Cines peruanos de antaño (historia de los primeros films y cines)

El Telón que se Baja: Cines de Antaño en el Perú​



En los años cincuenta, sesenta, setenta e incluso los ochenta, ir al cine era mucho más que simplemente ver una película. Era un evento social. Los cines de barrio eran los puntos de encuentro por excelencia, donde las familias, las parejas y los grupos de amigos se reunían para compartir una experiencia colectiva. El ritual comenzaba mucho antes de que se apagaran las luces: la compra de la entrada, el olor a canchita recién hecha, el nerviosismo de llegar a tiempo para el inicio del "programa doble" y, por supuesto, la imponente arquitectura de los locales, que eran verdaderos palacios del entretenimiento.

El cine se convirtió en un fenómeno social en el Perú por varias razones. Era una de las pocas formas de escape y entretenimiento masivo asequible. La gente podía transportarse a mundos lejanos, vivir romances de ensueño o sentir la adrenalina de las aventuras, todo por el precio de una entrada. La pantalla grande no solo proyectaba historias, sino que también era un portal a la modernidad, mostrando las últimas tendencias, modas y tecnologías del mundo.




Los Cines de la Costa: El Apogeo de Lima y los Barrios​



Lima fue el epicentro de esta época dorada, con una concentración de cines impresionante en cada distrito.

Miraflores:

  • Cine El Pacífico: Uno de los más emblemáticos. Hoy en día es el cine con el formato de las salas de cine modernas.
  • Cine Colina: Ubicado en la calle José Gálvez, era conocido por su elegante fachada y su variada cartelera.
  • Cine Ricardo Palma: Un clásico del distrito, que ofrecía películas de arte y cine de autor.
Lince:

  • Cine Lido: Famoso por su arquitectura moderna y su cartelera de estrenos.
  • Cine Mirones: Conocido como un cine de barrio.
Lima Centro:

  • Cine Roma: Ubicado en el corazón de la capital, era uno de los más grandes y populares.
  • Cine Metro: Otro de los gigantes de la época, conocido por sus estrenos de Hollywood.
  • Cine Excelsior: Un cine con historia, testigo de la evolución del cine en el Perú.
  • Cine Le Paris: Famoso por su estilo europeo y su programación de cine clásico y de autor.
San Isidro:

  • Cine Alcázar: Uno de los más elegantes y exclusivos, con una arquitectura imponente y un público selecto.
Pueblo Libre:

  • Cine San Antonio: Un cine de barrio que proyectaba películas populares para el público local.
Callao:

  • Cine Plaza: Un cine icónico en el centro del puerto.
Provincia:

  • Trujillo - Cine Primavera: Un cine que fue el centro de entretenimiento de la ciudad, conocido por su variada cartelera.
  • Piura - Cine Odeón: Un cine que era el punto de encuentro de los piuranos, con una gran pantalla y un ambiente muy acogedor.



Los Cines de la Sierra y la Selva: Los Templos del Séptimo Arte​



En la sierra y la selva, los cines tenían una importancia aún mayor, ya que eran a menudo el único lugar donde la gente podía ver películas de estreno.

Cusco:

  • Cine Colón: Uno de los cines más antiguos de la ciudad, un punto de encuentro clásico para los cusqueños.
  • Cine Machu Picchu: Ubicado cerca del centro histórico, era un cine muy popular entre locales y turistas.
Huancayo:

  • Cine Mantaro: Un cine icónico en el centro de la ciudad, que era el lugar por excelencia para ver películas de estreno.
Iquitos:

  • Cine Rex: El cine más famoso de la selva, un lugar de reunión para toda la comunidad.
  • Cine Tarapacá: Un cine que ofrecía una programación variada, desde películas de acción hasta dramas.



El Declive de los Cines de Barrio y el Auge de los Multicines​



El declive de los cines de barrio comenzó a finales de los años ochenta y se aceleró durante los noventa. Varias razones contribuyeron a este fenómeno:

  1. La Inseguridad: La escalada de la violencia en el Perú durante la época del terrorismo hizo que la gente dejara de salir de sus casas por la noche, lo que afectó directamente la afluencia a los cines.
  2. La Televisión y el VHS: La llegada de la televisión por cable y el popular VHS (cinta de video casete) permitieron a las personas ver películas en la comodidad de sus hogares, sin tener que salir a la calle.
  3. El Formato de los Cines: Los cines de barrio eran locales grandes, con una sola sala y altos costos de mantenimiento. Los nuevos multicines, en cambio, eran más pequeños y eficientes.
  4. La Pobreza y la Inflación: La crisis económica y la hiperinflación hicieron que ir al cine se volviera un lujo inalcanzable para muchas familias, que priorizaban otros gastos.
Este cúmulo de factores hizo que los cines de barrio, una a una, fueran cerrando sus puertas, transformándose en iglesias, tiendas, discotecas o simplemente quedando en el olvido, como cascarones vacíos de lo que alguna vez fueron.




