sbado 04 de agosto del 2012

La vida sexual de los robots

¿Cuál es el límite de la imaginación humana? ¿Existe algún tópico, algún tema que no pueda ser tratado y recreado a través del filtro del arte? La respuesta parece ser un “no” rotundo. Para muestra podríamos citar este delirante y perverso corto, obra de un venerable hombre de 65 años y que sobrepasa sin miramientos lo moralmente aceptable, incluso dentro de lo pornográfico.

Mike Sullivan es un hombre dedicado a la animación y que ha pasado años de años buscando entre mercados de segunda mano un sin número de muñecas Barbies para volverlas literalmente unas máquinas de follar y así filmar -junto a otros muñecos convertidos en robots- el cortometraje The Sex Life of Robots.

Lo que ha hecho Sullivan es algo demasiado interesante. Se ha apropiado de la dinámica y del lenguaje del cine porno para crear un mundo en el que Barbies, Kens o muñecos GI-Joes se abandonan a las más desaforadas y abyectas prácticas sexuales, que por el solo hecho de verlas nos deberían hacer merecedores de las llamas del infierno.

Un mundo automatizado y frío que ni visionarios como Aldous Huxley o Philip K. Dick hubieran imaginado en sueños y que en manos de Sullivan se vuelve una apabullante crítica a la frialdad y a la mecanicidad de cierto cine para adultos. Pero el cortometraje va más allá y como toda obra de arte que se digne serlo, te plantea más preguntas que respuestas: ¿Es esta una visión a futuro de un mundo irremediablemente mediatizado por la tecnología y las imágenes y donde la proximidad, lo afectivo, o sea, lo humano empieza a ocupar un segundo plano? ¿Estamos presenciando, acaso sin querer, la aparición de un nuevo erotismo, de una nueva sexualidad donde nuestra relación con la tecnología se vuelve indispensable?

Como comprobarás en las imágenes que siguen, ésta no es una porno de la era espacial y por más que se aprecie a tanto robot poniendo en práctica una especie de Kamasutra industrial, dudo mucho que te motive a verte con “Pajares”. Sin embargo, las imágenes de este corto llegan a ser tan ingeniosas y su puesta en escena tan pulcra y detallada que su visualización terminará haciendo que tu imaginación, que tu mente estalle de confusión y de disfrute (¿acaso no dicen que el mejor orgasmo es el mental?). “El buen cine –o el arte en general- tiene la cualidad de hacerte desear aquello en un principio creías no necesitar”, afirmaba el maestro David Cronenberg años atrás. Y francamente tenía toda la razón.

Pd: Los videos que acompañan esta nota contienen solo extractos  permisibles del corto original. Éste, como era de esperarse, fue censurado en Youtube y otros sitios en la red.

 

 

Escrito por Dr. Álvarez

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