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18/04/07, 17:39:28
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Mi puta linda
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
Era una comisión más, un día normal de trabajo.
- Tienes que ir a una campaña de vacunación contra la rubeola- me dice Pepe Olano, encargado de repartir las comisiones
- Ok, ok… ¿dónde es? – pregunto con poquísimas ganas de trabajar un viernes a las seis de la tarde
- Es en el “Trocadero” mi amor, van a vacunar a las putas, no se te ocurra dejarme por algunas de esas niñas malas porque si no te araño- me dijo al tiempo en que acariciaba mi barba.
Le fascinaba hacer de marica al buen amigo Pepe, o “la Olano” como también lo llamábamos, le encantaba contarnos algún chismecito empezando con su clásica “ay hija te cuento…”. Él y sus afeminados arranques eran el chiste de todos los días.
“El Trocadero” es uno de los prostíbulos más conocidos en Lima y justo allí el alcalde del Callao Alex Kouri, decidió empezar una campaña contra la rubeola, preparándose, de esta forma, para la campaña electoral que se avecina.
Me subo al carro del diario y el viaje hasta el puerto me resultó demasiado acogedor, salvo la canción de José Luis Perales que estaba en la radio (detesto a José Luis Perales, me parece un llorón insufrible), y, mientras trataba de ignorar la melodía, poco a poco me entregaba a la nada. Pensé en la playa, en una copita de vino, en los ojos negros de Penélope Cruz y vi caer estrellas en el mar mientras Perales cantaba:
“El amor es llorar cuando nos dice adiós,
el amor es soñar oyendo una canción…”
Y dormí.
- ¡Señor sus documentos!
- ¿Ah?
- ¡Sus documentos!
- ¿Hay que entregar documentos? – le pregunto somnoliento a Mauricio Ottiniano el redactor que me acompaña, mientras el guardián del “Troca” se desinfla por mi lentitud
- Así parece – Me responde malhumorado Mauricio desde el asiento delantero mientras el chofer se saca unos residuos de comida de entre sus dientes.
Le extendí el brazo con mi carné de prensa entre los dedos, sin decirle nada.
- ¡Adelante! – ordenó el guardián, de pésima actitud, luego de sostener mi identificación.
- No, atrás. Gordo huevón – dijo en voz baja “pecho de gato”, mientras ponía primera y arrancaba su Toyota blanco del 96.
Ya dentro del prostíbulo vimos la cola que formaban las prostitutas para recibir la vacuna en el hombro, mientras el alcalde, bien peinado y con el símbolo de su partido estampado en el polo, regalaba a las cámaras su mejor sonrisa.
Para variar, llegamos tarde, ya había empezado toda la faena.
- Puta mare, llegamos tarde– dijo Mauricio- ojalá que por lo menos hayan buenas putas ¿no?
- No creo- le dije todavía adormecido por el sueño interrumpido.
Hice la cobertura gráfica de la campaña de vacunación. Mauricio terminó con las preguntas al alcalde y a algunas de las chicas que se cubrían la cara y gran parte de sus cuerpos con sábanas cuando veían alguna cámara enfocándolas.
Pero, en un rincón del prostíbulo, al margen de todo el movimiento y cuando ya tenía todas las fotos requeridas, me encontré sumergido en una gran incertidumbre. Pensé en escabullirme de entre la seguridad, el alcalde y los amigos periodistas; y, luego, pasearme por dentro de los pasajes del burdel y convencer a alguna de las chicas para hacerles fotos dentro de sus cuartos.
Quería, y hasta cierto punto necesitaba, invadir con mi cámara (y con su permiso, claro está) el interior de su nido sexual, de su casa laboral, quería ver y retratar a las putas del “troca” dentro de esos cuatro metros cuadrados que significan su fuente de ingreso y, por qué no, de placer.
Y así, con esa comidilla producida por las ganas de hacer algo indebido, de hacer una pequeña travesura burlando la seguridad y tratando de maquinar una excusa razonable si me atrapan infraganti, me oculté entre las pancartas de la publicidad y luego aproveché el descuido de todos producido por la caída de un recipiente de las enfermeras para introducirme a la casa de la lujuria llamado “el Trocadero”.
¿Has visto el interior del hotel Sheraton? Ese inmenso tubo donde están todos los cuartos. ¿Lo has visto? Ya, es igualito, claro que son tres pisos nomás (¿o eran dos?), es como una vecindad por dentro. Infinitos cuartos uno al lado del otro, y en cada puerta una puta vestida con diminutas prendas, mirándose el color de las uñas, hablando con la vecina del costado gileando a algunos de los parroquianos y pintadas sobrecargadamente con colores llamativos como el rojo, como el rojo sangre.
Tenía la cámara lógicamente en el maletín. Era un hombre más buscando placer dentro del burdel.
- Amigo, ven. Te va a gustar. Todo con paciencia, no hay apuros. Ven amigo, servicio especial…- me dijo una mujer con el cabello ondeado, rubio… que no dejaba de masticar seguramente un chicle.
- ¡Hey amigo, no te vayas! Ven par conversar.- me dijo otra muchacha, mientras que su vecina me decía “ven” moviendo el rostro y enseñándome sus generosas nalgas (muy generosas valgan verdades)
Continua....
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
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18/04/07, 17:41:04
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Sigo
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
Luego de superar varias ofertas, besos volados, silbidos y propuestas bastantes excéntricas de sexo, pude ver una puerta abierta sin ninguna chica allí para invitarme a pasar y disfrutar de un momento de placer, solo vi la luz roja característica de los burdeles como único resplandor de ese cuartucho.
Al asomarme vi a una chica echada en la cama, boca abajo leyendo una revista. No pude distinguir que revista era. Tenía una especia de camisón rojo que le cubría (con poco éxito) parte de la espalda. Sin nada abajo, solo un calzón morado. Y nada que comentar (¿me entienden?).
- Hola – tímido saludo para llamar su atención
- Quince soles y veinte el especial – me dijo sin dejar de mirar su revista
- ¿Y no podemos negociar un súper especial? – le dije con una forzada sonrisa, de esas sonrisas maliciosas que de vez en cuando nos salen.
