De noche mía y de día de otro mas?

Parecía tan real...

Noche perfecta para encender los votos, dejar el mal y sucumbir ante una persona simple y opuesta a la aventura. Decidida y con objetivos claros. Había viajado mas de 15 horas, me sentía sumamente cansado pero con ganas de una buena conversa, karaoke y hacer el amor cuando durmamos. Todo iba bien y de pronto al bajar del ómnibus, recibo una llamada de un número desconocido, no dicen nada, solo me dejan oír Suedehead de Morrissey. Me dije, que gran noche y falta el postre. Alo, eres tu Pilar?, quien?, te olvidaste de mi?. quien habla?, le digo, no la reconocía, me dio pistas, que hace mas de 10 años nos conocimos en un viaje de Piura a Lima, que cuando estuvimos a punto de besarnos esta canción nos enamoro y otras perlas mitad fantasía y la otra a cruda realidad. Tuve que aclararle la verdad y porque estoy en esa ciudad.

Le respondí: "Cada historia tiene un principio y final, no entenderías mi mente y yo menos tu proceder. A veces le das luz a mis campos sombríos, pero no busco tu perdón ni darte un premio". Y le añadí que me dejas sorprendido de que aun me busques. La pregunta es creer en amar a una sombra?, dejarse llevar por un fantasma por 5 minutos de amor?. La bombardee de preguntas, me seguía poniendo bellas y oscuras melodías con grandes mensajes. Lo pensé y decidí ir a verla, antes le escribí a mi nuevo amor que me llamo urgente mi tía ( no me creyó), con ese verso, tendría para por lo menos una noche olvidarme quien soy y que hago.

Lo curioso es que estaba cerca de la casa de Pilar, mi conciencia me inquietaba era como una puñalada y una muerte segura, pero cada paso por mas inseguro directo a la hoguera, me llevaría a muchos recuerdos, atenciones y pretextos, liberarme de todo y volver a ser hombre copulando con alguien que va a mi ritmo y yo al suyo. No es momento de moralejas y verdades, es ahora o nunca, hacerlo y seguir en el proceso.

Todo fue perfecto, llegue a su casa y desde el saque 3 cosas me conmovieron: 1. Su vestuario ( me dijo, amor, nos casamos y así sera nuestra luna de miel). 2. Las canciones que dejo fluir la elocuencia ( casi todas fueron de mi agrado, de tantos años de dolor, recuerdo y mucha pasión) y 3. La cereza, por fin y por única vez, darme su orificio.

Bajarle las pantys, liguero e hilo con la boca y dientes, hizo que se corra en el acto y yo tenerla mas fierro, ponerla en su papaya tan coqueta y hambrienta pero ella me detuvo, me dijo, no galán, empecemos por lo que era prohibido para mi y tu tantas veces en nuestros años mozos me lo pediste. No recordaba, sin embargo cuando agarro la herramienta y lo dirigió con cuidado a su ano, quede fascinado. Ya quería venirme, me contuve, y puse todo de mi para que en 30 minutos fueran de placer mutuo, llegáramos a varios orgasmos y eyaculáramos juntos. Proeza de dos extraños en el momento que antes juraron amor eterno.
 

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Quizás estés llorando al recordarme, estreché mi retrato con frenesí, y hasta tu oído llegue la melodía salvaje y el eco de la pena de estar sin ti.

Dejare tus llantos que una vez lacté, me ocultare y en una visión extraña, bizarra, borrosa, volveré a besarte en la boca. Me hundiré en tu viente, se estrecharan en un largo aliento, un abrazo de oso, entre tu gruta humana y caliente y mi manguera que vierte palabras de amor.

Una vez me dijiste que solo yo puedo hacer que veas a este mundo ancho y ajeno como la piedra mágica y perfecta que gobierna hasta tus días infinitos. Cuando el sol llega, te saluda cubierta de mi manto y del letargo, cuando la luna sale, tu produces ego y malicia que termina en una gran cogida.

Correremos como un potro en el prado, como el niño cayendo y levantándose para alcanzar su alimento sagrado. No huiremos de nuestra dura realidad pero si hay de vez en cuando profanación, suciedad y mucho ritmo y aceleración. Ya podremos morir en paz. Solo tu puedes hacer cantar a mi oscuridad en la brillante luz de tu cuerpo del deseo y ardor.
 