El Cine Hoy en Día: De la Experiencia Colectiva al Consumo Individual​



Hoy en día, la experiencia de ir al cine es totalmente diferente. La llegada de las cadenas de multicines y los centros comerciales cambió por completo la forma en que consumimos cine. Ahora vamos a ver una película en una sala moderna, cómoda, con sonido de alta calidad y una variedad de opciones de comida, pero hemos perdido el encanto de la experiencia colectiva y de barrio.

La llegada de los servicios de streaming como Netflix, Amazon Prime Video y Disney+ ha cambiado radicalmente la forma en que consumimos entretenimiento. La gente prefiere quedarse en casa y ver las películas que quiera, cuando quiera, sin tener que moverse de su sofá. La pantalla grande ha sido reemplazada por la pantalla del televisor, el celular o la computadora, y la experiencia colectiva ha cedido su lugar al consumo individual.

En resumen, los cines de antaño del Perú fueron más que simples salas de proyección; fueron templos de la cultura popular y del entretenimiento, que cayeron en el olvido por la combinación de factores sociales, económicos y tecnológicos. La experiencia ha cambiado para siempre, y el cine de barrio solo vive en la memoria de quienes tuvieron la suerte de vivir esa época dorada.
 
resumiendo un poco la historia del cine en mi querida y doliente Trujillo, ciudad que hasta este año tenia solo tres salas en pie y operando, y luego del fatal accidente del ex Real Plaza se redujo a dos.
CINE LIBERTAD Uno de los locales más antiguos fue el Libertad, ubicado la Avenida Daniel A. Carrión de propiedad de Carlos Smith Lund, quien acostumbraba escribir sus afiches a punta de pulso y pincel.
Cada mañana, don Carlitos escribía en pancartas de madera y tela engomada el nombre de la película, actores y funciones. Indicaba si era en blanco y negro o technicolor y el valor de las localidades: platea, mezanine y cazuela.
En el jirón Ayacucho, cerca del mercado central, estaba el Cine Teatro Ayacucho, que reemplazó al Popular. Otros cines como El Pueblo (actual cuadra 8 del Jirón Junín) y El Chimú (Plazuela Gonzales Prada) mostraban películas populares. Se estrenaron clásicos como Lo que Viento se Llevó, Los 10 mandamientos, Ivanhoe, Ben Hur, Casablanca Luego aparecieron cines modernos como SAGITARIO (cerca al Mercado Mayorista, que exhibio en cartelera notables películas que son emblemáticas de los 80s y 90s, sus clásicos reestrenos por semana santa, y que luego de una etapa de decadencia entre películas hindúes y porno, terminó siendo hasta la actualidad un templo religioso), resulta curiosa la forma como se edificó este cine antiguo (en realidad es complejo comercial), asemejandose a un buque de guerra, podría compararse su estilo al de cines limeños como el Tauro, un modernismo inusual pero luego memorable.
Al igual que Sagitario y Ayacucho, el Chimú también tuvo su mala reputación de ser una sala pornográfica, desde niño (si logro acordarme xd) siempre tuve esa percepción quizá por influencia de mis viejos, porque de repente era vox populi, el cine tenía ya años años años proyectando peliculas XXX
ubicado a espaldas de los comercios de la APIAT y la llamada Zona Franca se encuentra el Cine Chimú. Este cine, que alguna vez fue visto como un lugar para adultos, busca renovarse para atraer a nuevas generaciones. A través de un fondo del Ministerio de Cultura, se apoya la difusión de cine independiente y se promueven conversatorios y talleres. A pesar de que la mayoría de las salas de cine están en la capital, el Cine Chimú ha logrado más de 60 funciones desde su reapertura, con un espacio restaurado que invita a los espectadores.

