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Hola, cofrades, soy nuevo en esta página de relatos y espero que disfruten esta historia que me pasó hace unos años.
Esto sucedió varios años atrás, cuando tenía 1//7 años, un joven con la sangre ardiendo y siempre en busca de aventuras. No era difícil llamar la atención en mi ciudad (Ayacucho): mido 1.90, piel clara, ojos verdes y cabello castaño claro. No pasaba desapercibido.
Por esos días buscaba una academia para prepararme para la universidad. En busca de una academia, caminando por Asamblea (calle muy transitada de mi ciudad), la vi: una chica repartiendo volantes. Era imposible no fijarse en ella: 1.70 de estatura, cabello rubio ondulado (pintado) , pechos generosos que parecían invitarte a hundirte entre ellos, un trasero redondo y firme pero bien grande csmr, y una cintura que despertaba miradas de todos. Me acerqué, tomé un volante y quedé marcado.
(ella tenia 25 años)
(Buenos cofrades, me decidí a ir por esa academia de la flaca, ya que sentía que tenía posibilidad de cachármela).
Primer día en la academia:
Fui temprano a matricularme. Mientras me explicaban mi salón, la vi de nuevo. La llamaremos Mary. Resultó ser tutora de otro salón. Un rumor decía que los mejores ingresantes quedaban con ella… y yo me propuse entrar ahí.
Ya después de dar el examen de entrada para seleccionar a los mejores y a los peores, esperé con ansias el día de la publicación de las notas.
Esa noche no pude dormir. Mi mente solo repetía la imagen de su cuerpo, ese culo perfecto y esa cara angelical. La calentura era insoportable: terminé pajeándome cuatro veces pensando en ella.
Día 2:
Al publicarse los resultados, vi mi nombre en tercer puesto. Eso significaba estar en su salón. Entré con una sonrisa inevitable. Algo picará.
—Hola, ¿te puedo ayudar en algo? —me dijo ella.
—Sí, este... mmm… creo que es mi salón —respondí.
—Claro, yo te reconozco, tú eres el chico al que le di un volante hace unos días.
—Y tú… la chica más bonita que entregaba volantes —le solté. jajaja
Ella rio, se sonrojó y me lanzó una mirada que se detuvo descaradamente en mi entrepierna.
( se me habia parado jaja)
Esa fue nuestra primera conversación. Desde ahí, todo cambió.
Resumen de las siguientes semanas: me hice su amigo y me nombré delegado... Siempre paraba junto a ella, terminadas las clases o en el receso.
Semanas después:
Mary y yo nos habíamos hecho cercanos. Me pedía ayuda, me hacía preguntas personales, me sondeaba si tenía novia. Yo sacaba el primer puesto, y a ella le gustaba mi dedicación. Ella era mayor, universitaria de enfermería, y todos los profesores la deseaban… pero ella al parecer se fijaba en mí por la forma en que me trataba y cómo tenía ese favoritismo. Me comentaba que había muchos chicos de la universidad y de la academia que la invitaban a salir, pero ella era muy cerrada. Veía yo a los profesores que se le lanzaban, inclusive ramos de rosas aparecían durante el día, pero nada, aun así.
Y así pasó el tiempo; hubo momentos donde le rozaba mi pinga y no decía nada. Pensé que me reclamaría y poco a poco, con más confianza, como jugando, le tocaba las piernas y ni se incomodaba… era tanto el apaego que me sacaba de clases supuetamente para que le ayude ya que soy el delegado , nos escapabamos un rato y charlabamos de temas extrovertidos, un dia me pregunto como fue mi primera vez (lo contare en otro relato ) pero era chibolo un pulpin y me comi a la hija de la mejor amiga de mi mamá en el baño jaja pero de bromas en risas me dijo que ella perdio su virginidad con un profesor que amaba mucho cuando era chibola, ella me contaba que el le doblaba la edad un profe que enseñaba literatura en su centro de estudios y que fue su sumisa por mucho tiempo hasta que decidio alejarse ya que su primer amor tuvo un hijo con otra mujer y eso la rompio pero gracias a el aprendio mucho dice , y en eso entre a manipular sus emociones con tal de sentir esos pechos tan jugosos y le abrace tanto que la sentia tan ricas y duras.
