Hola, soy la Miss Marie

Miss Marie

Recluta
Mensajes
4
Puntos de reacción
105
Puntos
5
Registrado
15 Jul 2025
13%
Registrado
15 Jul 2025
Mensajes
4
Puntos de reacción
105
Puntos
5
‎7 Months of Service‎
Hola a todos, soy Marie.

Tengo 62 años, una biblioteca interna vasta… y una piel que todavía responde al roce de una mirada. Durante casi cuatro décadas me dediqué a enseñar literatura: desde adolescentes inquietos hasta adultos en busca de sentido. Siempre con pasión, con respeto por la palabra, y con esa llama interior que a veces se nota… y otras, se disimula.

Estoy divorciada desde los 30. Fue una ruptura que dolió, sí, pero también me abrió un mundo nuevo: el de mi propio deseo. Crié sola a mis dos hijos —un hombre de 35, una mujer de 33— con todo lo que soy: amor, firmeza, ternura y fe. Ellos crecieron, hicieron su vida… y yo, en silencio, viví la mía.

Durante años he leído aquí, entre líneas compartidas por desconocidos, historias que me encendieron, que me hicieron sonreír en la penumbra, que me recordaron que no estoy sola en este deseo maduro. Disfruté cada relato. Y ahora, quiero comenzar a compartir los míos.

Soy de provincia. Nadie que me conoce en persona —compañeros, exalumnos, incluso familia— imaginaría las historias que guardo. Me ven como una mujer correcta, profesional, dulce, incluso religiosa. Y lo soy. Pero también soy otra cosa… una mujer que ha vivido treinta años de pasión intensa, libre, muchas veces secreta, junto a hombres muy distintos entre sí. Amantes casuales, encuentros imprevistos, besos que dejaron cicatrices dulces en la memoria.

No sé aún cómo deshilvanar cada historia. Hay algo de vergüenza que persiste, una timidez que aún me sonroja. Pero también hay algo que ya no quiero contener. Porque callar tanto durante tanto tiempo también cansa. Y excita.

Estoy aquí. Dispuesta a contar, a recordar, a dejar que la piel hable entre líneas.
Estoy abierta a preguntas, curiosidades, confesiones.
Tal vez así, poco a poco, vaya perdiendo esta vergüenza natural…

No prometo pudor, pero sí verdad.

—Marie
 
Muy atrapante tu relato, muy interesante, despierta mi curiosidad y me dan ganas de conocerte, soy nuevo en este foro la verdad no tengo ningun tipo de experiencia pero me gusta los relatos puedes continuar por favor
 
Hola a todos, soy Marie.

Tengo 62 años, una biblioteca interna vasta… y una piel que todavía responde al roce de una mirada. Durante casi cuatro décadas me dediqué a enseñar literatura: desde adolescentes inquietos hasta adultos en busca de sentido. Siempre con pasión, con respeto por la palabra, y con esa llama interior que a veces se nota… y otras, se disimula.

Estoy divorciada desde los 30. Fue una ruptura que dolió, sí, pero también me abrió un mundo nuevo: el de mi propio deseo. Crié sola a mis dos hijos —un hombre de 35, una mujer de 33— con todo lo que soy: amor, firmeza, ternura y fe. Ellos crecieron, hicieron su vida… y yo, en silencio, viví la mía.

Durante años he leído aquí, entre líneas compartidas por desconocidos, historias que me encendieron, que me hicieron sonreír en la penumbra, que me recordaron que no estoy sola en este deseo maduro. Disfruté cada relato. Y ahora, quiero comenzar a compartir los míos.

Soy de provincia. Nadie que me conoce en persona —compañeros, exalumnos, incluso familia— imaginaría las historias que guardo. Me ven como una mujer correcta, profesional, dulce, incluso religiosa. Y lo soy. Pero también soy otra cosa… una mujer que ha vivido treinta años de pasión intensa, libre, muchas veces secreta, junto a hombres muy distintos entre sí. Amantes casuales, encuentros imprevistos, besos que dejaron cicatrices dulces en la memoria.

No sé aún cómo deshilvanar cada historia. Hay algo de vergüenza que persiste, una timidez que aún me sonroja. Pero también hay algo que ya no quiero contener. Porque callar tanto durante tanto tiempo también cansa. Y excita.