Un viaje con final feliz por partida doble

Con la piurana desde hace mas de un año, las cosas siempre fueron peleas, distancia y malos entendidos. Ambos fallamos, nos cansamos solo de llanadas, de recuerdos y de vivir del sexo virtual. Ella aprovecho un viaje para tratar de vernos, hasta para eso discutimos y quedamos mal, nos alejamos un par de meses. Cuando retomamos conversación, ambos nos sacábamos trapitos al aire y ninguno le creía al otro sinceridad o fidelidad. Pero pese a todo, viaje al norte, no a ver a ella, si a mis temas laborales y familiares. Ella estaba trabajando en Trujillo, yo no iría a verla, a menos que ella venga o me pague todo ( no es ser vividor, es que ella ya me plantó varias veces y perdí feo).

Bueno, como relataba, ella a cambiado mucho y me hace mas daño que dar alegrías. Me pago el pasaje y fui a su alcance, ella trabaja virtual con varios compañeros ( hombres y mujeres), incluso viven en una casa grande de 4 pisos, todos juntos, damas abajo, hombres en el último piso. Me daba celos pero ni modo. Cuando la pude ver, salimos a comer y me presento a su amiga, una morena agradable y de buena pinta.

La pasamos lindo, nos fuimos por un menú y terminamos bebiendo varias sangrías. Al retornar, yo me tuve que ir a un hostal cercano. No pensé en nada, pero al día siguiente la que me visitó fue la amiga, no mi gordita bella. Me sorprendió, me dijo que su amiga, mi ex, estaba de comisión ( me parecía extraño, la gorda es super celosa), en ese momento solo salimos a tomar desayuno, me dijo que ella pidió permiso en su trabajo, hasta alli todo tranqui, al rato me llama mi ex y le dije la verdad, se puso un poco serio pero lo entendió.

En la noche fuimos los 3 a un karaoke, la morena se encontró con un amigo y se fue a su mesa, la pasaron lindo, al rato se van y bueno, yo me quede con mi ex, esa noche si me acompaño a mi cuarto. No fue una gran faena pero valido la pena. Lo hicimos dos grandes viajes de varias horas. Ella es toda una artista y gritona, como canta y toca el violín. Sus quejidos y aullidos me daban mas fuerza para seguir taladreandola y luego de los buenos revolcón, nos quedamos dormidos. A las 5 am se levanta, me da un breve mañanero y se fue a trabajar.

A las 12 me tocan a la puerta, practica mente me levantaron y era la amiga, ya eso no era coincidencia, me dijo que me invitaba a comer, le respondí y tu amiguito, me la puso en la yugular, estas celoso, no, pero tu me vienes a ver muy seguido, porque no te deschavas, se rio y salimos. Al acabar de comer, me dice vamos a tomar algo, parece que tu no trabajas, volví a pedir permiso, no le dije nada, Compramos chelas, vino y ron. Fuimos a mi cuarto, había hielo que le pusimos al trago. Puso music de su celu y le dije, tu sabes que mi ex es celosa, pero yo no, me contesto toda irónica. No dije mas, y luego de estar mirándonos, de ver su buen cuerpo y esa legin que llevaba puesta le marcaba la ropa interior y yo ya quería proseguir con la intimidad. Cuando me acerco a besarla, me pone la mano, no vayas rápido, cuidado te quemes y eso no quieres, ríe y me besa.....
 

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NOCHES DE VERANO (2006)​



Capítulo I: La Ciudad de los Ecos​

Lima en el verano del 2006 tenía un aire espeso, lleno de humedad y humo. Las combis todavía rugían por la avenida Abancay, las radios sonaban con Gian Marco, Mar de Copas y alguna cumbia que repetía la historia de un amor perdido. En los kioscos aún se vendían revistas con titulares de telenovelas mexicanas, y los cafés del centro seguían oliendo a cigarro y melancolía. Aquella que se untaba en mi piel sin razones ni huellas.


Yo acababa de mudarme a un pequeño departamento en SB, con vista a unos centros comerciales. Por las noches, el viento traía risas, bocinas y el sonido de la ciudad que nunca dormía. Yo paseaba a mi perro, veía damas lindas, bien proporcionadas, altas, bajas, jóvenes, maduras, culonas, más culonas y una que otra top.