Me invitaba a su cuarto a ver películas, ya que vivía sola en un cuarto que alquilaba, ya que sus viejos vivían en campo, y yo iba con tal de que pasara algo... pero poco a poco todo empezó a ponerse caliente.
Llegaron los carnavales. Una noche me llama:
—¿Dónde estás? Estoy con unas amigas tomando. Ven, quiero bailar.
—En media hora estoy ahí —le respondí.
—Te espero, no tardes, tu maestra favorita.
Cuando llegué, la encontré rodeada de tipos intentando conquistarla, pero ella me vio, se lanzó sobre mí y me abrazó:
—Al fin, precioso —susurró.
Bailamos, bebimos. El reguetón empezó a sonar y ella tomó mis manos, las puso en su cintura. No desaproveché: acerqué mi erección contra su cuerpo.
—Mmm… lo sentí —me dijo al oído.
—¿Quieres sentirlo más? —me atreví con mucha vergüenza.
—Estaba esperando que me lo dijeras…
Salimos con la excusa de recoger a una amiga, pero en cuanto estuvimos afuera, nos besamos con desenfreno. Le agarré el culo, la cargué y la llevé a un hostal cercano.
Ya en la habitación, comenzó a desvestirse. Sus calzones de encaje estaban empapados. Me bajé el pantalón y le ordené que me la chupara.
—Soy toda tuya, papi. Hazme lo que quieras, soy tu mujer, tu puta —me dijo mirándome a los ojos.
La escena me volvió loco. La tomé del cabello y ella empezó a devorarme con ansias, como si fuese el último helado del mundo. Estuve a punto de venirme, pero la detuve y la lancé a la cama. Le lamí la concha húmeda, un manjar con el que tantas veces había soñado. Ella gemía hasta que un orgasmo la hizo correrse en mi cara.
No lo podía creer: estaba cachando a la maestra Mary.
La puse en cuatro, y le di sin piedad, hasta que gritó mi nombre y confesó que era mi puta, mi perra sexual. Esa noche la hice mía, como tanto había deseado.
continuará...
Esto sucedió varios años atrás, cuando tenía 1//7 años, un joven con la sangre ardiendo y siempre en busca de aventuras. No era difícil llamar la atención en mi ciudad (Ayacucho): mido 1.90, piel clara, ojos verdes y cabello castaño claro. No pasaba desapercibido.
Por esos días buscaba una academia para prepararme para la universidad. En busca de una academia, caminando por Asamblea (calle muy transitada de mi ciudad), la vi: una chica repartiendo volantes. Era imposible no fijarse en ella: 1.70 de estatura, cabello rubio ondulado (pintado) , pechos generosos que parecían invitarte a hundirte entre ellos, un trasero redondo y firme pero bien grande csmr, y una cintura que despertaba miradas de todos. Me acerqué, tomé un volante y quedé marcado.
(ella tenia 25 años)
(Buenos cofrades, me decidí a ir por esa academia de la flaca, ya que sentía que tenía posibilidad de cachármela).
Primer día en la academia:
Fui temprano a matricularme. Mientras me explicaban mi salón, la vi de nuevo. La llamaremos Mary. Resultó ser tutora de otro salón. Un rumor decía que los mejores ingresantes quedaban con ella… y yo me propuse entrar ahí.
Ya después de dar el examen de entrada para seleccionar a los mejores y a los peores, esperé con ansias el día de la publicación de las notas.
Esa noche no pude dormir. Mi mente solo repetía la imagen de su cuerpo, ese culo perfecto y esa cara angelical. La calentura era insoportable: terminé pajeándome cuatro veces pensando en ella.
Día 2:
Al publicarse los resultados, vi mi nombre en tercer puesto. Eso significaba estar en su salón. Entré con una sonrisa inevitable. Algo picará.
—Hola, ¿te puedo ayudar en algo? —me dijo ella.
—Sí, este... mmm… creo que es mi salón —respondí.
—Claro, yo te reconozco, tú eres el chico al que le di un volante hace unos días.