Estoy aquí. Dispuesta a contar, a recordar, a dejar que la piel hable entre líneas.
Estoy abierta a preguntas, curiosidades, confesiones.
Tal vez así, poco a poco, vaya perdiendo esta vergüenza natural…

No prometo pudor, pero sí verdad.

—Marie
Hola interesante tu mensaje y es verdad muchas veces x diferentes motivos no expresamos lo q realmente queremos y somos pero si tu deseas desearía escuchar tus más íntimos secretos como un cura q escucha tus confesiones
 
Buenas noches Miss Marie, bienvenida a este foro, donde encontraras una gran cantidad de lectores que seremos admiradores de tus relatos que compartiras ... saludos
 
Bienvenida, siempre es interesante leer una historia desde la perspectiva de una mujer, estaré atento a sus publicaciones.
 
Hola, empieza a dibujar tus historias en este lienzo virgen, que esperan con ansias cada relato tuyo
 
foto??? tambien eres un pillin??
 
Bienvenida al foro Miss Marie, que agradable leer este inicio que promete, por su buena redacción y sus ganas de contar sus relatos más intimos. Ya poco a poco perdera la verguenza, suerte con ello.
 
Bienvenida Miss Marie… esperamos losrelatos de ud, una dama experimentada que debe guardar muchas vivencias. Anímese, acá la alentamos a perder la verguenza y contar sus historias.
 
Siga contando
 
Hola a todos, soy Marie.

Tengo 62 años, una biblioteca interna vasta… y una piel que todavía responde al roce de una mirada. Durante casi cuatro décadas me dediqué a enseñar literatura: desde adolescentes inquietos hasta adultos en busca de sentido. Siempre con pasión, con respeto por la palabra, y con esa llama interior que a veces se nota… y otras, se disimula.

Estoy divorciada desde los 30. Fue una ruptura que dolió, sí, pero también me abrió un mundo nuevo: el de mi propio deseo. Crié sola a mis dos hijos —un hombre de 35, una mujer de 33— con todo lo que soy: amor, firmeza, ternura y fe. Ellos crecieron, hicieron su vida… y yo, en silencio, viví la mía.

Durante años he leído aquí, entre líneas compartidas por desconocidos, historias que me encendieron, que me hicieron sonreír en la penumbra, que me recordaron que no estoy sola en este deseo maduro. Disfruté cada relato. Y ahora, quiero comenzar a compartir los míos.

Soy de provincia. Nadie que me conoce en persona —compañeros, exalumnos, incluso familia— imaginaría las historias que guardo. Me ven como una mujer correcta, profesional, dulce, incluso religiosa. Y lo soy. Pero también soy otra cosa… una mujer que ha vivido treinta años de pasión intensa, libre, muchas veces secreta, junto a hombres muy distintos entre sí. Amantes casuales, encuentros imprevistos, besos que dejaron cicatrices dulces en la memoria.

No sé aún cómo deshilvanar cada historia. Hay algo de vergüenza que persiste, una timidez que aún me sonroja. Pero también hay algo que ya no quiero contener. Porque callar tanto durante tanto tiempo también cansa. Y excita.

Estoy aquí. Dispuesta a contar, a recordar, a dejar que la piel hable entre líneas.
Estoy abierta a preguntas, curiosidades, confesiones.
Tal vez así, poco a poco, vaya perdiendo esta vergüenza natural…

No prometo pudor, pero sí verdad.

—Marie
Cuanto placer hay en una redacción tan perfecta. Con las pausas correctas y palabras precisas.

Será gratificante leer cada una de sus historias, que prometen hacernos conocer que detrás de una mujer a la que cualquiera que la conoce puede llegar a ver como muy seria, y hasta cucufata. Lleva consigo historias inimaginables capaz de encender a cualquiera.

Espero con ansias sus relatos.
 
Muy buenas tardes @Miss Marie , gracias por dar el primer paso para intentar contar historias en este foro para toda la cofradía. También en años de lectura que tengo de este foro recomendarte una vez que empieces a escribir tus historias o anécdotas, tengas paciencia con los comentarios que de seguro encontrarás.

Una de mis preguntas sería, como fue que descubriste que eras un volcán a punto de explotar?
 
Hola a todos, soy Marie.