Fue en una de esas noches —tibia, confusa y llena de murmullos— cuando la vi por primera vez: una mujer de paso silencioso, vestida de negro, con una mirada que no era de aquí ni de ahora. Me observó desde la vereda opuesta, y supe, sin entender por qué, que esa mirada iba a cambiar mis días, en especial mis noches, jolgorio al inicio, penumbras al final.



Capítulo II: La Mujer sin Nombre​

No sabía quién era. Ni de dónde venía. Pero cada noche aparecía a la misma hora, cerca de la medianoche, cuando el calor se hacía soportable y las calles quedaban vacías. Algo aparecería.


Venía siempre con un aroma a jazmín y a sal, como si el mar se le hubiera quedado impregnado en la piel. Me hablaba poco, y cuando lo hacía, su voz parecía una promesa.
Nunca quiso decirme su nombre. Solo sonreía y cambiaba de tema, como si temiera que pronunciarlo rompiera el hechizo. Hoy creo que estuvo correcto todo.


De día, desaparecía. Caminaba por Lima buscándola en los rostros anónimos: en los mercados, en los CC cercanos, bodegas, restaurantes, parques y hasta discos o karaokes, pero ni su perfuma ni huella aún no existía, pero ya se soñaba. Nadie la conocía. Nadie la había visto.


De noche, sin embargo, regresaba a mí. Y su cuerpo me hablaba en un idioma que ninguna palabra podía traducir.

La primera si hubo segunda y tercera. Me tocó la puerta, estaba con un short de tela, algo suelto, el calor nos inquietaba, era de noche, bien noche, pero el aire se iba y de pronto, me besa, me toca, me araña, me desafía. Pasamos a la sala, muchos besos, lengua de por medio, ropa al suelo, la cargo, la llevo al cuarto, donde las horas se fueron rápido, polvo tras polvo, me hizo ****** y yo a ella le di placer hasta la próxima visita.



Capítulo III: Las Horas Suspendidas​

En aquellas noches todo se detenía. El mundo parecía reducirse a su respiración y la mía. Las luces naranjas del alumbrado público entraban por la ventana, dibujando sombras lentas sobre nuestras pieles.


Me preguntaba quién era cuando no estaba conmigo.
¿Era una mujer casada? ¿Una fugitiva? ¿Un fantasma?
Nunca lo supe. Pero cada vez que intentaba preguntar, me besaba como si el silencio fuera su única defensa. Y que delicia, que frescura, que aroma, me olvidaba de todo y que voy a preguntar, si tenerla cerca, en 4, arriba, al hombro, en el suelo o contra la pared era lo que yo amaba.


Fuera, Lima seguía ardiendo. Los noticieros hablaban de robos, de políticos corruptos, de calor insoportable. Pero en mi habitación solo existía ella.
A veces despertaba antes del amanecer y la veía mirarme, inmóvil, con los ojos húmedos. Parecía triste, como si supiera que pronto debía irse. Y cuando el primer rayo del sol cruzaba el cielo, desaparecía. Lo curioso es que nunca veía llamadas, mensajes, ella en situaciones extrañas. Nunca dejó pistas.



Capítulo IV: El Día que la Busqué​

Una tarde decidí seguirla.
La vi salir descalza, cruzar la cuadra y perderse lejos, mi taxi iba cerca al suyo, y de pronto ya bajaba por los árboles del Campo de Marte. Caminaba como si conociera todos los secretos del viento. Ella con ropa ancha, pero se la notaba, aunque algo distante, segura de si mima. Alguien se levanta, se abrazan, parece que se besan y se mueven solo un poquito más.


Ingresan a un edificio algo nuevo. Pregunté por ella. Nadie la conocía.
El guardián me miró con una mezcla de pena y recelo.
—Joven, ahí ya no vive nadie desde hace años —me dijo—. Le dije, pero si acabo de ver una pareja entrar, mire sus cámaras. Me hizo caso y al pasar las imágenes, nadie pasó, nadie entró, nada ocurrió.



