Pier10
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La tía Malena fue una madre abnegada, cuido a mis primos como una leona en la sabana africana. A su marido nunca le hizo faltar un plato caliente cuando llegaba del trabajo. Alguna vez la vi celosa, pero nada que un beso y una rosa no puedan hacer olvidar. Su marido era el tío Héctor. Era mayor por cinco años, pero parecía que el estrés de mantener a su esposa y tres hijos lo había avejentado. En el cumpleaños 45 de mi tía conocimos a Roberta. Una mujer madura, que tenía unos senos y un trasero muy aventajados. Olía muy bien, parecía siempre recién bañada. Sus vestimentas eran elegantes, así que sus curvas eran solo imaginables.
Para ese cumpleaños, toda la familia se había juntado, a pesar de que muchos vivían lejos de Lima, ese día todos coincidimos en la casa de la tía Malena. Bailamos y reímos sin parar. Al día siguiente note que Roberta aún seguía en la casa. Cuando todos dormían, ella entro al baño. Yo estaba tomando un vaso de agua cuando la vi pasar. Pude ver que estaba con la misma ropa. Su meneo era tan erótico, que no tuve alternativa. Subí a la escalera y de allí la espié. Solo pude ver como se acomodaba el sostén y eso fue suficiente para que tenga una erección y pensamientos para varias masturbaciones.
Seis meses después de esa fiesta, la familia entera recibió una noticia muy triste. La tía Malena estaba con cáncer. Mis padres esperaron a las vacaciones de mitad de año para ir a su casa. Nos quedamos un mes. Mi padre le ayudaba con las consultas médicas y mi mamá con la comida. Mi tío decía que el dinero con el cáncer son enemigos. Yo, al tener once años, no entendía la magnitud de lo que pasaba a mi alrededor.
Roberta apareció varias veces en ese tiempo. Yo siempre atento y con mucha discreción no dejaba de verle los pechos y las nalgas.
Cuando nos fuimos de la casa de mi tía, Roberta estaba allí. Al despedirme le di un fuerte abrazo y roce una de sus nalgas. Ella no dijo nada.
Tres meses después recibimos la noticia que nadie quiere recibir. La leona Malena dejo este mundo. Mis padres muy apenados, compraron pasajes y aunque yo tenía escuela, igual me llevaron. Yo no comprendía el peso de la muerte, pero igual mis lagrimas aparecían en mi rostro. El tío Héctor, parecía un enigma. Por momentos triste y en otros pensativo. Todo el tiempo del entierro estuvo con mis primas. Roberta no dejo de estar presente. Y a pesar de haber mucha familia, ella ayudo en bastantes cosas.
Mis padres querían regresar a mi hogar, pero por problemas climáticos nuestro viaje de cuatro días se extendió a veinte días.
En el decimo cuarto día me mandaron a comprar pan. Yo no quería ir, pero un grito me hizo cambiar de opinión. Tenía que caminar cuatro cuadras. En la tercera me di cuenta que el tío Héctor estaba parado en un poste conversando con una mujer. Ambos reían y la mujer en determinado momento le abrazo el cuello, él correspondió con unas masajes en las nalgas. No podía creer que Héctor había olvidado tan rápido a su esposa. Al ver que ya se iban me escondí en un arbusto. Fue cuando pude ver que la mujer en cuestión era Roberta.
