Sab, 08 Ago 2012

Recordando a Eva María Abad

En un medio tan hipócrita como el de la farándula peruana, todos lanzan la piedra y esconden la mano. Y del mismo modo en que se castigaba en la antigüedad a las mujeres que caían en falta, así fue apedreada Eva María Abad por medio mundo.  Es como si Waldir Sáenz le reprochara a Reimond Manco o a otro pelotero juerguero la mala vida que lleva. Indignante ¿no?

 

Pero son estos escándalos los que nos hacen olvidar que Eva María fue nuestro ícono del erotismo, de la putería y de los excesos en la década pasada. Porque si existen momentos fundacionales en la historia ¿Cómo no iba a haberlos en la mañosería local, en nuestro Chollywood de más bajos instintos? Si en los 90 fue Susan León quien se llevó las palmas y pajas por el sólo hecho de tener en televisión abierta aquel programa calentón llamado “Una noche con Susan”, por la sesión de fotos para la revista Vea en la que posaba con un rosa en el culo (más precisamente el tallo de la rosa, o sea, más símbolo fálico no podía ser) y, adicionalmente, sus calatarios que anualmente adornaban kioskos y talleres de mecánica automotriz a lo largo y ancho del territorio nacional; en los 2000 Eva María abad hizo méritos suficientes para convertirse en un hito, en un antes y un después.

Hay cuando menos 2 momentos que, personalmente, considero relevantes a la hora de hablar de Eva María. El primero es su aparición como modelo/ vedette/ calata en número debut de la revista Cueros, que fue el primer intento local por un erotismo impreso mas o menos profesional y con presupuesto. El segundo fue aquel topless que hizo en el programa Nadie Se Duerma de Beto Ortiz, que duró lo suficiente como para escandalizar a medio Lima al día siguiente y en televisión abierta además.

Y no era para menos. La atención que concitaba Eva María Abad en aquellos años no era en absoluto gratuita. Tenía en su voz de niña el don de la arrechurra y en su cuerpo voluptuoso el sello de la más incontenible sexualidad. Había que ver ese culo carnoso al que daban ganas de bombearlo como si se pudiera extraer petróleo de él. O esas tetas que volvía loco al más centrado y cauto de los varones. Pero a la par de sus atributos físicos estaba esa inocente perversión en su presencia. Una mujer provocadora que aún conservaba un poco de su encanto infantil y con eso bastaba para hacernos hervir de deseo y de lujuria.

Pero Eva María siempre anduvo al límite, muy cerca a los excesos y en su mejor momento “profesional” se dio a conocer el video junto a Cronwell Galvez y su sobrino. De ahí en más un agujero negro pareció tragársela de a pocos. La prostitución y las drogas la harían tocar fondo hasta el punto de terminar internada en un centro de rehabilitación y víctima de una adicción de la cual al parecer ha logrado salir.

Por Giorgio Moroder



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