CHIMU
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AYACUCHO
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(foto del 93 aprox, habría que ser lo más conchudo o pendejo posible para exhibir en cartelera una película nopor en pleno desfile cívico escolar xddd en fin, en el perú nunca te aburres)
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CINE IDEAL (actualmente sala de juegos de azar)
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CINE PRIMAVERA (Adquirido por la cadena multisalas CinePlanet x el 2007 aprox.)
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CINE STAR
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CINE SAGITARIO
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CINE VENUS EN LA AV. PERU FRENTE AL MERCADO LA UNIÓN
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durante buena parte de los 80, sobretodo ante la inminente aparición de aparatos electrodomésticos (TV y reproductores VHS), es sabido que representó un bajón significativo en las salas de cine, quienes tuvieron que apelar a exhibir peliculas XXX con el fin de salvaguardar su economía, ahí pues en Trujillo estaba el histórico Chimú, otrora punto de encuentro para ver películas clásicas del cine mexicano e hindú, y que en el nuevo milenio se ganó la fama de cine porno, añadiendo a ello que sirvió como foco, punto crítico donde proliferó la prostitución clandestina, servicios sexuales de diversa índole, en resumen, y para finalizar, como ya se sabe, a diferencia del resto de antiguos cines de la ciudad, que terminaron en su mayoría sirviendo para iglesias y congregaciones religiosas, solamente el Primavera (hoy en día Cineplanet del centro histórico) y el Chimú (convertido en centro cultural) se mantienen activos y en pie.
 
📽️ Luces, Cámara, ¡Acción!: Una Crónica del Cine Peruano en los 80
La Experiencia a Través de los Ojos de un Aficionado

Ir al cine en los 80, sobre todo en el barrio, era un evento social, una aventura que empezaba mucho antes de que se apagaran las luces. No era solo ver una película; era parte del ADN de la ciudad.” – Jesús G., Aficionado Cinéfilo (Lima, 1985)
🎟️ La Llegada y el Ritual de la Cola
La experiencia comenzaba en la calle. No importaba si era el Cine Tauro o el Cine Roma en Lima, o el Cine Colón de Trujillo; las colas eran un ritual. Eran largas, desordenadas y llenas de expectativa, especialmente para los estrenos de películas de acción (Stallone, Schwarzenegger) o las sagas de moda (Indiana Jones, Star Wars).
  • Lima (Cines del Centro y Barrios): Las colas se formaban con horas de anticipación. En las funciones de fin de semana, la gente llevaba periódicos, jugaba a las cartas o simplemente conversaba, armando un ambiente de verbena.
  • Provincia: La cola era igualmente importante, y a menudo el cine era el principal, si no el único, centro de entretenimiento masivo, por lo que la afluencia era enorme y muy sentida en la vida comunitaria.
🍬 El Comercio de la Calle: El "Ambiente"
Justo afuera, el ruido de los vendedores ambulantes era la banda sonora. Este era un elemento clave, y una dura competencia para el snack bar interno:

Producto

Descripción

Cancha/Pop Corn

Se vendía en bolsas de papel estraza. En la jerga popular peruana de la época, era mayormente conocida como "cancha" o "pop corn." El aroma a mantequilla (o a veces solo aceite) se mezclaba con el de la calle.

Gaseosas

Botellas heladas de Inka Kola o Coca-Cola (a menudo embotelladas en formatos grandes para compartir).

Golosinas

Caramelos, chicles (como el famoso Bazooka), y chocolates peruanos (Sublime, Triángulo), mucho más baratos que adentro.

Sánguches/Salchipapa

En muchos cines de barrio, una señora vendía sánguches de huevo o salchipapas al paso, ideales para "aguantar" la función doble.

🕒 El Cine según el Horario: Vermouth, Matinée y Día
La experiencia cambiaba drásticamente según la hora y el día:
  • Matinée (Mañana/Mediodía): Predominaban los niños y jóvenes. Eran funciones más económicas, perfectas para películas infantiles, de aventuras o acción ligera. El ambiente era ruidoso, lleno de risas y movimiento.
  • Vermouth (Tarde/Media Tarde): El horario familiar por excelencia. Era la función concurrida, pero más 'ordenada'. La gente salía de trabajar y asistía con amigos o la pareja. El hall y la sala se llenaban, y era común que hubiera una función doble (dos películas por el precio de una).
  • Noche (Tanda Noche): Más tranquila y enfocada en el público adulto, parejas y el llamado "cine arte" o los dramas/thrillers de mayor presupuesto.
🎭 Los Cines de Barrio: La Época Dorada y su Declive
Los cines de barrio fueron el corazón de la experiencia. Eran palacios con una sola sala enorme, techos altos, telones de terciopelo y balcones (mezzanine) que daban un aire de majestuosidad.
  • Existencia: Estos cines nacieron principalmente entre los años 30 y 50, y vivieron su apogeo hasta bien entrados los años 80.
  • Cine de Barrio en Lima: Es difícil nombrar un "primer" cine de barrio único, ya que muchos surgieron casi a la par. Sin embargo, los historiadores señalan que cines como el Cine Colón o el Cine Pizarro (ya desaparecidos) marcaron la pauta, seguidos por íconos como el Cine El Pacífico (Miraflores) y el Cine Perricholi (Rímac), siendo este último un gran ejemplo de cine fuera del Centro.
  • Cine de Barrio en Provincias: Cada ciudad importante tenía su ícono. En Arequipa, el Cine Municipal; en Cusco, el Cine Central; y en Trujillo, el Cine Colón o el Cine Primavera. Estos eran los centros sociales del fin de semana.


