fabrixio
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Mundo Cruel:
He decidido irme porque no sirvo para nada. Lo único que sé hacer es escribir poesía en un block Justus tipo quinto de primaria, en donde, si bien los versos cobran algo de música y engañan por su aparente sugerencia, sé que el día que yo deje de escribirlos todo será igual (y hasta mejor).
Me voy porque estoy aburrido. Porque ya lo experimenté todo y estuve en todos lados, y con nada me he quedado. Un gemido que no suena entre la bulla de la ciudad: trabajo sin convicción, viajes sin convicción, borracheras sin convicción, polvos sin convicción.
Me voy porque mi vida ha sido estúpida (27 años), y, como mis grandes héroes musicales, quiero morir joven, bello y eterno: un toro enamorado de la luna en una pradera incendiada: a mi inocencia la mató un asiento VIP y un fajo de dólares.
Me voy porque olvidé cómo se da y recibe amor. Porque se murió mi corazón hace tiempo, una noche de octubre y ahogado en lágrimas, y de la tristeza originada se me murió también la esperanza y la fe.
Me voy porque, siendo así, no soy valiente ni cobarde. Ni héroe ni villano. Ni frío ni caliente. He decidido irme porque soy extremadamente orgulloso, y esto no lo soporto.
He decidido volarme la tapa de los sesos porque pensé que tú me amabas, mundo, cruel bastardo, padre mío: porque soy socialista, obeso, negro, asmático y bipolar, todo junto en Latinoamérica, Perú, Lima, Cercado, y pensé que eso a ti no te importaba.
Nunca más, maldito mundo. Nunca más.
Nunca más los Black-Pop con mango del Z, ni los bifes con salsa roja del Bistecca, ni los ceviches mixtos de Fidel. Nunca más la mano caliente de Evelyn por las mañanas, ni la mirada de Karen por las noches. Nunca más Portishead, Sabina, Depeche. Nunca más Soda.
Ah, nunca más tarjetas de crédito, ni requerimientos de pago, ni letras asesinas, ni plazos por cumplir. Nunca, nunca más IGV.
Nunca más el miedo a ser asaltado, a quedarme ciego, a ser atacado por una bacteria invencible. Adiós a mis ojos pasmados y a mi rostro cojudo en el espejo de las mañanas: nunca más agua caliente para afeitarme y no cortarme la garganta, nunca más ajustarme el nudo de la corbata hasta no ahorcarme.
Adiós Punta Negra, no llores por mí. Tú fuiste mi primer amor, tú te llevaste mi castidad y sé que la tendrás siempre contigo.
Adiós camisa verdeolivo a rayas, pantalón pijama descosido a propósito, casaca térmica amarillo-patito: sé que me extrañarán.
Adiós Scarlett, hubiese sido un placer conocerte.
Adiós Mario, Adiós Roberto, Adiós Jorge Luis, Adiós Gustavo, Adiós Clint: ustedes fueron mis ídolos, ustedes me dieron una oportunidad cuando parecía que ya no tenía ninguna.
Adiós jugadores y dirigentes de la Selección. Adiós Humala y Chávez. Adiós oscura gavilla de congresistas pillos: sé que todos ustedes me alcanzarán algún día.
Adiós Blade Runner: nos la perdimos, yo hubiese quedado mejor que Harrison.
Adiós porros, en realidad nunca fuimos el uno para el otro.
Adiós navidades, años nuevos, veintiochos de julios: este pavo ya no estará más en la mesa.
Adiós mamá. Te amaré siempre.
PD: que mis libros y mis vales de atención gratis con ciertas k-ines del Scarlet y Enmanuelle se los repartan previo notario público, respetando los principios de equidad y buena onda- entre toda la cofradía, en primera fila mis choches Thechinopp, Verde0, Dr. Grueso y Fabrixio. Jejé.
Su buen cófrade y mejor amigo, Son Jay Dud...
