Jue, 12 Dic 2011

Retroporno: películas prohibidas de los burdeles de París (1920)

En la primera mitad del siglo XX los burdeles parisinos gozaban de fama mundial, establecimientos como el Chabanais o el One-Two-Two, donde cada habitación estaba decorada con un estilo diferente -japonés, hindú, Luis XVI, fueron visitados por personajes tan famosos como Ernest Hemingway, Pablo Picasso o Charlie Chaplin, por no mencionar a los jefes de estado que hasta que en 1946 el gobierno de De Gaulle ordenó el cierre de todos los burdeles, algo que se debió en buena parte a que los invasores Nazis los reservaron para su uso particular. Un atractivo adicional de estas casas de putas eran las películas pornográficas que ahí se exhibían.

Incluso anteriormente el dramaturgo Eugene O’Neill, relataba cómo en Buenos Aires, por ahí de 1910, asistió a lo que entonces se conocía como “función secreta”. En una barraca se había improvisado una sala de cine donde el público pudo ver una serie de cortos que mostraban la gama entera de actividades que estarían prohibidas en las pantallas comerciales de todo el mundo hasta 1967.

Estas películas, llamadas “stags” o “smokers” eran absolutamente ilegales y las personas que los filmaban o estelarizaban se arriesgaban a terminar en la cárcel pues hay que recordar que en esa época el sexo oral era considerado una abominación tan grande como lo sería hoy en día la zoofilia, por ejemplo, por lo que las personas fotografiadas en esos trances llegaban a extremos que nos pueden parecer ridículos con tal de ocultar su identidad. Abundan los stags donde los actores se preocupan más por evitar que se les caiga el bigote postizo que por darle fuego a las actrices.

Por lo antes señalado es muy difícil establecer si los stags que sobrevivieron el paso de los años realmente corresponden a la época y al país que se les atribuye. Se sabe que se filmaron miles de películas pornográficas en lugares tan distintos como Alemania, Suecia, Argentina, Cuba, México o Estados Unidos. Muchas de estas deben haber sido producciones locales, para consumo exclusivo de la zona roja más cercana, pero otras seguramente cruzaron las fronteras y fueron a parar a manos de coleccionistas y comerciantes de otros continentes.

Las notas de la recopilación que ahora nos ocupa, Les Films Interdits de Maisons Closes, aseguran que los cortometrajes ahí contenidos fueron hechos en Francia en la década de 1920, pero es probable que al menos uno se haya filmado en Berlín, importante centro de producción de material erótico durante la República de Weimar, si no es que en La Habana o San Francisco.

Independientemente de su origen, Les Films Interdits de Maisons Closes ejemplifica varias características de los stags, corta duración de las películas, de unos diez minutos como máximo. En un lapso semejante había que desnudar a los actores lo más rápido posible, por lo que las situaciones con frecuencia son muy básicas y muchas se siguen repitiendo hasta la fecha: el plomero, el dentista, el violador.

Los títulos que aparecen en la reproducción pueden ser engañosos. El Trío, por ejemplo, dos mujeres que están en un bar empiezan a quitarse la ropa, por lo que el cantinero sale de atrás de la barra para reconvenirlas. De pronto se olvida de las buenas maneras y empieza a estimular oralmente a la que ya estaba desnuda. Cuando su amiga se acerca el cantinero se olvida de la primera chica para atenderla. En este caso el trío no se materializa ya que una de las mujeres sólo participa como almohada.

Igual de confusa es la acción en Le Godemiché (“El consolador”), donde un par de lesbianas se hacen arrumacos hasta que una de ellas saca un dildo y, a la manera de los videos que hoy se conocen como strap-ons, se lo ata a la cintura para satisfacer a su amiga.

Quienes crean que la categoría “MILF interracial” es algo nuevo se llevarán una sorpresa con Le Chauffeur de ses Dames (“El chofer de las señoras”, o “El calentador de las señoras”). En este corto vemos a dos mujeres ya maduras que se pasean con poca ropa en un cuarto hasta que notan que alguien las espía. Es un hombre de color, si le hacemos caso al título debe ser su chofer, al que invitan a acompañarlas. Se desnudan y, en un ejemplo de cómo en los stags todo era improvisado, voltean a ver a la cámara esperando las instrucciones del director. Se acuestan en la cama y de nueva cuenta hacen una pausa para que les digan qué hacer. Lo que sigue es más frenético. Hay cambios de posición, 69 en posición vertical con riesgo de que el negro tire al piso a su compañera, una eyaculación a la mitad del corto y sobre todo mucha felicidad por parte de los actores, que no dejan de sonreír mientras miran al camarógrafo.

En Solitude (“Soledad”) vemos a una mujer acostada en su cama que evidentemente no tiene quien calme su ardor, a pesar de tener buen cuerpo. Dispone de un consolador pero apenas y lo usa antes de cerrar los ojos.

En Monsieur est Servi (“El señor está servido”) y Mademoiselle Prend Son Bain (“La señora toma un baño”). En el primero el patrón aprovecha que la mucama le está llevando el desayuno a la cama para jalonearla. Al principio ella se resiste pero muy pronto da a entender que en realidad no le molesta, en Mademoiselle Prend Son Bain, un corto donde sólo vemos a la actriz desnuda, haciendo ejercicios y bañándose en la tina.

La mayoría de las mujeres que salen en Les Films Interdits de Maisons Closes, con excepción de Solitude, podrían describirse como “aceptables” (pues recordemos que a la hora de seleccionar a sus repartos los productores de stags debían anteponer el entusiasmo al atractivo físico), en las condiciones que se hacían estas películas no sorprende que sea difícil encontrar actrices que puedan rivalizar con Gianna Michaels o Sasha Grey.

En Miss Dynamite vemos a una chica que se retuerce sentada en una silla, cuando se abre la toma y ella se levanta el vestido descubrimos la causa de su inquietud: hay un tipo hincado en el suelo lamiéndole la entrepierna.

Desde principios del siglo XX los camarógrafos sabían que la posición de misionero es poco recomendable porque no se ve nada. Por desgracia esto lo ignoraba el responsable de Miss Dynamite, por lo que cuando la pareja finalmente le pone no se aprecia la acción.

El ultimo corto Au Suivant! (“¡El que sigue!”), es más convencional. Consiste en una serie de posiciones, manoseos y lengüetazos que sólo se distinguen de su versión moderna por estar en blanco y negro. El único elemento curioso de Au Suivant! es que el hombre nunca se quita los calcetines negros, aunque tomando en cuenta a su escultural compañera este olvido es comprensible. No hay duda que la actriz de Miss Dyamite y Au Suivant! sería una estrella en el panorama porno actual. Además de ser tetona y bonita, la chica se desenvuelve con una naturalidad que con frecuencia se les olvida a las pornstars del siglo XXI

Como ocurrió también con un alto porcentaje del cine “normal” que se hizo en las primeras décadas del siglo anterior, la mayoría de los stags se han perdido, no obstante, sobrevive una cantidad suficiente para comprobar que los actos sexuales que nos escandalizan o nos enorgullecen, según sea el caso, son tan antiguos como la humanidad, y un ejemplo lo tenemos en Les Films Interdits de Maisons Closesque podeís ver a continuación…

 

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