📉 El Final de una Era: La Perspectiva Histórica
Los expertos e historiadores concuerdan:
El declive de los cines de barrio y de sala única en los 80 y 90 se debió a una convergencia de factores:
  1. Factores Económicos y Políticos (Los 80): El Perú atravesó una profunda crisis económica y social (terrorismo, hiperinflación). Ir al cine se volvió un lujo, y la inseguridad afectó a las funciones nocturnas y de barrio.
  2. El Boom del Video (Los 80s): La masificación de las videocasetteras (VHS/Beta) permitió a las familias alquilar películas y verlas en casa, con mayor seguridad y comodidad, debilitando la afluencia.
  3. La Estocada Final (Los 90): El factor decisivo fue el auge de los Malls (Centros Comerciales). El nuevo modelo ofrecía múltiples salas de proyección (multicines) con mejor tecnología (sonido Dolby, asientos nuevos), aire acondicionado, seguridad y todo el entretenimiento en un solo lugar. Los cines de barrio no pudieron competir con esta modernización y comodidad.
El último cine de sala única en resistir por más tiempo en Lima fue quizás uno de los ubicados en el Centro Histórico o en el Cono Norte, aunque su desaparición como tal ocurrió paulatinamente a medida que el modelo de mall se consolidaba en los 2000.
Eran templos del séptimo arte, no solo salas. Cuando cerraron, fue como si a cada barrio le hubieran quitado su corazón de fin de semana.” – Comentario de un Historiador de la Cultura Popular Peruana.




🏛️ Cines de Lima: De Palacios a Fantasmas Urbanos
1. La Clasificación Social del Cine en los 80

En el Lima de los 80, la sala que elegías no solo dependía de la película, sino de tu bolsillo y de la zona de la ciudad.

Tipo de Cine

Características

Cines Representativos

"Pitucos" (Estreno y Lujo)

Ubicados en distritos como Miraflores, San Isidro o Lince. Tenían las butacas más cómodas, mejor proyección y eran los primeros en estrenar las superproducciones de Hollywood. El precio era el más alto.

Lido, Alcázar, Pacífico (Miraflores), Roma, San Felipe (Jesús María/Lince).

Intermedios/Clase Media

Salas grandes, céntricas o en distritos populosos. Pasaban los estrenos unas semanas después y se caracterizaban por las funciones dobles (el famoso 2x1). Mucha afluencia.

Metro, Tacna, Diamante, Bijou (Centro/Jesús María).

"Barrio"/Populares

Salas de gran capacidad en distritos como el Rímac, Breña, La Victoria, o el Centro Popular. Se caracterizaban por la función doble e incluso "función continua". La cancha y los dulces de los ambulantes mandaban.

Patty, Mariátegui, Pizarro, Idolo, El Bri-Lú (Breña).

Especializados

Salas dedicadas casi exclusivamente al llamado "cine arte" o, tristemente, al cine para adultos (la "función A").

Colina, Montecarlo, Excelsior (a veces por horario)

¡Excelente! Con los nombres de estos cines legendarios, podemos profundizar la crónica y añadir detalles mucho más específicos y curiosos. Tienes razón, el destino final de muchos de estos "palacios" es un testimonio de su historia.
Aquí tienes la ampliación de la crónica, enfocada en la nostalgia, la estratificación social de las salas y los datos que pocos conocen.



🏛️ Cines de Lima: De Palacios a Fantasmas Urbanos
1. La Clasificación Social del Cine en los 80

En el Lima de los 80, la sala que elegías no solo dependía de la película, sino de tu bolsillo y de la zona de la ciudad.

Tipo de Cine

Características

Cines Representativos

"Pitucos" (Estreno y Lujo)

Ubicados en distritos como Miraflores, San Isidro o Lince. Tenían las butacas más cómodas, mejor proyección y eran los primeros en estrenar las superproducciones de Hollywood. El precio era el más alto.