Tengo 62 años, una biblioteca interna vasta… y una piel que todavía responde al roce de una mirada. Durante casi cuatro décadas me dediqué a enseñar literatura: desde adolescentes inquietos hasta adultos en busca de sentido. Siempre con pasión, con respeto por la palabra, y con esa llama interior que a veces se nota… y otras, se disimula.

Estoy divorciada desde los 30. Fue una ruptura que dolió, sí, pero también me abrió un mundo nuevo: el de mi propio deseo. Crié sola a mis dos hijos —un hombre de 35, una mujer de 33— con todo lo que soy: amor, firmeza, ternura y fe. Ellos crecieron, hicieron su vida… y yo, en silencio, viví la mía.

Durante años he leído aquí, entre líneas compartidas por desconocidos, historias que me encendieron, que me hicieron sonreír en la penumbra, que me recordaron que no estoy sola en este deseo maduro. Disfruté cada relato. Y ahora, quiero comenzar a compartir los míos.

Soy de provincia. Nadie que me conoce en persona —compañeros, exalumnos, incluso familia— imaginaría las historias que guardo. Me ven como una mujer correcta, profesional, dulce, incluso religiosa. Y lo soy. Pero también soy otra cosa… una mujer que ha vivido treinta años de pasión intensa, libre, muchas veces secreta, junto a hombres muy distintos entre sí. Amantes casuales, encuentros imprevistos, besos que dejaron cicatrices dulces en la memoria.

No sé aún cómo deshilvanar cada historia. Hay algo de vergüenza que persiste, una timidez que aún me sonroja. Pero también hay algo que ya no quiero contener. Porque callar tanto durante tanto tiempo también cansa. Y excita.

Estoy aquí. Dispuesta a contar, a recordar, a dejar que la piel hable entre líneas.
Estoy abierta a preguntas, curiosidades, confesiones.
Tal vez así, poco a poco, vaya perdiendo esta vergüenza natural…

No prometo pudor, pero sí verdad.

—Marie
Hola Miss,

Vamos con alguna pregunta:

Tuviste sexo con algún padre de familia de tus alumnos?

Sexo con algún alumno? Alumna? En grupo?

Empecemos x algunos datos libres.
 
Bienvenida! Recuerdas algún relato de este foro (u otro) que te haya impactado ?
 
Hola Marie , espero que pronto pueda leer todo lo que nos deseas contar , espero con ansias cada relato tuyo ..
un gran saludo y bienvenida al foro.
 
Hola a todos, soy Marie.

Tengo 62 años, una biblioteca interna vasta… y una piel que todavía responde al roce de una mirada. Durante casi cuatro décadas me dediqué a enseñar literatura: desde adolescentes inquietos hasta adultos en busca de sentido. Siempre con pasión, con respeto por la palabra, y con esa llama interior que a veces se nota… y otras, se disimula.

Estoy divorciada desde los 30. Fue una ruptura que dolió, sí, pero también me abrió un mundo nuevo: el de mi propio deseo. Crié sola a mis dos hijos —un hombre de 35, una mujer de 33— con todo lo que soy: amor, firmeza, ternura y fe. Ellos crecieron, hicieron su vida… y yo, en silencio, viví la mía.

Durante años he leído aquí, entre líneas compartidas por desconocidos, historias que me encendieron, que me hicieron sonreír en la penumbra, que me recordaron que no estoy sola en este deseo maduro. Disfruté cada relato. Y ahora, quiero comenzar a compartir los míos.

Soy de provincia. Nadie que me conoce en persona —compañeros, exalumnos, incluso familia— imaginaría las historias que guardo. Me ven como una mujer correcta, profesional, dulce, incluso religiosa. Y lo soy. Pero también soy otra cosa… una mujer que ha vivido treinta años de pasión intensa, libre, muchas veces secreta, junto a hombres muy distintos entre sí. Amantes casuales, encuentros imprevistos, besos que dejaron cicatrices dulces en la memoria.

No sé aún cómo deshilvanar cada historia. Hay algo de vergüenza que persiste, una timidez que aún me sonroja. Pero también hay algo que ya no quiero contener. Porque callar tanto durante tanto tiempo también cansa. Y excita.