Capítulo V: La Última Noche​

Esa noche la esperé sin saber si quería verla o no.
El reloj marcó la medianoche. Y, como siempre, apareció.
Vestía igual, pero su mirada era distinta.
Se acercó lentamente, me tocó el rostro y dijo apenas un susurro:
—Gracias por recordarme.
El aire se volvió más frío. Su cuerpo, más leve.
Nos besamos una última vez, y al hacerlo, sentí que algo se desvanecía entre mis brazos.
Cuando abrí los ojos, ya no estaba. Pero si cada embestida, cada frenesí, se comió cada parte de mi ser, tragó leche, pidió más, estuvimos en dame que te doy la noche entera. Me ardía abajo, tenía arañones y rasguños en todo el cuerpo. De solo pensarla, se me erectó de nuevo y me fui a descargar.


Solo el olor a jazmín quedaba suspendido en el aire.
Desde entonces, cada verano de Lima tiene para mí esa misma sensación: el calor de un amor imposible, la humedad de la nostalgia, y la certeza de que hay presencias que solo existen en la noche………………


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NOCHES DE VERANO (2006)​



Capítulo I: La Ciudad de los Ecos​

Lima en el verano del 2006 tenía un aire espeso, lleno de humedad y humo. Las combis todavía rugían por la avenida Abancay, las radios sonaban con Gian Marco, Mar de Copas y alguna cumbia que repetía la historia de un amor perdido. En los kioscos aún se vendían revistas con titulares de telenovelas mexicanas, y los cafés del centro seguían oliendo a cigarro y melancolía. Aquella que se untaba en mi piel sin razones ni huellas.


Yo acababa de mudarme a un pequeño departamento en SB, con vista a unos centros comerciales. Por las noches, el viento traía risas, bocinas y el sonido de la ciudad que nunca dormía. Yo paseaba a mi perro, veía damas lindas, bien proporcionadas, altas, bajas, jóvenes, maduras, culonas, más culonas y una que otra top.


Fue en una de esas noches —tibia, confusa y llena de murmullos— cuando la vi por primera vez: una mujer de paso silencioso, vestida de negro, con una mirada que no era de aquí ni de ahora. Me observó desde la vereda opuesta, y supe, sin entender por qué, que esa mirada iba a cambiar mis días, en especial mis noches, jolgorio al inicio, penumbras al final.



Capítulo II: La Mujer sin Nombre​

No sabía quién era. Ni de dónde venía. Pero cada noche aparecía a la misma hora, cerca de la medianoche, cuando el calor se hacía soportable y las calles quedaban vacías. Algo aparecería.


Venía siempre con un aroma a jazmín y a sal, como si el mar se le hubiera quedado impregnado en la piel. Me hablaba poco, y cuando lo hacía, su voz parecía una promesa.
Nunca quiso decirme su nombre. Solo sonreía y cambiaba de tema, como si temiera que pronunciarlo rompiera el hechizo. Hoy creo que estuvo correcto todo.


De día, desaparecía. Caminaba por Lima buscándola en los rostros anónimos: en los mercados, en los CC cercanos, bodegas, restaurantes, parques y hasta discos o karaokes, pero ni su perfuma ni huella aún no existía, pero ya se soñaba. Nadie la conocía. Nadie la había visto.


De noche, sin embargo, regresaba a mí. Y su cuerpo me hablaba en un idioma que ninguna palabra podía traducir.

La primera si hubo segunda y tercera. Me tocó la puerta, estaba con un short de tela, algo suelto, el calor nos inquietaba, era de noche, bien noche, pero el aire se iba y de pronto, me besa, me toca, me araña, me desafía. Pasamos a la sala, muchos besos, lengua de por medio, ropa al suelo, la cargo, la llevo al cuarto, donde las horas se fueron rápido, polvo tras polvo, me hizo ****** y yo a ella le di placer hasta la próxima visita.



Capítulo III: Las Horas Suspendidas​

En aquellas noches todo se detenía. El mundo parecía reducirse a su respiración y la mía. Las luces naranjas del alumbrado público entraban por la ventana, dibujando sombras lentas sobre nuestras pieles.


Me preguntaba quién era cuando no estaba conmigo.
¿Era una mujer casada? ¿Una fugitiva? ¿Un fantasma?
Nunca lo supe. Pero cada vez que intentaba preguntar, me besaba como si el silencio fuera su única defensa. Y que delicia, que frescura, que aroma, me olvidaba de todo y que voy a preguntar, si tenerla cerca, en 4, arriba, al hombro, en el suelo o contra la pared era lo que yo amaba.


