Roca y Boloñas
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Que tal cofrades. Quisiera abrir un nuevo tema: el de cuentos sabrosos. Ya tenemos el tema de Relatos Eroticos, a traves del cual los cofrades relatan sus picaras y emocionantes aventuras sexuales, mas o menos tal como ocurrieron y yendo directamente al grano. Lo que propongo es crear un tema similar pero en el cual, sobre la base de experiencias sexuales o amorosas vividas o que uno ha conocido de cerca, se crea un cuento, es decir, una breve obra literaria en la cual el argumento puede tener o no asidero en la realidad.
Voy a empezar con un cuento que relata la apasionada aventura de un bombero de un pueblo del interior. En este caso la historia es veridica, pero se han cambiado nombres de persona y lugares. Me la proporciono una persona muy cercana a mi y yo, en sucesivas noche de trabajo, contribui a darle una forma literaria. Espero que les guste porque hay mas. En todo caso agradecere sus comentarios. La coloco en tres partes porque es relativamente larga.
El Capitán Buleje: primera parte
A sus sesentitantos años el Capitán Buleje luce impresionante con su uniforme rojo de Bombero. Es un negro alto y espigado, de apariencia noble y serena. Todo el pueblo de Casma lo mira con respeto pues lo conocen desde siempre. Algunos, los que tienen cierta confianza con él, le dirigen comentarios burlones cuando se cruzan en la calle, y Buleje siempre les responde con sorna y palabras de doble sentido, lo que termina en un sonoro estallido de carcajadas, tanto de los que forman parte del diálogo, como de los transeúntes que circunstancialmente se encuentran por allí.
En sus años mozos Buleje fue trabajador del Municipio de Casma por varios años. Empezó realizando labores de limpieza, luego de vigilancia y finalmente fue ascendido a cobrador de arbitrios municipales. Todos los días se le veía transitar por las calles polvorientas de Casma montado en su bicicleta, dirigiéndose a buscar a los vecinos para cobrarles los arbitrios y notificar a los morosos para que cumplan sus obligaciones para con el Municipio.
Pero Buleje, a pesar de mostrarse muy valiente como Bombero, en el fondo tenía el corazón blando y como cobrador era un desastre...le contaban tantas historias que al final de la jornada regresaba triste al Municipio y muchas veces con cobranza en cero. En ocasiones le tocaba cobrar a contribuyentes que eran familiares o compadres; entonces, apenas llegaba, afloraban las excusas de falta de dinero; luego se pasaba a hablar del clima cambiante, de los hijos, sus travesuras y genialidades, mientras que simultánea y distraídamente se abría una botella de ese excelente pisco de la zona. Al final del día el negro Buleje regresaba al Municipio tambaleante en su bicicleta, maldiciendo al alcalde del pueblo, a los congresistas y hasta al presidente de turno.
Un día Buleje tuvo una ingeniosa idea. Como ya lo habían suspendido en el trabajo en dos oportunidades en vista de los magros resultados de la cobranza, tenía que hacer algo para que no lo fueran a echar. Es así que, después de pensarlo detenidamente, creó una clave para aplicarla con las personas más pobres, aquellas familias que él consideraba que no tenían ninguna posibilidad de pagar; era algo así como quedar bien con Dios y con el diablo. Esta consistía en tocar tres veces el timbre de su bicicleta cuando se acercaba a la vivienda del deudor, de modo que éste se hiciera humo, como por arte de magia, segundos antes de que él llegara. Al final de su gestión de ese año en el Municipio, Buleje logró dos cosas: se ganó el cariño eterno del pueblo casmeño y paralelamente el Municipio obtuvo la recaudación más de baja de su historia.
Comentan que en una oportunidad, un contribuyente se acercó al Municipio, a la oficina de Buleje, para decirle que ese día martes no podía realizar el pago formalmente comprometido. Entonces el ayudante de Buleje que había recibido al vecino le dijo en voz alta a su jefe. ¡ Jefe, el Señor Torrejón dice que hoy no puede pagar, que va a venir el viernes!. ¡Está bien - le gritó Buleje-, hazle una nueva citación para el viernes!. ¡Jefe -volvió a gritar el ayudante- viernes se escribe con v chica o b grande!. Buleje se quedó pensando y al poco reaccionó: Ya carajo, dile que venga el lunes!.
Esta anécdota y muchas más tiene el Capitán Buleje. Otra que le gusta recordar es una que sucede cuando era bombero-alumno y tuvo su primera clase de manejo en la máquina de rescate. Su instructor le dijo claramente: Negro, siéntate tranquilo, enciende la máquina en neutro, pones primera y sales despacito. El pobre negro trataba de hacerlo lo mejor posible y sudaba a chorros de puro nervios. Dada la indicación, el instructor se bajó del vehículo, observó que Buleje encendió el vehículo, puso esforzadamente el cambio en primera y a continuación se quiso bajar del vehículo, casi reptando, como un gato después de robarse la comida de la despensa. Según él, estaba cumpliendo fielmente las indicaciones del instructor.
Pocas veces se le ha visto a Buleje levantar la voz, pero un día mientras viajaba en un microbús por las afueras de Casma, en un sector llamado Pampa Gallinazo, el cobrador, un cholito distraído, gritó Llegamos Pampa Gallinazo, ¿baja?, preguntó mirando a Buleje. ¡ Que confianza te he dado para que me digas gallinazo!, le retruco Buleje.