- No flaco, anal no. Por allí hay chicas que atracan, pero yo no – Me dijo esto mientras se levantaba bruscamente de la cama y dejaba caer la revista Somos del diario El Comercio, y recién allí me lanzó una mirada de desprecio mientras se acercaba a cerrarme la puerta en la cara.
- No te molestes, no soy lo que piensas.
- ¡Ah! Eres cabro. ¿Qué mierda haces acá entonces? – me preguntó más enfadada.
- No, he venido con la gente de la campaña de vacunación – le dije un poco asustado por el posible escándalo
- ¿Eres un enfermero? Yo ya me vacuné. O quieres vacunarme de otra manera – me decía esto mordiéndose los labios – Anda anímate papito – y me acarició la pelvis por encima del pantalón.
- ¡No! – Le dije casi espantado retirando mi cuerpo de esas manos llenas de esmalte y callos. – quería que me ayudes con unas fotos, soy periodista.
- ¡Ándate a la mierda! – me gritó al tiempo en que me tiraba la puerta en la cara.
Casi temblando caminé otros cinco cuartos para hallar con otra “inquilina” pero con el mismo resultado brusco me encontré. Me pasó lo mismo con otras cuatro chicas más que, entre insultos clásicos como “fuera concha tu madre”, “Lárgate chismoso de mierda” o “arranca negro maricón”, me expectoraban de sus cuartos.
Ya casi derrotado, en medio de una gran incertidumbre y sabiéndome perdedor en el intento por hacer algo novedoso en mi trabajo como fotógrafo, me encontré con el cuarto número sesenta y nueve (69 –sugestivo y mítico número–). En la puerta hay un letrero que dice “Marina” Al husmear no vi a nadie. Dije “¡Hola!” y el silencio me respondió. Derrotado, bajé la mirada e intenté seguir mi camino.
- ¿Si? – Me asustó una voz a mi espalda – ¿Qué quieres papito?
- Hola – le dije casi sin verla
- ¿Deseas servicio? – me dijo mientras se acomodaba en el marco de la puerta de su habitación
Era más o menos delgada, cabello negro, ondeado; ojos un poco rasgados, negros también; de tez blanca, muy blanca, muy pintada a la vez, pero, sin embargo, no me molestó la cantidad de maquillaje, no amilanaba para nada su extraña belleza la cantidad obscena de pintura en la cara. Tenía un baby doll blanco, con bragas y enagües del mismo color. Preciosos senos. Puedo inventar cualquier palabra en este momento, puedo escribir cualquier emotivo recuerdo, cualquier estúpida lágrima, cualquier piropo cursi; pero solo diré que Marina era bella. Era rica, más que bella. Era un pedazo de mujer frente a mis ojos.
- Si. Perdón, no. Sólo…
- Total ¿si o no?- Me dijo sonriendo, como sabiéndose ella dominadora de la situación.
- Mira – me armé de valor – soy periodista…
- Lo sé. Te vi haciendo fotos como loco afuera. Tienes buen trasero – Me dijo sonriendo y eso me tranquilizó.
- ¿De veras tengo gusta mi trasero? – le pregunté ya hecho yo todo un ganador.
- No, no me gusta. Sólo te he dicho quetienes buen trasero.
- Ok, ok. Algo es algo.
- Entonces ¿qué quieres culón? – me preguntó sonriendo.
- Quiero hacerte fotos dentro de tu cuarto. No para el diario sino para una exposición.
- ¿Fotos artísticas? – me preguntó con entusiasmo.
- Así es, fotos artísticas – le repetí con el mismo afán.
Un silencio, una sonrisa rara, un par de ojos bien abiertos... Lo estaba pensando y su rostro reflejaba travesuras en su mente. Marina era bella. Era rica más que bella. Ya la tenía, era un hecho que iba a posar para mí en su cuarto, en su guarida. Un silencio, una sonrisa rara, un par de ojos bien abiertos... y seguía pensando.
- OK, acepto- me dijo coquetísima.
- Perfecto – le dije casi en el acto.
- Pero con una condición- al decirme eso me asustó, lo admito.
- ¿Qué condición?- le pregunté con miedo a su posible respuesta.
- Antes que me tomes las fotos, te atiendes conmigo.
Un silencio, una sonrisa de pendeja, un par de ojos bien abiertos (los míos). Paréntesis. Nunca había estado con una puta. Nunca. Y no era porque me de asco o sea un puritano. Nunca tuve una oportunidad tan clara como esta, nunca me interesó buscarla tampoco. Marina era bella. Era rica, más que bella. Dejé de pensar en las fotos. Y me vino el macho, me vino el morbo, me vinieron sus senos... y fue suficiente.
- Ok, está bien. ¿Cuánto es?- le pregunto decidido.
- 30 soles el especial. ¿O quieres un servicio simple? – me pregunta coqueta.
- Lo quiero todo- ya estaba encabronado.
- Ok, ¿Te gusta escuchar música cuando tiras?- me excitó que utilizara el verbo “tirar”.
- Depende qué es lo que escuche- le respondo excitado, mientras ella se voltea para entrar a su cuarto y me pregunta:
- ¿Te gusta José Luis Perales?- y, mirándole su firme y redondo trasero, sólo pude decir:
- ¡Me encanta...!
Continuara...
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18/04/07, 17:46:50
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segunda parte
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
Rojo, muy rojo. Olor a condones y alcohol. Al entrar, Marina cerró la puerta donde había, en su interior, un póster de Tom Cruise con el torso desnudo.
- ¡Qué lindo es mi Tom! ¿no?
- ¿Has visto alguna de sus películas? – le pregunté viendo la cama de una plaza, dónde seguramente estaremos en pocos minutos teniendo sexo.
- Si, ví “Misión imposible 3”. Ay sale tan rico. Si lo veo en la calle me lo como – me decía mientras yo sacaba la cámara de mi maleta.
- ¡No!- me dijo con un gesto desaprobatorio- Primero te atiendes, luego ya relajaditos me tomas las fotos que quieras.