Fuera, Lima seguía ardiendo. Los noticieros hablaban de robos, de políticos corruptos, de calor insoportable. Pero en mi habitación solo existía ella.
A veces despertaba antes del amanecer y la veía mirarme, inmóvil, con los ojos húmedos. Parecía triste, como si supiera que pronto debía irse. Y cuando el primer rayo del sol cruzaba el cielo, desaparecía. Lo curioso es que nunca veía llamadas, mensajes, ella en situaciones extrañas. Nunca dejó pistas.



Capítulo IV: El Día que la Busqué​

Una tarde decidí seguirla.
La vi salir descalza, cruzar la cuadra y perderse lejos, mi taxi iba cerca al suyo, y de pronto ya bajaba por los árboles del Campo de Marte. Caminaba como si conociera todos los secretos del viento. Ella con ropa ancha, pero se la notaba, aunque algo distante, segura de si mima. Alguien se levanta, se abrazan, parece que se besan y se mueven solo un poquito más.


Ingresan a un edificio algo nuevo. Pregunté por ella. Nadie la conocía.
El guardián me miró con una mezcla de pena y recelo.
—Joven, ahí ya no vive nadie desde hace años —me dijo—. Le dije, pero si acabo de ver una pareja entrar, mire sus cámaras. Me hizo caso y al pasar las imágenes, nadie pasó, nadie entró, nada ocurrió.



Capítulo V: La Última Noche​

Esa noche la esperé sin saber si quería verla o no.
El reloj marcó la medianoche. Y, como siempre, apareció.
Vestía igual, pero su mirada era distinta.
Se acercó lentamente, me tocó el rostro y dijo apenas un susurro:
—Gracias por recordarme.
El aire se volvió más frío. Su cuerpo, más leve.
Nos besamos una última vez, y al hacerlo, sentí que algo se desvanecía entre mis brazos.
Cuando abrí los ojos, ya no estaba. Pero si cada embestida, cada frenesí, se comió cada parte de mi ser, tragó leche, pidió más, estuvimos en dame que te doy la noche entera. Me ardía abajo, tenía arañones y rasguños en todo el cuerpo. De solo pensarla, se me erectó de nuevo y me fui a descargar.


Solo el olor a jazmín quedaba suspendido en el aire.
Desde entonces, cada verano de Lima tiene para mí esa misma sensación: el calor de un amor imposible, la humedad de la nostalgia, y la certeza de que hay presencias que solo existen en la noche………………


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En verdad su ultima historia da un poco de miedo, ... salir con un fantasma ... fantasma
 
Siempre hay terror en todo lo que hacemos aunque no lo creas. Me decía hace una vida una persona sabia: " Tu crees que haces bien pero si te fijaras bien al lado hay totalmente opuesto y tal vez terrorífico".

La idea es matizar lo que siempre hice, sei la, se gosto, bem, senao, tudo bem. Falou, Valeu.
 
La Ceguera del Hinojo

La vida, en aquel tiempo, era una sucesión de grises. Mi trabajo, mi departamento, mis ambiciones... todo se había desvanecido en una amargura plena (como el poema) que se pegaba al paladar. No era depresión, sino la certeza de un destino cruel que me había despojado de cualquier horizonte. Cada noche, buscaba en el silencio el remedio para calmar mi pena, y solo encontraba ecos. Voces, destellos, dulces y amargos, pero solo ella definía todo.

Fue en ese vacío, cuando me sentía ahogado, que te vi. Fue veloz, ella de niña cuando jugando de la mano en inicial nos miramos con amor hasta envejecer y decirnos adiós.

No apareciste bajo la luz suave, sino en el destello brutal de un bar del centro, un lugar que olía a sudor y licor barato. Entraste con una iridiscencia casi ofensiva, radiante, linda cual flor de aurora, tu risa, aguda y melódica, era el arrullo cordial que rompía el ensordecedor ruido de mi vida. Cada palabra era querer, por lo menos en ese entonces, era color para mis ojos.

Te bastaron veinte minutos y una mirada para que mi alma, que ya estaba por los suelos, se postrara. Lo hice, figuradamente, cayó de hinojo mi alma que aun fiel te adora, rendida no a tu belleza, sino a la poderosa convicción de que eras la única luz capaz de revertir mi marea. Podría ser cursilería y como un infante podría reconocer el amor y era que ella podía todo en mí.

Y así fue: te convertiste en mi luz que guía, la promesa de un nuevo día. El mundo se reajustó a la órbita de tu mirada.