Pero al margen de estas sabrosas anécdotas, el respeto es la mayor virtud de Buleje. Sucedió un día que, mientras dábamos un paseo por la playa a media tarde, estando los dos sin más compañía, encontramos un lugar agradable donde descansar. La conversación giraba en torno a rescates riesgosos realizados por los Bomberos y otras aventuras no menos interesantes, cuando en eso Buleje se sobreparó y de improviso, pero con mucha decisión, me dijo: Yo le voy a contar, Don Jorgito, la aventura más riesgosa de mi vida. Y empezó así:
(....continuará)
Voy a empezar con un cuento que relata la apasionada aventura de un bombero de un pueblo del interior. En este caso la historia es veridica, pero se han cambiado nombres de persona y lugares. Me la proporciono una persona muy cercana a mi y yo, en sucesivas noche de trabajo, contribui a darle una forma literaria. Espero que les guste porque hay mas. En todo caso agradecere sus comentarios. La coloco en tres partes porque es relativamente larga.
El Capitán Buleje: primera parte
A sus sesentitantos años el Capitán Buleje luce impresionante con su uniforme rojo de Bombero. Es un negro alto y espigado, de apariencia noble y serena. Todo el pueblo de Casma lo mira con respeto pues lo conocen desde siempre. Algunos, los que tienen cierta confianza con él, le dirigen comentarios burlones cuando se cruzan en la calle, y Buleje siempre les responde con sorna y palabras de doble sentido, lo que termina en un sonoro estallido de carcajadas, tanto de los que forman parte del diálogo, como de los transeúntes que circunstancialmente se encuentran por allí.
En sus años mozos Buleje fue trabajador del Municipio de Casma por varios años. Empezó realizando labores de limpieza, luego de vigilancia y finalmente fue ascendido a cobrador de arbitrios municipales. Todos los días se le veía transitar por las calles polvorientas de Casma montado en su bicicleta, dirigiéndose a buscar a los vecinos para cobrarles los arbitrios y notificar a los morosos para que cumplan sus obligaciones para con el Municipio.
Pero Buleje, a pesar de mostrarse muy valiente como Bombero, en el fondo tenía el corazón blando y como cobrador era un desastre...le contaban tantas historias que al final de la jornada regresaba triste al Municipio y muchas veces con cobranza en cero. En ocasiones le tocaba cobrar a contribuyentes que eran familiares o compadres; entonces, apenas llegaba, afloraban las excusas de falta de dinero; luego se pasaba a hablar del clima cambiante, de los hijos, sus travesuras y genialidades, mientras que simultánea y distraídamente se abría una botella de ese excelente pisco de la zona. Al final del día el negro Buleje regresaba al Municipio tambaleante en su bicicleta, maldiciendo al alcalde del pueblo, a los congresistas y hasta al presidente de turno.
Un día Buleje tuvo una ingeniosa idea. Como ya lo habían suspendido en el trabajo en dos oportunidades en vista de los magros resultados de la cobranza, tenía que hacer algo para que no lo fueran a echar. Es así que, después de pensarlo detenidamente, creó una clave para aplicarla con las personas más pobres, aquellas familias que él consideraba que no tenían ninguna posibilidad de pagar; era algo así como quedar bien con Dios y con el diablo. Esta consistía en tocar tres veces el timbre de su bicicleta cuando se acercaba a la vivienda del deudor, de modo que éste se hiciera humo, como por arte de magia, segundos antes de que él llegara. Al final de su gestión de ese año en el Municipio, Buleje logró dos cosas: se ganó el cariño eterno del pueblo casmeño y paralelamente el Municipio obtuvo la recaudación más de baja de su historia.
Comentan que en una oportunidad, un contribuyente se acercó al Municipio, a la oficina de Buleje, para decirle que ese día martes no podía realizar el pago formalmente comprometido. Entonces el ayudante de Buleje que había recibido al vecino le dijo en voz alta a su jefe. ¡ Jefe, el Señor Torrejón dice que hoy no puede pagar, que va a venir el viernes!. ¡Está bien - le gritó Buleje-, hazle una nueva citación para el viernes!. ¡Jefe -volvió a gritar el ayudante- viernes se escribe con v chica o b grande!. Buleje se quedó pensando y al poco reaccionó: Ya carajo, dile que venga el lunes!.
Esta anécdota y muchas más tiene el Capitán Buleje. Otra que le gusta recordar es una que sucede cuando era bombero-alumno y tuvo su primera clase de manejo en la máquina de rescate. Su instructor le dijo claramente: Negro, siéntate tranquilo, enciende la máquina en neutro, pones primera y sales despacito. El pobre negro trataba de hacerlo lo mejor posible y sudaba a chorros de puro nervios. Dada la indicación, el instructor se bajó del vehículo, observó que Buleje encendió el vehículo, puso esforzadamente el cambio en primera y a continuación se quiso bajar del vehículo, casi reptando, como un gato después de robarse la comida de la despensa. Según él, estaba cumpliendo fielmente las indicaciones del instructor.
Pocas veces se le ha visto a Buleje levantar la voz, pero un día mientras viajaba en un microbús por las afueras de Casma, en un sector llamado Pampa Gallinazo, el cobrador, un cholito distraído, gritó Llegamos Pampa Gallinazo, ¿baja?, preguntó mirando a Buleje. ¡ Que confianza te he dado para que me digas gallinazo!, le retruco Buleje.
Pero al margen de estas sabrosas anécdotas, el respeto es la mayor virtud de Buleje. Sucedió un día que, mientras dábamos un paseo por la playa a media tarde, estando los dos sin más compañía, encontramos un lugar agradable donde descansar. La conversación giraba en torno a rescates riesgosos realizados por los Bomberos y otras aventuras no menos interesantes, cuando en eso Buleje se sobreparó y de improviso, pero con mucha decisión, me dijo: Yo le voy a contar, Don Jorgito, la aventura más riesgosa de mi vida. Y empezó así:
(....continuará)