—Y tú… la chica más bonita que entregaba volantes —le solté. jajaja
Ella rio, se sonrojó y me lanzó una mirada que se detuvo descaradamente en mi entrepierna.
( se me habia parado jaja)
Esa fue nuestra primera conversación. Desde ahí, todo cambió.
Resumen de las siguientes semanas: me hice su amigo y me nombré delegado... Siempre paraba junto a ella, terminadas las clases o en el receso.
Semanas después:
Mary y yo nos habíamos hecho cercanos. Me pedía ayuda, me hacía preguntas personales, me sondeaba si tenía novia. Yo sacaba el primer puesto, y a ella le gustaba mi dedicación. Ella era mayor, universitaria de enfermería, y todos los profesores la deseaban… pero ella al parecer se fijaba en mí por la forma en que me trataba y cómo tenía ese favoritismo. Me comentaba que había muchos chicos de la universidad y de la academia que la invitaban a salir, pero ella era muy cerrada. Veía yo a los profesores que se le lanzaban, inclusive ramos de rosas aparecían durante el día, pero nada, aun así.
Y así pasó el tiempo; hubo momentos donde le rozaba mi pinga y no decía nada. Pensé que me reclamaría y poco a poco, con más confianza, como jugando, le tocaba las piernas y ni se incomodaba… era tanto el apaego que me sacaba de clases supuetamente para que le ayude ya que soy el delegado , nos escapabamos un rato y charlabamos de temas extrovertidos, un dia me pregunto como fue mi primera vez (lo contare en otro relato ) pero era chibolo un pulpin y me comi a la hija de la mejor amiga de mi mamá en el baño jaja pero de bromas en risas me dijo que ella perdio su virginidad con un profesor que amaba mucho cuando era chibola, ella me contaba que el le doblaba la edad un profe que enseñaba literatura en su centro de estudios y que fue su sumisa por mucho tiempo hasta que decidio alejarse ya que su primer amor tuvo un hijo con otra mujer y eso la rompio pero gracias a el aprendio mucho dice , y en eso entre a manipular sus emociones con tal de sentir esos pechos tan jugosos y le abrace tanto que la sentia tan ricas y duras.
Me invitaba a su cuarto a ver películas, ya que vivía sola en un cuarto que alquilaba, ya que sus viejos vivían en campo, y yo iba con tal de que pasara algo... pero poco a poco todo empezó a ponerse caliente.
Llegaron los carnavales. Una noche me llama:
—¿Dónde estás? Estoy con unas amigas tomando. Ven, quiero bailar.
—En media hora estoy ahí —le respondí.
—Te espero, no tardes, tu maestra favorita.
Cuando llegué, la encontré rodeada de tipos intentando conquistarla, pero ella me vio, se lanzó sobre mí y me abrazó:
—Al fin, precioso —susurró.
Bailamos, bebimos. El reguetón empezó a sonar y ella tomó mis manos, las puso en su cintura. No desaproveché: acerqué mi erección contra su cuerpo.
—Mmm… lo sentí —me dijo al oído.
—¿Quieres sentirlo más? —me atreví con mucha vergüenza.
—Estaba esperando que me lo dijeras…
Salimos con la excusa de recoger a una amiga, pero en cuanto estuvimos afuera, nos besamos con desenfreno. Le agarré el culo, la cargué y la llevé a un hostal cercano.
Ya en la habitación, comenzó a desvestirse. Sus calzones de encaje estaban empapados. Me bajé el pantalón y le ordené que me la chupara.
—Soy toda tuya, papi. Hazme lo que quieras, soy tu mujer, tu puta —me dijo mirándome a los ojos.
La escena me volvió loco. La tomé del cabello y ella empezó a devorarme con ansias, como si fuese el último helado del mundo. Estuve a punto de venirme, pero la detuve y la lancé a la cama. Le lamí la concha húmeda, un manjar con el que tantas veces había soñado. Ella gemía hasta que un orgasmo la hizo correrse en mi cara.
No lo podía creer: estaba cachando a la maestra Mary.
La puse en cuatro, y le di sin piedad, hasta que gritó mi nombre y confesó que era mi puta, mi perra sexual. Esa noche la hice mía, como tanto había deseado.
continuará...