- Está bien- le dije guardando nuevamente la cámara.
En la radio el pesado de José Luis Perales seguía llorando. Era un especial de dos horas con el ídolo español, como repetían los afiebrados locutores. El baño no tenía puerta. La cama estaba recubierta con plástico por debajo de las sábanas azules. Una colcha al pie de la cama y espejos por todos lados.
- Son treinta soles cariño- me recordó mientras rasgaba un condón que sacó del cajón.
- OK- le dije asustado viendo tatuado un corazón rojo a la altura de su preciosa nalga izquierda. – ¿Te puedo morder ese corazón? – le pregunté en un intento de darme confianza, mientras, de improviso, acariciaba el borde del tatuaje.
- Por treinta soles puedes morder lo que quieras- me dijo y vi por el espejo que sonreía.
Le di el dinero. Ella lo guardó en su cartera. Reconozco que me sentía raro, excitado, pero raro. No entendía porque y no quería darle importancia tampoco. Luego, en un momento de silencio (solo el pesado de Perales que seguía llorando en la radio) alguna chica pasó por la puerta de Marina y gritó “¡provecho cangrejito!” y se fue riéndose.
- ¿Te dicen “la cangrejito”? ¿Esa es tu chapa?- le pregunté sonriendo.
- Si, así me dicen- me respondió con otra sonrisa traviesa mientras se colocaba frente a mi
- Y ¿por qué te dicen “la cangrejito”? – le pregunto intrigado
- Bien sapo eres ¿no?- me dice sentándose pesadamente en la cama – me dicen así por una pose.
- ¿Por una pose?- le pregunté incrédulo
- Así es, por una pose sexual- me dijo juguetona.
- ¿Y cómo es la pose “el cangrejito”? – le pregunté más intrigado aun.
- Es fácil, pero efectivo para ustedes los hombres. Es como hacerles masajes al pene con la chuchita.- me fascinaba escucharla hablar así.
- ¿Cómo así?- le pregunté excitadísimo.
- Dame tu mano- me dijo sosteniendo mi mano derecha frente a ella, buscando el dedo medio y remangando los otros – ya, este es tu manicito.
- Ok, ese es mi manicito- le repetí sonriendo.
- Y esta es mi chuchita – me enseñó su mano derecha y unió las cinco yemas de los cinco dedos de su mano y los puso encima de la punta de mi dedo medio que se encontraba erecto.
- OK, esa es tu chuchita- le repetía más excitado.
- Entonces yo abro mi chuchita- me dijo esto mientras abría un poco las yemas de sus dedos- y me como tu maní- cubrió mi dedo medio con su mano, mientras yo sufría una erección- luego presiono con mi chuchita la base de tu manicito- apretó sus dedos contra la base de mi dedo- y jalo hacia arriba- me dijo esto mientras frotaba bruscamente sus yemas en mi excitado dedo medio- Y así repito la acción varias veces hasta que te vengas. Y de verdad se vienen al toque.
Yo tenía el rostro afiebrado. La explicación de la pose “el cangrejito” sencillamente me puso demasiado alterado. Quería en ese momento destruir el cangrejo que habitaba dentro de su “chuchita” como ella decía. Estaba enfermo, turbado y erecto. No podía contenerme. Me parecía erótico todo, hasta escuchar a José Luis Perales me parecía erótico.
- ¿Vamos de una vez?- le pregunté hecho un monstruo
- ¿Ya te arrechaste papito?
- Mucho.- no podía negar lo evidente
- Tienes que ponerte esto- me dijo mostrándome un condón
- Dámelo.- Se lo arranché de las manos y me apresuré en bajarme los pantalones y ella se disponía a desnudarse.
El momento había llegado. No había nada que pudiera evitar que en ese momento comiera un cangrejito. O que el cangrejito me comiera a mi. Me bajo el calzoncillo, ella me mira y me dice:
- Si que estás calentón- me dijo riéndose la muy maldita.
Me estoy poniendo el condón y suena el celular de mierda.
- ¿Aló?- pregunté furibundo.
- ¿Oye huevón dónde estás?- me dijo más molesto aun Mauricio Ottiniano, mi redactor
- Estoy haciendo fotos, salgo en veinte minutos- le dije apresurado.
- No cholo, sal ahora mismo. Esta nota ya no irá. Hay un incendio en los Olivos y han cambiado la página. Te estoy buscando hace rato, ya no hay nadie aquí. ¿Dónde estás huevón? – me preguntó ya mortificado
Me paré de la cama y me fui hacia el baño para bajar la voz.
- No me equivoqué, si eres culón- dijo Marina coquetísima mirándome el trasero desnudo
Llego al marco de la puerta del baño y le digo a Mauricio:
- Mauricio, estoy con una flaca aquí, en uno de los cuartos…- no me dejó terminar y me dijo casi gritando:
- ¿Estás cachándote a una puta? Oye “Pecho de gato” Iparraguirre se está cachando a una puta.- escuché las carcajadas de mi chofer mientras yo trataba de explicar que no eran así las cosas.
- Déjame hablar Mauricio, las cosas no son así…
- Papito ven de una vez que tengo frío y quiero ponerme mi ropa- me gritó Marina y Mauricio escuchó.
- ¡Ah! Ya la tienes calata. Oye “Pecho de gato” este huevón la tiene calata en la cama. ¡Le cagamos el polvo!- Y las carcajadas fueron más fuertes aun.
- Oye, no me cagues huevón. No seas malo. En un rato salgo- soné patético.
- ¡”Pecho de gato”, el cacherito me está rogando!- Ya estaba destruido, era un hecho que estaba destruido.
- Dame media hora, o veinte minutos y salgo al toque- Me desesperé.
- Oye, no jodas huevón. No te lo volveré a repetir. Si perdemos las fotos por tu irresponsabilidad no me va a costar nada lavarme las manos y tirarte toda la culpa- cambió drásticamente el tono de su voz, dejó de burlarse para aclararme las cosas- Sal ahora mismo- Y me colgó el teléfono.
Continua.