Lido, Alcázar, Pacífico (Miraflores), Roma, San Felipe (Jesús María/Lince).

Intermedios/Clase Media

Salas grandes, céntricas o en distritos populosos. Pasaban los estrenos unas semanas después y se caracterizaban por las funciones dobles (el famoso 2x1). Mucha afluencia.

Metro, Tacna, Diamante, Bijou (Centro/Jesús María).

"Barrio"/Populares

Salas de gran capacidad en distritos como el Rímac, Breña, La Victoria, o el Centro Popular. Se caracterizaban por la función doble e incluso "función continua". La cancha y los dulces de los ambulantes mandaban.

Patty, Mariátegui, Pizarro, Idolo, El Bri-Lú (Breña).

Especializados

Salas dedicadas casi exclusivamente al llamado "cine arte" o, tristemente, al cine para adultos (la "función A").

Colina, Montecarlo, Excelsior (a veces por horario)
2. Curiosidades de los Cines de Barrio (1950s - 1980s)
A. La Capacidad y el Coloso de Breña

Los cines antiguos eran enormes, diseñados para albergar multitudes antes de la era de la televisión masiva.
  • El Cine Tacna (Centro de Lima): Era uno de los más grandes. Se rumorea que fácilmente podía superar los 1,500 asientos entre platea y balcón.
  • El Cine Pizarro (Rímac) o el Cine Bijou (Centro) también manejaban cifras similares. La gente, en las funciones continuas, a menudo se sentaba en los escalones o incluso se paraba al fondo si la sala estaba "a reventar."
B. La Parafernalia del Ingreso
  1. El "Cacherazo": En el balcón (segundo piso), un acomodador te indicaba tu asiento, a menudo pidiendo una propina. Este era el ritual del "cacherazo", el cambio discreto de una moneda para que el acomodador te consiguiera un buen sitio o "guardara" tu asiento.
  2. El Telón: Antes de la película, el gran telón de terciopelo se abría lentamente con música dramática. Esto elevaba la experiencia a un evento teatral.
  3. La Proyección y el Receso: En las películas muy largas, se hacía un breve receso a mitad de la función. Esto era estratégico: daba tiempo para que la gente fuera al baño o, crucialmente, al snack bar del cine, aumentando las ventas.
C. Las Películas y la Función Continua
En los cines populares (como el Patty o el Idolo), se proyectaba la "Función Continua". Esto significaba que, con una sola entrada, podías ver la misma película (o la función doble de dos películas) repetirse. Había gente que entraba a la 1 pm y salía a las 9 pm, viendo la misma cinta dos o tres veces, especialmente en días de lluvia o vacaciones.
3. El Fin de la Era: El Último en Resistir
  • El Cine Lido (Av. Petit Thouars, Lince): Fue uno de los cines emblemáticos que resistió hasta la década de 2000 antes de ser reformado.
  • El Cine Sala Múltiple (Av. Brasil, Jesús María): Este es un caso muy particular y uno de los últimos vestigios del modelo antiguo en una zona urbana central. Durante muchos años fue conocido por tener una programación más popular y una estructura de sala única, incluso cuando ya existían los malls. Se mantuvo operativo hasta hace relativamente poco tiempo (alrededor de 6 a 8 años atrás), siendo un dinosaurio en pie. Su destino final fue el mismo que la mayoría: demolición para dar paso a un edificio de departamentos.
La Triste Metamorfosis de los Palacios
Muchos de los cines que nombraste tuvieron destinos muy variados, pero generalmente lejos del séptimo arte:
  • Templos Religiosos: Cines como el Excelsior (Centro) o el El Bri-Lú (Breña) fueron convertidos en grandes iglesias evangélicas, aprovechando la enorme capacidad de sus salas.
  • Centros Comerciales/Tiendas por Departamento: El Cine Lido (Miraflores) se convirtió en una tienda por departamentos, y el Cine Alcázar (Miraflores) fue el primero en ser remodelado y convertido en un multicine moderno, marcando la tendencia.
  • Edificios de Oficinas o Vivienda: El destino del Cine Tacna y muchos otros en el Centro fue ser demolidos o integrados en proyectos de galerías comerciales y, más recientemente, de edificios residenciales, borrando el rastro de su estructura original.
 

