🤦 La Burla del Destino
📜 Prólogo: La Ley del Esfuerzo Inútil
Dicen que el esfuerzo y la inversión dan fruto. ¡Mentira cochina! En el campo del amor y la conquista, la única ley que opera es la del
chiste cósmico: cuanto más te afanas, más ruidoso es el trasquilón. Aquí están tres pruebas irrefutables de que el destino ama reírse del que se cree con derecho a la "lana".
No solo los hombres intentamos y morimos en esos avatares, también las mujeres en el poder, creen tener todo bajo control; pero al final, sale todo al revés.
El Gerente "Planificado"
Don Federico Valdés era un gerente brillante, metódico y con el ego calibrado a la perfección. Cuando llegó
Laura, la nueva ejecutiva de cuentas, Federico activó su protocolo de cortejo: el
Plan Maestro de Conquista Lenta y Segura.
Durante
un año, Federico invirtió tiempo, dinero y paciencia.
- Salidas: Cenas de negocios sofisticadas, entradas para la ópera, brunch elegantes.
- Gestos: Flores a la oficina, libros de autoayuda que él leía antes para discutir con ella, cumpleaños inolvidables.
- Posición: Usó su influencia para darle los mejores proyectos, presentándola a gente importante para "su futuro".
Federico creía que, habiendo invertido un año de su valioso tiempo y fortuna, la
lana (la relación) estaba asegurada por mérito y persistencia. La tenía al lado; solo faltaba un paso, el final del plan.
Ella no era tonta, esa ropa ceñida a su cuerpo, esas nalgas que heredó de su madre, que el gym le proporcionó y tal vez un retoquito en el cirujano, debía sacar provecho.
Se acercaba con suave menear, el gerente embobado la seguía, se inquietaba, a lo mucho una sonrisa, una pasada de labios, un roce suave, una punteada y esto es.
Hasta se aseguró de contratar a un experto en mujeres. Los consejos fueron en vano, los días de gloria o noches pervertidas no eran para él, no con la fémina en cuestión.
Pero entonces apareció
Ramón.
Ramón era el nuevo
conserje del edificio. Un hombre de manos ásperas, sonrisa fácil y sin ninguna de las "ventajas" de Federico. Un día, Laura se quedó atascada en el ascensor. Ramón, que no tenía miedo a ensuciarse el mono, la liberó y la calmó con chistes sobre fantasmas en los conductos de ventilación.
A la semana siguiente, Ramón le regaló a Laura un
cactus que había rescatado de la basura ("porque necesita más amor que yo, y eso es mucho"). A la segunda semana, Laura pidió unos días de vacaciones.
Federico la encontró en el
lobby con una mochila. "Laura, ¿te vas de viaje?"
Ella sonrió, radiante.
"Sí, Federico. Me voy a la playa, al pueblito de Ramón, el conserje. Me ha invitado a conocer a su abuela. ¡Es tan real, tan sencillo! En una semana con él me he reído más que en un año con cualquier otra persona."
Y allí se fue, tomada del brazo de Ramón, cuya única riqueza era su buen humor.
El Desastre: Federico, con su agenda de cortejo de un año arruinada, no obtuvo ni un beso. El conserje, con un cactus y un chiste, se llevó la
lana.
Lo que tarde supo el gerente, es que en su propia oficina, escritorio, usando su perfume, sus cosas. Ambos se pachamanquearon de lo lindo.
Se dice que hasta una tanga que él le regalo, fue a parar a su cesto de basura.
Ni el olor al coito y a la buena detonada, tuvo el pobre infeliz.................
👑 La Jefa Inversora
Doña Ernestina del Prado era la dueña de una próspera firma de contabilidad: cincuenta años, acaudalada y con el hábito de comprar lo que deseaba. Se encaprichó de
Martín, su joven asistente, un muchacho humilde pero espabilado. Ella iría por la
lana del romance patrocinado.
Ernestina diseñó su propio Plan de Inversión Amorosa:
- Eliminar Carencias: Lo sacó de su modesto piso a un apartamento de la empresa. Lo vistió con sastres finos. Le dio un coche de la flota.
- Mejorar el Producto: "No puedes ser solo mi asistente, Martín. Debes pulirte," le dijo. Lo matriculó en la escuela nocturna para estudiar Administración de Empresas.
- Asegurar el Terreno: Le daba días libres, le firmaba cheques para "gastos personales" y lo engolosinaba con la promesa de una futura sociedad.
Martín, agradecido y dócil, cumplía sus órdenes. Ernestina lo veía como una arcilla que ella estaba moldeando para sí misma, la inversión perfecta que le aseguraría un compañero joven y leal.
Para este caso, el joven aprendiz si tuvo que sacrificarse, se olvidaba de con quien estaba y de pasar de un beso a una buena follada. Vio incrementar sus cifras.
Para hacer menos rochosa la situación. Ella le alquiló un depa, pero solo era pa la jornada en especial. Eso si, el tendría que tener surtida la refri, comida rica, trago caro y alguna bagatela mas. Claro, todo con el dinero de la jefa.
La mañosa y enfermita mujer, cierta noche llegó con un sobre todo, nada abajo, nada arriba, solo en tacones, luego de hacerle un baile hot, le dijo que la grabe.
Era hábil para los negocios, por algo su fortuna sigue creciendo, pero en estos menesteres solo sabía improvisar, a penas podía mover los pies.
Por lo menos el joven amante, si, con ganas y mucho fervor, le daba una buena manoseada y sopeada.
Le encantaba el 69, y a veces solo en eso quedaban.
Total, cuando las locuras dominan y si te dan grana, que puedes pedir..........