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18/04/07, 17:47:54
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fin segunda parte
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Al colgar, dirigí lentamente la mirada hacia Marina quien estaba dispuesta encima de la cama, luego miré el condón puesto a la mitad y morí. Y cuando digo que morí estoy diciendo que todo mi cuerpo murió.
- O sea, me dejas con las ganas- sonreía la muy maldita. Sabía que estaba frustrado- que penita me das culón.
- Y ahora ¿Qué hacemos?- pregunto recogiéndome el pantalón
- Yo buscaré quién me pueda tirar y tu te correrás la paja en tu casa- soltó una carcajada
Ya estaba resignado. No había nada que hacer. Mientras fenecían sus carcajadas, hubo, luego, un silencio. Bochornoso y sonoro silencio. Ya vestidos nuevamente de forma civilizada, me disponía a salir del cuarto mientras el locutor de mierda anunciaba el final del especial de José Luis Perales.
- ¿Qué tienes que hacer hoy en la noche?- me pregunta de lo más normal.
- Correrme la paja- y soltó otra carcajada más sonora aun y yo, no me quedaba de otra, sonreí.
Y, nuevamente, hubo un silencio. La miré por unos segundos. Vi en ella un gesto de duda. Me di cuenta que discutía con ella misma, que estaba meditando alguna salida a este momento incómodo para mi. Dentro de esos cortísimos segundos algo en mi recapacitó y me percaté que, quizás para ella, yo no significaba un cliente más. Por la forma como miraba a la nada, por la forma de su semblante, por esas cosas, supe que en ella habitaba alguna posibilidad que este encuentro no terminara en los siguientes segundos. Y, por ese interés de ella en mi, me sentí halagado, me sentí, de alguna ridícula forma, querido. Por un brevísimo momento, por un breve y lejano segundo, esta situación me pareció romántica.
Y me dijo:
- Hoy es el cumpleaños de una amiga de aquí del trabajo. Si quieres me acompañas a la fiestita que vamos hacer- me dijo seria.
- Me parece fenomenal.- le contesté en el acto- Solo una condición.- le dije más serio aun- Que no pongan a José Luis Perales- le dije sonriendo
- ¿No te gusta?- me preguntó extrañada
- Me parece un asco- le dije ya sin temor a nada.
- Yo iré a su concierto, a mi me encanta, así q estaré en primera fila.- me decía emocionada
- Nadie es perfecto.- le dije burlón.
- ¡Qué malo eres!- me dio un empujoncito.- Bueno, te doy el número de mi celular, apunta…- mientras me dictaba los números vi que en ella había algo de nerviosismo y eso me hizo sentir muy cómodo. Me hizo sentir que, quizás, yo no era el único experimentando algo diferente.
- OK, lo tengo, te llamo, ¿te parece?- le pregunté serio también.
- No hay problema culón.- Me dijo con una larguísima sonrisa, como queriendo, a la fuerza, romper el hielo en el que nos habíamos metido.- Y si quieres tómame una foto. Pero con una sábana, no quiero que mis papás me reconozcan.
- Perfecto.
Y le tomé la foto, solo una. Luego me dispuse a salir. Me dio la dirección de la fiesta de su amiga mientras cruzaba la puerta de su cuarto. Sonó nuevamente mi celular. No respondí.
- ¿Vienes en la noche?- me preguntó ya fuera.
- Si, es lo más seguro. – le respondí más calmado.
Me dirigió una sonrisa, ya no tan coqueta como antes. Pero noté mucho entusiasmo en sus ojos, con muchas ganas de que venga de una vez la noche y volver a vernos.
Ingresó a su cuarto sin despedirse mientras, caminando ya, escuchaba, extasiado, el eco deliciosísimo de sus risas.
Continua...
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18/04/07, 17:50:22
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Tercera parte.
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
Destruido. Hecho polvo. De polvo somos, de polvo seremos y en polvo me convertí en ese momento. El señor “pecho de gato” y Mauricio hicieron de mi vergüenza algo superior a cualquier cosa en ese momento. No ahondaré en ese tema. Sólo diré, que para redondear la faena, el incendio en Los Olivos fue sólo un susto, una falsa alarma. Un corto circuito, un techo semi calcinado y una señora con mucho susto y poco oxigeno en su cuerpo, fueron los saldos de ese maldito incendio que “incineró”, además, mis arrechísimas ganas de cabalgar con Marina por los senderos del placer (¿manyas lo huachafo?: “Por los senderos del placer”, ¿qué tal?).
Y así, con el poco nombre que me quedaba, regresamos al diario. En el camino pasaban por mi mente muchísimas escenas de amor, de pasión y hasta escenas bélicas con corceles y dragones custodiando a la princesa Dulcinea del toboso (o del troca), mientras yo, con mi carrito Daewoo y mi cámara bajo el brazo en forma de lanza, cabalgaba con el costillar de mi rocinante (mi Daewoo) a salvar a mi Dulcinea querida, alias “Marina”… (y ahora, ¿qué tal?).
Entre las más pastrulas alucinaciones, entre los más locos sueños (todos despiertos) pasaron mis últimas horas de trabajo. Antes de llegar al tono de las amigas de Marina, me mataba la curiosidad, por todo. No solo de entablar una rarísima relación con ella, sino conocer ese ambiente, merodear ese mundo que rodea la prostitución. Y, aunque supe en ese momento, y lo sé también ahora, que Marina era una puta, no podía sacar de mi cabeza las miles de ideas de como podía estar con ella, o sea, de ser más que su cliente. ¿Ridículo? ¿Estúpido? ¡Qué importa! No puedes negar tus sentimientos por más estúpidos que parezcan, eso sería negar la mismísima esencia que nos hace humanos.
Llegué con un six pack bajo el brazo. Me abrió la puerta una chica obesa, vestida de manera informal. Le dije que venía por una invitación q me hizo Marina. Me dio un gesto aprobatorio y me dijo, de forma educada que pasara hacia la sala, que Marina estaba trabajando aun y que no tardaba en llegar.