Estoy aquí. Dispuesta a contar, a recordar, a dejar que la piel hable entre líneas.
Estoy abierta a preguntas, curiosidades, confesiones.
Tal vez así, poco a poco, vaya perdiendo esta vergüenza natural…

No prometo pudor, pero sí verdad.

—Marie
Hola miss, sería un enorme placer conocerte. Escríbeme por favor, gracias
 
Hola! Me encantaría poder conocerte
 
Hola a todos, soy Marie.

Tengo 62 años, una biblioteca interna vasta… y una piel que todavía responde al roce de una mirada. Durante casi cuatro décadas me dediqué a enseñar literatura: desde adolescentes inquietos hasta adultos en busca de sentido. Siempre con pasión, con respeto por la palabra, y con esa llama interior que a veces se nota… y otras, se disimula.

Estoy divorciada desde los 30. Fue una ruptura que dolió, sí, pero también me abrió un mundo nuevo: el de mi propio deseo. Crié sola a mis dos hijos —un hombre de 35, una mujer de 33— con todo lo que soy: amor, firmeza, ternura y fe. Ellos crecieron, hicieron su vida… y yo, en silencio, viví la mía.

Durante años he leído aquí, entre líneas compartidas por desconocidos, historias que me encendieron, que me hicieron sonreír en la penumbra, que me recordaron que no estoy sola en este deseo maduro. Disfruté cada relato. Y ahora, quiero comenzar a compartir los míos.

Soy de provincia. Nadie que me conoce en persona —compañeros, exalumnos, incluso familia— imaginaría las historias que guardo. Me ven como una mujer correcta, profesional, dulce, incluso religiosa. Y lo soy. Pero también soy otra cosa… una mujer que ha vivido treinta años de pasión intensa, libre, muchas veces secreta, junto a hombres muy distintos entre sí. Amantes casuales, encuentros imprevistos, besos que dejaron cicatrices dulces en la memoria.

No sé aún cómo deshilvanar cada historia. Hay algo de vergüenza que persiste, una timidez que aún me sonroja. Pero también hay algo que ya no quiero contener. Porque callar tanto durante tanto tiempo también cansa. Y excita.

Estoy aquí. Dispuesta a contar, a recordar, a dejar que la piel hable entre líneas.
Estoy abierta a preguntas, curiosidades, confesiones.
Tal vez así, poco a poco, vaya perdiendo esta vergüenza natural…

No prometo pudor, pero sí verdad.

—Marie
Bienvenida, a la espera de tus relatos
 
¡Wow! Me he sentido gratamente sorprendida por sus mensajes de bienvenida. No imaginan cuánto me han emocionado… y cuánto han encendido mis ganas de comenzar.
Tuve una experiencia previa compartiendo en otra comunidad, pero jamás recibí respuesta. Esta vez, por cuestiones de trabajo, no había podido leerlos a tiempo… y ahora que lo hice, siento que encontré el lugar justo.
En unos días comenzaré a compartir mis relatos. Intentaré seguir un orden más o menos lineal, pero algunas historias surgirán desde distintos momentos de mi vida. Prometo dar siempre el contexto necesario para que podamos viajar juntos por esos recuerdos… dulces, ardientes, y a veces, un poco tristes también.
Gracias por estar. Gracias por leerme ya, incluso antes de escribir.
Nos vemos muy pronto.
—Marie
 