Tiempos de matiné, vermouth y noche​





1869


Salas como las del Cine-Teatro Colón o del Orrantia fueron templos del séptimo arte cuando no existían los multicines, el DVD ni Blu Ray y menos Netflix. Durante décadas acogieron a generaciones de espectadores que transitaron por ellas para disfrutar sus películas favoritas. No obstante, los espectáculos cinematográficos que albergaban ahora solo pueden ser imaginados. Hoy el Colón se ve deslucido, mientras que el Orrantia se ha convertido en una iglesia evangélica. He aquí un breve recuerdo, lleno de nostalgia, de sus épocas de gloria y su insospechado desenlace.​

Por: Jamilie Cubas y Almendra Sánchez​




La primera vez que Amparo Panebra vio una película en el cine, tenía nueve años. El écran gigante, oculto entre los telones, se imponía ante unos espectadores cautivados por la magia de la ficción. “Todo lo que veía me parecía impactante: la gran pantalla, la disposición del espacio, las butacas. Mi mamá, mis hermanos y yo íbamos los fines de semana, cuando había ofertas, y nos sentábamos en la parte de arriba, en mezanine, porque era más barato”, cuenta con nostalgia la auxiliar de limpieza. Han pasado casi cincuenta años de aquel momento y su recuerdo del antiguo cine Susy, de San Juan de Miraflores, se conserva nítido.

Las generaciones previas a los multicines, que aparecieron en el país en los noventa, disfrutaron los clásicos Cantando bajo la lluvia, de Gene Kelly y Stanley Donen; Operación Dragón, con Bruce Lee; o El Resplandor, protagonizada por Jack Nicholson, sin el efectismo de nuevos formatos como el 3D o XD de por medio. Cuando no existía el VHS ni el DVD, menos el Blu-ray, en una sola sala podía proyectarse la misma película por meses. “Por ejemplo, en el cine San Martín y en el Metropolitan, pasaban cintas mexicanas; en el City Hall, las hindúes”, comenta Isaac León Frías, crítico y fundador de la gran revista Hablemos de cine. Amparo particularmente prefería estas últimas. Recuerda haber visto Madre India junto a su familia en el Susy: “Como no teníamos televisión, iba a ver películas hindúes al cine con mis hermanos. Todos llorábamos”.

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MEMORIAS. El crítico de cine Isaac León Frías recuerda los años en los que una película permanecía meses en la misma sala.
***

Ir al cine era una de las actividades predilectas de muchos peruanos, como Amparo o Isaac, que crecieron en los sesenta. Pero antes que ellos, hubo otros que quedaron fascinados con la maravilla de las imágenes en movimiento: la primera proyección pública del vitascopio en Lima fue el 3 de enero de 1897, a la que asistieron el presidente Nicolás de Piérola y sus allegados.

Después, llegó el cinematógrafo al Perú y, a partir del siglo pasado, los cines empezaron a poblar la capital. Estos eran muy distintos a los actuales: mucho más grandes, glamurosos y con una arquitectura que destacaba entre las construcciones aledañas. “Por aquellos años, Lima vería aparecer nuevas edificaciones que sobresalieron en un perfil urbano relativamente homogéneo. Gracias a su desarrollo físico, aquellas salas (de cine) ganarían presencia urbana con la altura de sus fachadas y el crecimiento de su volumetría”, explica el arquitecto Víctor Mejía, en su libro Ilusiones a Oscuras.

Uno de estos casos fue el del Cine-Teatro Colón, que se inauguró en 1914 e inicialmente estuvo dedicado exclusivamente a la actividad teatral. La gran sala ubicada en los alrededores de la Plaza San Martín y al lado del Club Nacional, en el Centro de Lima, era el lugar preferido de la aristocracia capitalina que, con sus mejores galas, iba a deleitarse con las puestas en escena más comentadas de la ciudad. Así lo cuenta la edición del 24 de enero de 1914 de la revista Variedades: “Constituyó un verdadero acontecimiento social y artístico respondiendo a la réclame y a las encomiásticas referencias que de ella se tenía. La compañía de la distinguida y hermosa actriz mexicana, señora Virginia Fábregas, ha satisfecho al excelentísimo público que ha llenado desde el estreno todas las noches la elegante sala del Teatro Colón”.

Por el escenario de “la Bombonera de la Plaza San Martín”, como la llamaban los críticos, pasaron varias compañías internacionales, entre las que destacaron españolas, argentinas y peruanas. A finales de los veinte, se convirtió de forma permanente en una sala de proyección cinematográfica. Y en 1929, alcanzó mayor fama al exhibir la primera película sonora, El Capitán Calaverón.