Era una sala relativamente grande, limpia, bastante limpia. Es increíble que me fijara en eso primero. Habían ¿qué? Ocho o siete chicas dispersas entre la sala y la cocina. Todas me saludaron a la vez. Me comentaron que Marina les había contado sobre mi, sabían que era periodista y que me fui con el condón entre las piernas sin usarlo. Y nos reímos mucho.
La conversación fue más que amena. Yo era el único varoncito en la casa. Les contaba algunas anécdotas de mi vida como periodista mientras ellas me narraban peripecias de sus vidas como prostitutas. En esa conversación aprendí mucho de estas chicas que, por distintos motivos, todos ellos más que alucinantes, cayeron en este negocio tan venido a más pero, a la vez, tan mal visto por la hipocresía de la sociedad.
Y Marina llegó.
De lejos era la más hermosa. De lejos era la más bella, perdón, la más rica. Toda de negro, pero igual de radiante. Poquísimo maquillaje ahora. Me saludó con mucho cariño. Y se fue a la cocina a dejar los tragos que compró, seguramente, en el camino.
Y empezaron a bailar todas, menos Marina y yo que conversábamos de temas tan triviales e inverosímiles como la política, el clima o la cotización del dólar. Pero, también me contó de su familia, de sus padres que no ve hace mucho tiempo y que quisiera verlos nuevamente en su lejano Trujillo. Yo le hablaba de mis muchísimas ganas de escribir, de mi fanatismo por Joaquín Sabina y de la mala imagen que tuve de ella cuando me dijo que le gustaba José Luis Perales.
Luego de varias risas, uno que otro coqueteo, me propuso bailar salsa. Paréntesis. Yo, a parte de detestar bailar, no sé hacerlo. Tengo dos pies izquierdos. Jamás me interesó aprender tampoco y, la salsa, no es precisamente mi tipo de música (ni de cerca), me excusé diciendo que no sabía bailar, pero fue inútil, ella me dijo que tampoco sabía bailar pero que eso a nadie le importaba.
Entonces hice el ridículo. Y mientras se reían de mi (o conmigo) me agradaba más estar allí, me hacía sentir bien el aportar la alegría del tono y, tengo que admitirlo, fue bastante divertido. Luego de eso bailaba, sin que me lo pidan, todas las salsas que llegaron, Hector Lavoe, El gran Combo, otros cuyos nombres ignoro (pero que averiguaré, lo juro) y hasta salserín, si esos que dicen: “con salserín con mucho swing”. Y giraba, y zapateaba, y gozaba… bailé con todas. Y me amaron. Y las amé. Y reían. Y reí. Juro (y agradezco) que gocé y mucho.
Ya, relativamente cansado, a alguien se le ocurrió poner un perreo, una de esas ridículas canciones en el que riman insultos con frases sexuales, y tienen improbables ruidos que la gente confunde siempre con música. Las chicas bailaban entre sí cuando una de ellas intentó sacarme a bailar.
¡Ah no! Esa mierda no la bailo pero ni a cañones, y se lo dije clarísimo como para que no intente, siquiera, volverme a pedir lo mismo. ¡Esa mierda no la bailo jamás!
Lo único que escuché luego, fue una mentada de madre de algunas de ellas hacia mí, mientras, de un jalón, mi cuerpo era conducido a la fuerza a la pista de baile improvisada en aquella “limpia” sala. Karen, la dueña de la casa, la dueña del santo era, ahora también, dueña de mi cuerpo…
En cuatro. Como un perrito. Así estaba frente a mí, rozaba de lleno contra mi pelvis sus nalgas cubiertas con una delgadísima falda. Me sentía violado frente a todas. Me ruboricé, me asusté… pero lo peor fue cuando imaginé que esta escena la estaba viendo Marina en primera fila y sin canchita, seguramente, con mucha bronca y celos. “Ya me cagó la puta esta” pensé.
La vi de reojo y me sorprendió verla riéndose. Viendo todo y riéndose. No me quedaba de otra: sonreí también, aunque con nerviosismo. Pero, entre los gritos de las chicas y mi vergüenza expuesta allí en medio de la sala, sentía, poco a poco, y con mayor intensidad conforme pasaban los segundos, las nalgas de Karen, que eran, digamos, muy simpáticas, por decirlo menos. Me dejaba casi sin aire la forma como frotaba su humanidad en mi pelvis, pero lo peor llegó cuando sentí que poco a poco estaba sufriendo una erección y eso me avergonzó mucho.
Continua
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
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18/04/07, 17:51:04
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Fin de Tercera parte
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
Estaba luchando contra mis instintos, pensaba en los Thondercats, en Waldir Saenz, pero puta madre, me resultó imposible y Karen se dio cuenta de ese percance. Giró la cabeza ciento ochenta grados, me lanzó una mirada coquetísima moviendo frenéticamente las cejas de arriba hacia abajo y con una amplia sonrisa en su rostro se movió con más rapidez y ya no rozaba su cuerpo contra el mío, si no que golpeaba sus nalgas contra mis caderas como si fuera un brutal acto sexual con la ropa puesta. Yo sostenía su cintura sin saber qué hacer: o detenerla un poco y tratar de calmar mis hormonas o arremeter contra ella toda la salvajada contenida en mí.
Terminó la canción, pero, para mala suerte, la tortura en la que me hallaba expuesto estaba lejísimos de fenecer ya que Karen se apresuró a poner, lo que llamó algo así como, “el perreo chacalonero”. Y nada, lo q vino a continuación fue una orgía de todas contra mí. Estaba tirado en el suelo boca arriba con esas féminas encima de mi extasiado cuerpo. Y no quiero decir más. Me resulta demasiado doloroso.
Quién chucha habrá inventado ese ritmo satánico, esos pasos de baile tan frenéticos, salvajes… y deliciosos. Podría haber bailado un tango, una marinera, una polka… cualquier improbable ritmo ajeno a cualquier reunión de putas, a cualquier reunión de cafichos, pero jamás algo tan erótico y tan atrevido como “el perreo chacalonero”.
Y así fue.
Tres de la mañana. Y nos despedimos de todos.