Tenía veinte años. Era delgada —como lo sigo siendo—, con una figura que siempre se ha mantenido entre los 51 y 54 kilos. Mido 1.61. De tez clara, ojos también claros y cabello castaño que siempre he llevado corto, estilo "peluquita", porque así me gusta: práctico, femenino, elegante. Mi piel es suave, casi sin vello; soy lampiña por naturaleza, algo que con los años aprendí a cuidar con discreción. Siempre mantengo mis vellos púbicos recortados, dejando solo una fina línea sobre el monte de Venus, castaña, clara, como mi cabello. No por coquetería ajena, sino por una especie de intimidad con mi propio cuerpo, con mi deseo.
Desde joven me gustaba pintarme las uñas de las manos y los pies, y hasta hoy lo hago yo misma. Es un pequeño acto de mimo. El color que mejor me queda es el rojo, sin duda, y con el tiempo aprendí a sacarle provecho. Aún prefiero los vestidos largos, entallados a mi figura, que caminan conmigo y se combinan con tacos altos —algunos abiertos, para que se vean mis pies bien cuidados, porque siempre he creído que el erotismo empieza en los detalles.
Nací y crecí en Chiclayo. Mi madre, sin embargo, era de Celendín, y mi padre, chiclayano de toda la vida. Éramos tres hermanas. Una ya partió, y su ausencia aún se siente como un eco suave. La otra, soltera hasta hoy, vive en calma. Yo quedé en el medio, como tantas veces en mi vida: entre el deber y el deseo, entre lo que se espera de una mujer y lo que una mujer realmente quiere.
Me formé en un Instituto de Educación de Chiclayo, una institución que ya no existe, pero que entonces representaba mi puerta al mundo. Salí de allí joven, con hambre de enseñar, y empecé como auxiliar en una escuela primaria. Era un trabajo modesto, pero digno.
Desde siempre, incluso sin proponérmelo, había despertado ciertas miradas. Recibía piropos en la calle, algunos tímidos, otros descarados, y más de una vez frases abiertamente subidas de tono que, en ese momento, me parecían sucias, como si mancharan algo. Recuerdo claramente una tarde, llevaba un vestido liviano, de tela tan fina que mis pequeños senos se marcaban levemente, caminaba rumbo a mi casa desde la escuela cuando un taxi pasó en sentido contrario y el conductor, asomado por la ventana, me gritó sin disimulo: "¡Tienes tetitas tiernas!". Lo sentí como una bofetada. Me invadió una mezcla difícil de nombrar: repulsión, asco, vergüenza… pero también un estremecimiento confuso, como si mi cuerpo reaccionara por su cuenta. Cerré los brazos sobre el pecho, seguí caminando sin voltear, pero no pude dejar de sentir una humedad sorda entre las piernas. Era algo que no comprendía del todo. No quería sentirlo. Y, sin embargo, estaba ahí. También empecé a notar otras cosas. Miradas detenidas en mis pies blancos, con las uñas rojas recién pintadas. Las veía de reojo: hombres que se quedaban demasiado tiempo en el empeine que asomaba entre las tiras de mis sandalias, en el leve movimiento de mis dedos al cruzar las piernas. Esas atenciones me inquietaban. No podía decir que me gustaban, pero tampoco podía ignorar lo que me provocaban. Era algo nuevo, extraño, silencioso.
Fue en medio de ese despertar difuso y contradictorio que lo conocí. Un día cualquiera, mientras cobraba mi cheque en el banco. Él era el cajero. Alto, blanco, con un bigote grueso que al principio me pareció cómico. No fue amor a primera vista, ni mucho menos. Pero me miraba distinto. Me hablaba lento, pausado, como si me leyera. Y yo, sin saberlo, ya lo estaba esperando. Ese hombre sería, más adelante, mi esposo. Después de casi dos años de enamoramiento y noviazgo, nos casamos.
Él me llevaba diez años, era un hombre hecho y derecho, con una seguridad que entonces confundí con madurez emocional. Tuvimos dos hijos: un varón y una niña, que hoy ya son adultos con vidas propias. Nuestro matrimonio duró poco menos de diez años. Durante ese tiempo compartimos lo que parecía una vida estable: casa, hijos, trabajo, domingos en familia, silencios que se fueron haciendo más largos.
En mis treintas, él me dejó, con un niño de 3 años y una bebé de año y meses. Se fue con una mujer más joven. No sé si más bella, pero sí más nueva. La herida no fue solo del ego, sino del alma. Algo dentro de mí se rompió.
Y por eso, por mi salud emocional y por mis hijos, dejé Chiclayo. Migramos. Cambié de ciudad. Prefiero no decir a dónde, porque parte de mí aún se protege. Fue un movimiento necesario, casi de supervivencia emocional. Allí crié a mis hijos sola. Allí me reconstruí.
Y hoy, cuando miro atrás, puedo decir algo con claridad: si él no me hubiera dejado, quizá nunca habría vivido lo que viví después. No habría amado como amé, ni probado otros cuerpos, ni sentido otras bocas, ni escrito —en secreto— tantas páginas sobre mi piel.
Él fue el primer hombre. Pero no fue el último. Ni, quizá, el más importante.

—Marie
 

Users who are viewing this thread

Atrás
Arriba