matatrapos
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hermano de leche continue
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Esa noche me quede pensando quien habría podido ser la persona que me grabo. Muchos nombres vinieron a mi cabeza, pero sin dudas los primeros de mi lista serian mi “amigo” del supermercado y su primo. Lo extraño es que el número que me envío el vídeo me bloqueo sin decir ninguna palabra.
En el trabajo mi plan no era encarar a mi “amigo”, si no ver como él se comportaría o si es que me preguntaría algo. No me dijo absolutamente nada, pero su comportamiento no era el de siempre, evitaba que estemos solos para conversar. Entonces supe que el probablemente tenía algo que ver. Cuando vi que estaba cerca, llame al número del vídeo y su celular no toco.
Al día siguiente fui al cine con mi chica, pero no le relate nada de lo que pasó. Al final de la película ella me dijo sí algo había pasado, que estaba como que en la Luna. Le dije que era por el exceso de trabajo. Ella respondió diciendo que nada que un masaje no arregle. Así terminamos en un hotel. A pesar de que ella estaba más desinhibida, yo no podía dejar de pensar en el vídeo. Eso influencio en el sexo. La penetre con rabia, sin esperar si quiera que ella este húmeda. Ella no dijo nada, pero su expresión era de dolor. Cuando no aguanto más de perrito me pidió para cambiar de pose. Sin mucha energía terminamos de cucharita. Después de bañarnos me dijo que quería decirme dos cosas. La primera no escuche, estaba pensando en si nos habrían grabado nuevamente. El segundo punto era que su lugar favorito en la tierra era el País Vasco.
Pasaron unos días y mis investigaciones estaban estériles. Sentía que ya no podía con ese peso solo. A pesar de no haber una amenaza de por medio, no podía dejar de pensar en quien me habría enviado el vídeo y que ganaba con eso. Cuando pensaba en contarle a mi chica todo lo sucedido recibí un mensaje. Este me decía que vaya a las 7 a un café. Mi cuerpo se erizo y mis piernas me temblaron. Desesperado le pedí a un amigo, profesor de jiu-jitsu, que me acompañe. No le puse al tanto de lo que pasaba, para él fue una invitación de amigo.
En el café mire a todos con cara de sospechosos, pero nadie se me acerco. Estuve dos horas y llame diversas veces al número del menaje, pero sonaba apagado. Me fui a casa más confundido que al principio.
Al día siguiente, se me ocurrió seguir al dueño del departamento donde me grabaron. Me di con la sorpresa de que vivía en un barrio muy humilde. No entendía, porque teniendo un “depa” tan bueno vivía en un lugar tan hostil. Le toque la puerta y salió una mujer de unos treinta años. Cuando ella me vio, su cara se volvió un papel y me suplico para irme y estar al tanto del celular. No sabía qué hacer, pero como el barrio era peligroso y el tipo no parecía de fiar, decidí irme.
Ya en mi casa no entendía absolutamente nada. Quería llamar a la policía, pero me intrigaba porque esa mujer se comportó así. Mi chica en ese momento llego de sorpresa trayendo comida. Cenamos y no escuche mucho de lo que me decía. Cuando ella estaba en el baño, tome una copa para contarle todo. No había acabado de pronunciar las primeras palabras y mi celular toco. Vi que era el número del mensaje. Me retire de la sala y acepte la llamada. Dije “Aló” con el corazón palpitando a mil. En respuesta escuche el susurro de una mujer. Ella me decía que me ayudaría a desaparecer el vídeo pero que por favor no le diga nada a la policía. Y que en breve me citaría en el café nuevamente. Antes que pueda responder colgó. Regrese a la sala y mi chica me pregunto quién era, le dije que era número equivocado. Después ella me hablo más cosas, pero no le preste atención.
Pasaron unos días y recibí un mensaje: en el café a las 7. Esta vez decidí ir solo. En el camino me acorde que había quedado con mi chica para ver una película en su casa. Como las llamadas eran caras en esa época no tuve como comunicarle que no iría. Cuando llegue al café, la misma chica que me atendió en su casa estaba sentada esperándome.
Continuará…