechábamos al máximo. En cierta laguna, alguna vez, fuimos con una pareja de extraños y un guía de la localidad joven, cuando llegamos, vimos la laguna y le pedimos al guía que nos tome algunas fotos. Ese fue uno de los momentos más apasionados y eróticos de mi vida. Mientras yo observaba todo y a la par mi miembro despertaba fuertemente, el joven debía tomar fotos a mi mujer. Primero con la ropa normal y con el paso del tiempo ella iba desvistiéndose prenda por prenda, siempre posando para la cámara mientras se sacaba la ropa. El muchacho al ver tremenda mujer despertó su alma de fotógrafo y comenzó a registrar cada parte de su cuerpo con la cámara. Luego tuve que entrar en la escena, mientras él seguía capturando el momento, yo sobaba su cuerpo a modo de pose artística. Luego de que mi libido estaba a mil, con mis manos le bajaba la tanga negra para dejarla parcialmente desnuda. Hice lo mismo con el sostén y quedó desnuda al cien por ciento. Yo también me desnude y entramos a la laguna a bañarnos, claro, cada momento estaba siento fotografiado.
Una vez terminada la sesión, solo habíamos quedado los 3, la otra pareja se había ido, me puse un short y ella se cambió de ropa interior por una truza íntima de color blanco con bordes celestes con un top negro. Así nos quedamos un buen momento a hablar. La conversación se puso muy interesante luego de que yo le había dicho al guía de que no tenía problema alguno que viera a mi mujer, y en caso de que quisiera tocarla, debía preguntarle eso a ella. Nos sacamos un par de fotos más y él pidió salir con ella en alguna foto, al menos. Ambos accedieron y comenzaron a salir en las fotos.
Al comienzo eran fotos donde la frialdad se notaba, el nerviosismo del joven era evidente y no quería ser tan atrevido. Con la insistencia de ella y mi aceptación, comenzaron a hacer mejores aproximaciones entre ellos para salir en las fotos. Alguna de ellas eran de tono artístico, en cambio, otras se notaba más el jugueteo de seducción ante la cámara; por ejemplo, cuando él parado, ella lo abraza y dando la espalda a la cámara hunde su cadera para mostrar con énsafis las nalgas. Varias otras de las fotos eras abrazos y poses coquetas de ambos, aunque eran coquetas, yo sabía que aún se podía jugar con más, así que propuse que él la toque a ella. No hubo negación. Se pararon ambos y ella, de costado a él, subió una pierna que se le pegaba al muslo, él, por su parte, debía tocar su cadera, pero le recomendé que meta la mano dentro de la tira del calzón y la estire hacia abajo un poco. Aquella foto salió perfecta. Luego hice que ella se siente sobre su pecho con las piernas abiertas mientras él la cogía de los tobillos; también que él se siente y ella se siente sobre sus hombros, rodeando su cuello con las piernas, luego, la misma pose, solo que él estaría al revés y su rostro tocaría directamente su vientre y sostenga con sus manos las nalgas de mi mujer. Otras más atrevidas fijaron una parte del cuerpo de ella, él debía morder y jalar su truza hacia arriba mientras ella erguía las nalgas. Varias tomas después consistieron en mordidas a la tela de la ropa de mi mujer o besos a los muslos o pies. Propuse luego que él le quite la truza que ella tenía puesta y que le ponga una tanga negra que había traído, pero se la debía sacar con los dientes y tenía que ponerle luego la otra prenda mientras se situaba detrás de ella, rozando su cuerpo.
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