mi diosa morena se sentó en mi rostro y mi capricho cumplió

  • Iniciador del tema Iniciador del tema Rick1969
  • Fecha de inicio Fecha de inicio

Rick1969

Recluta
Mensajes
23
Puntos de reacción
23
Puntos
1
Registrado
22 Jun 2025
75%
Registrado
22 Jun 2025
Mensajes
23
Puntos de reacción
23
Puntos
1
‎8 Months of Service‎
cansado ya de los culos blancos respingados, de estatura media, decidí buscar pieles morenas que satisfagan mi fantasía por los cuerpos grandes, carnosos, monumentos al exceso y al placer visual. me agencié del número de una morena, cuyo ranking era estimulante, quedamos en vernos una mañana bien temprano en su hotel recomendado, uno con espejos en las paredes y luces led rojas, y así empezó mi camino hacia la perdición, a la tiranía de sus muslos de ébano, un caballo negro de 1,75, de proporciones exageradas, maciza, grande, dueña como se dice de un soberano culo moreno para poder besar, lamer y disfrutar.

al principio, fue intimidante verla frente a mí, insumisa como un animal salvaje oliendo a jabón y a perfume rico. pagué lo acordado y a lo que vine. me acomodé en la cama, con la cabeza al filo mirando al techo y le pedí que se pusiera entre mi cabeza, que subiera y bajara, de espaldas, de tal manera que podía ver su demencial derrier tan cerca de mi cara, estimulando mi deseo por ella mientras la tocaba. enseguida le pedí 69, a lo que ella accedió sin problemas aunque tardamos un poco en acomodarnos puesto que su enorme estatura dificultaba la faena, y por fin pude vislumbrar su enorme paraíso, sus enormes nalgas morenas, que besé y lamí como enfermo pegando mi cara a ese monumento pagano que se movía para que disfrutara y cediera ante el placer. enseguida vino el plato fuerte, el ritual mayor: le pedí que se sentara en mi cara y por supuesto lo hizo: se sentó, me aplastó con sus dos tenazas morenas hasta asfixiarme y humedecerme con sus flujos en la frente y la nariz, le pedí que no parara, que continúe, que se siga sobando hasta que yo le avisara, que no le importara que no hablara, y así lo hizo mientras se veía en el espejo y sonreía maliciosa al ver cómo mi cara desaparecía entre sus nalgas, su culo sagrado que ahora yo disfrutaba como un esclavo, como un mendigo de culos grandes, moviéndose con más vehemencia ante mi ruego, más rápido, más fuerte que no te siento y siguió sobándose en mi cara mientras que con una mano estimulaba mi miembro, poseída por mi arrebato de sumisión hasta que poco a poco fuimos cediendo al desborde y a la locura, el éxtasis pleno que sentí en todo el rostro, su volcán derramado en mi cara, que motivó también a mis músculos y a mi piel haciéndome llegar segundos después. quedé exhausto. era un esclavo feliz. segundos plenos de arrechura satisfecha pero que no podían quedar en una sola cita, por eso le agradecí infinitamente por la contienda y la volví a citar para el próximo sábado. se bañó, se perfumó, me despedí con un pico en la mejilla y nos dijimos simplemente: hasta luego. chao amor, me dijo con su tono caribeño. yo todavía me quedo, tengo otra cita. crucé la puerta del hotel y salí a comprarme un helado para el camino. era un día soleado, la vida se miraba mejor.
 

Users who are viewing this thread

Atrás
Arriba