El Reflejo de los Puñales

La dualidad de nuestra relación se instaló de inmediato, siguiendo la ley de mi título:

De Noche Mía:

Los primeros años no eras de este mundo, pero algo siempre era igual, cuando me dabas lo mejor, sin razones lo quitabas, te apartabas y era una calamidad, caos y un infierno grande el que tener que soportar.

Al caer la oscuridad, eras solo para mí. Te acercabas con la familiaridad de lo prohibido. En la penumbra de mi cuarto, tu cuerpo era la flor de mi esperanza encarnada. Me contabas tus sueños más absurdos, tus temores más pequeños. Te desnudabas no solo de ropa, sino de las corazas que llevabas puestas durante el día. Éramos dos náufragos aferrados al calor, olvidando el mundo exterior, donde la pasión era una liberación absoluta, un frenesí que me hacía sentir vivo después de tanto tiempo muerto. Me aferré a la idea de que ese amor nocturno, sincero y visceral, era la verdad de tu ser. Una verdad que cegado solo mi ser entendía, tarde, muy tarde, pude razonar y saber que siempre fuiste así, tan solo, te transformas cuando es necesario.

De Día De Otros:

Pero al amanecer, antes de que el sol encendiera los edificios, te vestías con prisa y te desvanecías. Y ahí venía la parte cruel, la que me recordaba la letra del poema: tu belleza deslumbrante se convertía en una armadura. Al verte por la calle, con otros hombres, en reuniones, sonriendo con esa misma luz, pero dedicada a negocios o a amistades desconocidas, notaba el frío en tus ojos.

No eran solo coqueteos; era tu vida lejos de mí. Escuchaba rumores, nadie se atrevía a decírmelo pero en sus pasos y pensamientos, estaba que tu eras de otros, infiel grabado en tu ser, tocada y manoseada, por viejos, por jóvenes, por todos, y ese perfume que hipnotiza se iba con cada lácteo prohibido.

Un día, te vi en la inauguración de un evento, bajo la luz cruda de los reflectores. Estabas riendo con tu jefe, un hombre mayor y de traje impecable. En ese momento, al mirarte de lejos, vi claramente lo que el poema describía:

Y al ver mi vida que en tus ojeras lilas Se reflejan los fulgores de dos puñales

Tus pupilas, grandes y profundas, reflejaban una dureza calculadora. La ternura de la noche se había ido, reemplazada por una ambición o una frialdad que me parecía infernal en su desapego. Entendí que yo, el refugio nocturno, era el opuesto exacto del poder y el estatus que perseguías de día. Yo era la cura para la pena; ellos, la llave para tu éxito.

Y, sin embargo, al recordarte en mis brazos, volviendo a sentir el calor de tus labios, una y otra vez me repetía la última línea, mi propia condena:

No ignores bella que aun que son infernales Yo vivo prisionero en tus pupilas.

Vivo prisionero de esa dualidad. De día, te entregas a los otros, a la ambición, a la vida social, a la luz. Pero de noche, regresas a mí, a la sombra, a la pasión que me redime y me destruye. Sabes que me tienes, que mi alma está de rodillas, esperando solo por tu fugaz regreso. Y por eso, en esta cruel dicotomía, yo te amo y te adoro, porque, aunque te comparto, de noche, eres mía.

Me quedo con cada vez que te iba a ver a tu casa para irnos juntos al colegio. Durante años eso fue mi razón de existir. No había malas caras ni, peros. En la fiesta de graduación estuviste distinta, piel alejada a mi fuego. Ya en épocas universitarias solo te veía cuando volvías para pasar las vacaciones y no te marchitaba porque en el lecho tus labios me daban todo, me quitabas los suspiros y jadeos. Recuerda tus primeros gritos que pedías más y más, yo ya me había cansado de taladrarte, pero tu vientre que parecía pequeño, tenía espacio para muchos.

Ya en la adultez, eras dueña de todo, esa vez con una mini que se te veía todo, tocaste la puerta, me comiste con la mirada y tus manos apretaron fuerte mi miembro, aun siento el dolor. Te desnudaste en un tris y te sentaste, que sentones, en cada uno me decías, aprovecha, aprovecha porque no serás por mucho tiempo mía, solo del ego, del dolor, del placer, de todo el que cruce la vereda de la acción……………

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