Al día siguiente salimos todos a Gamarra. Héctor comento que nos llevaría a las mejores tiendas de ropa, pero que estaría solo un rato, pues tenía que trabajar. Cuando Héctor se despidió. Sentí que tenía una sonrisa picara, entonces supe que vería a Roberta. Fingí que me dolía el estomago para que me lleven a la casa. Quería masturbarme pensando en el trasero de Roberta. Mi prima mayor, dijo que quería ir a la casa, que no sentía bien. Entonces ambos nos fuimos. Ella llegó y me dijo que entré, que al rato regresaba. Fui corriendo a mi cuarto y cerrando las cortinas y la puerta con seguro empecé a imaginar lo que vi aquella vez en el baño. Cuando me bajaba el pantalón, escuche unos ruidos. Me asuste, pensé que robaban la casa. Me arrepentí de haber mentido. Me quede en silencio por unos minutos, hasta que escuche una palmada. Abrí la cortina y supe que el sonido venia del cuarto de mi tío. En puntillas y con el corazón en la boca me acerque a su cuarto. Di pasos muy lentos. Vi que la puerta estaba entre abierta. Su cuarto tenía baño propio. Asome mi cabeza y escuche que los sonidos provenían del baño. Entre al cuarto y cuando sentí pasos me metí en el armario. No recuerdo haber echo mucho ruido, pero mi tío cerro la puerta con llave y le dijo a Roberta que no haga ningún ruido. Todo se quedo en silencio por unos minutos, pero al ver que no había mas bulla, mi tío dijo.
-Ya se me bajo.
-Yo te la paro en una.
-Esa boca de putita, pararía hasta la verga de un anciano - fue recién que me di cuenta de que ambos estaban desnudos. Los senos de Roberta eran blancos y enormes. Mas grandes de lo que yo imaginaba. Sus caderas albergaban un trasero redondo y blanco.
Héctor le agarraba el cabello, haciéndole una cola y ella lamia y tragaba su pene.
-¡Cómetela toda!
-Así papi - decía ella en cuanto se atoraba con la verga.
Héctor se recostó en la cama y le dijo que venga por encima. Ella obediente, se puso la verga en la vagina y gritando con intensidad no paro de menearse. Sus tetas bailaban de arriba para abajo. Inconscientemente mi mano estaba sobando mi pene. Ella por momentos parecía morir. Mi tío agarro sus senos y le dijo.
-Son solo para mí, perrita. ¿Entendiste?
-Sí papi. Soy toda tuya.
Cuando pensé que ya no podía mas, Héctor la puso de cuatro y cual jinete, empezó a meterle el pene con voracidad. Roberta gemía y gemía. Sus nalgas estaban siendo tan embestidas que sonaban como cachetadas.
-Que rica puta eres.
-Sou tu puta papi. ¡Dame más duro! - Entonces con las piernas temblorosas, mi tío la recostó al costado de la cama y abriéndole las piernas introdujo su verga. La vagina de ella era vintage: rosada y con vellos. Mi tío mordía sus labios queriendo aguantar todo lo posible, en cuanto Roberta se lamia los senos y decía cosas como: soy puta, nací para recibir verga y tu pene es el más grande y gordo de todos.
Yo no pude aguantar más y por primera vez en mi vida, eyacule solo sobando mi pantalón. Mi tío grito fuerte y dijo:
-Abre la boca que no puedo más - a lo que Roberta, de un brinco, se puso de rodillas y abrió la boca.
Héctor acerco su pene y en segundos la roció con una inmensa cantidad de semen. Roberta, como toda una experta, trago cada chorro que le pusieron en frente. Y una vez que vio que no salía nada, mamo la verga hasta que esta perdió su tamaño.
Ambos se recostaron en la cama y mi tío le decía que quería comerle el culo la próxima vez. A lo que Roberta le decía que lo que él quiera. El timbre sonó y ambos con una velocidad increíble se cambiaron y salieron a atender. Al salir del cuarto dejaron la puerta cerrada. Eran mis padres con mis dos primas. Preguntaron por mí y al verme acorralado, solo atine a mojarme el pantalón y tocar la puerta. Grande fue mi sorpresa, cuando mi tío me abrió la puerta. Estaba pálido y no dijo una sola palabra. Yo corrí a mi cuarto, me cambie de pantalón.
Baje y vi que Roberta estaba ayudando a cocinar. Mi mamá me cuestiono el cambio de pantalón. Atine a decir que no llegué a tiempo al baño. Dentro de mí, pensaba en porque nadie cuestionada a mi tío, que supuestamente estaría trabajando y no con Roberta en la casa.