- ¿Dónde me llevarás a cobrarte tus treinta soles?- me preguntó sonriendo.
- Bueno, cenaré cangrejitos en este hostal- le dije el distrito de un hostal medio caleta mientras subíamos al carro.
Mientras manejaba, arrojó hacia el asiento de atrás el CD de Sabina que me acompaña y puso al jodido de José Luis Perales como único testigo sonoro de nuestro viaje.
- ¡Vamos a la playa! Por favor, quiero ver el mar- me suplicó con esos ojos tan encantadores
- OK, vamos un ratito a la playa.
Y allí estábamos. Yo apoyado en el volante del carro, mientras ella se ensuciaba, bailando, con la arena del mar. Yo embobado viendo enamorado sus risas y su danza mientras Perales vomitaba su romanticismo a todo volumen… y ella seguía el ritmo de la melodía con unos deliciosísimos movimientos corporales.
Mariposa Technicolor de metro sesenta y cinco, descalza, cabello y el alma al aire… hubo belleza en esa escena, hubo arte en esa danza moderna en medio de la brisa del mar.
Fue allí, entre los frenéticos amantes de la costa verde, entre las risas de Marina y el floro de Perales que me arrancó la noche una sonrisa boba, fue allí que me sentí vulnerable a sus decisiones, a sus actos, fue allí, viendo su libertad, que me asusté de mis sentimientos.
Ya en el cuarto del hostal, ella estaba en el baño, mientras yo acomodaba mi celular y la billetera encima de uno de los muebles. Enciendo el televisor y busco, estúpidamente, canal N. Luego recapacito de mi babosada y pongo un canal musical. Voy al baño para tocarle la puerta y justo ella salía también a mi encuentro.
Y fue nuestro primer beso.
Sus dientes se escapaban de mis labios mientras que tímidamente su lengua rozaba con la mía. Despacio, bastante lento. Bordeaba sus caderas con mis manos mientras ella sostenía mi nuca. Una ligera y tímida mordida a su labio inferior fue el epílogo de ese primer ósculo, de ese primer contacto.
Por un un breve espacio me miró enamorada. Me dijo q besaba lindo. No rico, no fuerte… me dijo que besaba lindo. Marina era bella. Era rica, más que bella. Pero en ese momento la vi más guapa que cualquiera.
“… Y casi por compromiso,
se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas toqué
sus pechos dormidos…”
No se dijo palabra alguna. Contra la pared nos hallábamos rendidos uno contra el otro. No me hagas daño, me dijo. Jamás te dañaría, pensé.
“… Yo me quité la corbata,
ella se quitó el vestido
Yo el cinturón con revolver
ella sus cuatro corpiños…”
Seguía la arena de la playa entre sus piernas y, entre sus cabellos, podía sentir el olor a mar... aunque, sólo diré: que si el amor tuviera un olor, olería a Marina.
“…Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos
La mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frio.”
Aquella noche, recorrí sus caminos montado en el lomo de mi placer, montado en las espaldas de mi cojudísimo amor. Marina era una puta y yo me estaba enamorando de ella.
“No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedio.”
Regresé del baño (luego del amor), y estaba ella allí, rendida, expuesta debajo de las sábanas. La luz del pasadizo alumbraba su cuerpo desnudo, totalmente vulnerable, mientras yo, sentado, admiraba lo que Dios puso al alcance de mis manos, al alcance de mi corazón. Y allí estaba:
“Sucia de besos y arena,
Yo me la llevé al río,
con el aire se batían
las espadas de los lirios.”
Así es, sucia de besos, caricias y arena. Y, al estar allí bebiendo agua, sentado frente a la cama, recordé todos estos versos de García Lorca. Porque, aunque hubo mucho placer, también hubo (y lo puedo jurar): amor, amor del bueno.
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
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18/04/07, 17:54:20
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Cuarta parte
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
Los siguientes días fueron frenéticos. Las risas venían de todos los frentes. El amor invadía todos los rincones. Cambié mi turno para la noche y nos encontrábamos en el centro de Lima. Cenábamos cualquier chuchería, nos íbamos al Hotel Bolívar por unos piscos, luego caminábamos semi ebrios por la plaza mientras ella se lanzaba contra mi espalda para cargarla como si fuera un saco de papas.
Reíamos en al cine, se maravilló en el teatro (donde nunca había ido), gozó en el estadio con su camiseta puesta, el triunfo de Universitario frente a mi Alianza, mientras, claro está, en vez de molestarme o sentirme mal por los goles en contra (que fueron 3), yo y mi camiseta blanquiazul rumiábamos en silencio toda la impotencia de no poder pegarle por sus burlas y de luego hacerle el amor frente a los cincuenta mil fanáticos, por lo hermosa que se le veía con esa cochina camiseta crema, cuando gritaba cada acierto de sus jugadores o cuando reclamaba al árbitro por cada error que éste cometía en la cancha.
Normalmente las salidas siempre las ideaba yo. Pagábamos a medias todo, aunque me decía que si quería ella podría pagar todos los gastos. Yo gano más que tu, me decía. Pero si tú no sabes cuanto gano, le repliqué; solo necesito ver tus zapatillas para saber que gano más que tú, me dijo y me avergoncé. Pero si quieres te afeito las nalgas y te consigo un lindo trabajito de travesti, me dijo, ganarías mucho porque tienes poto de negra, añadió mientras yo me sumergía entre los diversos colores que mis rostro arrojaba por la vergüenza.
Te quiero mucho, me dice, yo te quiero más le susurro.
No quería que la busque en su “trabajo”, es peligroso hay muchas putas, me decía entre risas. Pero ella si iba a recogerme al diario. Tu amigo, el redactor que fue contigo al Trocadero, también tiene lindo poto, todos los periodistas tienen lindo poto, me dijo coquetísima, mientras le pedía infructuosamente, que se callara. No me agradaba, para nada, que le mirara el culo a mis amigos, menos al pendejo de Mauricio que le fascinaba coquetear con todas las chicas del diario.