Las primeras salas de cine, que destacaban por su ambicioso y cuidado diseño arquitectónico, se concentraron en el Centro de Lima. Ejemplo de ello es el mítico Cine Metro, también ubicado en la Plaza San Martín. Y fue a partir de 1940 que los flujos migratorios del campo a la ciudad redibujaron los límites de las locaciones de las salas. Los diarios de la época anunciaban una nueva propuesta frente a los tradicionales cines de estreno: los de barrio, aquellos que se encontraban en zonas residenciales de los distritos de clase alta, media y popular, como Leuro (Miraflores), Astor (Barrios Altos), Diana (Rímac) o Nacional (Jesús María).

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PASADO. El Teatro Colón rebosaba de vida a mediados de siglo XX. FOTO: Wikicomms/Cuncemaille
Todos estos cambios hicieron que los cines, antes relacionados con las clases acomodadas, sean más accesibles al público en general. Sin limitaciones económicas de por medio, la únicas preocupaciones eran qué película elegir o con quién ir a verla. Se propagaron tanto que para 1954 había 253 cines en todo el país, según un registro de la Unesco. Por su parte, a partir de los sesenta, el Cine-Teatro Colón dejó de ser un lugar suntuoso y elegante para convertirse en un reducto de la cinematografía erótica. El crítico de cine Isaac León Frías recuerda una vez que entró por curiosidad. Como él, muchos otros también visitaron sus salas. Hoy las gradas de su entrada reciben a toda clase de criaturas que, en medio de la noche limeña, se detienen a conversar, beber o simplemente descansar.

***

Cines de barrio, como el Orrantia, ubicado entre las avenidas Arequipa y Javier Prado, comenzaron a tener cada vez más acogida.Bastaba caminar unas cuantas cuadras desde casa para encontrarlos. Isaac, recuerda,amaba recorrer las calles de Lima en busca de nuevas películas: “Para encontrar la que quería ver, tenía que ir al cine que la proyectaba”.Y así como Amparo, visitó casi todas las salas que se encontraban abiertas durante esos años.

En estas salas, también había divisiones.“Eran de dos pisos (platea alta y baja) o tres (con mezanine o cazuela, los de barrio). Algunas tenían butacas cómodas, así como paredes labradas, un escenario grande y un telón (o cortina) cuya subida era el aviso para acomodarse”, expone Fernando Tuesta,politólogo y profesor de la PUCP, en su blog Polítika.

Estas memorias han sido plasmadas en novelas, crónicas y hasta columnas de opinión.“Esta será la segunda vez que vea El Resplandor en pantalla gigante. La primera fue en diciembre de 1982, a los seis años.Hasta hoy mi tía Tota asegura que no leyó la sinopsis cuando decidió llevarme con ella al Orrantia, desde cuya platea me vi expuesto a la sangrienta historia de la familia Torrance”, escribió hace dos años el periodista Renato Cisneros para El Comercio.

Una experiencia menos terrorífica es la que describe Eloy Jáuregui, periodista y poeta, en una columna para Correo: “Ya han asegurado cientos de cínicos que la hora ideal para el séptimo arte es como en los toros, la tercera hora p.m. Mi Ítaca en realidad quedaba en medio de ese mar Jónico lejano de mi Surquillo natal. Mi Ítaca era la cazuela del cine Orrantia, frente al primer bypass que se construyó en Lima”.

Estas salas que marcaron a generaciones enteras terminaron siendo olvidadas en medio del caos y la violencia política. Salir de casa ya no era seguro. Ir al cine dejó de ser una opción. “Su deterioro comenzó en los setenta. La falta de mantenimiento y el clima de inseguridad cada vez mayor hicieron que las viejas salas fueran decayendo. Luego, en los ochenta, los atentados y sus bombas terminaron por traerlas abajo. En esa época, los VHS compensaron”, explica León Frías.

Amparo también dejó de visitar los cines. La posibilidad de un apagón y los peligros que implicaba la angustiaban. Mucho más tarde, se enteraría de que en muchos de ellos se proyectaban películas pornográficas y que otros incluso funcionaban como prostíbulos. E, ironía del azar, algunos se convirtieron en iglesias evangélicas. Los cines que alguna vez amó ahora solo habitan en su memoria.
























Crónica: Una noche en el Cine Tacna, febrero de 1978

El Cine Tacna no era un cine cualquiera. No lo fue nunca.
Estaba ahí desde antes que yo tuviera hijos, plantado como un edificio serio, algo gastado, pero respetado, en una Lima que todavía caminaba más de lo que corría.

