Rick1969
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nos conocimos en un chongo de una provincia del peru. apenas la vi quedé embelesado con su porte y su figura desenvuelta que no decía no a nada. entré a su cubil y comí como rey. sus enormes tacos y su hilo la hacían ver como una devoradora insaciable que no decepcionó. conmovido por su trato dócil y amigable le pedí su número y ahí empezaron nuestros tórridos encuentros, siempre en hostales agradables recomendados por ella, en donde fui presionero de su enorme culo y su boca de labios suaves y sumisos que me succionaban hasta dejarme bien duro para la acción. no faltaba su atragantada de bolas, que quedaban mojadas y rojas de tanta satisfacción, además de su dosis de 69 para sentir en mi cara esas jugosas nalgas y su sadiqueada sentándome sobre ella para desfogar toda mi perversión en su cara.
pero todo lo hermoso tiene que tener un final y ese día llegó. un día la cité y no contestó el celular, luego su timbre no sonó. tras 9 citas inolvidables le perdí el rastro, simplemente desapareció. no voy a negar que la eché de menos, por eso cuando la vi por internet, con un renovado aspecto físico, haciendo videos en la capital para una industria nopor mi corazón latió y mi cuerpo estalló de firme esperanza: Gamy estaba ahí, no se había ido, solo había que buscarla como la primera vez. en efecto, eso hice, la contacté y para mi suerte me recordó. había subido sus tarifas pero qué importaba, si ella estaba ahí de nuevo a mi disposición.
viajé a la capital y luego de hacerme un espacio en su ahora recortada agenda, concertamos vernos en un distrito céntrico de la ciudad, la esperé con desbordadas ansias. apenas la vi llegar, no quise perder más tiempo y le pedí que se cambiara, que se pusiera la lencería que le había pedido y que no demorara en el baño. cuando salió pude comprobar que su porte era ahora demasiado para mí. no podría resistir a sus embates sexuales fácilmente como antes. le pedí que no se sacara los tacos y que me haga un 69, que me castigara con su culo en la cara como los viejos tiempos y así lo hizo: se sentó en mi cara y se quedó sobre mí por unos diez segundos, hasta que asfixiándome tuve que pedirle que parara, pero solo por un breve instante porque de nuevo se sentó y se movió como una auténtica dominadora, poniéndome tan duro que no aguanté más, me paré inmediatamente y poniéndola en cuatro le di como un pobre angustiado hasta vaciarme de placer.
nuestra despedida fue breve, no hubo tiempo para romanticismos tardíos en tiempos de negocios. así lo entendí y nos despedimos con beso en la mejilla, no sin antes desearme buen viaje y pedirme que le timbrara con anticipación cuando vuelva por la ciudad. así se lo prometí. sabía que el tiempo iba a pasar muy rápido y salí sonriendo aun con su sabor en los labios.
pero todo lo hermoso tiene que tener un final y ese día llegó. un día la cité y no contestó el celular, luego su timbre no sonó. tras 9 citas inolvidables le perdí el rastro, simplemente desapareció. no voy a negar que la eché de menos, por eso cuando la vi por internet, con un renovado aspecto físico, haciendo videos en la capital para una industria nopor mi corazón latió y mi cuerpo estalló de firme esperanza: Gamy estaba ahí, no se había ido, solo había que buscarla como la primera vez. en efecto, eso hice, la contacté y para mi suerte me recordó. había subido sus tarifas pero qué importaba, si ella estaba ahí de nuevo a mi disposición.
viajé a la capital y luego de hacerme un espacio en su ahora recortada agenda, concertamos vernos en un distrito céntrico de la ciudad, la esperé con desbordadas ansias. apenas la vi llegar, no quise perder más tiempo y le pedí que se cambiara, que se pusiera la lencería que le había pedido y que no demorara en el baño. cuando salió pude comprobar que su porte era ahora demasiado para mí. no podría resistir a sus embates sexuales fácilmente como antes. le pedí que no se sacara los tacos y que me haga un 69, que me castigara con su culo en la cara como los viejos tiempos y así lo hizo: se sentó en mi cara y se quedó sobre mí por unos diez segundos, hasta que asfixiándome tuve que pedirle que parara, pero solo por un breve instante porque de nuevo se sentó y se movió como una auténtica dominadora, poniéndome tan duro que no aguanté más, me paré inmediatamente y poniéndola en cuatro le di como un pobre angustiado hasta vaciarme de placer.
nuestra despedida fue breve, no hubo tiempo para romanticismos tardíos en tiempos de negocios. así lo entendí y nos despedimos con beso en la mejilla, no sin antes desearme buen viaje y pedirme que le timbrara con anticipación cuando vuelva por la ciudad. así se lo prometí. sabía que el tiempo iba a pasar muy rápido y salí sonriendo aun con su sabor en los labios.