Una vez me vino a recoger y se encontró en la puerta con Ottiniano y Marina, apropósito, le pidió la hora, mientras Mauricio, mirándole las tetas, le decía pendejísimo, que “se le había parado… el reloj” y ella sonreía aceptando de esta forma el lance del muy maldito de mi amigo. Esa escena me hizo muy poca gracia y sentí, también, muchos celos. Así que salí a salvar a “mi novia” de las garras de este “picaflor de los andes”, como tan huachafamente se hacía llamar entre las practicantes de redacción que caían en sus manos.
Te quiero mucho, me dice, yo te quiero más le susurro.
Me dijo que quería conocer mi casa y a mis padres. Y, aunque por un momento reparé en el tema, no me fue difícil aceptar esa propuesta, así que nos sentamos a pensar algunas cosas básicas, pequeñeces como no mencionar, por ejemplo, que ella era una puta, porque dudaba mucho que a mis padres les agrade esa información.
Les diré que soy asistente contable, me dijo seria, y yo me horroricé, ¿qué mierda era eso? No digas carreras tan improbables ya que quizá te pregunten algo sobre eso y tú quedes mal al no saber que responder, le increpé; yo estudié para ser asistente contable y trabajé en eso, así que se todo con respecto a ese tema. Me calló, y fue suficiente.
Y nada. Marina, sencillamente se ganó a mis padres. Se atrevió, con buen tino, a dar concejos de cocina, estilos de ropa, marcas y colores de tintes para el cabello a mi mamá y, con mi padre, hacían hincapié sobre los derechos laborales de la clase trabajadora del sector estatal. Y, mientras ella debatía con mi madre sobre las gracias y desgracias de UNIQUE y discutía con mi papá sobre el futuro incierto de la izquierda en el Perú, yo miraba la escena pasmado. Yo era un inexistente bicho dentro de ese triángulo de ideas y opiniones que se eyaculaban en mi rostro, era un simple espectador de ese desborde de locuacidad que Marina ostentaba frente a mis complacidos padres.
Inteligente muchacha, me dijo escuetamente mi papá, regálale estos polvos que tengo en mi cartera a Marina que le quedarán muy bien con el color de su piel, me decía mi entusiasmada mamá.
Ay, ya es tarde hija para que te vayas a tu casa, quédate a dormir, le aconsejó mi madre. Así es, no te preocupes por nosotros, descansen tranquilos y mañana tomamos desayunos juntos antes de irnos a trabajar, añadió mi papá. Perfecto, me parece bien, dijo Marina. Perfecto, pensé yo.
Hoy te destruiré, le dije susurrándole al oído. Entonces vamos de una vez me dijo con otro susurro mientras, lanzándome una coquetísima mirada, se disponía a despedirse de mis papás. Y así fue. Y, como siempre, después del amor, me relajaba al ver alguna estela de luz cayendo sobre su piel.
Te quiero mucho, me dice, yo te quiero más, le susurro.
Continuará.
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
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18/04/07, 17:55:01
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Fin
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
No abría los ojos, solo dormitaba y yo cuidaba de sus sueños. No podía estar sola, no podía estar desprotegida. Allí, en casa, con mis padres en el primer piso y yo en el segundo con Marina, conversamos mucho. Ella con los ojos cerrados y yo mirando el milagro que formaba la poca luz en su cuerpo.
Marina y yo pasamos muchos momentos de conversa, muchos momentos en los que hablábamos de temas tan dispares como mi trabajo, su afición por la música de Perales y muchas cosas más. Pero, nunca toqué el tema de su trabajo como prostituta, ella tampoco me dijo nada sobre el tema. Nunca me comentó nada de algún cliente atrevido o de algunos peligros que su trabajo conlleva.
Y nada. No recuerdo, para ser sincero, como llegamos a ese segundo en el que, con los ojos cerrados aun, me contó lo traumática que fue su niñez allá en Trujillo. Me narró, mientras yo escuchaba pasmado, como sufrió de constantes violaciones por parte de uno de sus tíos. Me explicó como una amiga suya le dijo para fugarse hacia la horrible capital y luego hacerse de esta profesión que tantas lágrimas la hizo perder.
Extraño a mis padres, me dijo con los ojos ya abiertos. Ellos creen que trabajo en un estudio contable. Nunca les diré verdad, me decía mientras se acurrucaba dándome la espalda encima de mi cama y me dio mucha pena escucharla hablar así.
Y, por un momento, nos quedamos callados. Por un momento no supe que decirle, temí que cualquier palabra mía cause un efecto demoledor en ella. Nunca, hasta ese momento, la vi llorar. Y el silencio se hizo más sonoro.
- ¿Me quieres Lucho? – me pregunta mientras veo que se limpia, seguramente una lágrima de su mejilla
- Te quiero mucho Marina y eso lo sabes
- Si, si lo sé. Sé también que soy una puta. ¿Tú lo sabes?
- Así es y no te juzgo.
- Pero lo harás, sé que lo harás
Otro silencio. No puede refutarle nada. Y en esa cama, con esa poca luz, estaban dos personas que presagiaban el final de la relación. Ella lloraba y yo no podía contener la tristeza. No sabía qué significaba para ella estar con alguien, no sabía qué significaba para ella querer a alguien desde las entrañas:
- Alguna vez quisiste algo o a alguien con todas tus fuerzas- le pregunto.
- Si, una vez tuve un canario.
- ¿Y que pasó?- le pregunté.
- Estaba muy triste el animalito y lo solté para que sea feliz.
- Pero si lo querías- le increpé
- No, no lo quería, lo amaba- me dijo – y porque lo amaba tanto lo dejé libre.
- Yo lo hubiera cuidado para siempre.
- ¿Qué es el amor para ti?- me preguntó y me quedé callado – abrázame, por favor.
Te quiero mucho, me dice, yo te quiero más, le susurro. No Lucho, yo te amo, me dice. Y me quedé callado.
¿Qué es el amor? Me preguntó, y no supe qué responderle. Y, entre muchas palabras, entre muchas lágrimas, esa madrugada terminó. A la mañana siguiente ella se fue a su dichoso trabajo y yo al mío. Y la esperé en la noche para verla nuevamente en el hotel Bolívar y nunca llegó. La llamé a su celular y lo tenía apagado.