Ese jueves 23 de febrero de 1978 salimos temprano de casa. Yo, mi esposa y mi hijo mayor, que no llegaba a los diez años. No era una salida improvisada: Star Wars se comentaba desde hacía semanas. En la radio decían que era una película distinta, con naves, planetas, espadas de luz. Nadie entendía bien de qué iba, y eso mismo la hacía irresistible.

Tomamos un micro rumbo al Centro. Eran micros grandes, de metal, pintados con colores desvaídos, con el cobrador colgado de la puerta gritando el recorrido. No había tanto taxi como ahora. Los pocos que circulaban eran caros para una familia como la nuestra, así que el micro era lo normal. Pasaban por la avenida Tacna levantando polvo y ruido, pero no era una ciudad hostil: era ruidosa, sí, pero todavía caminable.

Al bajar, el Cine Tacna se imponía.
No era moderno ni elegante como los cines de Miraflores, pero tenía prestigio popular. Allí se habían estrenado películas grandes, westerns, bélicas, épicas, cintas que uno comentaba durante semanas en la oficina o en el barrio. El Tacna era el cine donde “pasaban cosas importantes”.

Por fuera, el cartel anunciaba STAR WARS con letras grandes. No había pantallas LED ni trailers en loop. Era un cartel físico, pintado, algo torcido por los años. Pero bastaba.

La cola daba la vuelta a la esquina. Familias enteras, muchachos, parejas jóvenes. La gente conversaba. Nadie estaba mirando un teléfono porque no existía nada que mirar. Uno hablaba con el de adelante, con el de atrás. Un señor comentaba que había leído en una revista extranjera que la película había sido un éxito en Estados Unidos. Otro decía que era para niños. Nadie sabía realmente.

La entrada costaba S/. 80.00 Soles de Oro por persona.
Yo llevaba el dinero contado. Para los tres, ya era un gasto serio, pero asumido. Ir al cine no era algo que se hiciera todas las semanas. Por eso se respetaba.

Al entrar, el olor era inconfundible: mezcla de cancha recién hecha, gaseosa tibia y el perfume viejo de las butacas. El vestíbulo no era lujoso, pero estaba vivo. El boletero cortaba las entradas con cuidado. Los acomodadores —con linterna en mano— todavía existían y cumplían su trabajo con una seriedad casi teatral.

Antes de entrar a la sala, compramos algo para compartir:

  • Cancha
  • Gaseosa
  • Un chocolate
Todo sumó cerca de S/. 60.00 Soles de Oro.
El gasto total de la noche se iba a S/. 140.00, y yo lo sabía. Pensé, no sin cálculo, que eso era alrededor del 1.5% del sueldo mínimo mensual, que rondaba los S/. 9,000.00. No era barato. Pero valía la pena.

La sala era grande. Techo alto. Butacas de madera y tapiz gastado. No todas estaban parejas. Algunas crujían al sentarse. Pero cuando se apagaron las luces, todo eso dejó de importar.

Mi hijo no había visto nunca algo así.

Cuando apareció la primera nave cruzando la pantalla, sentí algo raro: silencio absoluto. Nadie hablaba. Nadie se movía. No era una película más. Se notaba. Yo miraba la pantalla, pero también lo miraba a él. Tenía los ojos abiertos como platos. Esa expresión —la de ver algo por primera vez— no se olvida nunca.

Afuera, Lima seguía siendo Lima.
Calles algo sucias, sí. Ruido. Micros. Pero no la sensación de inseguridad constante de hoy. Se podía caminar después de la función. La gente salía comentando la película en voz alta, discutiendo escenas, riéndose, inventando teorías sin saber que esa historia iba a durar décadas.

Al salir del Cine Tacna, la noche estaba tibia.
Mi hijo no hablaba de otra cosa. Yo pensaba, sin decirlo, que esa noche no había comprado solo una entrada al cine. Había comprado un recuerdo.


Por qué hoy, en 2026, esto se recuerda con tanta nostalgia

Porque ir al cine no era solo ver una película.
Era el trayecto, la cola, la conversación con desconocidos, el cálculo del gasto, el respeto por el lugar. Los cines de barrio —como el Tacna— eran espacios sociales. Se compartía silencio, asombro, risa.

Hoy todo es inmediato. Pantallas perfectas, sonido impecable, pero experiencias solitarias. En cambio, entre los años 70 y el 2000, el cine era un ritual urbano. Por eso se cuenta como anécdota. Porque fue vivido, no consumido.

Y porque, aunque hayan pasado más de cuarenta años, todavía hay noches —como esa de febrero de 1978— que no se apagan nunca.
 

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