Seis meses después, durante una clase de Economía, Martín conoció a
Camila, una compañera que trabajaba de camarera. Camila compartía sus sándwiches, se reía de sus chistes tontos y le explicaba las fórmulas de costos con un entusiasmo contagioso.
Un viernes, Martín llamó a Doña Ernestina.
"Señora, renuncio. También al apartamento, al coche y al traje. Lo siento, pero no puedo seguir aceptando sus cosas. Me voy a casar."
Ernestina, atónita, preguntó: "¿Con quién? ¿Con quién que pueda darte más de lo que te doy yo?"
"Con Camila, mi compañera de clases. Vamos a abrir una pequeña panadería. No tendremos lujos, pero sí seremos nuestros propios jefes. Gracias por el impulso, señora. La escuela fue una gran idea."
El Desastre: Ernestina había invertido tiempo, dinero, un coche y un máster en un hombre, solo para que él usara ese máster para independizarse y casarse con la primera mujer que no lo trataba como una adquisición. La
lana se esfumó en manos de una panadera.
💃 La Ex-Modelo y el Barrio Sediento
Capítulo 1: El Asedio del Barrio
La llegada de
Doña Carlota, ex-modelo de alta costura de mediana edad, al barrio de clase media fue un terremoto. Carlota era una "Milf" despampanante, con la huella del glamour en el andar. Su propósito: huir del frenesí de su vida anterior y vivir de sus recuerdos en paz. El barrio masculino, sin embargo, no entendió de paz. Vieron en Carlota la
lana más codiciada.
Ella tuvo un pasar por la vida que si los árboles, playas, piscinas y baños de equis lugares hablaran. Tal vez, ella se tendría que ir del país.
No todos la reconocerían, es mas, ella se sentía a gusto así, pasar piola.
Pero sus pechos y cola no, algún sapo, algún enfermo, algún maniático, guardaba posters, souvenirs de ella de sus buenas épocas, como se dice cuando sus tangas y lentejuelas hablaban, muchas manos se hacían solas la fiesta.
El
Abogado Prudencio le llevó contratos para que firmara. El
Carnicero Roque le enviaba los mejores cortes de lomo. El
Panadero Jesús le decoraba la baguette con su nombre. Todos, hombres de bien, con un estatus decente, la cortejaban con ahínco, creyendo que su posición o su billetera serían el consuelo ideal para una dama cansada del lujo. Carlota, simplemente, aceptaba los favores con una sonrisa distante.
Eso si, temprano pasaba por sus negocios, a veces con legins al cuete, otras con la mini chiquita, dejando al descubierto sus pechereques y otras el hilo al abrir las piernas.
Todo un manjar, sus fans se deleitaban con su caminar cadencioso pero provocativo, su mordida de lengua y quizás alguno se ganaba con un buen beso de lengua y nada mas.
Capítulo 2: El Candidato Imposible
Entre la legión de pretendientes estaba
Severo, un hombre que rayaba en el despropósito. Severo no tenía profesión fija, vestía siempre con ropa de segunda mano y pasaba las tardes en el parque jugando ajedrez consigo mismo. No tenía dinero, ni estatus, ni glamour. Simplemente observaba a Carlota desde la distancia, sin ofrecerle nada.
Una tarde, Carlota se sentó en el mismo banco del parque. Severo no la reconoció.
"Disculpe, señora," dijo Severo sin levantar la mirada del tablero. "¿Quiere un turno? Soy pésimo, pero honesto."
Carlota aceptó. Jugaron por horas. Severo no la halagó, no la invitó a cenar, ni la comparó con una diosa griega. Simplemente la trató como una más. Hablaron de la inutilidad de los peones, de los árboles y del tedio.
Algo terminó por hacerla caer, cuando el mundano ser se agachó para recoger una moneda, pudo ver por encima del pantalón que no era el promedio de hombre.
A decir verdad, era mas que eso, algo profundo, grueso y que ese olor la inquietó, fue el momento justo para decirse, con este me voy, con este me quedo, con ese saboreo.
Capítulo 3: momentos hots
Una semana después, el barrio estaba de luto. Carlota no estaba. La dejaron plantada en la peluquería, en la carnicería y en la casa del abogado. Todos se reunieron en la plaza para lamentar su partida, convencidos de que "algo" la había asustado.
En eso, apareció Severo. Iba con una maleta pequeña, sonriendo como un idiota.
"Buenos días, caballeros. Si buscan a Doña Carlota, se fue. Me fui con ella."
El abogado, indignado, preguntó: "¿Pero qué le diste? ¡Yo le ofrecí acciones y una hipoteca libre!"
"Yo le di otra cosa," dijo Severo encogiéndose de hombros. "Me preguntó si yo extrañaba la fama y el dinero. Le dije que no, que es un peso inútil. Le dije que si te cansas de un circo, lo último que necesitas es más payasos, por más elegantes que sean."
Carlota y Severo se habían ido en un autobús, con destino a un pueblo costero donde él había prometido enseñarle a pescar. Ella, cansada de ser un trofeo y de la "lana" del estatus, se fue con el único hombre que le ofreció la paz del olvido.
El Desastre: El barrio invirtió en vanidad y posesiones, y la dama eligió la honestidad del menos indicado. La
lana del glamour y el buen partido se perdió en un viaje en autobús.
El resto creería que recién comenzaba esa historia.
Lo cierto es que ambos se prodigaron amores, caricias, en el ultimo piso del edificio donde varios vivían.
Sus carnes algo arrugadas no ahuyentaban del placer inmenso que ella te daba.
Sus gemidos, sus aullidos, sus movimientos y esa ternura de una dama veterana que todavía da buen caldo.
Don Severo no solo la uso, también se dice, la alquiló...............