Al día siguiente lo mismo, luego de unos días sin saber nada de ella la fui a buscar al Trocadero y nadie me daba razón por su ausencia.
Luego de eso, me paseaba buscando por semanas diversos prostíbulos, diversos nigth club`s y jamás la volví a encontrar. Hasta que recordé que en algún momento me mencionó que iría a ver a José Luis Perales en primera fila. Y, ayudado por mi carné de prensa, fui a súper VIP del concierto.
Y allí estaba yo, viendo a todas las personas que ingresaban al vértice del museo de la nación… y jamás la encontré. Y en el show, cada canción del español lo sentí en el alma. Cada canción me hacía recordar a aquella muchacha trujillana de veinte tres años que con sus cabellos negros y su eterna sonrisa pudo causar en mi tanto revuelo.
Y lloré y reí con Perales, con cada recuerdo, con cada sueño, con cada segundo de eterna belleza musical, porque (y esto de forma estúpida nunca se lo dije) durante esas tres semanas que salí con ella, hicieron que no sólo me gustara la música de Perales, si no que ahora considero al español como todo un trovador de la música romántica.
Recuerdo que, cuando llegó el tema preferido de Marina, “Amada mía”, lloré como un estúpido toda la canción y me llegó no haber tenido los huevos necesarios para decirle en su momento que la amaba, me llegó no poder cubrirme de la suficiente hombría para decirle que podía ayudarla a salir de ese mundo de la prostitución que la agobiaba. Y, con cada recuerdo, la canción me desgarraba poco a poco.
Ya en el carro, dirigiéndome a mi casa, tarareo la canción de este gran trovador que es José Luis Perales:
“Amada mía, de risas y de llanto, compañera de tardes amarillas. Luna de medianoche y sol del mediodía, serás por siempre campo y yo semilla.”
¿Qué es el amor? Me preguntó, y no supe qué responderle. ¿Qué es el amor para ti? Le pregunté. Y, por un momento, por un breve espacio en la oscuridad de mi cuarto, ella había cubierto sus partes más vergonzosas con las sábanas. Allí en la cama, donde todo es amor, donde todo es aprobación, encontró la certeza que nosotros éramos uno en ese momento.
Marina había perdido su independencia. En ese cuarto no habían dos personas, había un solo corazón y ella debió de haberse preguntado si esto es lo que realmente quería, si para esto vivió todo lo vivido. Por fin, desde dentro de su alma encontró la verdad, por fin podía ella definir lo que era el amor. ¿Qué es el amor?, le pregunté. El amor es ser libre, me dijo suspirando... y lloró.
FIN.
Escrito Original de Luis Iparaguirre en su blog: http://luisipa.blogspot.com/2006/11/...parte-era.html
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Los siguientes 5 le agradecieron a por este mensaje:
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18/04/07, 18:58:19
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Maestro!!!!
Por la puta madre Fuerino456, me quito el sombrero ante la cronica que acabo de leer, me he quedado hasta esta hora en la oficina solamente por que me quede pegado con tu historia!!! la verdad que ha sido muy conmovedora, (mierda, me he vuelto mas sensible, le echo la culpa a mi bebita) me hace recordar algunos pasajes de "Caramelo Verde" de Fernando Ampuero, muy buena redaccion cofrade, mis felicitaciones.
Bueno ahora me voy a forrar a mi secre chilena ya?? bip, Marcia?? ven para aca, a dictarte una carta, bip. 
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Ex Moderador Zenbozakura
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18/04/07, 20:20:41
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Teniente
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Una historia interesante y bien contada, la parte del cangrejo y el perreo son hilarantes, felicitaciones.....Por curiosidad tiene que ver con tu historia personal?
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18/04/07, 20:52:48
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nadie esta libre
muy bueno fuerino esta es una de las hitorias que me conmovido mas, sobre todo la parte donde rompes en llanto en el concierto al escuchar a perales.(al recordarla). nomas decir que somos seres humano y no decidimos de quien mierda nos vamos templar, yo estaba esperando la parte que dijeras que estaba sentada ahi y tu mirandola, pero ella nunca fue me imagno que intuia que ibas a encontrarla ahi, estoy seguro que ella tambien se enamoro y por ese amor te dejo, si la hubiras conocido en otras circunstancias esta historia hubiera acabado de diferente forma, una vez ,mas felicitaciones cofrade por compartir estas sinceras historias y que abran los ojos esos cofrades que dicen que nunca se enamorarian de una kine.. nadie esta libre de nada.. y el que lo esta que tire la primera piedra... .
D.F.
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"PERUTOPS ES UN FORO DE RELAX Y ENTRETENIMIENTO ASI QUE DIVIERTETE Y NO RENIEGUES "
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18/04/07, 21:41:32
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En verdad existe en el mundo artistas en potencia: Pintores, Poetas, Escritores, etc. Si la historia está basada en hechos reales entonces ha sido reflajada con tal sentimiento que hace que otros hermanos moqueen y hasta se sientan identificados. Pero si ha sido producto de tu inspiración hermano, dejame decirte que estas perdiendo dinero!!
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19/04/07, 09:19:51
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Cabo Primero
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Debo confesar, que empece a leer tu historia con la idea de encontrar algun pasaje hot y calentarme la mañana, sin embargo lo que lei me ha gustado sobre manera, si la historia es real lo lamento.
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19/04/07, 14:15:18
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Genial!
Carajo, me has hecho conmover, felicito el estilo de tu narrativa, soy un tipo bastante emotivo y alguna vez pase por lo mismo es muy dificil esto de meterse con putas pero ni modo uno termina vinculandose de alguna forma ya que las frecuenta. Si alguna vez publicas esto en un libro me lo haces saber por privado.
Ernestino
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"Casarse es cambiar la admiracion de muchas mujeres por la critica de una sola"
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19/04/07, 15:51:32
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Cabo
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Felicitaciones! conmovedor al 100% T_T
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