Amores de verano vs amores de invierno y como ayudaba la música

grindo doido

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A mis 49 años me volví mas renegón pero también mas nostálgico y en ese recordar me vienen varios amores ( a veces platónicos y muchos otros reales sin ficción) de verano, los de invierno no calaron tanto.

En ese transitar me dijo una dama de aquella aventura: " No es exclusivo de ustedes los varones, pero parece que así como a ti, a muchos les coge ese sentimentalismo puro". Y tiene razón.

Una historia que caló duro fue a mis 13 años y ella 15, tanto en Lima como en Piura. En los 80s entre bombas ( cualquier modalidad), crisis social, política, económica pero menos mal que los sueños, metas y ganas de superar, conocer chicas siempre estuvieron.

Tal vez la timidez aunque parezca contrario, me ayudó a que algunas se acerquen.

En ese verano en Piura, iba recorriendo calles con un primo y en medio de tanto calor, una heladera se acerca, nos vende, siempre coqueta, siempre encarando, era joven pero mayor que nosotros, 15 o 16 años quizás.

Al día siguiente la volvimos a ver y a consumir. Esta vez le invitamos. Aparcó su triciclo. Nos sentamos en una plaza y el sol hizo su tarea. Nos invitó a un cumpleaños. Era casi de matiné, estaba diferente, cabello suelto, bien perfumada, piernas largas que por fin le vimos ( en su trabajo, buzo, cabello amarrado). Ya pintaba lindo. Fuimos a bailar, me sacaba a cada rato, mi primo hacía mal tercio y sobre la despedida un gran beso de ella hacia mí, me sorprendió.........


Para mí, cada atardecer a su lado era especial. Al final de su trabajo, nos íbamos a la playa, solo a transitar y besarnos. Sostenía su mano mientras caminábamos por la orilla, sintiendo la extraña calidez y el nerviosismo de mis primeros sentimientos. Ella, un poco mayor, me miraba con una mezcla de cariño. Sabía que para mí era importante.

Al día siguiente no estaba donde siempre la encontraba, me desesperé, pregunté por la zona y solo un señor mayor, me dijo que no era de allí. Su madre vino y se fueron sin rumbo. El verano se había esfumado con la misma rapidez que la marea borraba nuestros castillos de arena. El recuerdo de ese primer verano se grabó en mi memoria y hoy es historia...........

En la Piura de 1992 el verano se sentía en la piel y olía a mango maduro y algarrobina. Yo, un chibolo de dieciséis años sin labia, sin plata en el bolsillo, no pensaba en nada y siempre de alguna manera, lograba algún ligue, una breve historia y muchos besos con las féminas.

Mi objetivo de ese verano era conseguir un baile con la chica más popular de la fiesta, una inalcanzable. Se venía una fiesta tradicional de los dos bandos emblemas de la ciudad ( Rojo y Verde), el evento social del año. Todos irían al Club Grau a mover el esqueleto al ritmo de Néctar y Los Titanes.

Conseguí un terno blanco de mi tío, dos tallas más grande, y me eché media botella de colonia Old Spice. Me sentía Gardel. Llegué a la fiesta y la vi, rodeada de sus amigos. Su padre, un señor con cara de pocos amigos al que llamaban Don Pepe, la vigilaba de cerca.

Me acerqué, con la confianza del que no sabe el roche que le espera. Iba a invitarla a bailar, pero antes de que pudiera decir palabra, Don Pepe me interceptó. "Oye, mocoso, ¿a dónde crees que vas con esas pintas?". Me quedé helado. No sabía qué responder. Las piernas no me respondían, el señor venía con fuerza, no se como alguien puso su brazo y anticipó el golpe del celoso progenitor.

Me alejé de ella y de todos, salí con la cabeza agacha, las manos en los bolsillos. Con mucho temor, dudas y tristeza, iba lento camino a casa, cuando de pronto me tocan la espalda.

Era ella, si, la musa de mis sueños de verano. Me dijo que su padre se fue, que podíamos volver a la fiesta. Le hice caso,

De repente, la música cambió a una cumbia movida. Yo no sabía que hacer, mis dos pies izquierdos eran de concreto, ella tan gentil, me dijo, yo te guío, y de pronto nos quedamos quietos. Me miro con ternura ( era la primera en hacerlo).

Quise besarla pero me quedé, quise decir, estoy enamorado, pero me quedé. No fue el momento, ni el lugar, le acompañé a su casa, a la puerta, me agradeció y me besó, fue largo o eso creí. Y de pronto ella iba tocando, bajando, agarró abajo. Di un brinco, nunca me había pasado, me dijo que tienes en medio de una risa, alguien la llamó desde adentro de su casa y se acabó todo.

Una semana después nos vimos en una discoteca local, yo ya me había olvidado de ella pero ella no de mí. Me pasó la voz, me invitó chela, se quedó toda la noche conmigo y de regreso ya no solo fueron besos. La maestra tenía paciencia...........




¿Ustedes han tenido mas amores de verano que invierno, les da igual, algo especial. Esos amores de un solo momento, de un romance que es todo y nada, vale la pena vivirlos, sin ataduras y solo aprovechar el instante???.
 

💃​


(Lima-Piura, años 90)


☀️ I. Los veranos no duraban, pero ardían​


Los veranos en los 90 olían a coco, a bloqueador Nivea y a cerveza helada en botellas de vidrio. En Piura, el calor era una orden divina: nadie discutía con el sol. Las chicas iban al Yacila o Colán, con blusas amarradas al ombligo y faldas que el viento convertía en escándalo. Los chicos, con el cabello lleno de gel y los casetes de Los Destellos o el Grupo 5 sonando en radiograbadoras que nunca morían.