(BANG!)
He decidido irme porque no sirvo para nada. Lo único que sé hacer es escribir poesía en un block Justus tipo quinto de primaria, en donde, si bien los versos cobran algo de música y engañan por su aparente sugerencia, sé que el día que yo deje de escribirlos todo será igual (y hasta mejor).
Me voy porque estoy aburrido. Porque ya lo experimenté todo y estuve en todos lados, y con nada me he quedado. Un gemido que no suena entre la bulla de la ciudad: trabajo sin convicción, viajes sin convicción, borracheras sin convicción, polvos sin convicción.
Me voy porque mi vida ha sido estúpida (27 años), y, como mis grandes héroes musicales, quiero morir joven, bello y eterno: un toro enamorado de la luna en una pradera incendiada: a mi inocencia la mató un asiento VIP y un fajo de dólares.
Me voy porque olvidé cómo se da y recibe amor. Porque se murió mi corazón hace tiempo, una noche de octubre y ahogado en lágrimas, y de la tristeza originada se me murió también la esperanza y la fe.
Me voy porque, siendo así, no soy valiente ni cobarde. Ni héroe ni villano. Ni frío ni caliente. He decidido irme porque soy extremadamente orgulloso, y esto no lo soporto.
He decidido volarme la tapa de los sesos porque pensé que tú me amabas, mundo, cruel bastardo, padre mío: porque soy socialista, obeso, negro, asmático y bipolar, todo junto en Latinoamérica, Perú, Lima, Cercado, y pensé que eso a ti no te importaba.
Nunca más, maldito mundo. Nunca más.
Nunca más los Black-Pop con mango del Z, ni los bifes con salsa roja del Bistecca, ni los ceviches mixtos de Fidel. Nunca más la mano caliente de Evelyn por las mañanas, ni la mirada de Karen por las noches. Nunca más Portishead, Sabina, Depeche. Nunca más Soda.
Ah, nunca más tarjetas de crédito, ni requerimientos de pago, ni letras asesinas, ni plazos por cumplir. Nunca, nunca más IGV.
Nunca más el miedo a ser asaltado, a quedarme ciego, a ser atacado por una bacteria invencible. Adiós a mis ojos pasmados y a mi rostro cojudo en el espejo de las mañanas: nunca más agua caliente para afeitarme y no cortarme la garganta, nunca más ajustarme el nudo de la corbata hasta no ahorcarme.
Adiós Punta Negra, no llores por mí. Tú fuiste mi primer amor, tú te llevaste mi castidad y sé que la tendrás siempre contigo.
Adiós camisa verdeolivo a rayas, pantalón pijama descosido a propósito, casaca térmica amarillo-patito: sé que me extrañarán.
Adiós Scarlett, hubiese sido un placer conocerte.
Adiós Mario, Adiós Roberto, Adiós Jorge Luis, Adiós Gustavo, Adiós Clint: ustedes fueron mis ídolos, ustedes me dieron una oportunidad cuando parecía que ya no tenía ninguna.
Adiós jugadores y dirigentes de la Selección. Adiós Humala y Chávez. Adiós oscura gavilla de congresistas pillos: sé que todos ustedes me alcanzarán algún día.
Adiós Blade Runner: nos la perdimos, yo hubiese quedado mejor que Harrison.
Adiós porros, en realidad nunca fuimos el uno para el otro.
Adiós navidades, años nuevos, veintiochos de julios: este pavo ya no estará más en la mesa.
Adiós mamá. Te amaré siempre.
PD: que mis libros y mis vales de atención gratis con ciertas k-ines del Scarlet y Enmanuelle se los repartan previo notario público, respetando los principios de equidad y buena onda- entre toda la cofradía, en primera fila mis choches Thechinopp, Verde0, Dr. Grueso y Fabrixio. Jejé.
Su buen cófrade y mejor amigo, Son Jay Dud...
(BANG!)