Vi que mi tío le dijo algo al oído a Roberta. Ella me miro muy raro, parecía avergonzada.
Cuando me fui de Lima, el tío Héctor, de forma discreta, me dio cien soles.
Un año después, él y Roberta anunciaron que habían comenzado una relación.
THE END
Para ese cumpleaños, toda la familia se había juntado, a pesar de que muchos vivían lejos de Lima, ese día todos coincidimos en la casa de la tía Malena. Bailamos y reímos sin parar. Al día siguiente note que Roberta aún seguía en la casa. Cuando todos dormían, ella entro al baño. Yo estaba tomando un vaso de agua cuando la vi pasar. Pude ver que estaba con la misma ropa. Su meneo era tan erótico, que no tuve alternativa. Subí a la escalera y de allí la espié. Solo pude ver como se acomodaba el sostén y eso fue suficiente para que tenga una erección y pensamientos para varias masturbaciones.
Seis meses después de esa fiesta, la familia entera recibió una noticia muy triste. La tía Malena estaba con cáncer. Mis padres esperaron a las vacaciones de mitad de año para ir a su casa. Nos quedamos un mes. Mi padre le ayudaba con las consultas médicas y mi mamá con la comida. Mi tío decía que el dinero con el cáncer son enemigos. Yo, al tener once años, no entendía la magnitud de lo que pasaba a mi alrededor.
Roberta apareció varias veces en ese tiempo. Yo siempre atento y con mucha discreción no dejaba de verle los pechos y las nalgas.
Cuando nos fuimos de la casa de mi tía, Roberta estaba allí. Al despedirme le di un fuerte abrazo y roce una de sus nalgas. Ella no dijo nada.
Tres meses después recibimos la noticia que nadie quiere recibir. La leona Malena dejo este mundo. Mis padres muy apenados, compraron pasajes y aunque yo tenía escuela, igual me llevaron. Yo no comprendía el peso de la muerte, pero igual mis lagrimas aparecían en mi rostro. El tío Héctor, parecía un enigma. Por momentos triste y en otros pensativo. Todo el tiempo del entierro estuvo con mis primas. Roberta no dejo de estar presente. Y a pesar de haber mucha familia, ella ayudo en bastantes cosas.
Mis padres querían regresar a mi hogar, pero por problemas climáticos nuestro viaje de cuatro días se extendió a veinte días.
En el decimo cuarto día me mandaron a comprar pan. Yo no quería ir, pero un grito me hizo cambiar de opinión. Tenía que caminar cuatro cuadras. En la tercera me di cuenta que el tío Héctor estaba parado en un poste conversando con una mujer. Ambos reían y la mujer en determinado momento le abrazo el cuello, él correspondió con unas masajes en las nalgas. No podía creer que Héctor había olvidado tan rápido a su esposa. Al ver que ya se iban me escondí en un arbusto. Fue cuando pude ver que la mujer en cuestión era Roberta.
Al día siguiente salimos todos a Gamarra. Héctor comento que nos llevaría a las mejores tiendas de ropa, pero que estaría solo un rato, pues tenía que trabajar. Cuando Héctor se despidió. Sentí que tenía una sonrisa picara, entonces supe que vería a Roberta. Fingí que me dolía el estomago para que me lleven a la casa. Quería masturbarme pensando en el trasero de Roberta. Mi prima mayor, dijo que quería ir a la casa, que no sentía bien. Entonces ambos nos fuimos. Ella llegó y me dijo que entré, que al rato regresaba. Fui corriendo a mi cuarto y cerrando las cortinas y la puerta con seguro empecé a imaginar lo que vi aquella vez en el baño. Cuando me bajaba el pantalón, escuche unos ruidos. Me asuste, pensé que robaban la casa. Me arrepentí de haber mentido. Me quede en silencio por unos minutos, hasta que escuche una palmada. Abrí la cortina y supe que el sonido venia del cuarto de mi tío. En puntillas y con el corazón en la boca me acerque a su cuarto. Di pasos muy lentos. Vi que la puerta estaba entre abierta. Su cuarto tenía baño propio. Asome mi cabeza y escuche que los sonidos provenían del baño. Entre al cuarto y cuando sentí pasos me metí en el armario. No recuerdo haber echo mucho ruido, pero mi tío cerro la puerta con llave y le dijo a Roberta que no haga ningún ruido. Todo se quedo en silencio por unos minutos, pero al ver que no había mas bulla, mi tío dijo.