Pobreza, humildad y poca maldad. La malicia iría encontrándonos, mientras mi ternura y su audacia iba salpimentando la atmósfera.


Los amores de verano eran como los mangos maduros: dulces, pero se pudrían rápido.
—“Nos vemos en diciembre, pues, si el calor nos vuelve a juntar”— decía ella, mientras el mar les lamía los pies.
Él nunca sabía si volvería a verla. Pero bastaba el beso salado de esa tarde, el baile apretado en el club Grau, y el rumor de una canción de Gian Marco o Pedro Suárez-Vértiz sonando al fondo.

Cuando veía a esas chicas de aquellas épocas, todas en sandalias, otras descalzas entre las piedras pequeñas, mucha arena, pocas veredas y pistas endebles. Me daba un respiro. Un adiós a la soledad y penurias de mi vida en la capital.
El camino era largo para visitar a mi familia, y una sonrisa femenina siempre me alegraba el trayecto.

🌧️ II. Los inviernos eran más fieles, pero más tristes​


En Lima, en cambio, el amor de invierno era otra cosa. Era de paraguas compartido, de manos frías buscando calor en la micro, de citas en Barranco o Lince, con bufandas prestadas y promesas que duraban más que los días soleados.
Allí no había playa ni mango, pero sí miradas largas y silencios que decían demasiado.


En los noventa, los besos sabían a cigarro y café instantáneo. Los bailes eran lentos, en discotecas pequeñas donde sonaban baladas de Eros Ramazzotti, Fey o Christian Meier.
El amor de invierno se vivía sin prisa: se escribían cartas, se esperaban llamadas del teléfono fijo y se temblaba no por frío, sino por nervios.


💌 III. Entre Piura y Lima​


Hubo un tiempo en que los trenes no unían las ciudades, pero el corazón sí. Muchos viajaban al norte buscando el calor que Lima les negaba. Otros bajaban al sur huyendo del sol que les quemaba el alma.
Y en ese ir y venir nacían los amores imposibles, los romances que duraban una estación o una canción.


Ella —piurana, morena, de risa fuerte— llegaba a Lima para estudiar.
Él —limeño, tímido, lector de Vargas Llosa y soñador— la conoció en una fiesta universitaria en 1995, donde sonaba “Ven devórame otra vez”.
Entre risas y cumbia, se enseñaron los secretos del verano y del invierno:
—En Piura se ama rápido— dijo ella.
—En Lima se ama lento— respondió él.


Y se amaron justo a media temperatura, entre el calor de su piel y la garúa que empañaba los vidrios del micro.

Siempre alguien espera por llevarla. Hasta la picardía y fantasia era mas sutil. Sea en esteras, concreto, ya de madrugada cuando no molestaba nadie. Alguna parejita osada se iba a reunir y con final feliz.

🎶 IV. La primera vez​


Curiosamente con esa chica del verano donde siempre hubo juegos inocentes y cansados de tantos besos. Nuestra primera vez fue en Lima. Era todo una rareza, mucha desconfianza de mi parte.

Estaba a punto de ser despedido pero ya con meses de anticipación me lo habían asegurado, salíamos de la pandemia y de pronto, una llamada. Si, era ella, lo primero dije es broma, como sabes de mi, como tienes mi número. Para que veas, me dijo:" El primer amor nunca se olvida", ni primero ni recuerdo, pero le seguí el juego.

Durante una semana fuimos fotito calentona, ya la había desnuda y se veía bien, ella también a mi.

Vino a verme a mi casa, estaba sobria con un vestido negro, bien tarrajeada de labios y esa lengua que de frente me saludo sin esfuerzo.

Te extrañé y no quería morir sin esto, se pegó a mi, se aferró a mi miembro, se desnudó y estaba empapada, en cada penetrada parecía morirse. Solo jadeaba y pedía fuerte. Fueron muchas embestidas, era linda, era buena, lo sabía hacer pero mi enfermedad pedía una puta al revés y al derecho y ella en esos menesteres ni principiante era. Le faltaba ser mas osada, creo que me quedé con esa imagen de jóvenes donde ella proponía y yo en mi total ignorancia, una enormidad de dudas afloraran y ahora era ella quien quedaba exhausta y yo sin decirlo, quería mas.


🌙 V. Cuando todo era más simple (y más intenso)​


Los 90 fueron una época sin filtros, sin redes, sin poses. Los amores eran más lentos, más reales y más peligrosos. Nadie borraba mensajes porque los escribía a mano. Nadie fingía emociones porque todo se sentía en persona.
Y aunque muchos de esos amores se perdieron con los años, todavía, cuando suena una balada de Laura Pausini o un huayno de Antología en una radio vieja, alguien en Lima o Piura recuerda un beso de verano… o una promesa de invierno.




🕺💃
El verano enciende, el invierno enseña.
Los primeros se viven con el cuerpo; los segundos, con el alma.
Pero ambos, en los 90, se amaban sin miedo… y sin WiFi. 📻❤️
Y ella se dio cuenta en esa única noche de sexo que no era para mi, ni siquiera yo para ella.

Fue una aventura de dos tiempos, el primero donde mi ingenuidad la enamoró y ahora su torpeza madura me hizo alejarla.
Viví el momento y me comporté como un ser egoísta que busca mas............

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