-Ya se me bajo.
-Yo te la paro en una.
-Esa boca de putita, pararía hasta la verga de un anciano - fue recién que me di cuenta de que ambos estaban desnudos. Los senos de Roberta eran blancos y enormes. Mas grandes de lo que yo imaginaba. Sus caderas albergaban un trasero redondo y blanco.
Héctor le agarraba el cabello, haciéndole una cola y ella lamia y tragaba su pene.
-¡Cómetela toda!
-Así papi - decía ella en cuanto se atoraba con la verga.
Héctor se recostó en la cama y le dijo que venga por encima. Ella obediente, se puso la verga en la vagina y gritando con intensidad no paro de menearse. Sus tetas bailaban de arriba para abajo. Inconscientemente mi mano estaba sobando mi pene. Ella por momentos parecía morir. Mi tío agarro sus senos y le dijo.
-Son solo para mí, perrita. ¿Entendiste?
-Sí papi. Soy toda tuya.
Cuando pensé que ya no podía mas, Héctor la puso de cuatro y cual jinete, empezó a meterle el pene con voracidad. Roberta gemía y gemía. Sus nalgas estaban siendo tan embestidas que sonaban como cachetadas.
-Que rica puta eres.
-Sou tu puta papi. ¡Dame más duro! - Entonces con las piernas temblorosas, mi tío la recostó al costado de la cama y abriéndole las piernas introdujo su verga. La vagina de ella era vintage: rosada y con vellos. Mi tío mordía sus labios queriendo aguantar todo lo posible, en cuanto Roberta se lamia los senos y decía cosas como: soy puta, nací para recibir verga y tu pene es el más grande y gordo de todos.
Yo no pude aguantar más y por primera vez en mi vida, eyacule solo sobando mi pantalón. Mi tío grito fuerte y dijo:
-Abre la boca que no puedo más - a lo que Roberta, de un brinco, se puso de rodillas y abrió la boca.
Héctor acerco su pene y en segundos la roció con una inmensa cantidad de semen. Roberta, como toda una experta, trago cada chorro que le pusieron en frente. Y una vez que vio que no salía nada, mamo la verga hasta que esta perdió su tamaño.
Ambos se recostaron en la cama y mi tío le decía que quería comerle el culo la próxima vez. A lo que Roberta le decía que lo que él quiera. El timbre sonó y ambos con una velocidad increíble se cambiaron y salieron a atender. Al salir del cuarto dejaron la puerta cerrada. Eran mis padres con mis dos primas. Preguntaron por mí y al verme acorralado, solo atine a mojarme el pantalón y tocar la puerta. Grande fue mi sorpresa, cuando mi tío me abrió la puerta. Estaba pálido y no dijo una sola palabra. Yo corrí a mi cuarto, me cambie de pantalón.
Baje y vi que Roberta estaba ayudando a cocinar. Mi mamá me cuestiono el cambio de pantalón. Atine a decir que no llegué a tiempo al baño. Dentro de mí, pensaba en porque nadie cuestionada a mi tío, que supuestamente estaría trabajando y no con Roberta en la casa.
Vi que mi tío le dijo algo al oído a Roberta. Ella me miro muy raro, parecía avergonzada.
Cuando me fui de Lima, el tío Héctor, de forma discreta, me dio cien soles.
Un año después, él y Roberta anunciaron que habían comenzado una relación.
THE END